miércoles, 31 de diciembre de 2025

 Protegido por las hojas de la excesiva luz de diciembre. Los montones de verdor que hacen la copa del árbol reservan un eco de murmullos tibios. Es por aquí por donde la luz se pierde en rayos determinantes, sucesivos, extraños. La región en la que estoy se pierde en arboledas ignoradas, en palmeras de dulces dátiles, en lo frondoso unánime. Las gentes que me ven aúllan de contento, pierden la noción de la mañana en la ciudad y me besan las mejillas con ardor. Es un sueño. Es el deseo de verme lejos, de oler los cientos de sales del mar, de pisar una arena tibia y desordenada. En el año que viene, en los días como soles, mi cuerpo andará de la tibieza del sol en mi piel al frescor del mar en mis cálidas entrañas. Y desnudaré a la brisa en mi cabello, moreno como el carbón. Y me regodearé en las olas redondas, fértiles aguas de la felicidad.

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