domingo, 7 de diciembre de 2025

 Los cadáveres se descomponían al sol. Los civiles robaban las mantas a los muertos despanzurrados. Había soldados y civiles muertos por doquier. Muchos estaban buscando un cacho de pan y algo de sustancia para hacer un caldo en los vasos de los soldados caídos. Era enero y hacía mucho frío. El campus de la complutense arrojaba cada día ese escenario de muerte y mucho más allá por Moncloa, donde se instalaban las casamatas. El parque del oeste era campo de Agramante todas las mañanas. Por las noches, había estratagemas para matar a uno o dos milicianos descuidados, pero los sublevados no avanzaban gran cosa. Madrid estaba bien defendido. Los soberbios lo quieren todo para ellos.

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