Hoy, día de navidad, es un día muy aburrido. Todo está cerrado, no hay prensa, las calles están desiertas. Sale gente a correr para desbaratar el efecto de la cena de ayer. Encima, está nublado y suena imaginariamente un ruidillo sordo de las conversaciones de nochebuena. La vida ya hace tiempo que está en otra parte, en un rincón que ni imaginamos, que ya desistimos de señalar en el mapa porque está muy lejano, muy incierto y muy inasequible. Y damos cabezazos hoy de pura rabia contra el mundo, contra los que pueden hacer de su vida una continuación de su voluntad y nosotros, no. Pero no nos desesperemos. Dentro de unos 10 días todo es igual al inicio de las fiestas, pronto soportaremos el primer atasco, los chillidos de los niños y la vomitona del televisor.
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