La grasa que nos ha alimentado corre por la sangre y se adhiere a las paredes de las venas y las arterias. El ejercicio es la única arma que tenemos para despejarla del circuito sanguíneo. También para que se despegue la nicotina que hemos fumado. Andando, simplemente andando, se corrige esa desazón de los lípidos que nos hacen tanto daño. Lo que pasa es que salir esta tarde a la calle o los caminos que hacen las calles da mucha pereza. Nos amoldamos a las paredes que nos alojan a la familia entera y nos sentamos en el sofá mientras vemos el resultado de la llegada de papá Noel. Es un error. Pero un error comprensible. Hoy, salir a la calle es verificar tu triste soledad en los caminos.
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