El olor de la calle a las dos menos cuarto se cuela en las narices cual perro en una casa, como el pájaro lejano en el cielo, como la hormiga laboriosa en el hormiguero. Y ya ese olor no se quita de la mente del hombre, de ese flaneur a las dos menos cuarto. Y todas las esquinas pretenden la novedad pero no la consiguen. Allá va la divorciada, allá van los niños, allá la suramericana. El mendigo está puesto en un lugar estratégico, las manos de los niños apuntan a los chocolates y la anciana anda con su báculo insólito hacia adelante, siempre hacia delante. Las dos menos cuarto de este sábado tonto ha venido a verme mientras pensaba en las musarañas, musarañas benditas de la mañana ociosa.
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