sábado, 6 de diciembre de 2025

 El agua se hizo amiga de la sangre. Todo era pavor de muertos en las calles. Yo andaba como hechizado por tanta destrucción. Los cuerpos muertos exhalaban un olor a carne tostada, a carne que se podría. Yo quería algo de comer entre todo ese caos reventado por las bombas y tiros de los enemigos. Yo no estaba seguro allí así que debía andar hasta un barrio de la ciudad donde no hubiera combates. Y me fui andando por unos kilómetros fuera del centro de la ciudad y llegué, después de mucho andar a un pueblo llamado Las Rozas. Y allí me acomodé junto a una familia. Y comí por fin un chorizo con unas algarrobas y un poco de sal. Y bebí agua de una fuente que había por allí. Y me sentí un hombre nuevo al beber y comer.

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