viernes, 28 de noviembre de 2025

 A ver si en la capital, distrito Moncloa, encontramos el santo Grial del entretenimiento y la fuerza necesaria. Hoy me he levantado con una sensación ambigua: la vida estaba allí pero yo no estaba con la vida. El dolor de la vida era pequeño pero se dejaba ver. Luego, he visto la luz del sol entrar en mi habitación y todo ha cambiado. La escritura ha hecho su pequeño milagro. Las líneas han ido trazando un esquema de esperanza, un sureño aviso de soledad tranquila. Y el mediodía ha triunfado sobre la maraña infértil de la temprana mañana. Me he planteado el día: un universo de caminos hondos hacia la paz del alma.

Ayer por fin leí "El borde cortante", de un tal Ginés Sánchez. Entre que el lenguaje de esta novela es simbólico, ya me ha hartado el rollo ese de los ojos como diamantes y el rollo de las arañas y otros rollos que surgen al describir a las protagonistas y entre el argumento estúpido que hay (simplemente se reúnen unas chicas en un chalet), pues no me ha gustado mucho. Lo que sí me ha gustado es las descripciones de varios pueblos y sus plazas y sus estaciones de autobús y sus bares. Luego, la relación del chico universitario con la chica está bien, es algo bonito aunque acabe mal. Lo que he sacado en conclusión es que no se puede ser bueno: el universitario muere por eso mismo. Y el final es previsible, es absurdo como todos los personajes son absurdos y raros.

 Solo tú me acompañas, sol amigo. Solo tengo la claridad de la tarde para disfrutar del día. Solo unos pasos inciertos y dormidos traerán algo de felicidad a mi humilde espíritu. Los rezos de las monjas suben al cielo lentamente mientras mi andar se pega a la tierra amiga como el sol, como el sol aliado de mi alma. La luz del astro continúa dando el calor de renacimiento hasta después de comer. Y a eso de las tres en punto surge el camino que me indica el sol, el sol amigo. Quizás hoy el camino no esté hacia el norte sino hacia la capital de toda España, España con mayúscula, España agonizante. La vida siempre está en otra parte cuando el sol es el amigo, el único amigo que da luz a la existencia.

 La luz del sol alumbra la habitación. Es ya tarde en la mañana. El teclado luce sus letras. Hay libros por todas partes. Libros que ya he leído hace tiempo. La mayor parte de ellos son novelas. Novelas que tienen un principio y un final. Redondas en su arquitectura literaria. La tarde quizás me traiga un recorrido, un sendero amigo, un pasaporte para que el corazón pase a otro lugar apetecible. Los viernes la tensión del músculo y del estrés es menor. Las tiendas abren pero ya con la idea de cerrar en la cabeza. Los amores se reparten por la ciudad llenándola de besos. Hay abrazos los viernes, hay un amor de oferta en los labios, hay un negro viernes de querencias baratas, muy rebajadas. Dale un beso barato a tu amor.

miércoles, 26 de noviembre de 2025

 En este año, no ha habido tantos autobuses y furgonetas que hayan recorrido España de cabo a rabo. La gente tiene ganas de conocer paisajes y cosas nuevas. Y de vivir sensaciones agrestes y desconocidas. La gente se mueve en verano, con el buen tiempo. La gente recorre kilómetros para estar en esa playa o en ese pueblo montañés. Yo yazgo en prisión. En la prisión de los días iguales. Pero la gente no. En agosto, este año, la ciudad parecía inhabitada. Debe de ser por los autobuses y furgonetas que cruzan España de cabo a rabo en verano.

 No hay que temer al futuro porque al futuro se le aplicará la misma inteligencia que aplicamos en nuestro presente. El futuro se va acercando lentamente, pero con pasos muy decisivos. Nadie triunfa en el futuro porque el futuro nos hace viejos. La vida es gastarse, gastarse el cuerpo y la mente, gastarse uno hasta estar casi irreconocible. Pero si no te gastaras no vivirías: es la gran paradoja de la vida. Si eres igual de listo para pasar los días de hoy como para pasar los días en que seas viejo, no has de temer al futuro ni a la muerte. Y si llevas una existencia monótona, de sota, caballo y rey, llegarás al futuro y ni te enterarás porque siempre será lo mismo.

 Cuando la cosa es lo mismo todos los días y no va ni para adelante ni tampoco (menos mal) va para atrás, la vida se convierte en una esfera redonda, redonda sin ángulos ni rectas largas ni nada en el horizonte que haga pensar que un día va uno a pasarlo genial. No hay expectativa de que una vez despiertes en otro lugar muy apartado del usual, quizás con el mar al lado. No hay al frente lejano de la vista un lugar que rompa los esquemas del hoy, del triste hoy que todo lo llena. No hay unos kilómetros que recorrer y alcanzar la lejanía, esa lejanía que podría ayudar a que el mundo en que vives se llenara de una improvisación alegre. No hay nada en el futuro que haga pensar en algo insólito para la vista, para el oído y para el alma.