No sé muy bien qué me dijo. Que cómo era que ya no íbamos por allí. ¿Y dónde era allí? ¿Y qué era eso de que íbamos? ¿No sería que veníamos? No sé. No le entendí, como tantas cosas de este tipo. Le dije que es que ha estado lloviendo muchos días pero yo seguía sin entender qué era eso de que íbamos y adónde íbamos. Siempre tan oscuro este hombre. Y entonces me quedé como si no me hubiera preguntado nada, ni siquiera si quería él que nosotros (¿y quiénes éramos nosotros?) fuésemos allí (¿y dónde era allí?). Total, que no entendí nada. En San Fermín los borrachos beben y beben y no se hartan. En Majadahonda, las rotondas distribuyen el tráfico de allá para acá y sin saber muchas veces muy bien dónde uno va.
Los abalorios de izquierdas son el rojo y la hoz y el martillo.
Rojo se habrá puesto alguno si tiene algo de vergüenza.
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