Andan cielos muy altos, andan las estrellas persiguiéndose. No sé quién dijo que la luz es para todos, para que todos veamos las cosas si nadie nos las oculta. La claridad del día no es para todos. Algunos prefieren estar en la nocturnidad, en dar miedo y desconocimiento. Gentes turbias que pasan como dioses de sus padres, como altares familiares hechos con los años de idolatría. Y ven bien estos satélites de noche, de día no tanto. Las estrellas se suceden en el cielo, las lunas y los soles pero los soles no son para todos, solo para los que encienden la lengua con los demás. Y la sinceridad los abrirá paso al otro mundo. Y la luz prestada de la luna no dará nada cuando mueran de silencio.
Los hay que pisan la tripa de los demás.
Pero no todas las tripas son iguales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario