Las alas de los insectos cayeron en el césped de la urbanización. Todos los insectos murieron al pie de los olmos. Solo una mariposa blanca me rozó la mejilla y voló por encima de mi cabeza y se subió donde nunca podemos subir los humanos. Es triste decirlo pero este verano me encontré con un hombre desolado lleno de reproches al que estaba hablando por el móvil. El pastel no me gustó pues yo estaba preocupado pero el descafeinado me sosegó, me sentó bien al cuerpo. Luego, ya subí a casa y a mi hermano no le importó adónde había ido yo. A mi hermano no le interesaba nada. Y con nada se quedó
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