Se agota en la taza el café. Las lunas ya han recorrido su pasar por el cielo nocturno y afilado y suspenso. El almíbar de vivir se agota también como el café de la taza. Ya no hay décadas buenas. Tampoco malas. Hay un pasar por la vida, nada más. El azar ha dispuesto enfermedad y disgusto por un tiempo. Estas letras me ayudan, cómo no, a enfrentarme a los minutos flacos del día. Los álamos cencerrean sus hojas muy levemente, muy levemente pues el viento es aire, el viento es poca aventura tras los cristales. Estos días parece que todo el mundo tiene planes. Estos días parece que la luna nos divide en sedentes y caminantes.
Los últimos trenes que llegaron a la estación
mueren como muere la tarde.
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