En la playa yo cogí un cartón porque nos íbamos. Y me acerqué al coche de mi sobrino y no le manché, pero detrás de mí vino mi hermano mayor que siempre estaba irritado por causa del alcohol o es que ya nació así, cabreado con el mundo. Me echó una bronca monumental. Como si yo hubiera matado a alguien, de esa envergadura fue el cabreo. Debía de ser que el coche de mi sobrino era igual de idolatrado que su dueño. No querían ni una pizca de arena en él. Mi sobrino no dijo nada, ni una palabra de consuelo. Luego, en la comida yo pasé el bochorno de no saber qué decir cuando el que debería haberse disculpado era el gilipollas de mi hermano. Se reía como un tonto. Qué bonito recuerdo de playa, por Dios y la Virgen.
Mi hermano Ángel se cabreaba por todo.
No tenía buen vino, como se suele decir. Más bien, mala ginebra.
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