lunes, 31 de diciembre de 2018

No se me quita de la cabeza la maldita idea fútil de que hoy acaba el año y mañana empieza otro. Porque es una futilidad pensar que el tiempo, esa nube que nos dirige desde arriba, piensa en los humanos y en salidas y entradas de año. El tiempo corre despacio pero con una insistencia que no repara en eventos. A no ser por lo mal que lo pasé el jueves y lo bien que me sentí al restablecerme y mandar a mi hermano a la mierda y así desahogarme, no habría sentido ni que es Navidad ni que estamos en fiestas. Tampoco los días después de Navidad, que me sentí sin sentido y angustiado por la edad, por sentir que no hago nada en este mundo, y la inutilidad de los villancicos y de los belenes, me hicieron sentir nada bien en esta tierra de Dios. Lo que pasa es que reunirse con gente que no ves en casi todo el año para hablar de gilipolleces no es algo a lo que acostumbro por lo que me sientan mal estos días porque parece que conoces algo más a gente que no conoces en realidad de nada.
Yo estoy entre tres generaciones que no me pueden comprender en absoluto: entre mis padres ancianos, entre mi hermana y mis cuñados y entre mis sobrinos. No tengo nada que ver con ellos generacionalmente. No pertenece ninguno de esos grupos a mi época y los veré esta noche y todo será un batiburrillo de tonterías de las que no entenderé nada. Así que me callaré. Que pase pronto el trámite absurdo de intentar comprendernos, que no lo vamos a conseguir, y hasta mañana en que intentaremos comprendernos otro poco en un vano intento hasta que cada uno se vaya a su casa y demos fin a estas navidades que nos juntan para nada. Para nada. Pues yo sigo sin entender ni a mis sobrinos, ni a mis padres ni a la otra generación. Un punto de gilipollez tienen todas en común. Yo, con quien mejor me entiendo es con mi hermano Paco pero Paco claudica a veces diciendo que estamos "en compartimentos estancos" y puede que tenga razón, de modo que no hay posible comunicación estando en ese tipo de envases herméticos. Yo, con mi hermano Paco, como vivo con él, no tengo más remedio que entenderme pero también nos separa mucho un modo de ver la vida muy dispar. Así que estas navidades estoy como muy aislado. Me siento bien, pero muy aislado. Cosa que no es mala pues es peor verse acosado u obligado a hacer algo que no quieres por un imbécil que no sabe ni quién eres. Algo es algo.

Las navidades, esas reuniones obligadas de la incomprensión mutua.

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