viernes, 8 de mayo de 2026

 Voy a escribir sobre los payasos desde mi experiencia. Yo he ido al circo dos veces en mi vida, ya mayor, no de niño. La última vez que fui, el circo era una gran carpa y estaba todo muy bien organizado, con su director que anunciaba los espectáculos, etcétera. Me acuerdo de que salía al escenario una grande elefante hembra en la que los niños se hacían fotos montados en ella. Era una elefanta muy, muy dócil. Todavía había animales en los circos. Salieron unos camellos enormes. Pero yo estaba esperando con ansiedad a que salieran los payasos. Solo recuerdo que salieron dos: uno joven y otro mayor. Y solo recuerdo que se tiraron cubos de agua uno al otro. Fue un tanto frustrante. Recuerdo otra vez que yo fui a un circo mucho más pequeño. Fui por mi cuenta un domingo. Y los payasos montaron un espectáculo con un coche que daba explosiones y frenazos. Unos payasos se caían, el coche traqueteaba, eran bastantes payasos en la actuación, me lo pasé genial porque, de tanto carcajearme, perdí la conciencia de vivir. Estuve riendo a carcajadas todo lo que duró el espectáculo de estos artistas de la risa. No me cabe duda: los payasos son el alma del circo.

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