viernes, 8 de mayo de 2026

 A Jovellanos, ese hombre ilustrado que llegó a ser ministro, que nació en Asturias, que mandó hacer carreteras, puentes y demás, que estuvo presente en la Constitución de 1812 en Cádiz, también le tocó hacer la reforma del teatro como espectáculo vivo. Y es que el teatro de entonces no era como el de ahora, en el que todos los espectadores están callados. En el teatro de entonces se gritaba a los actores en plena actuación. Me parece que no podía haber actrices en las tablas, se les tiraba objetos a los actores. Había tantas cosas monstruosas y fuera de la realidad en los teatros, que eran absurdas las mismas obras que se componían. Hasta que Leandro Fernández de Moratín escribió eso de "El sí de las niñas" que es obra inmortal y bastante conocida hoy en día por la serenidad y racionalidad que hay en la exposición de los hechos dramáticos. Por la unidad de lugar, tiempo y acción y por la calidad del lenguaje usado. Y empezó entonces a escribirse otro tipo de dramaturgia más cabal, sin tantos adefesios y tanto abuso de la tramoya. Y el público se fue educando, educando hasta hoy, que está serio y callado durante la representación.

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