Un hombre gordo está sentado en el bar de los montaditos. Aparece una chica muy joven y muy bella. El hombre gordo y yo la miramos porque la chica es de mirar y admirar. Apenas pasa el tiempo. Un tropel de aquí nos anuncia los objetos que nos rodean. El cantante único que es el sol, respira calor muchos kilómetros más allá. No nos damos por vencidos aunque el aire esté irrespirable. Comemos melón a mediodía. Las gaviotas chillan y chillan muy lejos, muy lejos. Yo quiero acabar de decir que la mañana se rinde al feísmo de la soledad. Hay a quién contar una historia desafortunada. No estoy solo pues.
No hay comentarios:
Publicar un comentario