lunes, 18 de mayo de 2026

Este era un hombre que padecía de los nervios y un día le invitaron a cenar. Nunca le habían invitado a cenar, así que pensó que el que le invitó a cenar quería algo de él. Y se puso muy nervioso. No era mala persona el que le invitó a cenar pero era casi un extraño para él. Y empezó a pensar y pensar cuestiones como la casa del pueblo, los niños, el prado grande, etcétera. Y cuando acudió a la cena se sentó y esperó mientras cenaba. Pero el que le invitó a cenar habló de vaguedades, de cosas absurdas, de lo cotidiano. Y se le pasaron los nervios. Y al acabar de cenar era ya muy tarde. Y esta historia no me ha salido muy bien, no tiene sentido alguno. Como muchas de las cosas de la vida.

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