Tendría que aprenderme algunos ejercicios de relajación. Tendría que saber cómo dominar esta ansiedad que me ha dado de repente. Ojalá llueva, creo que así se me quitaría este mal fario. En la ciudad no tengo con quién derrumbar mi pena. Me voy quedando solo. Hay gente a la que no le importa quedarse sola. Hay gente que va llamando a la puerta de su soledad y entra y ve que hay una estancia grande pero sin mesa, ni muebles ni nada. Todo corre veloz: el tiempo, los conocidos pasan, los que creía yo que eran mis amigos, todo adquiere una derrota rápida y tenebrosa. La soledad se rompe un día, quizás hoy, con un amigo leal que habla de Dios y de la muerte y de la enfermedad mental.
No hay comentarios:
Publicar un comentario