domingo, 2 de agosto de 2026

 Hay un decir que dice: si no lavas los dientes al burro, el burro irá diciendo lávame los dientes. Es penoso que la gente no haga caso a los niños y satisfaga sus necesidades imaginativas. En todo momento, el niño expresará deseos que se han de cumplir para que el niño no sufra. El niño no es tonto: desea lo mejor porque a eso le han enseñado los padres al comprarse zapatos de doscientos euros o más. El niño ve riqueza en casa y pide de lo mejor lo superior, como hacen sus padres. Y si no lo consigue, estará de morros toda la tarde y parte de la mañana del día siguiente hasta que lo consiga. Nunca pensé que te olvidaras de eso.

 El niño quería ir a la luna. Había hablado claro y con determinación. Y claro, los padres del niño no querían que se frustrase el niño porque una frustración del niño podría marcarle la infancia para siempre. El niño era muy ambicioso. Ya se hartaba de dibujos y demás entretenimientos. Si no voy a la luna, dijo, os haré responsables de mi salud mental. Chillaré y chillaré todos los días de agosto y todos los de septiembre. Como no me llevéis a la luna, os denunciaré a la policía por maltrato infantil. Estas cosas asustaron a los padres. Pero dijeron: ya se le pasará. Pero no se le pasaba. Todos los días se levantaba y decía: quiero ir a la luna. Y chillaba y lloraba como nunca lo había hecho. Pasa la gloria, pasa la gloria como un río que va al mar.

 Papá, yo quiero montar en una lancha. Pero, hijo, ¿no ves que no somos ricos? Sí somos ricos, papá. Yo quiero montar en una lancha y salir al mar bravío, papá. Si no, lloraré hasta desmayarme. Y luego, en al comida: Pepa, dile al niño que no somos ricos. Pero no le digas que somos pobres porque se traumatizará y llorará más de la cuenta. Hijo, dice Pepa. No somos ricos, ¿lo entiendes? No tenemos dinero para una embarcación. Qué más quisiéramos tu padre y yo. Ir al mar bravío por las costas italianas, ah, qué placer, dice la Pepa. Cómete la ensaladilla, niño. No comeré ni beberé nada hasta que me montes en una lancha. Y dice una tía: solo tiene cinco años. Espérate un poquito más y pedirá la luna el hijo de puta del niño. Tus cabellos dorados parecen el sol.

 Escribir significa clarificar las ideas. Unas ideas que pueden ser erróneas en el sentir general. La costa española está invadida de turistas. Cuantos más, mejor. La gente de negocios de la costa triplican y cuatriplican sus dividendos. Hacer el agosto no ha sido nunca mejor dicho. Para vivir el invierno sin hacer nada. Restaurantes, tiendas de souvenirs, tiendas de toallas y sombrillas y gorras y camisetas (papá, yo quiero una camiseta), tiendas de joyas (Marianito, yo quiero una joya), tiendas de arreglo de aparatos náuticos como veleros y yates pequeños. Etcétera. Y el turista, a pagar. Pero me importa poco. Ya está el blog hecho. La lira está en un rincón, en un oscuro rincón.

 Si vas y le dices a alguien: me duele el pie. Y ese alguien te dice: a todos nos duele algo, deja de hablar con ese alguien. Pasa de ti como de todo el mundo que no sea él. Se trata de un ególatra, un rufián de la conversación ya que él nunca quiere conversación y menos, de los males ajenos. Tampoco te hablará él de sus males. Se callará todo de él, como si fuera secreto de estado. Y siempre hablará por hablar. No se mojará en nada, huirá de oír problemas ajenos como él no habla de problemas propios. Está bien la ecuación. Pero no le vayas llorando. A todos nos salen granos. Todos tenemos accidentes. Todos estamos un poco gilipollas, etc. Paracelso lo decía: no hables de ti mismo y lávate todos los días.

sábado, 1 de agosto de 2026

 Sam, ¿dónde estás?, Ray, no te veo. El radar se ha estropeado. Escribir por las mañanas, con la resaca del tabaco y de las pastillas es un hecho casi heroico. No hace mucho calor, la verdad. Esos que se tienen que ir a la casa de los suegros no hacen lo que quieren. Los amigos de hoy en día enseguida están pidiendo dinero. Dicen: espera que te lo cuente y luego hablas. Ya. Ya están preparando la escena para pedir. Un amigo bueno sería aquel con el que conversar de cosas, como Lourdes, pero no veo a Lourdes. Un amigo bueno se conformaría con la presencia del otro amigo. Pero no, todos salen pedigüeños. El martes pasado, Madrid no estaba muy lleno, la verdad, así que dio gusto pasear por él. Temo las morias y temo las gracias a partes iguales.

 Ya parecía que el Fede nos iba a pedir dinero porque contó que había dejado unos 300 euros a una amiga. Hasta ese momento no había hablado de dinero. Y nos decía: "callaos, esperad a que os cuente todo". Y era que esa amiga jugaba a la ruleta. Así que decidimos pasar de él porque todo era muy raro y andaba el dinero de por medio. Así que nos hemos quedado huérfanos de amigos ya que Eva ni llama. Nadie llama ya. Dicen que, cuando se cierra una puerta, otra se abre. Sigue el olor a tostada quemada. Sigue la calle muda y cansada. El verano me ha entrado por un oído y se ha quedado dentro. El verano es asqueroso porque duran mucho los días, se hacen enteros y eternos. Las amistades que teníamos valen muy poco, son de chichinabo. No hay amistades realmente hablando. En este mundo no hay amistades. Hay gente que se te pega y quizás hace sufrir.