El frío de abril nos pilla descolocados a todos porque estos días de atrás ha venido un calor grande. Toca abrigarse como en el invierno. Ya lo barruntaba mi hermano, diciendo eso de que "la semana que viene volverá el invierno". Las farolas tienen un foco luminoso que abarca la acera, un trozo de la acera, donde quizás se cometan los crímenes más horrendos. Las farolas son testigos de luz de más de una tropelía nocturna. Las noches que surgen tras el día luminoso hacen renacer en vez del sueño, la brutalidad más aberrante, el crimen más organizado, la lucha por sobrevivir a la vida y a la muerte por igual. Las farolas saben. Si las farolas hablaran. A lo mejor, en un futuro, las farolas hablarán.
EL PROFESOR
lunes, 13 de abril de 2026
No me gusta ni la gente soberbia ni la gente pasota. La soberbia porque se cree más que los demás. Y la pasota porque solo se preocupa de sí mismo. No aguantaría que una pasota pasara de mí y luego yo tuviera que ayudarla. Y no aguanto que una soberbia me diga lo que tengo que hacer. Los soberbios al final, no saben nada. Y los pasotas tampoco. Son gentes desdeñables que después de todo no hacen más que daño por sus imposiciones o su indiferencia. No me pidan que les haga caso. Que vayan allá con sus vidas y no se metan en las de otros ordenando o pidiendo algo que ellos no se pedirían a sí mismos. Muera la imposición y a la indiferencia que se pague con indiferencia.
No he llegado a acostumbrarme al cambio de hora. Me sobran eso, precisamente, horas. Dicen que hay que saber aburrirse. Además, con este frío seco que ha venido no sabe uno a qué atenerse. Nadie es mejor que nadie o así debería ser. Pienso en una compensación para mis sobrinos que tienen familia. Me estoy acabando la biografía de Aleixandre, el poeta total. Ya es hora de pasar a leer cosas que me gusten. También he acabado "Diario de un esquizofrénico" que no es tal, sino una diatriba sobre la incultura de las masas. Iré a Joaquín María López a ver si encuentro un verdadero diario de esquizofrénico que cuente cómo vivió el escritor su enfermedad. Sigo pensando en si mi hermano cae malo, si llamaría a una ambulancia, si le ingresaran o no, etcétera.
Hay que producir. Envuelto en buena imagen, todo es más sutil. Los de arriba y los de abajo siempre van pidiendo paso. Yo llevaba unos días de eutimia. Pero ya se han pasado. Vuelve la dura realidad. Dice una chica en internet que, cuando murió su abuela, empezó la carnicería familiar. Ojalá no empiece nunca mi propia carnicería familiar. No es dinero lo que yo persigo, más bien entendimiento. Y que no me quede solo con mi hermano para siempre. Y que a mi hermano no le dé el brote ya nunca más. Y que hablemos y que tomemos una caña y que nos llamen cuando vengan al parque. Y regalarle a mi sobrinito un juguete. Y que la vida funcione, no la rabia y el resentimiento. Y me pido un día de playa. Los castillos se ganan con el cubo y la pala.
domingo, 12 de abril de 2026
La avenida murió en la plaza.
La plaza murió en mi corazón.
Porque no había nadie.
Porque la luz se repetía en la soledad.
Iba yo andando.
E iba muriendo la ciudad que conocía.
Me acerqué a la linde de los bares.
Y no había nada.
La muerte parecía haber vencido al corazoncillo de las golondrinas.
Y saqué de mi paquete un cigarrillo que consumí a la altura de un enorme aparcamiento.
sábado, 11 de abril de 2026
Las pocas ocasiones que encuentro a la expansión del alma me hacen parecer a una farola: por las noches alumbra y por el día está ciega. Y está encorvada y aburrida todo el tiempo. Tengo que comprar tabaco. Tengo que dar un paseo. Tengo que escribir otro relato. Mi vida se asemeja a un barco al pairo. Dependo de los vientos que me llevan. Un viento sur, caliente y perezoso, recorría la ciudad heroica. Oviedo es grande pero más grande es Madrid. En Madrid se ven las cosas más variopintas de toda España. Me gusta Madrid y el viento que la recorre. No me gusta la política ni los políticos. Remover la mierda trae más olor. Me despido hoy de este blog hasta mañana. El domingo veo a mi amiga y charlamos.