viernes, 20 de febrero de 2026

 La lavadora ha centrifugado correctamente. La camisa blanca está ondeando en el puerto. Battiato fue un gran hombre, vinculado a las tradiciones mediterráneas. En ellas encontró consuelo a los idiotas del horror. En la baja Padana/en verbenas de verano/la gente anciana que baila/a ritmo de siete octavas. Las cosas bonitas no las ensucian los de los mítines. ¿Qué prefieres: una tortilla o una tertulia?, les decía yo a mis alumnos. Siempre decían una tortilla. Porque no eran tontos. Una tertulia es un vómito después de comer política. Se está montando un sistema perverso en el que hay que hacer caso a unas ideas que son malísimas, que luego no se cumplen y que, al final, no sirven para tener salud ni educación. Y encima, con la excusa de esas ideas vomitadas al ciudadano, nos roban. Si hay algo peor que la política que alguien me lo diga.

 La gente quizás estudia. La gente quizás trabaja después de estudiar. A la gente se la come el coco con unas ideas y unos proyectos que no son suyos, los producen otros. Y luego, la gente vota. Y luego los proyectos y las ideas se han convertido en insultos y corrupción y mentiras. Yo ya no voto. Creo en un mundo en el que la gente se organizara para vivir mejor, no para hacer ninguna revolución. Las revoluciones ya sabemos lo que han traído: asesinatos, una policía que tortura y mata y unos señores que viven muy bien alentando un terrorismo de estado. Fidel Castro recibía con puros a los que iban a informarse sobre cómo iba "la revolución". Muchas revoluciones ha habido ya, no las necesitamos. Necesitamos que los ciudadanos se unan para poder comer, educarse, cuidarse unos a otros. No necesitamos políticos ni proyectos. No necesitamos discursos ni discursitos ni mítines ni la mentira puta que los alienta. ¿No nos damos cuenta de que nos engañan todo el rato? ¿No nos damos cuenta de que todos los políticos viven bien? Si seguimos engañados es porque nos dividen en grupitos absurdos de unos contra otros, de unas ¿ideas? contra otras. Pero, ¿qué es una idea? Algo que se le puede ocurrir a cualquier ciudadano de a pie. Y también se le ocurre a un corrupto maldito. Pero al corrupto se le ocurre una idea para chupar la sangre al ciudadano de a pie.

 Es la vida sin brillo. Es arder en palabras que no dicen nada. Es caminar ciego y sin destino. El pasado vuelve levemente a mi cabeza y lo desprecio, no lo tengo en nada. Días de pueblo los fines de semana, andar por andar. Han venido unas gentes que han vuelto del revés el mundo que conocía. Rutina en el ayer, repetición de acciones claras y sosas como el agua de grifo. Luego, el porvenir, estudiar algo bonito en sí mismo. Trabajar, trabajar lo estipulado. Y una enfermedad. Todas las cosas ya no están claras. Ya digo: han venido unas gentes falaces e insultadoras a rellenar un territorio en el que no había nada aún. La gente se insulta o no habla por el miedo a decir lo que piensa. En Segovia, sigue pasando el río por el mismo cauce. Menos mal.

 Le digo a Paco: han soltado a Txeroki, jefe de la banda terrorista eta ni arrepentido ni colaborador con la policía para esclarecer casos de los 300 y pico que quedan sin resolver. Dice Paco: a lo mejor vuelve eta a matar. Dios no lo quiera pues si ha habido en España una peste asquerosa ha sido esto de la eta. Los partidos políticos vascos parece que les gusta trabajar en la dirección de que salgan a la calle estos asesinos que para ellos son héroes. La sociedad vasca está degradada, degenerada, podrida por culpa de no sé qué virus asqueroso que se ha inoculado en las mentes de aquella región. Los partidos políticos vascos quieren blanquear un terrorismo espantoso y criminal que hubo y parece que desean que vuelva, con desprecio infinito de las víctimas que sí sufrieron muerte y destrucción. No hubo ni un político muerto del PNV. Ellos zarandeaban el árbol y nosotros cogíamos las nueces. El país vasco está putrefacto, está roído por una miseria moral muy grande.




 El que tiene vergüenza, ni come ni almuerza. Así dice el refrán. En el idioma caló, vergüenza se dice "lache". Decían las gitanas de San Cristóbal de los Ángeles: me da lache preguntar al profe. Tengo que hacer una cosilla y para ello, he de perder la vergüenza. No es una cosa del otro mundo, pero me impone un poco. Lo haré. Al final, lo haré. Las cosas transcurren lentas a veces y cansan porque hay que esperar y otras veces van rápidas y te sorprende la celeridad con que pasan. El prólogo de "La Celestina" habla de aceleramientos en la vida que traen desgracias. Las prisas traen malas consecuencias. Hace sol hoy y calienta un poco ahora de mañana pero es un calorcillo engañoso, muy débil. No se puede uno fiar de él. He dormido bien. Ojalá pase el día como el sueño que he tenido. Estaba yo tranquilo en el sueño, tomando un café y al fondo, el mar.

 Los chicos compraron una nueva nevera. El fin de semana se estabilizaba. Uno de los chicos iba a ponerse su inyección. Qué llevaba aquella inyección, no se sabe, misterios de la farmacopea. Farmacopea, qué palabra. La verdad es que en estos tiempos había una pastilla para cada enfermedad. Para el corazón, para los pulmones, para el estómago, etcétera. Así llegaban los ancianos hasta los 100 años. El padre de los chicos se tomaba 14 pastillas diarias. Un chico de estos también tomaba cerca de 10 pastillas. El padre de los chicos tenía casi 96 años. Y estaba muy bien. A uno de los chicos la enfermedad le brotó un día de estos de atrás y toda la familia estuvo con él, ayudando. Se recuperó pronto, en una semana. La vida va marcando una serie de obstáculos a los que hacer frente. Según se los haga frente, así se va viviendo la vida.

 Había un tipo al que le daba sensación de ser tonto. Todo lo que hacía le parecía una tontería. No hacía gran cosa al día ya que estaba jubilado, muy jubilado. Llevaba gran tiempo jubilado y en este tiempo actual, tan raro, en el que los líderes políticos eran muy listos, a él le parecía que era tonto y la causa de creerse tonto era que no era malo, que debería ser más malo o menos bueno. Era un ser solitario, que no participaba de partidos políticos ni de clubs de petanca. Viendo a la gente y cómo pasaban los autobuses (llenos, semi llenos, semi vacíos, vacíos) ya se pasaba el rato. No molestaba a su familia con apremios de cariño. No molestaba a nadie y quizás por eso se creía tonto. Veía al presidente de su nación, rodeado de delincuentes, con mujeres y vino y gambas y ladronicios que iban saliendo a la luz y este pobre hombre se creía tonto del haba por no saber robar ni meterse en esos círculos tan divertidos y saciantes de deseos. Era tonto, no le demos más vueltas. Era tonto hasta decir basta porque se aburría, porque no robaba, porque no disfrutaba de la vida abundantemente. Era tonto y no tenía remedio. Se comió un lata de sardinas e iba pensando: soy tonto, soy tonto.