El otro día vi en un vídeo en Corea del Sur cómo madrugaba una mujer que preparaba unas hamburguesas en plena calle. Entonces sentí la fuerza de la madrugada en esos ruidos primerizos de la ciudad, unos ruidos a los que yo asistí cuando fui profesor. Ahora no madrugo pero una madrugada en abril, a eso de las 7, cuando despierta el mundo y sientes un renacer especial merece la pena sentirlo. Cada individuo se fija en su cometido, tiene en mente un objetivo a desarrollar esa mañana que ha madrugado. Hay ruidos pequeños, afilados, que resuenan en el cielo. Todos queremos participar de la primera familia, de los trinos de los pájaros y de los sonidos iniciáticos del día que nace. Es una sensación única que me vino a mí en ese vídeo. Lo que pasa es que tomo una medicación fuerte y, no teniendo un fin, esas pastillas me mantienen dormido.
EL PROFESOR
lunes, 16 de febrero de 2026
No sé por qué los intelectuales o artistas o escritores tienen que ser de izquierdas. Como si desde las derechas no se pudiera defender a los débiles, como si la izquierda acaparara el patrimonio de ser la única que salva al obrero. Ya hemos visto que hay seres en España que defienden eso de que el sur también existe, por pobre, pero ellos viven en el norte y comen de lo mejor. Es la llamada izquierda caviar o pijo progre. Esta izquierda para mí es de baratillo. Yo estoy mucho más cerca de entender al obrero que ellos, con su vida regalada en un chaletorro y sus hijos yendo a un colegio de élite mientras defienden todo lo público, todo lo público a lo que nunca han asistido sino a hospitales privados, colegios privados y todo privado. Ahí tenemos la hipocresía de los Iglesias. Pero los Iglesias ni son intelectuales ni artistas ni escritores. Son oportunistas de la política, nada más.
Con la asociación de enfermos mentales "Tú decides" íbamos a un pueblo de Guadalajara cuyo nombre ya no recuerdo. Fui dos veces, creo, y lo pasé bien. Era un pueblo muy pequeño donde había un albergue que llevaba un matrimonio. El marido hacía la comida, una comida abundante y rica. Un día le pedí que hiciera migas y las hizo. Entre los que íbamos me llamó la atención Mely, una mujer que era muy aventurera y no le temía ni a la enfermedad mental ni a los cánceres que sufrió. Llevó dos perros, a cuál más travieso. Decía que esos dos perros le ayudaban en la enfermedad mental suya, a romper su insociabilidad. Una mañana fuimos a ver Sigüenza. A mí me dijo la mujer que llevaba el albergue que yo tenía muy buena conversación. No me gusta el silencio entre dos personas. Creo que hay que llenarlo con algo. Yo regalé a ese albergue dos libros: "El profesor enfermo", del que soy autor y "Viaje a la Alcarria", de Camilo José Cela, en el que se hablaba de pueblos de Guadalajara y de las gentes que lo habitaban en la posguerra.
No sé si a mi sobrino, que creo que me lee, le molestaría que yo hablara de su hijo y me metiera donde no me llaman. Pero el caso es que ya he leído bastantes veces en la prensa y en obras literarias sobre los niños tiranos. Los llaman así. Quizás porque siempre están disputando con la autoridad de los padres para que se haga su voluntad. La familia gira mucho en torno a los deseos de esos niños tiranos. Son niños que ya saben un poco cómo manipular los deseos de los padres para sus propios fines. Paco me dijo que una maestra le dijo que la culpa de ser cómo son los niños la tienen los padres. Yo veo algunas veces a padres que tienen que desplegar una gran energía para que sus hijos obedezcan. Si se cede demasiado en torno a que el niño lleve siempre la razón, ahí, creo que está el fallo. Porque a veces, no tiene la razón.
El salto ecuestre de la imaginación se da cuando dos conceptos se unen para dar lugar a otro término que los relaciona. En química sería como un producto nuevo resultado de unir dos elementos distintos. Lorca es el que alude a ese salto ecuestre y a ese oficio de poeta que se resumiría en encontrar metáforas en el lenguaje común o poético. Se puede comparar a la luna menguante con el diente de un ajo. O decir que la luna es un ajo. Eso es la metáfora. Es el ejemplo que ponía yo en mis clases. No sé si se puede metaforizar no solo una palabra sino también una situación narrativa o lírica. Por ejemplo: en Galdós hay una metáfora que consiste en comparar o metaforizar un crimen el hecho de romper una hucha. Y otros autores metaforizan un lugar, un acontecimiento importante para el protagonista, etc. Por ejemplo: la llegada de la primavera puede ser la metáfora de la llegada de una amistad nueva y gratificante, etcétera.
Yo ya creía que no me leía nadie conocido el blog que aquí escribo ya que se tiró todo un día con 0 visitas. Pero luego, por la mañana, han vuelto a salir esas visitas. Quizás, sin visitas, yo podría ser más libre de expresarme al saber que ni mi sobrino ni nadie conocido me leía el blog. La verdad es que no sé quién lee mi blog. Por la mañana, suele haber 3 visitas. Uno de ellos debe ser mi sobrino, que le dijo a su hijo: mira, este tío tuyo es escritor. Pero el niño no entendió mucho. Yo soy escritor porque escribo pero mi escritura no tiene resonancia suficiente. No sé qué calidad literaria se puede atribuir a este blog, si algún crítico diría que merece la pena publicarlo para el gran público. Hay entradas de este blog que tienen cerca de las 100 visitas, será que a la gente les gusta.
Tenía que ir a por una inyección y unas pastillas a la farmacia pero no tenía ganas. También se tenía que cortar el pelo. Por la mañana, una pereza le embargó, no queriendo más que estar en casa. En casa, leyó algún libro, se bebió un café extra, anduvo por la habitación, no hizo nada estrambótico ni original. La mañana fue avanzando y dejó un regusto a ordinariez en su mente. No era nadie, se dijo. No era famoso, ni importante, ni salía en los periódicos. Era una ventaja no ser conocido públicamente. Pero también estaba aburrido de su intrascendencia. Si su primera novela hubiera sido una gran novela... Pero, ¿qué es una gran novela? ¿Aquella que habla de lo transcendente? ¿Aquella cuyos personajes logran ser universales? No lo sabía. Él había escrito una novela olvidada, una novela nada conocida. Un regusto a ordinariez recorría su alma, al alma de un escritor que no vio la luz de la fama.