Padezco yo una sensación o sentimiento que voy a llamar "tristeza ecológica". Al ver que la hierba se seca ya en abril, que no hay insecto alguno revoloteando o saltando o reptando, que no llueve nunca, que las manzanas no huelen, que los melocotones no llevan jugo en sus entrañas de fruta, que el campo no está nunca verde, que todo lo rodeamos de basura, de plásticos de todos los colores, que el mar está como un caldo a la orilla de la playa, que hace un calor en mayo propio de julio o agosto y unas cuantas cosas más, me entra la tristeza ecológica porque lo que había, ya no lo hay. Y me recuerda todo esto a la maldición que los indios norteamericanos lanzaron al rostro pálido: el dinero no podrás comértelo.
EL PROFESOR
viernes, 24 de abril de 2026
Me imagino que mi hermano fuera culterano y yo me declarara conceptista, al modo de Quevedo. Estaríamos todo el rato lanzando invectivas uno contra otro. Que si los versos deben ser largos o cortos, que si en la poesía debe haber latinismos o palabras que sugieran varios significados. Que si se debe adoptar el estoicismo en los temas tratados o la pura evasión poética. Compondríamos poemas en las que uno satirizara al otro, en que uno se fijara en la nariz del otro y el otro en vicios inconfesables del primero. La vida sería muy interesante, todo el día componiendo versos en cuadernos llenos de invectivas, de hallazgos poéticos, de palabras misteriosas, de conceptos altisonantes. La poesía atravesaría nuestras vidas y nos tendríamos un odio mortal, un odio fomentado por la creación de pensamientos satíricos, burlescos, desfiguradores de la realidad. Pero no, la vida con Paco es más ordinaria, más sencilla que todo eso. Paco apenas habla, apenas disputa si no es por las tareas de la casa, pocas veces Paco lanza un suspiro poético al aire.
Hay una canción que dice: perdido en mi habitación sin saber qué hacer se me pasa el tiempo. Está en boca de alguien que se supone que vive con sus padres al aludir a una habitación propia, creo notar. Esta canción es parecida a la canción del limonero o lemon tree. El limón es muy ácido. Evoca en su pronunciación una señal en nuestro cuerpo de desagrado, de sabor fuerte. La soledad también es muy ácida, muy desagradable de notar, no la queremos saborear ni percibir en nuestra vida. La soledad es una especie de fracaso de la persona, de pérdida de algo valioso, de la sumisión a las horas sin nadie al lado. Es una putada la soledad, un castigo en la vida que nadie quiere vivir ni sufrir. Pero ahí está.
Paco y yo estamos aislados. Hay mucha gente que está aislada, debe vivir su vida sin contar con los demás. Es el signo de los tiempos. Yo me rodeo de mis escritos, que me acompañan. Y también de mis libros, que me dan cierta ilusión de séquito cultural. Conozco personas que están solas, son personas con mi edad. Una de las que conozco está tutelada, vive en un piso, va a una asociación donde se relaciona. Más allá de esa asociación, no tiene ya más compañía. Conozco otra persona que tiene problemas de movilidad. Tiene amigas, toma algo con ellas, pero en resumen, vive sola. ¿Por qué esta sociedad tiende al aislamiento, a la soledad? Pasados unos años, la gente se queda en casa, no charla, no ve a nadie, no se relaciona. Ya digo que es característica de este mundo en el que vivo. Sustituyen a las personas los libros, los perros o un pececito de colores metido en una pecera de cristal. Que cutre. pero es así. La vida se transmuta en un hueco, en un corazón que late flojo, en una caricia que nunca llega.
jueves, 23 de abril de 2026
El otro día me enteré de que una mujer enseñaba el búlgaro por las tardes. Fui allí y resulta que era un idioma. Ahora la gente se va a Albania, a Armenia o a Bulgaria de vacaciones. Será que sale barato la transacción de los euros a la moneda que allí, en estos países, circula tristemente. Pero creo que son países un tanto inestables. La gente también va a las playas de Croacia, al mar Adriático. Los viajes El Corte Inglés todo te lo apañan. A mí me dan miedo los viajes. Incluso los que pueda hacer por los alrededores. Pienso muchos incidentes si viajo, me pongo muy nervioso. La luna ya aparecerá por la noche para guiar al viajero, al trasnochador, al criminal y al orate.
Había un chico que se recorría las calles de Budapest todos los días porque era cartero. Este chico soñaba con la perfección de los planetas y el sol y las estrellas. Este chico adoraba la luz del sol cuando llegaba cada madrugada y miraba a la luna como algo que casi sentía en los dedos. Este chico tenía una nuez de Adán muy pronunciada. Daba el aspecto de una gallina recién cocida pues el color de su piel era rojizo. Este chico sale en una novela que me estoy leyendo, una novela de una trabazón hercúlea, de una sintaxis fuerte y apretada a la que yo jamás podré llegar en mis narraciones. En esta novela sale también la madre de ese chico, al que abandonó cuando su padre bebedor murió. Y sale también un musicólogo que está tendido en la cama intermitentemente.