jueves, 16 de julio de 2026

Lo que más odia Dios es a un soberbio. Porque hubo ángeles soberbios que quisieron quitarle de su poder. Luego, esos ángeles insurrectos se convirtieron en diablos. Luzbel, Satanás y otros más. No dudes de que en la vida te encontrarás con soberbios que piden y exigen lo que no tienes. Y, como son soberbios, cuando Dios haga ver que son soberbios, no te pedirán perdón. No pedirán perdón por eso, porque son soberbios. Pero quizás Dios los castigue. Los castigue haciéndoles ver que han insultado a las nubes y al sol. Tú vete escribiendo y así sacarás por el hilo, el ovillo. Y te enfrentarás al soberbio de algún modo. O sea, racionalizando el castigo que te está infligiendo ese puto soberbio. Escribe y notarás un descanso. Notarás que tú no has merecido ese trato del soberbio. Escribe y te consolarás. Escribe y retratarás al soberbio y a sus actos. Dios le derribará de algún modo. Porque ya he dicho que a Dios no le gustan los soberbios. 


Si hay alguien en este mundo que te saca de tus casillas, a lo mejor no sería malo que llevaras un diario o que escribieras lo que te hace esa persona. Solo como una consolación o un desahogo. Me acuerdo de que yo escribía dos o tres cuadernos de poesías para hacerme entender lo que me estaba pasando. Y no estaba mal, me sentía un poco mejor después de escribirlas. No tenían que rimar ni nada pero volcaba mi furia en esas creaciones ad hoc. Luego, lo mejor es confiar en el tiempo. El tiempo pone las cosas en su sitio. Si esa persona te ha jodido o te está jodiendo no puede estar todo el tiempo haciéndolo. La cosa acabará pero tú no olvidarás lo que te hizo. Porque la justicia, al final, actuará. Y es cuando tú te darás cuenta de que esa persona te hizo un mal innecesario. Y no pedirá perdón porque es mala persona. Lo ha sido contigo. Ya digo: escribe. Escribe y mata tu furia escribiendo.

 

 En Lisboa sobre la mar, barcas novas mandé labrar. En Lisboa cruzamos mi exnovia y yo el puente sobre el Tajo para ir a la playa. Yo venía de sufrir a mi hermana. Mi exnovia empezó a coger celos de mi hermano. Mis males no tenían fin. Duró poco o mucho luego nuestra relación pero acabó. La gente se piensa que un enfermo mental da problemas. A mí, los que me dieron problemas fueron mi hermana y mi exnovia que están como cabras. Las personas no diagnosticadas son las peores. Están locas y no lo saben. Nadie se lo ha dicho eso, que están locas. Yo, por mi parte, me considero un tipo ordenado, inteligente y con los pies en el suelo. A poca gente he dado problemas. He solucionado los míos como he podido. No debo nada a nadie. Hay gente que me debe excusas que nunca han proferido por su boca. El mundo está lleno de locos. Peligrosos locos sin diagnóstico.

 Qué se yo qué utilidad tendrá escribir aquí unas líneas. Me levanto con la resaca de las pastillas, adormilado, con la boca seca, un tanto confuso. Y escribo. La mitad de lo que escribo es sobre el ser humano en general. Lo poco que vale en el mundo. Somos polvo, somos humo. Eso es lo que digo. Y ya lo dijeron muchos antes que yo, así que no tiene mucho mérito volverlo a decir. El azul del cielo es inmenso, la vista no lo abarca. La creencia en Dios depende de cada persona. Las ilusiones de la gente deberían tenerse en cuenta y no chafarlas. Todos queremos ser millonarios porque así los deseos se cumplen. Todo se resume en la inutilidad de las opiniones particulares.

miércoles, 15 de julio de 2026

 A veces no soportamos los términos, las palabras. En unas ocasiones, porque se dicen en voz alta, demasiado alta para lo que es el que las dice. No hay que hacer mucho caso a esas palabras de tanto tono imperioso. Lo mejor, dejar que chille y chille hasta que se rebaje el que las emite. Ya se cansará. Y suele ser para pedir, siempre para pedir y exigirnos. No hay que hacer caso. Ya verá que no se le hace caso y cejará en chillar. En otras ocasiones, son palabras sibilinas que buscan hacernos daño por su desprecio, por el veneno que hay en ellas. Tampoco hay que hacer caso. Déjale que desprecie esa persona hasta que tenga que comer de tu mano. Ahí se humillará y dejará de insultarte con palabras despectivas. Las palabras son duras de oír si son altisonantes o rebuscadas. Pero, en ambos casos, no hay que hacer aprecio.

Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba. El mundo gira y no nos caemos. Pero sí que nos caemos. Nos caemos en otro sentido. Hay que hacer frente todos los días a mil y un inconvenientes o un solo inconveniente: la falta de ganas de vivir. Lidiamos con otras personas que son parientes o amigos. Vamos a la compra. Hacemos cosas repetitivas. Vemos los hijos crecer. Charlamos a veces en un bar para contarnos las desventuras. Compramos regalos, compramos libros que luego son malos. Vemos el partido de la selección. Conseguimos meternos en el bolsillo del pantalón muchas veces. Hacemos como si no pasara nada. Dormimos de lado o con la boca apuntando al techo. La noche es pasajera y paralela a un día que no cuenta en nuestra vida.

El cigarrillo de después de desayunar sabe muy bien. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo? Tengo este panel para incrustar palabras. El padre y madre de familia de hoy en día tienen mucho mérito pues los niños salen exigentes y se cabrean y no se sabe por qué. Lo quieren todo porque ven mucho la televisión. En la televisión salen muchas cosas que los niños desean con fuerza. Con tanta fuerza que se expresan a gritos por tenerlas. Es una equivocación hacer caso a lo que digan los niños. Los niños son muy caprichosos. Los niños son voluntades errantes y maquiavélicas. No les importa los medios sino el fin. A los niños de hoy en día hay que sujetarles en su apetencia porque su apetencia es casi monstruosa. Por eso digo que tienen mucho mérito padres y madres de hoy en día.