miércoles, 8 de julio de 2026

 Haber estado haciendo gestiones para ir a Alicante ya me vale como tareas destinadas a un fin concreto. Con eso casi me valdría. Pero hay que llevarlo a efecto. Saldría un domingo a eso de las 15 horas. El hostal ya estaría elegido. Y luego, nada más llegar, iría a la playa. Tantas playas imploradas aquí en este blog se volvería una playa concreta, una playa que me llenaría la piel de agua de mar. Una playa ya hecha, no imaginada. Una playa única y perfecta en su diseño para mi disfrute. Hay que ir a Alicante. No me queda otra.

 Me resulta extraño pensar en la misma cosa todo el rato. Pero es que es importante para mí. Debería serenarme y verlo todo como una cosa normal que hace mucha gente. Gente que no tiene amigos de fiar. Gente que está sola y necesita un alivio de toda la matraca esta de levantarse y volverse a acostar sin novedad frente a sus ojos. Es natural que uno quiera huir, salvarse como puede de esta artimaña cotidiana que nos urden los días. Yo estoy venga pensar cómo hacerlo y así, me entretengo y sueño con un destino feliz. es cuestión de cronometría. Es cuestión de hacerlo, de atreverse a hacerlo.

 Como todo se disuelva en agua de borrajas, me daría pena. Total. El destino elegido es modesto y sencillo de llevar a cabo. Quizás saldría un domingo. Los domingos son de tráfico tranquilo. Es todo una novedad pero no tanto pues yo ya fui en autobús a algún sitio hace algún tiempo. Tengo que darme ánimos y hacerlo. El domingo pasaría rápido en el trayecto y en la llegada. Los días pasarán también muy rápido y casi ni me enteraré de haber estado de vacaciones. Desconexión es la palabra clave. A ver cómo me lo monto. A ver qué distancias me separan de la monotonía. A ver si todo se cumple de una vez.

 Me vengo abajo en cuanto lo de viajar. Pero tengo que viajar. Lo veo como un hito de este verano. Lo pienso mucho. Lo visualizo y no veo el problema. Pero luego lo pienso mucho, demasiado. Hoy he dormido bien. Muy bien. Ya es miércoles. Corre brisa. La oportunidad de alejarme es tentadora. Alejarme física y mentalmente de Majadahonda. O lo hago o no lo hago pero pensarlo ya me da ánimos algunas veces. Hay que hacer previsiones. Todo yo solo. Todas las gestiones las haré yo solo. De lunes a jueves. O de viernes  a lunes. No sé. No sé nada más que marcaría un antes y un después.

martes, 7 de julio de 2026

Todo está en los libros, decía una canción en la televisión a eso de media tarde. Pero no todo está en los libros. Viajar no está en los libros. Viajar está en un autobús o en una ciudad por descubrir. Yo quiero viajar y viajaré. Y el libro que me acompañe en el viaje, lo tendré como bueno. El día de hoy he tirado muchos libros leídos, otros que intenté leerlos y otros de los que guardo una memoria bonita. Los libros son ayudas en la educación sentimental del ser humano. Son los libros algo que nos ahuyenta el miedo a hacer cosas, a probar experiencias y a salir de un mundo inmóvil y terco.

 Hay libros que leo por leerlos. Solo quiero a ver qué pasa o a ver si aprendo algo. Sin embargo, hay lecturas que se me quedaron grabadas y no recuerdo nada del argumento. Eso me pasó con "El siglo de las luces", de Alejo Carpentier. Quiero decir que no recuerdo nada de la novela pero sí el ambiente universitario en el que yo leí esa novela: las aulas, el olor a humo de los pasillos, las lecciones de los profesores, las visitas a la biblioteca. Fue un libro que me enganchó. Que leí de corrido y del que ahora no recuerdo nada, solo recuerdo su ambiente idealizado que tenía yo como estudiante de letras en una facultad un tanto caótica, un tanto entrañable, un tanto formadora de mi corazón y de mi cabeza.

 Los libros dejan un recuerdo, qué duda cabe. Yo recuerdo una mañana en El Escorial leyendo a Baroja, una de sus novelas extrañas sentimentales y baratas de pasiones. Me parece que se titulaba "El mundo es ansí". Y cuando fijo el recuerdo en esa plazoleta con ese libro entre las manos pienso que ya no habrá otros libros ni otras mañanas como esa, tan felices. Porque todo ya pasó. Mi novia ya no es mi novia y El Escorial ha dejado de significar aquello que significó aquella maravillosa mañana. Baroja, fácil de leer, la plazuela entre sol y sombra (era primavera) y todo ya es ceniza en los labios como dice Machado. Una ceniza que en la memoria es entre dulce y amarga. Una memoria que casi duele por perdida que noto.