Es malo sufrir ansiedad generalizada. El cuerpo no descansa bien. Es cosa de la enfermedad. Me tengo que aguantar (aguantinina, la mejor pastilla para los nervios). Me tengo que esforzar para estar ocupado y no pensar en el calor, en las paredes de la casa, en el agobio de estar metido en ella. Hasta las 6 no se sale de casa. Desde las 13:30 que se come, son 5 horas que algunas veces no sabe uno qué hacer. Pero el clima manda. El calorífico aire de las calles manda. Los álamos están estáticos y ascéticos, como los monjes antiguos. La vida va difícil, la vida es rara y tirana. Los días de calor se multiplican por cuatro. Nadie anda por la calle. Todo, hasta los crímenes, ocurren a la sombra. Ni para matar se quiere sudar, se quiere estar al sol.
EL PROFESOR
jueves, 21 de mayo de 2026
Como en alguna novela barata del oeste o como en alguna novela cara de un autor consagrado, afuera hace mucho calor. Todavía esperamos más mientras nos pudrimos metidos en casa. Se supone que las temperaturas seguirán al alza. Los padres dicen a sus hijos pequeños: no se puede salir fuera. Y el protagonista de los dos tipos de novela suda que se mata buscando al criminal. Me tengo que preparar para las estancias obligadas en casa. Ocuparé la habitación con libros, me tumbaré a oír kiss fm o cadena 100. Tengo también el periódico de los domingos, que vale para toda la semana. Hasta tengo una novela del corazón por si todo falla.
Mi libro lo regalé a varios vecinos del pueblo. Y si ese libro se presta a otros vecinos pues ya habrá bastante gente que conozca la historia de cuando yo fui profesor. Es un libro breve y reflexivo. En él escribo sobre la educación. Se lee fácil, con un lenguaje llano. Quiere ser ese libro un reflejo de la situación de la educación pública en España. Sobre la interinidad. Se titula "El profesor enfermo". Las lunas surgen afiladas o llenas de luz como panderetas. Los soles se arriman a lo alto del cielo o es lo alto del cielo el que se arrima al sol. Por el sol vivimos, vemos, existimos. Para vivir nos asiste el sol. Para comer, el trabajo diario. Y para dormir, nos arrulla la oscuridad de la noche.
Corre una brisa ligera como una liebre. Al año, son un millón de liebres abatidas por los cazadores. Algún día he de plantearme dejar de fumar, con esa tos que me entra al levantarme. Hoy puede ser un gran día, duro con él. Los días son grandes cuando existe una armonía que dura mientras el sol nos alumbra. Quizás hoy vaya a pasear con Paco por la tarde. Si no se echa atrás. Ayer compré un libro. Quizás sea de Lope. Intentaremos que las horas pasen plácidas y armónicas como notas musicales a la guitarra. Estos días ya conducen al verano, al sol fuerte, a la tarde larga, muy larga. Por fin parece que me quito la ansiedad de encima.
miércoles, 20 de mayo de 2026
Doy las gracias a mi sobrino Carlitos por llevarme al pueblo en semana santa porque así esa semana se rompió y no me comí el tarro. Con la gente que se va y yo siempre me quedo. Lo único que me esperaba en Majadahonda eran paseos a Las Rozas o un paseo en coche con mi hermano como mucho. El pueblo, además, estaba de fiesta y el arroz estuvo bueno. Lo habría pagado yo con mucho gusto pero no me enteré a quién había que pagar. El caso es que paseamos todos, me pareció buen rollo el que se llevaba y maté el sábado de manera excepcional. Se deben fomentar las ayudas en la familia y estar unos pendientes de otros pues así la unión es mayor. Gloria a las familias unidas y a la sensibilidad hacia los que sufren dentro de la familia. Y si algún día mi sobrino Carlitos o mi sobrina política necesitaran algo que yo pudiera hacer, no tienen más que decirlo.
En mi pueblo todos los eventos ocurren en la plaza o en el salón. Me refiero a eventos como un homenaje al gaitero del pueblo, una disco móvil por lo de los quintos o un mercadillo con cantantes, que eso es lo que hubo el sábado santo que fui yo. En el salón se celebran comuniones o bautizos o alguna fecha memorable en las familias. Yo celebré mis quintos dos veces. En el último encuentro, Paco y yo nos liamos a contar chistes y estuvimos más de una hora. Luego, yo, con esa borrachera de palabras casi no pude dormir. No me vienen bien los excesos, como puede ser un exceso hablar demasiado. Pero bueno. A ver si hay otro encuentro de los del 69 y cuento unos cuantos chistes más.
Hablando de avaricia, es avaricioso tentarse el bolsillo para no sacar nada de él. Pero bueno. No voy a hablar de tacaños y avariciosos. Esta semana santa se rompió el sábado santo que fui al pueblo y allí vi mucha gente. Yo tenía una idea de que alguna persona del pueblo estaba enfadada conmigo por circunstancias que han ido pasando. Pero no. Ismael, mi tocayo, me habló en términos muy amables. Mariano Lozano me saludó muy efusivamente. No debe de haber envidias sobre mí, sino que me aprecian en algo. La vida va pasando y cada uno de nosotros aceptamos nuestra suerte, mala o buena, y la suerte de los demás, que a veces, es desconocida. La gente no se hace mala sangre porque a mí me den una pensión sino que lo entienden al cabo de un tiempo largo.