martes, 21 de abril de 2026

 Las derechas tienen eso de que favorecen al empresario y a lo privado. Las izquierdas quieren la igualdad y el reparto. Hay forofos de ambas tendencias. Pero yo me pregunto: ¿por qué estoy escribiendo tanto hoy? ¿Qué dejaré para mañana? Pues no sé contestar a ninguna de esas preguntas. El caso es que estoy mejor escribiendo que andando tontamente por la ciudad. Porque en la ciudad no hay nada que me interese. No conozco prácticamente a nadie de la ciudad, todos son extraños. Y, para ver extraños, pues estoy mejor escribiendo cosas que se me ocurren, que me pasan por el intelecto, que me oprimen un poco el corazón. Y aquí sigo, bebiendo agua, fumando y escribiendo. Y todo en la vida es aleatorio, provisional y dejado al albur de la casualidad.

 Ya se debe haber distribuido la riqueza por los pueblos como Moguer desde que Juan Ramón Jiménez tenía a bien escribir cuarenta o cincuenta poesías al día, allá por los años veinte. En tiempos de Juan Ramón Jiménez no estaba establecido todavía el euro millón así que hoy en día, a lo mejor a alguno de Moguer le haya tocado y así, de esa forma tan azarosa, se ha distribuido la riqueza. Porque a estos poetas de los años 20, les preocupaba mucho eso, la distribución de la riqueza. Y los jornaleros. Porque Juan Ramón Jiménez era de izquierdas. Y si todo el mundo pasara hambre sería la mejor manera de igualarnos y de distribuir no solo la riqueza sino la pobreza. Como pasa en Cuba. Que la pobreza está muy bien distribuida. Por eso, lo mejor que se puede hacer, en cuanto uno tenga uso de razón, es apuntarse a la izquierda y ser igualitario, muy igualitario.

 Juan Ramón Jiménez fue de izquierdas. Escribía "cojer" y "jesta" en un intento de simplificar la lengua española. Este poeta mostró las penalidades de los jornaleros de su pueblo, Moguer. Moguer debe de ser bonito. Moguer debe de ser un pueblo grande, como son los pueblos andaluces. A lo mejor, hoy mismo, ha nacido un moguerense más para el mundo. Juan Ramón Jiménez me da a mí que era un tipo impresionante, apabullador, importante donde los hubiera. Escribió tantas poesías que se puede rellenar toda una estantería con ellas. Este poeta debió salir a cuarenta o cincuenta poesías por día. Le dieron el premio Nobel. Por algo será. Ya digo que Moguer debe de ser bonito. Me gustaría ir a Moguer a verlo. Ver sus casas, el río, si es que pasa el río y sus calles empinadas o no empinadas. Me siento quieto, afanosamente quieto por no poder ir ni a Moguer ni a Chinchón.

 Podría darme un paseo por la ciudad pero prefiero estar escribiendo. Tengo muchos libros de poesía y de novela pero prefiero escribir. Así, suelto mis penas al aire y me entretengo. Habrá, como yo, mucha gente que escriba. Una vez fui yo a un taller literario. El señor que lo dirigía nos impuso escribir un capítulo diario de nuestra supuesta novela. Allí éramos 8 postulantes a novelistas. Como yo estaba trabajando, no me daba tiempo a escribir y un día me dijo el tipo ese que dirigía el curso: esto es novela, no cuento. Y dejé de ir. Pero me consta que son legión las gentes que escriben y escriben para sí mismos, para entretenerse nada más. Porque sus escritos no tendrán el apoyo de ser publicados. La escritura, al igual que la lectura, son buenas para el cerebro, hacen que el cerebro esté entrenado y la memoria y la parte del lenguaje de ese órgano están activas, dolorosamente activas para que luego pueda uno expresarse con propiedad e incluso, con elegancia.

 Ayer hubo muchas visitas a este blog. Me quedé sorprendido. ¿A quién le interesará esto que escribo? Yo lamento poner en él muchas cosas personales. Pero es que este blog tiene a veces un esquema curativo, de escribir mis males para analizarlos. Me gusta escribir también de libros que he leído como he hecho últimamente con una biografía de Vicente Aleixandre, que fue un poeta que perteneció a esa generación llamada del 27. Aleixandre estuvo prostrado la mayor parte de su vida por problemas renales. Recibió el premio Nobel en nombre de todos los poetas de su generación. Fue un poeta total, que expresó de todo en sus poesías. Su poemario "Sombra del paraíso" fue muy aclamado. Hay que destacar la casa en la que vivió, que se llama Velintonia, desde donde Aleixandre ejerció su maestría con todo poeta que se acercaba por allí. Tuvo una intensa amistad con Miguel Hernández y su viuda.

 Ángela de la Cruz es una coruñesa que se fue a Londres en los 80 a vender Biblias para no tener que pedir dinero a sus padres. Esta mujer es una artista y sueña con que sus obras prendan de las paredes del museo Reina Sofía. A esta artista le dio un ictus y está en una silla de ruedas. Le encanta dibujar como a mí me encanta escribir. Hace sus dibujos y luego, unos ayudantes pasan esos dibujos a cuadros o a esculturas. Esta mujer dice que en los ochenta había mucha más libertad creadora. Me parece que vive en Londres y tuvo una hija mientras padecía el ictus. La vida es muy azarosa, la vida te da y te quita. La vida comercia con la desgracia, la ilusión y el trabajo de todos los días.

Habría que pensar y repensar ese refrán que dice que mejor solo que mal acompañado. También hay un refrán que dice que una sola cabeza no llega a ningún acuerdo. Y otro que dice que amigos hay que tener hasta en el infierno. El otro día charlaba yo animadamente con un amigo. Salieron muchos temas a tratar. Me lo pasé bien, me olvidé de mí mismo y mis problemas por un rato. Fue muy buena experiencia. Y parece una tontería, ya ves, hablar de algo, de lo que sea. Hay que comunicarse, decir lo que sientes y cómo te encuentras al prójimo. El prójimo es esa caja de resonancia que sirve para que surja de ella algún consejo, algún deseo bueno para nosotros, algún cariño. El hombre y la mujer deben hablar, deben soltar lastre de ideas y problemas que se tienen y volcarlos en un oído amigo y bueno y consolador.