Cuando el mediodía llegue, ya se habrá desentrañado la mañana. El recuerdo de la fría aurora en contraste con las dulces sábanas ya habrá pasado y seremos campeones del día. Hemos ganado la batalla al lunes, hemos madrugado como seres infinitos, como ciudadanos alegres, como componentes de la plaza pública. Al trabajo con alegría, me decía un barrendero para mí heroico. La vida va pisando el talón a la gente del común. Es difícil no sustraerse a la obligación diaria. Pero, ya digo, cuando llega el mediodía, somos campeones de la jornada, somos los héroes de un día más, somos gentes fiables y de corazón. Que decimos a la mañana aquí estoy, he llegado y alguien llama a la puerta y no es en vano.
EL PROFESOR
lunes, 9 de marzo de 2026
Ayer vi a mi padre, al abuelo, como digo cuando hablo con mis sobrinos. Está muy delgado, demasiado delgado y encima, no le da por comer. Se salta el desayuno y la merienda a veces. Estuvimos toda la tarde con él mi hermano y yo. El miércoles vamos a verle otra vez. El pobre dice mucho eso de "tengo ya 96 años, qué puedo esperar". Pero yo creo que le volverán las ganas de comer y engordará un poco al menos. Está en una residencia pública, creo del ayuntamiento. Tiene biblioteca, barra de bar y muchos salones y jardinillos. A mí me gustó esta residencia, muchísimo más que la anterior. En la anterior, no había nada. Ni bar, ni biblioteca, ni salones ni nada.
Hace frío. El invierno no termina de largarse. Las luces son tenues porque las nubes tapan el sol. Da pereza moverse entre estas oscuridades al empezar la mañana. Ya llegados al puesto de trabajo, quizás esperemos órdenes, quizás la tarea la llevamos nosotros sin que nadie nos ordene, que es lo mejor. Gente joven está probando sus primeros días en el trabajo. Están felices porque parece que se hacen a las exigencias del mismo. Parece que la cosa fluye, parece que pueden con la tarea encomendada. Los taxistas, los de la furgoneta, los de la obra, los de las clases de matemáticas, los tenderos viven la ilusión de estar obrando bien, de poder ganar un dinero a fin de mes. Y todo va así: una lucha contra el día, contra ellos mismos, contra los clientes, contra los alumnos. ¿O no deberíamos decir contra sino para ellos, para los que nos dan de comer?
Aunque he leído ya varias veces que el absentismo laboral es muy alto en España, creo que la mayoría de la gente hoy lunes, está trabajando. Hace frío. No se va el invierno. Unos trabajan de peón de albañil en una obra, no de pisos baratos, sino caros, chalets para compradores con posibles. La vivienda barata no existe hoy en día. Ni se construyen pisos. Otros van a la oficina. Otros son transportistas. Llevan productos a las tiendas que son atendidas por los tenderos. Los de la coca cola no paran. Todos los días reponen cajas y cajas de botellas de coca cola. Es una bebida muy popular, se bebe mucho. Veo el camión de la coca cola muchas veces, muchas veces. Los que cortan el pelo y los que arreglan móviles abren a las 10:00. Bares hay que abren a las 6 de la mañana para servir el primer café de la mañana antes de empezar el tajo. Cuando iba a los institutos, iba con tiempo, precisamente para tomarme un café antes de dar las clases. Las primeras horas de dar clase eran muy buenas, no había desorden en las aulas, estábamos todos medio dormidos, pasaban rápido esas dos o tres primeras horas. Luego todo se complicaba porque surgía el bullicio después del recreo, se daban conversaciones en voz alta entre los alumnos, etcétera. Yo creo que madrugar es bueno. Te encuentras con el día que nace, te encuentras con los seres que se encuentran con el día que nace.
domingo, 8 de marzo de 2026
La mujer baja al garaje. Cuando está al lado de su coche se da cuenta de que no tiene las llaves del coche. Es una mujer desorganizada que no tiene hijos, que tiene la única responsabilidad de su trabajo, por el que lucha toda su vida. Es una mujer desordenada que guarda el dinero en cualquier sitio, se deja las llaves del coche en cualquier sitio, que no sabe dónde tiene la cabeza. Sube a casa y chilla a su madre. Que dónde están las llaves. Su madre también chilla. Están las dos un poco locas, lo dice la gente que las conoce. Las llaves están en la cocina, en el fregadero. Nadie sabe por qué están ahí. Al final, la chica coge el coche, va a un centro comercial con su perrita porque llueve. A esta chica le encanta su soledad, le gusta pasar de la gente, le gusta perder las llaves, el dinero, la cabeza.
El hombre escribe en su ordenador. Es un hombre que ha acabado una carrera de humanidades hace ya algún tiempo. Es un hombre que desea organizar su pensamiento en una novela. Va a verter en una novela todas sus ansias, preocupaciones, dolores de su alma, torceduras de su voluntad. El barrio está tranquilo. Es hora de escribir unos cuantos folios. Empieza así su historia: Era abril y el barrio parecía recibir ese mes con la autenticidad de lo modesto y lo humilde. Por las esquinas, pasaba un airecillo triste, como todas las tristezas que había en el barrio. Un hombre iba a por el pan. Y luego sigue el escritor dale que dale escribiendo del barrio. Un barrio pobre, un barrio que no consta en la historia, un barrio de gente como el propio escritor que un día se licenció con mucho esfuerzo de una carrera de humanidades.