jueves, 26 de febrero de 2026

 Andar cojeando por la calle suscita comentarios pero a mí la gente me da igual. Ayer estuve comiendo piponazos en la vía pública, sentado en un banco. Así fumo menos. Vi, desde otro banco, cómo limpiaba las cáscaras un barrendero. Tardaba menos de 30 segundos en limpiarlas. Ahora, me voy a ir a ese banco de ayer a ver gente. La gente me inspira. Hay gente, que por el modo de vestir que lleva demuestra muchas cosas: una lujuria sin esconder, un formalismo que va bien para el trabajo, un descuido aparente. Me encontré un señor vestido a la antigua que bien podría ser un poeta, por las fotografías que yo he visto de los poetas. Pero quizás solo sea una ilusión mía. Por otro lado, mis poesías no tienen mucho valor al lado de las poesías que yo leo en los libros. Mi poesía es ramplona y repetitiva.

 Paciencia y barajar. Barajar es mezclar las cartas para repartir los naipes. Esa expresión la leí por primera vez en el Quijote, cuando el protagonista de esa obra baja a las cuevas de Ruidera. Exactamente, cuando los astros confunden tu vida, no queda otra que esperar a jugar otro lance de la partida a ver si es más benévolo que la última vez. Y fías tu suerte a que alguien te ayude o buscas una solución en profesionales o entendidos en la materia. Y así va el mundo: unos que tienen una preocupación o un problema y alguien que te ayuda por un dinero o una veta altruista. Así es internet, en internet hay consejos, ayudas y temas prácticamente para todo. Por eso es bueno internet. Y es malo cuando lo que sale en él es malo y enfermizo.

 Lo que padezco en la cadera se llama trocanteritis o bursitis Y afecta a la articulación del fémur con la cadera. Supongo que tendrá cura. Me lamento porque en este estado no puedo ir a andar a Las Rozas. He visto muchos vídeos sobre el tema: ejercicios, dibujos de diversos músculos y huesos de esa parte afectada. Cuando ando, me duele la ingle. Te aconsejan fisioterapia pero también se puede hacer en casa una serie de ejercicios que alivian la zona. No creo que haya una pastilla milagrosa que lo cure aunque está el enantyum. El miércoles veo a la médica de cabecera a ver qué me dice. Espero que no me diga que se quita solo como hizo la última vez. Solo quiero unos consejos de ella. A lo mejor, ha visto casos como el mío y sepa qué hay qué hacer.

 Todo está muy tranquilo, como en una balsa de aceite. Todo es armónico a pesar de mi cadera herida. Y es así como se ponían nerviosos en el barco los piratas porque sabían que algo iba a ocurrir. Y avistaban las galeras españolas llenas de oro y ya se daba la batalla marítima. Me pregunto cómo será la próxima vez que mi hermano se ponga malo, empiece a desbarrar. O quizás ya no lo haga nunca. No sé. Lo que creo que sé es que los síntomas serán residuales por la edad, ya no serán tan bruscos. Llamaré al 112 y espero que me hagan caso, no como la última vez que llamé, que me dijeron que no era tema psiquiátrico sino social, que llamara a una trabajadora social. En fin. Todo está en calma. Hoy comemos coliflor hecha del martes por Paco. Me voy a duchar y esta tarde veremos al sobrino.

miércoles, 25 de febrero de 2026

 Ahora, después de escribir esto, voy al ambulatorio a pedir cita para ver a la médica de cabecera. Los médicos de cabecera o de familia están saturados, eso dicen. Pero luego, yo los veo corretear por los pasillos del ambulatorio. Ahora te atiendo, dicen y se van riendo con otra médica a un lugar. Luego vienen de ese lugar y te atienden pero te dicen que eso que tengo no es nada, que se cura solo, sin hacerte ningún reconocimiento. Voy a pedir cita para que me actualicen los medicamentos y a hablarle de mi cadera pero me volverá a decir que no tengo nada, que se cura solo. Y es que los médicos de familia tienen muchos pacientes, todos muy malos, muy malos.

 Cuando uno se junta con gente conocida, sabe de lo qué hablar. Si la madre de ese conocido está mala, preguntas por ella y ya empieza una conversación. Porque tú hablas luego de tu padre o de tu madre que también estuvieron malos o ya murieron pero que tuvieron también achaques parecidos. Luego hablas del tiempo porque el tiempo afecta a la madre mala, las primaveras la trastornan porque es una enferma mental con trastorno bipolar y le entran depresiones en estas épocas del año. Luego quizás hables de lo caro que está todo y lo prohibitivo que se ha vuelto sentarse en una terraza pues el de la madre mala se sentó en una con sus hermanos y fue un dineral los refrescos y la cerveza. Luego hablas de que hoy comemos, mañana quizás estemos en un nicho para la eternidad. Y ahí se acaba pronto la conversación al mentar a la vieja, que concluye con la condición mortal que tenemos todos. Y una mosca sobrevuela nuestras cabezas y ya nos despedimos.

 Un galgo muy largo y fuerte esperaba a la puerta del hotel. El dueño estaba haciendo gestiones dentro para ver si dejaban pasar al galgo a la habitación. Las normas del hotel eran estrictas: nada de animales en el hotel. EL hombre cogió al galgo y se fue echando pestes de la dirección del hospedaje. Se fue a otro hotel más allá y le dijeron lo mismo. Entonces usó el móvil y buscó hoteles que admitieran animales y encontró uno en una barriada de la capital a la que habría que ir en taxi. El taxista no puso pegas a subir al galgo. Llegaron al hotel. En ese hotel, había loros, tortugas muy grandes y otros perros. Un perro de esos se enfrentó al galgo y le agredió, le mordió. Hubo una discusión entre amos de perros. Llegó el veterinario del hotel. Dictaminó: los huéspedes humanos deberían irse de ese hotel y que se quedaran solo los animales. Los seres humanos estaban estresando a los animales del hotel. El dueño del galgo tuvo que alojarse en un hotel cercano y dejar al galgo allí.