miércoles, 15 de julio de 2026

 A veces no soportamos los términos, las palabras. En unas ocasiones, porque se dicen en voz alta, demasiado alta para lo que es el que las dice. No hay que hacer mucho caso a esas palabras de tanto tono imperioso. Lo mejor, dejar que chille y chille hasta que se rebaje el que las emite. Ya se cansará. Y suele ser para pedir, siempre para pedir y exigirnos. No hay que hacer caso. Ya verá que no se le hace caso y cejará en chillar. En otras ocasiones, son palabras sibilinas que buscan hacernos daño por su desprecio, por el veneno que hay en ellas. Tampoco hay que hacer caso. Déjale que desprecie esa persona hasta que tenga que comer de tu mano. Ahí se humillará y dejará de insultarte con palabras despectivas. Las palabras son duras de oír si son altisonantes o rebuscadas. Pero, en ambos casos, no hay que hacer aprecio.

Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba. El mundo gira y no nos caemos. Pero sí que nos caemos. Nos caemos en otro sentido. Hay que hacer frente todos los días a mil y un inconvenientes o un solo inconveniente: la falta de ganas de vivir. Lidiamos con otras personas que son parientes o amigos. Vamos a la compra. Hacemos cosas repetitivas. Vemos los hijos crecer. Charlamos a veces en un bar para contarnos las desventuras. Compramos regalos, compramos libros que luego son malos. Vemos el partido de la selección. Conseguimos meternos en el bolsillo del pantalón muchas veces. Hacemos como si no pasara nada. Dormimos de lado o con la boca apuntando al techo. La noche es pasajera y paralela a un día que no cuenta en nuestra vida.

El cigarrillo de después de fumar sabe muy bien. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo? Tengo este panel para incrustar palabras. El padre y madre de familia de hoy en día tienen mucho mérito pues los niños salen exigentes y se cabrean y no se sabe por qué. Lo quieren todo porque ven mucho la televisión. En la televisión salen muchas cosas que los niños desean con fuerza. Con tanta fuerza que se expresan a gritos por tenerlas. Es una equivocación hacer caso a lo que digan los niños. Los niños son muy caprichosos. Los niños son voluntades errantes y maquiavélicas. No les importa los medios sino el fin. A los niños de hoy en día hay que sujetarles en su apetencia porque su apetencia es casi monstruosa. Por eso digo que tienen mucho mérito padres y madres de hoy en día.


 Un día, dejé de fumar. Inexplicablemente. Ayer por la noche me duché. Francia recibió dos goles por parte de España. No encuentro motivación para escribir ni para nada. Tengo libros por leer. Ayer también llevamos a mi padre a Gaes, centro de audición. Si quisiera escribir una historia bonita y sincera, me fijaría en otras novelas bonitas y sinceras. No sé qué me pasa en el cerebro que no me centro mucho en el día de hoy. Pasajera es la noche, como nosotros mismos. El aire hoy está quieto, como si fuera un perro o un niño muy obediente. Quizás hoy tenga algún interés, un sentido, una palabra con que nombrarlo. Por un beso de la flaca yo daría lo que sea.

martes, 14 de julio de 2026

 Son las doce en el reloj. Había un poeta de los de la generación del 27 que amaba esta hora. Y compuso muchos poemas para esta hora completa en la que el sol alcanza su cénit. Mediodía divino, día completo, perfección del día, etcétera, decía este hombre. Luego, tras la guerra mundial y el estallido de la bomba nuclear, este hombre se volvió más serio y meditabundo. Se llamaba este poeta Jorge Guillén y tenía una formación literaria y lingüística de primer orden que se manifestaba en su obra poética. Jorge Guillén amaba la vida simplemente manifestada en "un pájaro que se hunde en el azul" y en otras manifestaciones de la naturaleza simples pero importantes. El filósofo Savater dice que hay que tener mente curiosa e inteligente y unos gustos o deseos simples. Si es al revés, vas de cráneo por la vida.

Es como el cuento de los ratones: el ratón de Guadalajara invitó a un ratón de campo a pasar unos días en la ciudad. Había abundancia en la casa del ratón urbanita pero tuvieron que huir tres o cuatro veces de la escoba de la mujer de la casa y otras tres veces del gato. Entonces el ratón de campo llegó a esta conclusión: más vale vivir con poco y tranquilo que no en abundancia y temiendo la muerte. El ratón de campo tuvo cosas que contar a sus compañeros de madriguera. Y les dijo eso: que no merece la pena las riquezas si vana acompañadas de miles de sustos. Ay de los que amasan mucho dinero. Qué difícil su vida y qué complicación.


 Hoy tengo que hacer empanadillas. Debo estar concentrado pues es tarea ardua. Se ponen las obleas en la encimera de la cocina, se rellenan de tomate con bonito, se cierran las obleas y por fin, se fríen. Es tarea compleja pero luego, con un poco de pan, están buenísimas. La pasta de las empanadillas es muy frágil, es muy delicada, de ahí la dificultad de que se rompa la masa, de que se abra el condumio, etc. Las posibilidades de vivir una vida completa se reducen si no tienes mucho dinero. Pero la facultad de amar a los tuyos no te la quita nadie. Amemos a los cercanos, a los familiares y luego ya podemos amar a todo el mundo.