miércoles, 13 de mayo de 2026

 Lo mejor que se puede hacer con un autor, es leerlo. Me estoy leyendo las poesías de Claudio Rodríguez. Es un poeta que exhibe mucho su conocimiento de la naturaleza. Las nubes, las tareas del campo, el asombro de una casa con sus miembros bien avenidos, el alto jornal de haber hecho bien las cosas día a día, la labranza, la cosecha, etcétera, son símbolos y situaciones que este poeta usa para sus poemas. También me estoy leyendo a Cernuda. Es un poeta más oscuro, de pasiones más bien tristes, que reflejan un malestar en la vida. Habla mucho este poeta, entre símbolos ocultos, de las relaciones humanas chungas, del amor que no se llega a alcanzar del todo, etcétera. Pero son muy buenos los dos, qué duda cabe.

 El domingo pasado, después de estar con nuestro padre, Paco y yo fuimos a El Pardillo. Cuando llego a El Pardillo, siempre me acuerdo de esa narradora no muy conocida pero de la que yo leí 3 o 4 novelas. Ya que no cruzo la bahía de Cádiz o me siento en una plaza de un pueblo del norte, por lo menos revivo los argumentos de esas narraciones tan buenas que empiezan con una universitaria y acaban con la búsqueda de un abrigo de piel. Son novelas las de esta escritora que no llegan a contar grandes dramas humanos como los tochos de Tolstoi o Dostovieski pero que sí cumplen con la encomienda de entretener por un rato, no muy largo, pues son breves. Y me acuerdo de ella y de mis escritos, que tampoco son muy allá.

 Ayer Paco y yo fuimos en el 561 hasta el metro Colonia Jardín. Antes de ir yo me imaginaba que nos iban a atracar pues por esa zona y Casa de Campo y Batán yo había leído que había mucha delincuencia. Paco no temía. Nos fuimos a la una del mediodía y, lo que hicimos nada más llegar, fue comer en esa terracita que a mí tanto me gustó cuando fuimos con los amigos de Fede. La comida no fue muy allá. Hablaban a nuestro lado unas cajeras del Dia. La idea era estar un rato en las mesas que había metidas en el bosque, en las mismas mesas en las que estuvimos ese día con Fede y sus amigos. Paseamos un poco y amagó la lluvia así que nos fuimos. Y entonces, tuvo lugar la conexión. No una conexión muy ortodoxa sino llena de la emoción. Y Paco, al venir, dijo que vio "caras distendidas". Y yo pensé que habíamos matado 3 horas y no había tenido que cocinar.

Te regalo una rosa, un día entre abril y mayo, dice la canción. Todos deberíamos tener algún día en que saborear la primavera. Y no dejarla a los pies de la monotonía de los días que pasan. Algunos tenemos in mente la región de la Toscana por las películas. A lo mejor en un pueblecillo de Cuenca se puede saborear esa primavera española que la ciudad no deja ver. A lo mejor hay que salir de la provincia para ver brotes verdes en otro sitio. La floración nos aguarda más allá de la Gran Vía madrileña. Un campo de amapolas, su visión, a lo mejor nos resarce de días ásperos, de días de oficina, de días sin vino ni rosas.

martes, 12 de mayo de 2026

Largo se le hace el día a quien no ama y lo sabe. Por eso, busca en la calle porque esta solo y no es culpa suya. Pero como no ama ni hay quién le ame, tiene pocas habilidades sociales, poco fondo humano con que decir hola, aquí estoy, en esta barra de bar, etcétera. Y poco a poco se desliza hacia la soledad, hacia el abismo de uno único en sus problemas, con la Pasionaria en la cabeza, con un montón de mierda política en la cabeza. Y sabe que ya eso no le vale, pero no sabe sustituirlo por otra cosa. Porque eso desayunaba cuando niño. Porque la bandera roja, porque qué malos los otros, porque no me gusta esta sociedad, porque la revolución y mueran los tiranos ya no habiendo tirano. ¿Y si fuera el que hay una especie de tirano?

 Parece que llevo unos días de conformismo con lo que tengo en mi vida. Acepto pulpo como animal de compañía con mucho agrado, no le doy muchas vueltas. Por las noches, me tumbo en la cama contento. Hoy voy a pasar de misterios, de intríngulis que la gente tiene respecto a sus vidas. No volveré a pulsar el botón verde. La visita se pospondrá para siempre, me da la impresión. Desayuno, me fumo un cigarrillo y olvido, trato de olvidar. La vida conduce su línea de salvación muy allá, demasiado allá y, a veces, no hay manera de agarrarse pero, al final, como se suele decir, Dios aprieta pero no ahoga. Sujetaré en mis brazos lo que da la vida y ya parece que no llueve por las mañanas.

 A la hora del baile tomaron Madrid, la apartaron de su resistencia, la hicieron claudicar. La capital ya no fue la misma. Los intelectuales desaparecieron por la costa y se fueron muy lejos. Los militares rompieron carteles y rompieron estatuas. Los que quedaron, los que no llegaron a un puerto de salida, se sometieron a juicios injustos, a todo tipo de humillaciones. Una dirigente se inventó aquello de "no pasarán". Y quedó para la historia. La ciudad del imperio, la ciudad de la república murió ese día. Ya no hubo perdón ni gato en la cornisa. Ya no hubo comunistas alegres persiguiendo una utopía. Ya llegó la dictadura, ya llegó el puño pero no para arriba.