Expuestos a la voluntad de alguien que no vale un pimiento verde. A ver si nos hacemos los importantes nosotros. Los libros son grandes compañeros. Anda mucho aire hoy en la calle. No fui a ver a mi tía Isidora. Es penoso este existir de poca gente alrededor. Ella desea la soledad, le gusta la soledad. Quizás le parezca poco hablar con nosotros, tomar un café con nosotros. Dice que ya llamará, dice que tiene que hacer recados. Le di mucho dinero. Le ofrezco mi amistad y ella no la aprecia. Ayer vi una película de trata de personas. La mañana se agita hoy como se agitará mañana, lunes santo. Mejor callar y que hable ella, que diga tonterías como dice siempre. Lo poco gusta, lo mucho harta.
EL PROFESOR
domingo, 29 de marzo de 2026
En el pueblo queda gente con la que poder charlar. También otros con los que mejor no charlar. En el pueblo dicen: menos mal que venís a vernos. Hay un bar aleatorio donde entra gente de toda clase y opinión. Hay una iglesia donde dan misa. Y hay demasiados recuerdos de mi juventud. Mi bicicleta está ya arrumbada en un rincón. La gente del pueblo es ya vieja o muy vieja. Yo mismo soy viejo. He bajado la cuesta del amor para descender al valle de la muerte. He cruzado ya una línea muy débil pero muy significativa que me dice que la pena andará rondándome más rato de lo normal. La mañana está subiendo, subiendo...
sábado, 28 de marzo de 2026
Ya he bebido agua. El agua que bebo me llena de una emoción leve pero dichosa y agradable. Me siento, cuando bebo agua, atado a una naturaleza bonita y gratificante. Luego, fumo un cigarrillo y me lleno de humo los pulmones pero quizás, más protegido el epitelio, más relajado el temor a sufrir un cáncer. El agua ordinario que sale del grifo me sitúa en un amor a las telúricas fuerzas de la naturaleza, me sitúan en una manera fácil de servir a mi cuerpo y a mi alma pues el agua abrevada es una forma de rendir culto a una fuerza sutil que tiene el mundo y los acuíferos y los canales que hace el hombre para que el líquido elemento entre en nuestro cuerpo purificándolo. El agua es sencilla pero también es muy fuerte su efecto en el cuerpo.
El malditismo que tiene la enfermedad mental la hace difícil de aceptar por los demás. La gente huye del loco, le mira mal, con recelo y con temor. La locura está mal vista, no se comprende bien. La locura te deja tirado con tus pensamientos negativos, con tu dureza existencial, con tu tánatos particular. Yo tengo en mi vida más de tánatos que de eros. Yo voy bajando una cuesta ya. Yo ya he apurado todo el amor que me ha podido dar la vida y ahora tiendo a la muerte más que al amor. El dolor de la vida solo la combato escribiendo o pensando bien de algunas cosas que veo todavía con ojos inocentes en mi vida, pero son cada vez menos cosas las que veo bien. Yo estoy perdido en la vida ya. Yo ya voy buscando la salida de este gris laberinto. Yo ya no amo a nadie. Más bien temo a a mi hermano, por ejemplo, a que tenga otro brote y le tenga que aguantar.
Ha desaparecido el dolor de la pierna derecha como por ensalmo. El bálsamo de Fierabrás es un motivo literario muy divertido en la formación de los personajes Quijote y Sancho cuando todavía se están pergeñando en la mente de Cervantes. Yo no tengo bálsamo de Fierabrás para curar las enfermedades mentales de gente que anda como fantasmas por Babilón. Ayer, en Madrid, vi gente, vi esa clase de gente con la mirada perdida. Cada vez son más y peor acondicionada su alma. Cada vez veo más personas con rasgos psicopáticos crueles y duros. Se nota mucho, yo, al menos, lo noto. Son jóvenes y más maduros. Miran desesperados su presente, sin un atisbo de mejora. Miran la vida que les hace débiles, miran a sus semejantes con la envidia del que está en otro círculo, en el círculo de la locura. La locura no es inventar un personaje. La locura es vivir la crueldad mental de la vida.
Tienes cabeza para tres sombreros y tienes culo para tres sillas. A mí me gustaría estar en Corfú, ciudad desde la que aquel tipo mandó una postal con la dirección equivocada a uno de los buzones de mi piso. Yo la leí: era muy agradable. Corfú es muy bonito o no se si se dirá bonita. Corfú es la quintaesencia del turismo mediterráneo. Crufú o Crasfú o Crisfú es el sitio donde uno se pierde en verano y del que se acuerda en invierno. Los corfusitos están muy contentos de que esa ciudad o isla o cabo o bahía se llene de turistas estúpidos durante todo el verano. Yo he estado en Corfú, ¿Y tú? Yo no he estado en Corfú porque no tengo medios ni infraestructura para estar en esa ciudad o isla. Me mola más la isla Utopía, creada por Tomás Moro, de difícil encuentro.
Mucho silencio el sábado por la mañana. No caí en el engaño del dueño del kiosco de prensa. Hoy, el periódico analiza libros publicados esta semana. Cuántos libros en tan poco tiempo. Yo me estoy leyendo un libro del Nobel de literatura del año 2025, un húngaro de nombre irreproducible en letras. La vida agasaja al que triunfa y puede conducir. Al que depende de las pobres circunstancias de una enfermedad, la vida le tritura y le cercena como cercenaba las manos Dios a un tal Blas de Otero. Y sajaba vivos a los ojos. Este Blas de Otero no hay quién lo entienda. Siempre se ha dicho que Dios abre los brazos al que le llama y le ama, no que le rechace de manera tan brutal. Pero bueno, la gente poeta es libre de pensar lo que quiera, para eso es poeta. Yo, como poeta, soy más bien pobre de versos, me salen unos versos lastimeros y poco transcendentales, no sobre Dios y sus crueldades.