sábado, 4 de abril de 2026

 Estoy esperando la llamada de Carlitos para irme al pueblo. ¿Qué encontraré en el pueblo? No lo sé. Quizás gente con quién charlar. Con eso me conformo. Son las 10:00. Carlitos me dijo que a las 11:00. El sol alumbra. Espero que Paco lo pase normal aquí solo todo el sábado. No se tiene ni que estresar ni meterse en conflictos. Hoy será un día tranquilo en Majadahonda. Unos astronautas están dando la vuelta a la Luna, verán el lado oculto de la misma. Dicen que es algo épico e histórico. Ayer estuve en Gran Plaza II pero no encontré los libros que quería. Los buscaré por Moncloa. Ojalá lo pase bien y me traiga un buen recuerdo de mi pueblo.

viernes, 3 de abril de 2026

 Estoy sentado. A mi izquierda, está la ventana abierta. No se oye ni un solo ruido humano; o sea, conversación, chiste, risas. No hay risas en la calle. ¿Cómo las va a haber si no hay chiste ni motivo para la risa? Yo, mañana, me voy al pueblo. Algo veré y algo comeré y beberé. A lo mejor, en el pueblo, hay algo de risa o de motivo para la risa. Mi pueblo es como un teatro y yo soy un personaje nada más. Ojalá llegue yo al tercer acto de la representación de ese teatro. Así soy más protagonista. Me lo tomaré como un libro en el que unos bañistas van al río. Se enfadan, ríen y el bar cierra a la noche. Andaré acompañado en ese teatro o iré como un personaje libre y altanero. No lo sé. En el pueblo hay poca gente y mucha gente a la vez. Y hay que tratar con todos. Es una pericia todo esto, incluye estar a bien la estancia. Ser un personaje de comedia y no de lo grotesco sentimental.

Mes de abril, mes de abril, que acudes con soles redondos al año que te ve venir. Durante tu reinado que dura 30 días, vas haciendo hablar a los pájaros, vas desnudando a los pecadores de la pradera, vas riéndote del ladrón que te quiso robar. Eres un mes de mucho piar, de mucho brillar, de muchas guarrerías españolas practicadas en las oscuras habitaciones, cuando los niños no dan guerra. Decía el poeta que abril viene con flores amarillas. También viene abril con la bragueta abierta, ya sin temor de resfriarse la colilla y ese bollito como de repostería que guardan ellas. Viene el calorcillo, las ganas de juntarse los cuerpos, el deseo de locos desatado y los empujones. Ay, esos empujones del mes de abril.

 Hubo un día en clase de latín que sorprendí al profesor con la traducción de unos versos de Virgilio. Era una traducción libre, no sujeta a la sintaxis del excelso poeta, era una traducción que me saqué de la manga pero era bonita. Y luego dimos paso a la lección, una lección aburrida porque el profesor era aburrido. Pero yo demostré que, temprano por la mañana, mi vena poética tenía un sentido oculto y bello que en esa hora se desató. Todos los compañeros me miraron como si fuera increíble esa demostración poética, como si no cupiera en los planes de estudio ni en el currículo tal expresión de libertad creadora. Pero esa poesía tuvo lugar, se expresó una mañana de abril ante unos pocos y poco entendidos alumnos. Era de la "Eneida", o quizás de Ovidio. Ya no me acuerdo.

Al cielo lo manchan unas nubes blancas como borregos grandes que no saben dónde van. El destino de esas nubes es como nuestro destino. Quiero decir, como el destino de los seres humanos. Pues, ¿adónde vamos? ¿Sabe alguien decir qué sentido tiene la vida? El fulgor de lo que amamos aquí en la Tierra pasa pronto. Y nos quedamos desnudos con nuestro cuerpo y nuestra alma de pecadores de la pradera. Por eso el buen humor es necesario. Para darle una pincelada tranquila y serena a lo que nos ocurre. Para dominar un poco el absurdo del que ya hablaban los existencialistas. Para no llorar algún día lo que tanto nos ha costado conseguir. El humor hace que nos sintamos libres de pensar que venimos al mundo a desear otro mundo mejor que a lo mejor no existe. El humor, como a Mark Twain, nos vale como remedio a la vida, esa pasión blanca como una nube que cruza el cielo. 


jueves, 2 de abril de 2026

 Existe algo antediluviano en el ser humano que es la idea de montar bronca y molestar al que está al lado. Lo puede producir una ingesta estúpida de sustancias tóxicas. Pero como yo no consumo ninguna de esas sustancias, a mí que no me vengan con estupideces artificiales. A mí me gusta comer tranquilo, no meterme con nadie y pasear por el campo si a mano viene. La naturaleza es para mí fuente de inspiración. Evito la guerra con el prójimo siempre y mi  inteligencia me dice a qué viene estar incordiando con ideas políticas hueras o con tontadas del fútbol o con que si la abuela fuma. Deseo vivir bien y no hacer caso a urracas parlanchinas de medio pelo.

 No hace ni frío ni calor. Me fumo mis cigarritos. Cada uno tiene sus características humanas repartidas por todo el cuerpo y todo el alma. A mí no me gusta discutir. No me gustan las conversaciones nocturnas, prefiero irme a la cama con un buen recuerdo del día de antes. Tomo precaución con los botarates que hay ahora que se ponen llenos de sustancias alterantes de la conducta. Me gusta pasarlo bien o aburrirme llegado el caso pero no discutir. Las discusiones, para los políticos que hay ahora. Si hay alguien que me viene a buscar las cosquillas, le obvio y le anulo con una retirada a tiempo. No estoy yo, con lo que me ha pasado y con lo que me puede pasar, pendiente de gente que quiere alterar mi modo de vida tan tranquilo que llevo. Con lo mío tengo más que de sobra.