viernes, 20 de marzo de 2026

 Ayer pasé yo un día de los que llamo "de ideas negativas". Todo lo que pensaba era basura mental hasta el punto de que, por la tarde, no aguantaba yo ver ancianos ni niños. Era casi algo físico, que se me colaba por dentro de mi cuerpo y aparecía por arriba, por mi mente, causándome mil males. Hoy no estoy igual que ayer. Menos mal. Los hombres y mujeres del mundo luchan con mil imprevistos: un embarazo, un despido del trabajo, una plaga de chinches en la cama, una bombilla que se apaga. La vida es una paloma tan extraña que ni vuela ni anda: solo está ahí alterándonos el día y, ya de paso, la vida entera. Un día malo en la vida puede ser una mala vida para siempre. Pero no nos pongamos dramáticos. A lo mejor la vida, tras una esquina, nos da un amor o una carcajada que nos distiende la mandíbula.

 Afortunadamente, yo tengo un padre de 95 años que no necesita cuidados apenas. Hay ancianos con miles de dolencias y son menores de edad al lado de mi padre. En este aspecto, tengo que dar gracias a Dios o al que esté al mando de estas cosas. Le voy a ver a la residencia y le veo fuerte, anda solo, tiene piernas poderosas. Ha pasado por un catarro muy belicoso, una diarrea y una depresión y ha salido de todos estos acontecimientos muy bien. Es mi padre muy duro. Ahora dice que quiere ir al pueblo pero debemos pensarlo bien. El caso es que mi padre siempre se lleva el gato al agua. Está esperando valoración para no sé qué cosa. La valoración de mi padre se hace nada más verle y que te diga los años que tiene.

 Deberíamos reírnos más de nuestra mísera existencia. A la gente por lo general le gusta la otra gente que tiene buen humor y lo exhala como el perfume de una flor. El buen humor, cuando es inteligente, brota de almas fuertes y corridas de la vida. Mi tío Francisco fue un hombre con mucho humor: lo que yo me reído con él. Decía: no me toques el culo que me despeinas. Y se sabía muchos chistes y dichos que aprendió en todos los sitios donde estuvo: Barcelona, Valladolid, Francia, Suiza, etcétera. Mi tía Isi, su mujer, también era humorística, como Francisco. El miércoles fui a verla a la residencia y me arrancó una carcajada. Se refirió a la residencia como a un feria de gente que pasaba. La vida, si no es con un poco de humor, es difícil tránsito. Riámonos de esa maldita procesión de horas que se pueden hacer imposibles de vivir. Riámonos del mundo en general. Riámonos de nuestra propia persona porque este mundo no es serio. Este mundo gasta bromas muy caras y dolorosas.

 Aparentemente, el mundo está bien hecho: existen médicos para curar las enfermedades pero... pero existen también las enfermedades incurables por ahora: ELA, esquizofrenia y bipolar, piel de mariposa y otras enfermedades que llaman raras y no tienen remedio. Existen abogados para que pleiteen en nuestro nombre, en el nombre de nuestros intereses pero existen odios incurables que ningún abogado acierta a representar. Así quizás, un hermano contra otro hermano, etcétera. Y luego estamos los del común, los de a pie. Y es bonito cruzarse en el camino con lo que llamamos un cachondo mental que nos hace reír y tomar la vida a chacota. Es muy de agradecer que existan esa clase de personas, los cachondos mentales. Con ellos, la vida es más llevadera. Yo no me río de la vida lo suficiente y así me va. Yo debería decir a la vida: que te den una higa, que te den morcillas pero no lo hago porque no soy un cachondo mental.

La vida no se repite. La vida avanza distinta cada hora. Con sus comedias y sus tragedias. La vida es algo muy misterioso. Que parece que entendemos pero no es así. La vida puede atravesarse en un trago fuerte. O la vida puede fluir como un río en el que nos bañamos sin peligro de ahogarnos. Los tiempos que vivimos nos marcan nuestras vidas. Vivimos tiempos confusos, no de progreso indefinido. El mundo está en guerra, en una transición incomprensible. Hay que agarrarnos a nuestras certezas con mucha fuerza para que la vida sea transitable, amable, buena.

 

 A mí me alucina lo que da de hablar sz. Está en boca de todos a todas horas. Y prácticamente se repite lo mismo sobre él. Ahora, que si está enfermo del corazón. Bueno. Hay algo que llaman escritura terapéutica. No otra cosa hago yo aquí. Pongo mis problemas al sol de las letras y estos se agitan un poco hasta quedarse quietos un momento, como la ropa tendida. Y los analizo. Ayer estaba yo un poco dislocado anímicamente. Y escribiendo se pasó un poco el mal sabor de boca espiritual. Hoy por la mañana me pongo la inyección. Ya me pongo en camino pronto al ambulatorio. Escribo y escribo y mis pasiones domino. Hoy no es tan duro como ayer pero lo que dije ayer perdura en mi alma. No veo más que ancianos y niños, ancianos y niños que necesitan cuidados. La maldita sociedad de los cuidados me está matando.

jueves, 19 de marzo de 2026

 Ya voy barruntando la Pascua. Eso creo que es lo que me produce tristeza. Todas las fiestas las pasamos Paco y yo solos, sin que nadie de la familia cuente con nosotros. Se irán al pueblo y nosotros no iremos porque Paco no está para conducir. Está la familia de mi hermana, que ha aumentado con un nuevo sobrino nieto llamado Bruno. Y luego están mis dos sobrinos. Uno soltero que es muy viajero y otro que también forma una familia. Así que Paco y yo estamos en la periferia. Se nos podría ocurrir montar en un Ave y largarnos. Pero no lo hacemos. A ver que hacemos la semana santa que tenga algún interés. Lo más socorrido es ir a Madrid. A la zona de Moncloa y bebernos unas sin alcoholes.