El jefe de la asociación donde yo iba, en Las Rozas, le dijo a mi hermano que le iba a romper la boca, que no le quería ni su propia familia y que era un desgraciado. Así que no me costó dejarla. Además, en la asociación había comunistas ricachones de León, de los peores. Los comunistas ricos parece que tienen que estar haciendo méritos de radicales todo el rato y son insufribles. Los que iban a la asociación eran ya de otra generación y no me entendía muy bien con ellos. En fin. Que estas amenazas del propio jefe y esta colección de leoneses raritos, dejé de ir. Ahora, el tiempo que no voy a la asociación, lo paso escribiendo, paseando o yendo a Madrid, cuyas calles son más libres y sensatas y divertidas.
EL PROFESOR
jueves, 11 de junio de 2026
En la asociación donde yo iba, en Las Rozas, se estaba haciendo un taller de poesía. Venían dos voluntarios que se ofrecieron a llevarme en coche a mi ciudad después de ese taller. No debería haber accedido. Me di cuenta que los dos voluntarios eran comunistas de León, de los peores que hay. Uno de ellos no contó más que estupideces y no contó nada de sí mismo. Y el otro voluntario organizaba las cosas del taller sin contar con nadie. Resulta que un día, un voluntario, no sé a cuenta de qué dijo: estaba la Pasionaria. A mí se me revolvieron las tripas. Otro día me dejé llevar y critiqué a Podemos delante de un comunista de estos y me montó un rollo que no veas. Es lo que tienen los radicales: que no admiten crítica alguna. Una de las razones por que he dejado la asociación son estos dos comunistas que viven en las mejores urbanizaciones de la ciudad y presumen de tener una ideología obsoleta, radical y triste.
En verano hubo un señor que se puso a vivir en el retrete de una cafetería de esas llamadas Rodilla. Fue a hacer de vientre allí y allí se quedó. Todo estaba muy limpio y se oía una musiquilla muy bonita, muy acogedora. Se compró un libro y se sentó en la taza. Y ya venga leer unas aventuras que pasaban en el casquete polar ártico, lo que le producía un frescor mental que le recorría todo el cuerpo. Y no venía nadie ni a orinar ni a defecar, con lo que estuvo tan a gustito allí metido toda la mañana. Hay que saber dónde nos metemos, cuánto gastamos, qué amigos tenemos, qué hacemos de más en esta vida. Si no, los imprevistos nos acecharán más pronto que tarde. Y nos llevarán a un sitio feo, a una ruina que no la vamos a ver venir.
Había un momento en los conciertos de Rosendo en que este decía: ¿y al enemigo?. Y el público contestaba: ni agua. Quizás el enemigo somos nosotros mismos con nuestra condescendencia a los actos malos que cometemos. Como lo hace el menda, tiene mucho perdón. Pero llega el tiempo en que esos deslices grandes o pequeños nos pasan factura. Es como decía San Agustín: me he dado cuenta de que mi mayor problema soy yo mismo. Ya de pequeño, he observado una conducta fea en un niño. Me parece mentira tanto engaño en un niño. Así será de mayor y las hará más gordas. Va tejiéndose ese niño una mala fama de mala persona. Pero es así. En algún sitio ha aprendido esos tejemanejes. La gente pondrá distancia entre ese futuro adulto porque no es trigo limpio. Y llegan las soledades porque a la gente no le gusta lo malo porque es feo. Lo malo es feo.
Siempre pienso que las cosas van a ser muy complicadas. Luego, resultan de lo más simple. Hay escritores y otros artistas que, al final de sus vidas acaban en la miseria, abandonados, pobres. Y a los que no son artistas también les pasa. ¿Qué tiene que pasar para llegar a ese estado de vida? La dilapidación de los bienes. El hecho de gastar y gastar sin medida. Es lo más fácil. Lo que quiero, lo compro sin más. Hasta que comprando lo innecesario, te falta lo necesario. Y de ahí viene la crisis económica de una persona. Y también estar en soledad perdidos unos amigos que eran de pacotilla, de pasar el rato. No amigos de verdad que te puedan asesorar o ayudar. Y la familia también desaparece, no quiere líos que no se ha buscado, sino que te has buscado tú por querer tener de todo y al final, no tener de nada.
miércoles, 10 de junio de 2026
Lo normal es tener dos nervios por muela pero mi hermano tenía cuatro. Así que he estado esperando casi dos horas a que saliera del dentista. El dentista le ha dicho a Paco que, en situaciones normales, esta endodoncia dura un par de horas y media. También le ha dicho que no coma torreznos (le ha debido parecer mi hermano un poco bruto). A las tres comeremos fuera. Mi hermano, cosas blandas. La vida se va enredando en cosas de salud y bienestar. Paco dice ahora que hay que dejar de fumar. Dejaremos de fumar los dos a la vez pues uno solo es muy difícil hacerlo.
El ciber insecto de ficción que yo he creado puede hablar. En el año 4567 en que he situado la acción, el desarrollo del cerebro de muchos animales hace que puedan hablar. Estoy creando, pues, una utopía, esto es, un futuro bonito para la humidad, contrario a distopía. Pero yo soy consciente de que la gente, por lo común piensa: a dónde iremos a parar. Por las circunstancias presentes que vemos y conductas animalescas que presenciamos en el presente. Vamos, que la gente se imagina un futuro muy negro. Esto no es de ahora. La gente miraba al futuro y se lo imaginaba lleno de guerras y de acciones violentas y ciudadanos estrafalarios. La moral se iría a la porra y no habría ya ni matrimonios, ni hijos con madre y padre y todo eso. La política dominaría a los ciudadanos creando una casta, como ya se está viendo. En fin, que mi utopía es muy irreal, no hay quién se la crea.