Este verano me está costando leer, concentrarme para leer. Y no digamos escribir exceptuando esto del blog. Pero todos los veranos son así. Será que el calor me embota la mente. Hoy iré a la biblioteca a leer los periódicos y a ver si hay algún libro que cause baja y sea bueno. Si está muy manoseado, es bueno. Pero si está roto o sucio, no lo cojo. El verano pasado cogí uno de Benjamin Black, muy bueno. Yo no consigo altura literaria. Mis escritos duermen en un cajón. A lo mejor le dejo un libro de los que he escrito a un sobrino, a ver qué me dice pero no creo que les guste leer. La vida va paso a paso hasta desesperarnos y, cuando nos tiene ya muy desesperados, llega la vejez.
EL PROFESOR
martes, 30 de junio de 2026
Gonzalo Garcés, "Los impacientes", premio Biblioteca Breve año 2000. No hay quién la lea. Una sintaxis de locos y una oscuridad narrativa horripilante. Hoy va a hacer 36 grados. La temperatura del cuerpo humano es de 37 grados. Somos seres de sangre caliente. El lagarto no, el lagarto es de sangre fría. Mi hermano dice que las aves son unos seres muy complejos en cuanto a su constitución interna. Las aves tienen los huesos huecos para poder volar. No hay muchos insectos. Se están extinguiendo. Todos los veranos yo veía un escarabajo de color esmeralda. Hace ya cinco o seis veranos que no lo veo. El masivo atropellamiento de seres humanos en el mundo, va desplazando a los animales, que estaban primero. No sé si Dios estará de acuerdo con la demografía humana. Los humanos llegamos a todos los sitios. El lagarto no. El lagarto se queda semiquieto en su roca, en su piedra.
Me ha costado mucho escribir el primer blog, el que va detrás de este. Es que estoy un poco adormilado porque ayer me dormí tarde. Suena la maceta y el puntero en una obra cercana. Un albañil que le hizo una obra a mi padre, hace ya muchísimos años, me dio eso: esos instrumentos para que picara en una pared. Por eso reconozco el sonido ahora. Me sollé toda la mano. Ayer no pudimos quedar con un amigo. Quizás pueda hoy y así se nos pasa un poco el tiempo. Marco Aurelio dice que no hay que enfadarse con las personas, hay que perdonarlas. Nada es mejor que estar en paz con uno mismo. El clima todavía es bonancible.
El otro día sábado estuve en mi pueblo. Pude hablar con mi primo y con un señor que andaba en bicicleta. El bar estaba cerrado pues se habían ido los taberneros de boda. Y nada más. No se veía un alma por la plaza ni por las calles. Paz y tranquilidad a la máxima potencia. Luego fuimos a Segovia a celebrar el cumpleaños de mi padre. Y luego nos vinimos a la ciudad. No hubo mucho bullicio en la comida. No cantamos el cumpleaños feliz. Yo, a la salida del restaurante, por una trocha que hacen los tractores, vi un montón de saltamontes. Ya todo es pasado. Ya acude a mi punto kilométrico el tedio y la calma. No es poco poder vivir la vida no muy emotiva.
lunes, 29 de junio de 2026
Climáticamente, este verano no es como los anteriores. Ha llovido, hace aire fresco, no llegamos a 40 grados. No se pone el cielo amarillento por las noches. Hay nubes que tapan el sol de vez en cuando. No es fuego puro lo que hay entre las 3 y las 6 de la tarde. A mí lo que me quita de sufrir estos días que hago siempre lo mismo, es andar. Ando y renuevo con mis pasos, mi pensamiento. Y cuando llego a casa después de andar acude un poco de armonía en mi mente. La vida es ir haciendo cosas. Lo que pasa es que no me da por escribir textos literarios. Y tampoco por leer. Quizás sean quimeras lo que yo escribo, tonterías sin ningún tipo de base artística. Pero son mis escritos y debo perdurar en ellos.
Ese hombre que está en la terraza de un piso mirando al mar. Puede que estén colmados todos sus deseos mientras bebe vino blanco, oye el rumor de las olas y ve las luces que en la noche brillan a lo lejos. Pero al día siguiente, llegan sus hijos y su mujer llenos de problemas a pasar unos días en el apartamento. Todo se trastocará. Los hijos dicen que necesitan dinero. Su mujer dice que hay que viajar a Biarritz. Ha venido con sus hijos un amigo con ojeras, con un corte de pelo inmundo y unas ganas de consumir droga que se le ve de lejos. La vida de este hombre que, como hemos visto, ama la soledad, se manchará con borracheras por la noche de sus malhadados vástagos y un insistente deseo de su mujer de viajar por el norte de la península. Ya lo veía venir. Ninguno de su familia puede estarse quieto leyendo un libro. Ya las noches mirando al mar acabaron. Ya ha llegado la vorágine a su vida. Su querida soledad se ha llenado de desorden y vicio. Se pregunta para qué se casó e hizo una fortuna. Se pregunta por qué es esclavo de su familia. Se pregunta cuándo volverá la soledad por su barrio existencial.
Tengo que comprar patatas para hacer un puré. Tengo yo un protagonista de un relato que lo que más recuerda cuando es viejo son las patatas que llevaba a su madre para hacer la comida. Los días de posguerra de los años 40 en España fueron muy duros. De ahí sale "La familia de Pascual Duarte", de Camilo José Cela. Había mucha violencia en el ambiente esos años. Pascual usa su violencia de manera extrema. Son los llamados años del tremendismo en literatura, en novela. Está la novela "Nada" y está la novela "Entre visillos" de Matute. Y otras más. Luego llegó la novela social. Se escribió luego, un poco más tarde, "El Jarama" en la que existe el desencanto de unos personajes que ven que pronto llega el lunes. A mí me encanta esta novela porque se refleja, como en ninguna otra, la visión de unas gentes desguarnecidas de deseo, fijas en su lucha por la vida, claros ejemplos del realismo de la época.