domingo, 21 de junio de 2026

 Las hormigas trabajan en verano. Las cigarras, no. Así es el cuento. Luego, que cada uno saque las consiguientes enseñanzas de las fábulas. Puede parecer que la hormiga es especuladora. Pero para mí no. Para mí es trabajadora a secas. Luego come en invierno. Pero las luces de la ciudad se veían desde lo alto del Alto del León y allí no hacía calor. Qué tarde más buena en el Alto del León. Llama el menda para quedar. Siempre para quedar. No sabe otra cosa. La luna se ha repartido el cielo de la noche con las estrellas. La luna no entiende de luces, de alborotos que protagoniza. Hoy es 21, ya los días empiezan a bajar y las noches a ser más largas.


 Tengo que escribir aquí porque si no, no lleno las horas de la mañana. Da igual lo que escriba, es todo un acto de relleno, de rellenar los minutos. Es un escándalo el calor que hace, que cae como la mierda del cielo. Dormir sería la solución a mis problemas, dormir hasta que caiga la mañana y sea la hora de comer. Y luego, volver a dormir. Las terrazas de la plaza mayor de Madrid son caras pero tampoco muy caras: un café, 3´50. Y ves a mucha gente extranjera y variopinta al cambio. Solo los tontos toman las palabras al pie de la letra. Un metro bus me parece que son 6 o 7 euros: 70 céntimos la tirada. El metro a punto de partir trae cola literaria y cancioneril. Esperemos a ese metro y lleguemos a tiempo a la boda. ¿Qué boda? No sé. A una boda dichosa y divertida y bullanguera.

 Diario de un esquizofrénico, de un tal Christian. No es tal. Es una muchedumbre de citas de otros autores que dicen que la chusma ciudadana no sabe más que ver la tele. Maldito libro copiado de otros. Me gasté el dinero a lo bobo para leer a Séneca y a Montaigne. Sufro por los costados lo que no está escrito. Y también sufro por las sienes. Y también por las piernas. Esta brisita que viene desmonta la predicción del tiempo para hoy. Compraré una ensalada metida en un plástico y pan y el periódico, el bendito periódico que luego no leo porque viene eso de Zapatero. Bueno. A ver qué me depara el domingo aparte del fútbol y las malas artes de un destino pobre en circunstancias.

 Los largos días del verano. Maracuyá. A veces pienso que comen los burros y los gatos. No acierta todo el mundo la lotería; yo, menos porque no gasto mucho en el azar. Voy a fumar un cigarro. Con tal de que se pase el tiempo, fumo un cigarro o cigarrillo. A veces mi hermano es un mero bulto. Los del tiempo no aciertan siempre. Son humanos como tú y como yo. Como humanos que son, fallan. Corre brisa ligera y bastante refrescante a las once. Los burros son especie en extinción. Eran los que llevaban la carga. Millones de coches los han aparcado en la extinción. Pobres burros. La Manuela dice que casi se compra un local para oficinas. Yo no sé qué pensar de esta vida insulsa que hay aquí, cerca de mí. Laudatio finis terra Hispania est.

sábado, 20 de junio de 2026

 Te pido por  todos aquellos que luchan por la verdad, la justicia, la fe y la razón. Por el amor, la familia, la caridad, la solidaridad. La honra, la honradez. Y todo ese tipo de cosas que llevan al hombre a la felicidad y a la felicidad de los demás. No hay que juzgar. Yo juzgo en este blog pero no hay que juzgar. La gente elige. Los demás, miramos. Las cosas pasan de determinada manera, según se piensa que es la vida. La pena la llevamos todos en el alma o la llevaremos algún día. Por llegar antes no se cobra más, sino que por llegar antes se da la nota algunas veces. No hay que romper el reloj contra ningún castillo. La vida agota el fémur y lo deja hecho polvo. Solos no vamos a ningún lado. La feria tornará a imbéciles en dictadores, de eso no hay duda.

 Hay gentes que no asientan la cabeza. Tienen que estar aquí, allí y en el otro lado. Será por la educación recibida de sus padres, que les dejaron hacer y pensar gilipolleces. Yo quiero un Mercedes, papá. Lo tendrás, hijo, lo tendrás. Y así todo. Y luego iban a los institutos y a los demás sitios pisando fuerte, como si fueran especiales, como si el mundo solo estuviera hecho para ellos. Y sacaban un dos en inglés. Y un dos en lengua. Porque no hacían más que lucir uniforme y soñar con chalets que tenían los otros, soñaban con sueños que no eran suyos, soñaban con eso, con un Mercedes. Y no asientan la cabeza.

 Como dicen en mi pueblo, hay gente ambiciosa que quiere estar al plato y a las tajás. Tienen algunas maridos y olisquean los maridos de otras. Hablan con unos y hablan con otros y se quieren enterar de todo. Les conviene A pero también quieren conocer de B o de C. Son más putas que las gallinas. Guay del que ande tanteando a los demás. Le deberían cortar la lengua para que no pecara más. La lengua es el primer apéndice con el que se peca. Hablar y sondear, hablar y sonsacar. Hablar y cotillear. Qué malas las lenguas, a cuántos no habrán metido en el infierno las lenguas. Y los cotilleos que no vienen al caso. Y los curiosos, esos curiosos que ya tienen un pie en el error o en el pecado por querer saber cosas que no tendrían nunca que haber sabido.