domingo, 28 de junio de 2026

 Las mangas de mi camisa se quedan ahí, en el puro verano. Un Madrid inmenso señala el tiempo de los cascabeles en el cielo. A veces mi sombra se descuida de mí y se va a dar un paseo por el asfalto más negro y venenoso. Los años dan sueño, dan el sueño de la edad que nunca se repite. Somos como los autobuses, somos como ¿las farolas? Ya dije esto muchas veces. Los libros están muy quietos, no me atrevo a abrirlos por si me dan una sorpresa desagradable. Ya el sol andará alto como ciertas nubes blancas algodonosas y tiernas. Ya la fe retornará a mi espíritu para hacerme ver qué frágil soy frente al mar, al eterno mar de los días.

 Se va uno incorporando a la mañana como el que se incorpora a la M50. Ayer hubo fiesta. Toda la familia reunida. Charlamos (me encanta charlar) y comimos buenas viandas. Los más pequeños andaban de allá para acá o se quedaban obnubilados con el móvil. Mi sobrino Carlos me habló de la cruz de granito que hay en la parada de taxi. Me dijo que hay gente que la besa y la toca. Mi sobrino Alberto habló del examen de cartografía marina. Se quiere hacer capitán. Yo acabé muy cansado ayer. Caí en la cama como un bulto, como un fardo. En mi familia hay abuelos y un bisabuelo. Los niños no quieren besos ni que los anden hurgando. Las mujeres de mis sobrinos estuvieron atentas a los niños. Son muy madres. Hoy todo vuelve a su cauce.

sábado, 27 de junio de 2026

Hace una mañana buena. El sol alumbra. El cielo azul incólume, brilla. Los pájaros suenan. Suenan chirridos de golondrinas. Nos vamos a poner en marcha pronto. El día también suena. Suena a reunión. Y a kilómetros. La vida se divide, la vida toma un camino. El resplandor del día llega a la tierra. A lo mejor, huesos. La seducción cuesta. Zibá, es el nombre. Merodeando por la carretera quizás, yendo de un lado para otro. Segovia es un pueblo. He soñado con una alarma. Dentro de lo que cabe, puede caber un calcetín o una bota. O un botijo. Los días pasan y se atrapan unos a otros y el tiempo augura otro tiempo y ya.

viernes, 26 de junio de 2026

 Suena la armónica del afilador. Dice Paco que ese sonido trae suerte. Qué sé yo. Me siento mal últimamente. Con un dolor de cuerpo indefinido. Los días están para vivirlos, no para sufrirlos, me dijeron en la agencia de seguros. Para tonto yo, dijo el joven al darse cuenta de que ese amigo no era un amigo sino un caos de palabras, un revoltijo de charlas vanas, una serie de mentiras y líos. Ojalá no llame hoy ese personaje, ese espantajo, ese full. Los días pasan y pasan y no dejan de pasar. Los días están hechos de horas que se extienden, que cunden de sol, que matan el ser dormido del que quizás tengamos noticia errónea, sensación exagerada, creencia absurda.

 Ahí viene haldeando la puta vieja Celestina. Calixto le ha regalado un manto y una onza de oro. Los criados no ven la hora de sacarle algún tesoro de los que guarda. Al final, mi hermano me saca a la realidad: no es para tanto la cosa. Los días pasan y hay acontecimientos, unos acontecimientos tontos, de ir de allá para acá. Las revistas del corazón sacan personajes que cobran por besarse o abrazarse en la playa. Los días, ya digo, pasan, pasan como rayos y truenos o como perros huidos o como la luz de las farolas. Los días no tienen piedad de nadie. Son los días como el sol que cae, son los días como una firma al pie de un documento, son los días eso: un cajón donde perdí el tiempo, un juego donde no se gana nada.

jueves, 25 de junio de 2026

 La amistad para mí es algo muy importante para que deje yo que la pisoteen estúpidos que hacen cosas raras y luego no hay respuestas para esas cosas raras que hacen los supuestos amigos. Nos hemos implicado con un amigo en el sentido de haberle ayudado a preparar una operación de rodilla. Quiero decir que le hemos llevado a una clínica, le hemos prestado unas muletas para la operación, le hemos acompañado en el proceso y le hemos escuchado un montón de cosas sobre la operación. Y ahora resulta que no se opera. Un mes hablando exclusivamente de la operación. Y no nos ha dado una explicación. Nos ha dejado con la sorpresa y estupefactos y sorprendidos sin explicación alguna. A la mierda con ese amigo. La amistad es agua cristalina que no ha de ser ensuciada con el barro.

 La vida cruje como una patata frita, cruje como un barro muy cocido, cruje como la sal entumecida. Voy a generalizar y diré que, piense lo que piense el ser humano, el ser humano ha de perecer un día. Durará más o durará menos la vida crujiente, el despertar de las emociones, la locura de vivir, pero el ser humano tiene como destino último la fosa, la fría fosa y el frío mármol que le archivará para lo eterno. Nadie que vive quiere morir, excepto los suicidas. Quizás el suicidio es el único tema filosófico, como dijo Sartre o Camus. Yo lo que creo es que no hay que aguantar a estúpidos para que luego, tengas que morir. Estúpidos y aprovechados no, por favor.