La vida es eso que nos pasa mientras hacemos planes. Lo dijo John Lennon. Yo no hago apenas planes, así que estoy lleno de vida. Una vida de reflexión, de oración, de pensamientos agridulces. Pronto llegará la idea de que mi existencia es barata y triste. La gran vía estará llena de rostros que dicen rechazo. Las palabras que tejerá mi mente al pasar por la calle serán de decepción y pena. La calle es un desconocimiento atroz, una serie de cuerpos inmóviles y tercos. A John Lennon le mataron mientras hacía planes, quizás el plan de tomarse un café. Yo hago el plan de pasear y me encuentro con una vida de más, con una vida forzosa e incómoda, como artrópoda, como desilusión a mis ojos.
EL PROFESOR
miércoles, 5 de agosto de 2026
Paco quiso celebrar el final de su odisea con los dientes y lo celebramos. Por eso yo hoy estoy neutro para con las cosas de la vida. Me siento ni feliz ni lloriqueante. Me siento muy objetivo con la vida que llevo. Esa sensación de abandono ha desaparecido. No me han dado las gracias por el regalo que hice, ni una llamada: gracias. No haré ya muchos regalos por esa causa. Yo ya sé que hay en mi familia unos pijos pobres, que no progres, que andan haciéndose regalitos cada dos por tres. La vida aumenta el riesgo de hacer el idiota. La vida debe atenerse a unas formalidades que, si no se cumplen, crean desafección. Tacita a tacita, voy aumentando la idea de vivir solo sin nadie que no agradece, que no da las gracias, que se llama a andana. Hago chas y aparezco a tu lado.
Margarit Pompeu i Fabra ha escrito un novela que sucede en Barcelona. El personaje principal es un drogadicto que anda por la calle y duerme al raso. Se encuentra con una chica en las mismas condiciones de vida. Juntos van pasando sus crisis de abstinencia, sus depresiones, sus tendencias suicidas, etcétera. ¿Por qué hay que leer esta obra? No lo sé. Yo la he dejado a medias. Las cosas de la vida me impiden ir a la playa, donde está todo el mundo ahora mismo. Un gentío atronador sale en la tele. Un gentío orilla del mar salado. Un gentío que casi se tropieza por la masificación bestial que hay. Cuanto más mejor, parece decir la rama del gobierno de turismo. Millones y millones de euros acaban en la industria turística. Los hoteles bullen. Las playas hierven. La gente tiene poder adquisitivo suficiente para estar una semana en la playa. Playa, playa y playa.
martes, 4 de agosto de 2026
Ojerosa, enfermiza, calamitosa estaba ya la mujer en su silla de ruedas. Pronto llegaría la Parca para quitarla de en medio. Solo duró dos meses en ese estado. Tenía la señora mucho dinero que heredó de su padre, el arquitecto famoso que transformó la ciudad de Lyon. Lo dejó todo para François, su cuidador. Pero había dos hijos y una hija que lucharían por la herencia. Y así comienza la novela de Dominique Lapin, escritor afincado en las afueras de Lyon, viviendo entre drogadictos y malhechores. Lapin conoció la verdadera historia de esta novela al contársela un nieto de la señora Louise Rovert, después de muchos años fallecida. La novela no quita ni pone un punto de verdad a lo sucedido. Pretende ser objetiva y así le ha salido. El que la lea, se verá atrapado por unos párrafos limpios de parafernalia sentimental. Leedla y aprenderéis de la vida y de la muerte.
Ayer, en la chocolatería, vi a una vieja muy vieja, fumando. Ayer las ideas se me escurrían del cerebro como agua sucia. Pocas veces me he sentido tan lleno de ideas malas como ayer. Pero hoy todo ha pasado. El día que me asuste la idea de morirme, ya estaré casi muerto. Los grajos pasan a una altura muy elevada en el aire lento de agosto. Las playas están llenas de arena, de eso están hechas y las olas se acercan pero se van. No quieren quedarse lamiendo tanta huella sucia del ser humano. Los pies del ser humano estaban trazados hace mucho tiempo, en la mente de un ser superior, en la mente de alguien que pensó hacer algo perfecto. Pero no todo es perfecto en esa creación particular. El pecado y la violencia también están en ese ser. El héroe de leyenda es testigo de un castigo.
Ayer recordé escenas de mi pasado y no me sentí mal. Por lo común, cuando recuerdo, me siento mal. Casi todo ya es pasado, no van a pasarme cosas importantes, presiento. Me refiero a cosas buenas. Ya todo será una monotonía de lluvia tras los cristales, como decía el poeta. Y, dentro de esa monotonía, esperemos que a Paco no le dé ningún brote. Para eso, no hay que usarle de chófer durante días. Se estresa y se pone malo. Dice Paco que la soledad primero araña pero después, acaricia. La soledad de los dos es a lo que estamos abocados. Ojalá sepamos, en un futuro, gestionar nuestras cosas en interés nuestro. Te asomas a la calle, eres la chica de ayer.
lunes, 3 de agosto de 2026
El tiempo parece haberse detenido al levantarme y ver que está todo nublado. Ya los tiempos de mirar por la ventanilla el paisaje cambiante pasaron. Han venido otros tiempos, más aburridos, más cobardes. Instalados en la habitación o en la placita del kiosco de prensa, vamos pasando los días del verano. Hoy parece otoño, no hace calor ni frío. A ver cómo asumo tanto inmovilismo, tanto andar por el mismo camino. Los libros me ayudarán a pasar el día. Y las piernas, que se moverán equivalentes en el andar. Ojalá dure este tiempo mucho tiempo, valga la redundancia. Al alcance de la mano está la adaptación, la entrega, la afirmación de lo que hay.