sábado, 4 de julio de 2026

También he leído yo algunos comics. Ahora, los comics aceptan cualquier tema, no son solo de aventura y acción de unos héroes como eran antes. He leído "The cartoonist", que va, precisamente de uno que dibuja comics y también estoy leyendo "El viaje", de un tipo que se divorcia y pierde un vuelo y está en un sitio perdido de Argentina. Tiempo ha, leí sobre la Alemania antes de Hitler, un Berlín pobre pero con mucha actividad cultural, jazz y esas cosas. Pero el libro que me está gustando es uno titulado "The nest" que quiere decir "El nido" y es una herencia de un padre a sus cuatro hijos que andan con el bolo colgando. Los niños siguen chillando, chillando, en la piscina. ¿Qué saldrá de esos niños chillones en el futuro? Nadie lo sabe. Nadie lo sabe.

 Chillan los niños en la piscina. Parece un jaula de locos el espacio dedicado al baño. Va a haber un eclipse total en agosto. Pero hablaré aquí de algún escritor. Yo leí a Herman Hesse en su día. Leí unos cuentos muy buenos de él y también su novela "El lobo estepario", de la que no recuerdo nada apenas. Herman Hesse estuvo muy de moda. También he leído estos días un libro del húngaro Nobel del 25. Para decir que un personaje cruza la calle, 5 páginas. Es un absurdo total ese libro que se titula "Melancolía de la resistencia", que también se podría titular: "Bodrio palabrero". En fin, me gustó mucho un personaje del gran Galdós que era profesor y repelaba la cabeza de sus alumnos hasta que aprendían la primera declinación.

 Moriremos sin soñar. Morir es irse de aquí. La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Llamémosla energía, mejor todavía. ¿Y Buda y Mahoma? Con su pan se lo coman. Me acuerdo ahora de una novela titulada "El amor imposible" de Dumas. Dumas usaba negros; o sea, escritores que escribían para él y él ponía solo la firma. Los negros no tenían manera de publicar ni ganar nada con lo que escribían. Solo lo que Dumas quisiera darles por escribir. Galdós escribió torrencialmente, expansivo, a granel. Pero con mucho fundamento. Yo creo que Galdós echaba 12 horas al día escribiendo. Si no, no se explica todo lo publicado por él, empezando por los "Episodios Nacionales" y pasando por "Misericordia". Misericordia te pido, Señor, para pasar las horas, las inmundas horas de julio del 26.

 Ayer me dormí tarde y por eso hoy me he despertado también tarde. Ya está el molinillo de la mañana. Ya está la taza del wáter. Y el agua y los cigarritos. Podría a estas horas escribir los versos más hermosos del mundo. Pero la luz del día me lo impide. La gente va al mercadillo, a comprar. Yo ya no salgo a la calle. Es mediodía. Los tenderos abren de par en par su mercancía que es su razón de ser. Los taxistas acarrean gente. Y la mañana va pasando. Pasando de mí y de otros muchos. El mundo va rotando y cumplirá el día. La noche llegará tarde. Prohibido sufrir. Prohibido tocar. Oigo voces a lo lejos.

viernes, 3 de julio de 2026

 Andar calmadamente por las calles, mirar al frente o a los lados. Admirar a algún ángel que ha bajado del cielo en tempranas horas. Asistir al bullicio de la gente. Tomar un café no muy cargado. Y volver a casa con la cabeza llena de soledad mañanera. La calle no da mucho. Solo caras insomnes, cuarteadas por la sombra, adormiladas y tristes. Son las horas de antes de ir a comer. Son las horas indefinidas de andar por las aceras como quien anda por una rueda maldita, por el indefinido arte de no ser notado, por la manía de mirar rostros que no dicen nada. Es la soledad en infinitas maneras conformada. Es un paseo de piernas torpes, de oídos inflamados, de ojos amenazados por el incógnito más violento.

 Ya dije que la vida me gusta bastante poco pero he de vivir, qué duda cabe. Los amontonamientos de cosas iguales van a dar a un rincón de mi existencia, a un derrumbe de castillos anónimos, al brillo de un lucero consuetudinario. Los amarillos de sol cada mañana no dan de sí mucho más que lo vivido ayer. Las lunas ya acercan al cielo cuando ya es de noche. Y los acentos que giran tras las palabras ya son consejos que para nada valen. Los atormentados signos de la vida diaria solo valen para decir que el mundo es el mismo, aunque yo lo mire con admiración de lo creado. Es así. La vida toma el camino más recto hacia donde hay nada.

 Conozco enfermos mentales que no se deprimen, a los que da igual dormir cinco horas que diez, que viajan al extranjero sin ningún problema, que no han ingresado nunca en el hospital, etcétera. No parecen a mis ojos unos enfermos como Paco ni como yo. Yo pienso que esta gente tiene una enfermedad leve, eso que llaman TDH o algo así, fácil de tratar, que solo se caracteriza por tener algunos nervios o alguna forma de no poder concentrarse profundamente en lo que hacen. Son gente que tiene tics, que se confunde al hablar o que, simplemente, hace un montón de cosas que nunca acaban. No los considero yo enfermos mentales sino gente que se cree que lo es.