EL PROFESOR
domingo, 9 de agosto de 2026
Corría el año 1785 en París. Faltaba poco para que las masas se enfrentaran al poder establecido. Michel estaba muy mal. Estaba fou. Y el hombre se las apañaba como podía gracias a un amigo que estudiaba medicina y le componía algunos fármacos para restablecerse un poco. Michel estudiaba letras, los clásicos, los renacentistas. Iba mucho a la biblioteca. Su madre creía que estaba fou por los libros que leía. François, el médico amigo de Michel, estudió en libros de medicina qué era aquella distorsión del comportamiento que sufría su amigo. Leyó a Hipócrates y a Avicena y a Averroes. Y algo decían estos sabios de la enfermedad. Y empezó a tratar a Michel con medicamentos. Y se curó y estuvo normal mientras se medicó y durmió (pues los medicamentos eran narcóticos) y la madre de Michel le agradeció al médico su dedicación. Y convivían juntos François y Michel y Cosette, su madre, y la enfermedad mental que los marcó para siempre.
Vino la manía y después la depresión. Y el insomnio crónico. Y la psicóloga de las narices. Y un viaje al hospital. Son fechas confusas. La vida se dilucida en tiempos erróneos algunas veces. Me dan mucha envidia aquellos que no tienen que tomar pastillas, ni hacerse analíticas (todo el mundo se hace analíticas), ni ver a un médico cada mes. Estamos Paco y yo medicalizados para todo el rato. En Majadahonda me han pasado todas las aventuras posibles. Se me endurece el cerebro. La vida ha pasado como un tobogán de bajar y subir. De pasarlo realmente mal. El abril del 24 fue especialmente negro. Estar bien tiene un precio muy alto: demasiadas fechas de hospital y médicos e ingresos.
Para todo hay que tener ganas. Luis Vélez de Guevara fue el que escribió "El diablo cojuelo" que he tenido entre mis manos en editorial Castalia pero lo perdí. Los días pasan ya rápido, el agosto va criando el mosto. Ya he dicho que el poeta Villamediana tuvo siete muertes, la gente o gentes que le mataron le tenían muchas ganas por irreverente o atrevido. En El Pardillo, bien. Un paseo parlando de cosas, un aquarius en un bar. La vida se va haciendo tersa como la capa del cielo. Los aumentos de deseo ya se van achicando. Las penas se van haciendo recuerdos, no hay estrés, ni duelo, ni conflicto, que son las causas del brote. Al menos, que nos dejen vivir tranquilos.
sábado, 8 de agosto de 2026
Cómo se lo pasan los futbolistas. No hacen gran cosa, jugar 90 minutos y luego cobran una pasta. Para mí, que es exagerado lo que ganan. Hay historias en el fútbol de superación, eso sí, pero no es excusa para que estén pagados como lo están. Hay gente que echa ocho horas en un andamio y cobra 2000 euros. Los futbolistas son como los políticos: tienen una gran exposición al público. No debería ser así. Debían ambas profesiones más estoicas, más discretas. Y si el político roba, a la calle. ¿A alguien le permitirían robar en una empresa?
Íbamos a ir a El escorial pero nos parece que están de fiesta (San Lorenzo). No queremos alboroto. Así que hemos decidido ir a El Pardillo. Ojalá allí surja la conversación. Cuando estoy en ese pueblo, me asaltan a la mente unos cuantos libros que no sé por qué se relacionan con las calles de ese pueblo. El Pardillo es tranquilo, es diminuto en sus aspiraciones, es un pueblo pacífico que tuvo relevancia en la batalla de Brunete. Es un pueblo, que al pasearlo resulta evocador de cosas conversacionales. Una tarde de ir a El Pardillo, mi hermano y yo nos sentamos en un banco y hablamos y hablamos un montón, casi se nos hizo de noche. Espero pasar un rato entretenido en ese pueblo. Voy camino Soria, Tú, ¿adónde vas?