Hoy he obtenido en este blog 1000 visitas. No sé a quién gusta este blog. La vida se redondea por los bordes. La gente es estúpida y cree todo lo que le cuentan. Una legión de periodistas para taparlo todo. Es inaudito. Un gobierno como una gusanera. Es algo no vivido en toda nuestra democracia. La vida sale al encuentro de los placeres. Ya no me divierte tanto lo que hice ayer por razones obvias. El caldo que lleva muchos cocimientos, se suele estropear. Cunde mucho la mala arte de robar. Algún día se irán y ojalá que su partido desaparezca de la faz de la tierra. Los mafiosos gobiernan. Los locos no entienden.
EL PROFESOR
jueves, 18 de junio de 2026
El día avanza. Llegamos al hospital. Nos atiende un médico amable. Nos dice las cosas. Vamos por un pasillo. Vamos por otro pasillo. Nos tomamos un café bastante bueno. Nos montamos en un autobús. El cielo, allá alto, nos escuda, nos guarda, nos alienta. Es de día todavía. Comemos en un restaurante. Es de día todavía. Las gentes de izquierda roban. La gente oye cosas, ve cosas, sabe cosas. El cielo azul blanquecino, arriba, cunde en mentiras. Yo no sé nada. Yo no hice nada, etcétera, etcétera. Nadie hizo nada, es lo que nos quieren meter de tapadillo. Es de día todavía. Voy a Madrid, a la Plaza Mayor. Como un bocadillo de calamares. El cielo aturde, envenena, maldice nuestros oídos y nuestra vista. Somos sordos y ciegos.
La mitad izquierda del corazón es la que más sufre. Me refiero al corazón, claro está, simbólico, no material. Porque esa mitad, la izquierda, es la que se preocupa hondamente por la pobreza de los demás, por la gente vulnerable, por la injusticia en el mundo. Y, como hay mucho de esas cosas, la mitad izquierda coronaria lo pasa mal. La mitad izquierda del corazón sufre mucho, se preocupa mucho por los demás. Algo de la mitad izquierda del corazón es siempre para los demás. Lo que pasa es que esa mitad, a veces, se vuelve del revés y da un vuelco y entonces, no hace más que sufrir por el portador de ese corazón. Y empieza el robo, una cosa que llaman cohecho y coacción y otra cosa que llaman egoísmo y ese lado del corazón empieza a ser de mentira, se pudre, se abotarga y se llena de una sangre infecta. Todo en el lado izquierdo del corazón.
Hay una canción que dice: me lo fundo todo, todo, nada, nada. O algo así. Cuando te quema el dinero en las manos, ten cuidado. Vas a llegar a viejo y quizás no tengas para pasar esa última etapa de tu vida. La jubilación es jodida. Yo lo paso bien y mal. Pero cuando no me valga, para eso tendré mi dinero. El dinero ayuda mucho a pasarlo muy bien pero se va como el agua. Y luego, a la larga, hay que tener algo ahorrado. La vida es un imprevisto constante: enfermedad, paso del tiempo que casi no se nota, accidentes, etcétera. Y para eso está el dinero. No quieras ser de esos que vive por encima de sus posibilidades. No quieras gastarlo todo en un momento. Pero si es así, luego la gente te dirá, como la hormiga a la cigarra, etcétera, etcétera.
miércoles, 17 de junio de 2026
Escribiendo este blog trato de entretenerme y consolarme de la vida mía que pasa como pasa una cigüeña por encima de la ciudad. Nada está dicho todavía. Los amores pasaron, las esquinas de los edificios, no. Las esquinas de los edificios se niegan a decir basta y siguen siendo una doblez inmensa que se repite por las calles como una maldición. Las esquinas bordan el aire, lo llenan de artificiosidad. Las esquinas es mejor doblarlas de día. De noche, son hasta traicioneras. El Retiro me está aguardando, con sus árboles enfermos, con su lago no muy inmenso, con sus paseos anchos quitados a la urbanización y a los edificios grandes, con el asombro de sus transeúntes andando, si no libres, un tanto despistados.
Y no nos quejemos. Que lo hay muchísimo peor. Que las cosas no van tan mal excepto una rutina impuesta. Que nadie conoce al vecino. Que dejan el local hecho una mierda. Ponga coto a tales desmanes. En nombre del personal. La vida va dando castigo lento según pasan los minutos pero mañana habrá un avance informativo, un despejamiento de la incógnita. Las horas pasan lentas si no te metes en un metro a punto de partir. Si no buscas el mar en un vaso de ginebra. Hay que buscar un mar adonde sea. Hay que fluir como el agua, como los líquidos preciados. Hay que decir al día: aquí estoy, pásame la mantequilla y la mermelada. Me iré de excursión hacia la nada más pronto que tarde.