Me está costando escribir esta mañana. Porque quizás no hallo bondad en la Tierra de que escribir. Las gentes se pliegan al deseo más burdo y a la envidia de los millones en vez de pensar que cada vez somos más iguales económicamente. Que solo ha triunfado Nadal con su raqueta es pensar que se es muy desgraciado. Es mejor pensar que el vecino disfruta de lo mismo que tú. Que también va a Gandía a pasar el verano. Pero no. Deseamos lo ajeno con apetito de buitre. Deseamos lo muerto, lo que nunca tendremos. Es todo tan ridículo como tener muy poquita personalidad. Disfruta de tu vida, pazguato, y no adores lo que tienen otros. Mentira es tu vida si deseas la de otros. Esta mañana no sé de qué escribir porque no veo un hombre ni una mujer enteros de alma.
EL PROFESOR
viernes, 29 de mayo de 2026
Los objetos desnudos redondean su realidad. Se materializan de golpe tras la ventana. Hoy es viernes. La cultura del ocio da mucho juego. Comer en un sitio, bailar en otro, ver un museo. Las luces que lucen por la noche indican el tipo de humanidad que vamos creando. Esto era un padre de familia que, como no podía dormir, sale con el coche a recorrer Madrid. Y lo que ve, le hace un ser envidioso de todo, cotilla de todo y miserable al fin de la madrugada. Deseo un paseo por el fondo de las almas más turbias de la noche. Y lo consigo, ya que hasta el currito de turno tiene el alma fea, carcomida por los goles de Cristiano Ronaldo. La vida va surgiendo como de un pozo muy hondo, no de los rezos a Dios que de pequeños nos enseñaron. La existencia se destila con una envidia fuerte y giratoria como los besos que da el diablo a las almas que se pierden.
No sé muy bien de qué escribir. Tengo la inspiración en otro lado. Tengo en otro lado las oscuras golondrinas y el abrigo que me tapó el último invierno. Mis ojos abarcan el orden de la inmensidad. Pero seamos claros: el hombre no vive de pan ni de poesía. El que trabaja da sustento a unos cuantos o quizás a sí mismo. Como dicen los mayores: antes, con el sueldo del marido, daba para piso, pan y vacaciones. Ahora, trabajan los dos y no llegan a fin de mes. Qué quimeras hay ahora sobre el consumismo. Hay que consumir unas cosas innecesarias para estar bien. Hay que ir a Disney no sé qué. Hay que tener en casa toda serie de trastos. Hay que llevar las zapatillas extraordinarias. Todo se resolvería un poco si pensara la gente en comer y vestir ordinariamente. El sol sale para todos. Y la luna también.
jueves, 28 de mayo de 2026
El cielo azul indiviso. Lejanías que arden. Montones de aquí. Las fluidas nubecillas madrileñas. El mar resuelto en kilómetros de carretera. El pájaro que rompe la intemperie de mi vida. Los defectos que salen de mi persona hacia la luz: cobardía. Una enfermedad aviesa. La luna sale rota por un costado blanco. Qué lejos abren sus venas los locos. Madrid, esa locura de azoteas y psiquiátricos con las paredes verdes. Yo no amo las calles, yo no sé qué son las aceras vendidas a las pisadas. Los autobuses vienen y van, vienen y van. Comer judías blancas es mi aspiración hoy. El mar, la mar: ese coloso difícil de ver.
Me parece que de Madrid a Albacete hay unos 200 kilómetros. Allí paraba el autobús que llevaba a la costa. Me fumaba un cigarrillo y luego, otros cuantos kilómetros para llegar al pueblo donde mi novia y yo pasábamos las vacaciones. Era un itinerario que no sé si podría yo hacer solo. Me da mucho miedo pensarlo. Y cansancio. Conozco una de la asociación que se hacía este recorrido varias veces en los meses de julio y agosto. La arenilla se colaba por los zocos de tiendas y los patios de los apartamentos. El agua de mar estaba todo el rato venga sonar: plas, plas, plas. Y los castillos de arena se hacían con el cubo y la pala. Y con las manos mojadas.
Este es uno que iba por la calle y de repente perdió la imaginación. Entonces dejó de creerse humano y se creyó perro y ladró. Y dejó de imaginarse el mes de agosto y todo el mundo de vacaciones y los autobuses que pasaban por Albacete camino de la playa y los castillos de arena y la arena misma y el mar entero. Y por no imaginar, no se imaginó a sí mismo andando por la ciudad y dejó de ser un hombre o quizás, una mujer, con identidad propia. Y ya no era nadie en su propio cerebro, era un ente gris, inanimado y dependiente de una forma expresiva tonta: era un hombre o una mujer que no sabía si era o no era, si iba o venía, si sabría que es un lunes o un sábado, si la luna ya no era luna, etcétera.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Meteorológicamente, el ambiente ya es de verano, un verano fuerte de sol y calor. Por las chorreras del cielo bajan muchos grados de infierno. De 3 a 6 no hay quién ande por las calles. La ciudad es un desierto, a esas horas, lleno de esquinas y de plazas desoladas y de rosas aceitosas y marchitas. Del cielo no vienen más que torrentes de claridad calurosa. La pena es que todavía nos quedan tres meses así. A ver si sobrevivimos o dejamos el pellejo entre estas condiciones adversas. La vida se desarrolla lenta, las citas médicas se dan a partir de las 7 de la tarde, nada funciona con corrección inglesa o francesa. La gente muere por el calor. La vida se vuelve difícil. No sé si esta tarde iré a andar, no sé nada, nada más que hace calor, mucho calor.