Estamos ya en navidad y la nieve artificial recorre las pantallas de los televisores porque la nieve de verdad no cae ya en diciembre. A Manolo le cae mal ese detalle, que solo nieve a modo de adorno pueril en los anuncios y películas. Otras cosas de la navidad también le ponen malo. Tuvo que echar el otro día a un borracho que no hacía más que molestar a las jovencitas del centro comercial. Lo hizo razonadamente, hablando con el borracho, que se puso a llorar. La navidad trae, envuelta en ella, estos malditos refugios de la soledad. Habló con el borracho y averiguó que su mujer estaba con otro, que sus hijos le despreciaban. La maldita navidad hace estos estragos mientras suenan villancicos y cae una maldita nieve de mentira en los televisores. Viva la navidad, pero que viva poco.
EL PROFESOR
martes, 20 de octubre de 2026
Manolo está solo en la vida y cuando es navidad, se siente todavía más solo en contraste con los demás, que hacen vida de familia. Manolo no toma un avión de Iberia a ver a sus padres que viven en Almería. Manolo tiene muy reducido su espacio vital. Va de su casa al bar y de su casa al centro comercial. Sin embargo, Manolo tiene una filosofía que le recorre todo el cuerpo y es capaz de recordar sonetos enteros de Quevedo o de Lope mientras acaricia su porra o va mirando por las tiendas vigilando algún posible delito contra la propiedad. Manolo es un filósofo que trabaja en la seguridad. Ayer, un niño se perdió en el centro comercial. Manolo le contó un cuento mientras esperaban a sus padres. Luego, el niño no quería irse con sus padres, quería quedarse con Manolo. Irónica situación.
Manolo estudió Filosofía y Letras, como su amigo Andrés. Manolo no tuvo mucha suerte en la vida, estuvo con amigos que le ofrecieron paraísos artificiales de mucha risa. Supo salir de ahí y ahora su lema es: salud y trabajo. Manolo se toma unos güisquis con hielo cuando está deprimido y duerme mucho y no tiene amigos. Solo tiene un amigo: Andrés. Andrés heredó el negocio de su padre. Y tiene 10 pisos alquilados. Andrés es rico. Y va en Iberia a ver a un tío que está en una residencia de Barcelona. Cuando se juntan Andrés y Manolo, hablan del Quijote y del Libro de Buen Amor. En las navidades se suelen ver porque así conjuran la soledad que tiene cada uno. Andrés, aunque sea rico y tenga una familia extensa, no se sabe por qué, se siente muy solo. La soledad es el vicio de las personas que destacan.
Nada perdura, todo se agota. Y se transforma en otro tipo de energía. La calma de los días se estremece cuando algo tremendo ocurre. Pero no suele ocurrir nada tremendo sino la sucesión del tiempo monocorde. Ayer hizo frío, hoy sale un sol que apenas calienta. Ayer me tomé en un bar un café. Hoy no salgo de casa en toda la mañana. Me tengo que leer una novela que va de un crimen. Decía Groucho Marx que la televisión era muy educativa: decía que cuando la encendían, él se iba a la habitación a leer un libro. Lo oí ayer en la radio esto de Groucho Marx. La radio tiene una seriedad que no tiene la televisión. Todo es cultura. Amemos la cultura. Todo es un pasar. Amemos lo provisional y accidental por encima de otras cosas.
lunes, 19 de octubre de 2026
Se me atora el discurso, el relato. Los políticos tienen su relato, sus crímenes, sus mentiras. Yo también tengo mi relato pero se me atasca esta mañana de lunes. Mi relato podría ser que he visto cómo una organización criminal dirigía el país. Pero prefiero hablar de los gorriones que pueblan el patio. El domingo es un tobogán que baja al lunes y te la das si no andas con cuidado. Los primeros en despertarse este lunes merecían quizás un premio, un incentivo salarial por ser capaces de desafiar la madrugada primera de la semana laboral. Y ya el martes, la cosa va aflojando y es sábado otra vez. Los lunes cortan de raíz la ilusión de que el niño haya metido un gol en un partido o de que haya ganado un premio en un torneo de ajedrez.
El ordenador silbaba. La mañana desperdiciaba su luz entre corazones agrios. Era lunes. Es tibio el calor de los lunes. Hay un escozor entre el hígado y los riñones los lunes. Hay que tomar café para reducir ese escozor. Ayer vi la película de los españoles en Almería, en los sets de rodaje. Un película muy buena. No como las de ahora. Los domingos hacen de trampolín para el lunes, a ver cómo caes. Los espacios entre árbol y árbol indican algo que no sé qué es. Compraré en el supermercado viandas para la semana. Hay supermercados en los que no distingues los turrones del año pasado y los de este. Había una moza en el pueblo que no se casaba con nadie. Literalmente.
El día gris con el que comenzaba la semana se hacía cuesta arriba, llegaba hasta lo hondo del corazón. Y allí, el lunes, el día que iniciaba la semana, hacía un agujero innoble hasta dejarlo chafado para toda la semana. El corazón se debatía entre acudir humildemente hacia otros corazones o perseverar en la soledad de un hombre solo, distante y desmedido como todos los hombres. Acertó el corazón haciéndose más duro y porfiando en tapar ese agujero con una maldita soledad preventiva. Era navidad. Nadie se fiaba de nadie. Y en el centro comercial las luces confundían la fiesta con el malestar común. Un hombre llamado Manolo acariciaba su porra. Y creo que eso era todo.