martes, 14 de julio de 2026

 Son las doce en el reloj. Había un poeta de los de la generación del 27 que amaba esta hora. Y compuso muchos poemas para esta hora completa en la que el sol alcanza su cénit. Mediodía divino, día completo, perfección del día, etcétera, decía este hombre. Luego, tras la guerra mundial y el estallido de la bomba nuclear, este hombre se volvió más serio y meditabundo. Se llamaba este poeta Jorge Guillén y tenía una formación literaria y lingüística de primer orden que se manifestaba en su obra poética. Jorge Guillén amaba la vida simplemente manifestada en "un pájaro que se hunde en el azul" y en otras manifestaciones de la naturaleza simples pero importantes. El filósofo Savater dice que hay que tener mente curiosa e inteligente y unos gustos o deseos simples. Si es al revés, vas de cráneo por la vida.

Es como el cuento de los ratones: el ratón de Guadalajara invitó a un ratón de campo a pasar unos días en la ciudad. Había abundancia en la casa del ratón urbanita pero tuvieron que huir tres o cuatro veces de la escoba de la mujer de la casa y otras tres veces del gato. Entonces el ratón de campo llegó a esta conclusión: más vale vivir con poco y tranquilo que no en abundancia y temiendo la muerte. El ratón de campo tuvo cosas que contar a sus compañeros de madriguera. Y les dijo eso: que no merece la pena las riquezas si vana acompañadas de miles de sustos. Ay de los que amasan mucho dinero. Qué difícil su vida y qué complicación.


 Hoy tengo que hacer empanadillas. Debo estar concentrado pues es tarea ardua. Se ponen las obleas en la encimera de la cocina, se rellenan de tomate con bonito, se cierran las obleas y por fin, se fríen. Es tarea compleja pero luego, con un poco de pan, están buenísimas. La pasta de las empanadillas es muy frágil, es muy delicada, de ahí la dificultad de que se rompa la masa, de que se abra el condumio, etc. Las posibilidades de vivir una vida completa se reducen si no tienes mucho dinero. Pero la facultad de amar a los tuyos no te la quita nadie. Amemos a los cercanos, a los familiares y luego ya podemos amar a todo el mundo.

 Ayer por fin me dediqué a leer por largo rato. Fue un acto no deliberado ni muy pensado, solo que empecé a leer y no paré hasta pasada, creo, una hora. Tengo 4 lecturas. La que más me está gustando es la de los cuatro hermanos a los que suceden cosas derivadas de su adicción a las drogas, su orientación sexual o su relación con el dinero. Luego está la novela o especie de ensayo que compara la realidad actual con la vida de las monjas en el siglo XVII. Luego está la novelita de aquella niña que se hace ya mujer junto a un padre rarísimo, autista y asocial. Y luego está la novela que habla de una chica que va a morir de cáncer y que antes quiere cumplir unos deseos. Todas son aceptables, bastante buenas. He tenido que desechar una novela aburridísima de unos amigos que hablan de sus mujeres y que resultó insoportable su lectura.

Hoy hace más calor que ayer. No corre tanto aire. Pero a hoy hay que vivirlo como a ayer lo hicimos. Con la ilusión que nos quede entre las costillas. Según los autores del Barroco, somos barro y polvo y ceniza. También somos, se olvidaron de decir los del Barroco, algo de vida esperanzada. Luego, más tarde, vinieron los novelistas existencialistas y dijeron que el hombre es Sísifo y la peste y un desencuentro ante la vida. Pero se olvidaron de decir que el hombre es un poco de ilusión bajo la tripa. Parece mentira que haya habido tanto agorero y tanto desilusionante en esto de la literatura. No veían más que tragedia en el vivir del hombre en la faz de la Tierra. A ver si vienen otros con otras gaitas mejor templadas.


lunes, 13 de julio de 2026

 Nada malo nace del cambio, pero a los humanos nos sorprenden los cambios. Vienen generaciones que ya no saben mucho de latín. Rosa, rosae, rosam, rosi, rose, rosarum, rosibus. Nominativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo: así son las declinaciones de los nombres en latín. El alemán actual tiene declinaciones. El alemán es la lengua de la filosofía. Si uno ama las lenguas, termina amando a aquellas personas que la hablan. Yo me siento estos días como vacío de conocimientos porque quizás no los exprese. Yo creo que todo lo que sé se va a ir por el desagüe de la inexpresividad. Yo quiero hablar de mi libro. Me convenzo de un dicho que he oído estos días: no hay que aspirar al éxito, sino a gestionar nuestro fracaso. Todo, si lo pensamos, es un pequeño fracaso aquí en la Tierra. Todo es para que nos manifestemos humildes ante el Señor. Somos de barro, humo, ceniza y gas.

 Me está costando hoy escribir. No sé qué poner estas líneas. No sé si decir algo sobre política pero no me gusta la política. No sé si decir algo del día de hoy porque no veo en el día de hoy algo especial, aparte de este cielo que me cobija amablemente. Yo quisiera dar ánimos a aquellos que trabajan hoy hasta las dos de la tarde pero no sé si esos trabajadores me leen. Los encierros de toros no me gustan. Los días en tierra firme no me gustan. Por eso alabo a la mañana que me sustenta, que está guiada por el sol, que me acoge como un albergue para las tormentas (shelter for storm). La mañana, quizás, es más que la mañana y sí una manifestación de que el mundo está bien hecho. Yo, hoy, no soy nada en esta meseta oscura. Pero la mañana sí es algo aunque la gente no la desee como tal.