domingo, 23 de agosto de 2026

 Suenan los perros, suena el sol de modo más sutil, suenan las hojas de los álamos, suena el césped como creciendo todo a la vez. Ya casi llega septiembre. El horóscopo me ha dicho que el nuevo curso será bueno para mí y que hoy viviré acontecimientos interesantes. Me cago en la puta de oros por no haber ido a la playa aunque fuera yo solo. Me cago en la puta de oros por no dejar de pensar que Paco se pondrá malo. Me cago en la puta de oros porque la vida es así de triste, no tengo unos tíos a los que visitar que vivieran en la costa. Me cago en la puta de oros veinte veces porque sigo en el agujero de los días olvidados antes de amanecer.

 Estoy mejor que estos días de atrás en los que una angustia muy fina corría por mi alma. Yo lo que me planteo es si una persona que hace todos los días exactamente lo mismo no se volverá loca por causa de la rutina. Cuando veo a Paco metido en casa sin hacer nada o me veo a mí mismo repetir acciones a todas horas, se me forma una idea mala en la cabeza como que algo irá mal si no salimos de este muermo vital. Y no salimos apenas a ningún lado. Fuimos a comer cordero al Alto del León pero para de contar. No nos hemos desplazado a ningún sitio lejos ni casi cerca. Y encima, dice Paco que deja de conducir, que ya le cansa el coche. A partir de ahora, en servicio público todo el rato.

sábado, 22 de agosto de 2026

 Agosto de 2026. Historia de dos gemelos.

Voy a usar este formato de blog para analizarme psicológicamente de la mejor manera. Hay una canción de un tipo olvidado y que en su día (años ochenta), parecía un desclasado, un marginado de la movida reinante, una canción, digo, que suena así: tengo una moto que no anda, tengo un loro que no habla y un coche que no arranca e iba ensartando despropósitos de esta clase. Y el estribillo decía: "Y todo el mundo dice qué te pasa y yo no sé qué contestar". Estamos este verano del 26 un poco así todos. Las noticias no ayudan a estar calmados pues las fronteras de España están alteradas. Y nadie hace nada en casi un mes. Lo de Ceuta es como si un pájaro nos estuviera picando la coronilla todos los días y creo que no exagero. Este gobierno ha hecho caso omiso de tal situación y ha abierto la ventana de las dudas en vez de resolver el conflicto con premura y resolución. Es un desastre en todas las dimensiones, en términos de exterior e interior de España. Pero yo pensaba hablar de mí. Tuvimos Paco y yo un desacierto con unas cosas del banco y Paco se desestabilizó un poco. No fue alarmante y se recuperó pronto. Pero a mí me vino a las mientes el montón de veces que Paco me trajo de cabeza y lo paso mal. Me imagino otro brote y cómo estaré yo para aguantarlo. Y esa sensación se extiende en las horas del día y sufro por ello. Estoy con la cabeza volada, como extendida a muchas ideas de tragedia y malestar para Paco y para mí. Y pienso que cualquier conflicto, estrés o duelo que pase Paco, le van a conducir a un ingreso. Y, como los conflictos pueden estar a la vuelta de la esquina, me pongo malo. Yo mismo invento conflictos posibles en que la salud mental de Paco flaquea. Los dos primeros días de agosto (sábado y domingo), yo estuve mal. Veía un montón de días informes, temerosos y dolorosos de vivir. Luego me aclimaté y pasé unos días felices de mediados de ese mes. Hasta que pasó lo del banco.

 Recuerdo aquellos canelones de espinacas como si fuera hoy. Recuerdo el taxi que me llevó a Torrejón. Recuerdo también un poco el frío y la lluvia de esos días. Hoy he estado hablando con un amigo que cuidó de su tío esquizofrénico. Dice que le daba a este tío por beberse lejía y tomarse las pastillas inadecuadamente. Yo le he contado de mi hermano, de cuando cae malo. La vida es un sucederse de contrariedades o de cosas bonitas por vivir. No las elegimos, vienen y ya está. La mariposa recorre el bosque y levanta terremotos en lugares lejanísimos con su vuelo. Ave, corazón de la vida.

Las nubes están en su sitio. Los hijos de puta, también. Estos señores malos, como dicen los niños, comen, beben y faltan al respeto a los demás. El cantante Luis Eduardo Aute decía que no le salía ser malo, que lo intentaba, pero no le salía. Me vienen mucho a la memoria las canciones de este cantante: yo pasaba por aquí, ningún teléfono cerca y yo pasaba por aquí. Y la de buitres y tiburones. Y la de como un perfecto estúpido que soy. Aute es de lo mejor en esto de hacer canciones. Los niños detectan la maldad. Yo veo dibujitos animados en los que salen personajes con muy mala hostia, con caras de vinagre. ¿Queremos que nuestros niños sean unos hijos de puta? A lo mejor sale rentable para que no los pisoteen los demás.

 

 Este libro que escogí viéndole por la vitrina de la librería y que se llama "Instrucción de novicias" no deja de ser un rollo. No es novela, no es una especie de documental, no es nada más que unos apuntes de unas monjas que existieron en el siglo XVII. No se dan datos claros de lo que hacen las autoras en Norteamérica. Toda la historia de este libro está deshilachada y pobre de acontecimientos narrativos. En fin, un rollo. A ver si me la acabo. Ya me he acabado la de la chica que tiene cáncer y desea hacer un montón de cosas antes de morir. No es una gran novela. Es para pasar el rato. Pero "El nido" sí está bien. En "El Nido" he encontrado una literatura buena y divertida, con sorpresas y con realidades que debe de haber en la ciudad de Nueva York. Mejor cojo libros de la biblioteca porque los comprados no me han satisfecho.

 En este mundo en que vivimos, si sales deportista más o menos exitoso, ya lo tienes casi todo ganado hasta la vejez. Con el dinero que te den por jugar en un club de fútbol o por batir un récor en atletismo, la fama que obtienes te da para vivir bien toda la vida. Porque el deporte en España está muy valorado o sobrevalorado. Los futbolistas entrenan, sí, pero juegan 90 minutos a lo mejor no todo lo mejor que pueden y ya se han ganado la tostada. Vienen rachas en que son criticados o en que son ensalzados como dioses, pero ellos, a lo suyo, a jugar partidos, a entrenar para ganar una medalla, a meter canasta tras canasta y a hacer un montón de pasta en pocos años. Y así, se ríen de los pececitos de colores para toda su puta vida.