viernes, 15 de mayo de 2026

 Los jefes mandan. Las últimas lunas salen con un esfuerzo grande, no iluminan apenas, no marcan la noche con su marchamo. Los cerdos comen y engordan, salen de la cochiquera y buscan lombrices y bichos y ranas y se las comen. Los cerdos es lo que tienen, comen y comen y comen. El día está turbio, lleno de nubes ásperas, de nubes obtusas y cansadas. El primer día de junio será muy llevadero, será de dejarse arrastrar por los acontecimientos. Las casas de los pobres no se mueven del sitio, menos mal. Solo faltaba que las casas de los pobres se movieran con el viento. En Móstoles hay mucha gente, mucha gente, nadie se atrevería a contarla. Nulle die sine pane lucrando.

 Esta era una mujer que siempre quiso formar una familia. Era de padres divorciados y la experiencia de divorciarse no la quería para ella. Ella buscaba un hombre fiel que le diera hijos. Y lo consiguió. Consiguió tener de un hombre tres hijos a los que cuidó así se le partiera el alma al hacerlo. Y los tres hijos tuvieron siempre padre y madre, al estilo antiguo, al estilo de los padres de otros tiempos. Y los hijos crecieron e hicieron viejos a esos padres que seguían unidos, que no querían el divorcio porque no creían en él. Porque el divorcio para ellos era una cosa muy mala, muy mala, de la que siempre estuvieron huyendo. Y, al cabo del un tiempo, los hijos salieron de casa y estos padres se hicieron compañía, mucha compañía de padres viejos y cansados.

Este era uno que iba siempre con una libreta en el bolsillo superior izquierdo de su camisa e iba apuntando todo lo que veía. Si veía una mujer guapa, la describía a lo lejos: sus ojos, sus labios, su cabello hasta que se hartaba de poner adjetivos a esa mujer. Si veía un hombre feo, muy feo, también lo describía con los adjetivos que este hombre había aprendido de un diccionario de adjetivos muy moderno, venían en ese diccionario hasta adjetivos en inglés, venían adjetivos que valían para todo y para todos. Además, este hombre también describía las fachadas de las casas, los autobuses, las aceras de un barrio u otro barrio. Y es que este hombre se recorría en la EMT un montón de barrios al cabo del año. ¿Y por qué describía este hombre todo lo que veía? No se sabe. Nunca se supo para qué lo hacía.

 

 Unos hacen, otros piensan. Unos van y vienen, otros se quedan. Quedarse quizás signifique leer algún libro, echar unos cigarrillos, dar un paseo por la ciudad para no perderse. La vida reparte sus desdichas y sus libertades. La vida no parece tener término medio: no da a todos por igual. La vida es como un cóctel en el que se mezclan muchos ingredientes, pero el cóctel, al final, solo tiene un sabor último. La gente pudiente se aloja en los mejores hoteles. La gente que depende de algún mal, se aloja en su propia casa. Y ve pasar el tiempo, ve pasar cómo pasan otros la vida, ve cómo lucen esas estrellas lejanas.

jueves, 14 de mayo de 2026

 En este mundo, la generosidad, que vaya por delante. Así funciona el sistema en el que vivimos, creo yo pensar. El dinero en la cartera no cumple su función. Que vayan y vengan los euros. Al final, ese desprendimiento de tu patrimonio, regresa. Da propinas porque a ti te gusta que te las den. No encierres en una cueva mísera al dinero. El dinero está hecho para que corra, se gaste, vaya de mano en mano. La vida, como decía un primo mío, es un gasto. Gasta, pues. Mi primo tenía una idea de la vida espléndida: quería reírse, caer bien, divertirse y no miraba el dinero. Se puede mirar el dinero un lunes. Pero no estar pensando toda la semana: ¿cuánto me he gastado? Gasta, compra, vive, date un gusto cada vez que puedas. Tres euros no son más que monedas. Un bollo de chocolate lo mejora enteramente.

 El trabajo es duro de llevar. Si tratas con clientes, los clientes son exigentes y a veces, no saben muy bien qué quieren. Por eso quizás tiene más psicología un taxista que 20 psicólogos. Los taxistas se fijan en las caras, en los ademanes, en los tics de las gentes que se sientan atrás. Y ya saben de antemano cuál individuo les va a dar la tarde. Así las cajeras de supermercado, los dueños de una tienda, etcétera. Lo que hay que tener en cuenta es que se vive de los clientes y no se debe morder la mano que te da de comer. Ahí consiste la psicología que se aplica a cada uno de estos, sin estridencias, con la voz en calma, dando y quitando, hasta que el cliente cede: lléveme por donde se vaya más rápido.

Qué cansancio extra el del que está en lunes y quiere que ya sea viernes. Yo creo que hay que vivir los lunes igual que los viernes. Deseando que pase el tiempo no hacemos más que ser más viejos antes de tiempo. Yo creo que hay que disfrutar de los lunes lo que tengan los lunes de bueno. Una charla con las compañeras cajeras o teleoperadoras, un café, me refiero. Hay que salvar al lunes y al martes de su inercia hostil. Hay que vivir la vida todos los días independientemente de si unos días con fama de malos preceden a los que tienen buena fama, como los viernes. Todo los días hay que salir del trabajo y aprovechar. Darte un gusto. Un pastel de chocolate, por ejemplo. Un paseo al otro pueblo. De Aluche a Móstoles, por ejemplo. Y allí, en un parque, disfrutar de los árboles de los lunes.