EL PROFESOR
lunes, 25 de mayo de 2026
Hoy es el cumpleaños de mi padre. Ayer estuve con él charlando en la residencia. Hablamos de la familia, de los que ni siquiera llaman cuando hay algún problema. Pero mi padre me dio un buen consejo sobre aquellos que están ensoberbecidos: espera a que pase el tiempo, me dijo. La verdad es que a mí no me molestan mucho esa gente que se cree algo porque luego hay otros de la familia que me han ayudado. La verdad es que los que ayudan se ganan un espacio en el corazón y los que llevan a sus hijos a ver al bisabuelo, se llenan de razones para ser amados. La vida quiere amor, contacto, calor humano y buen humor. El que ofrezca estas cosas será llamado santo o ángel o buen samaritano.
He perdido una amiga que ya no aportaba nada. Quizás ese es el cambio del que hablaba el horóscopo. La palabra "amedrentado" quiere decir que te echas atrás por miedo pero la vida sigue y hay que vivirla de un modo u otro. Yo busco una puerta que no niegue lo que esconde, que me abra un acceso a la felicidad o, por lo menos, a la tranquilidad de ánimo. Dejar que la gente se meta en tu vida a veces es peligroso. No hay almas buenas muchas por el mundo, no hay ángeles custodios por las calles. Son solo chupópteros que quieren que les invites a una cerveza. La vida es asquerosa por muchas razones y una de ellas es por esa clase de gente.
Tengo yo un libro que son las poesías completas de Antonio Machado. Tiene la letra muy diminuta. Es de ver cómo Machado va retratando Castilla o un jardín o el huerto claro donde madura el limonero. ¿No era Machado un ser depresivo? No lo sé. Así dijo de él un profesor que yo tuve en la universidad. Quizás, cuando deje de escribir aquí, me voy a leer un poco de poesías que tengo de algunos autores como Gloria Fuertes o César Vallejo, el peruano. La vida está muy tirante. Con tantas guerras, sube el precio de todo, la gente anda mirando el dinero que no llega quizás y no sé si se podrá ahorrar un poco o no. Las familias se cabrean porque no saben educar a sus hijos y sus hijos chillan, dan botes como sátiros, socavan el ánimo de su padres.
Tendría que aprenderme algunos ejercicios de relajación. Tendría que saber cómo dominar esta ansiedad que me ha dado de repente. Ojalá llueva, creo que así se me quitaría este mal fario. En la ciudad no tengo con quién derrumbar mi pena. Me voy quedando solo. Hay gente a la que no le importa quedarse sola. Hay gente que va llamando a la puerta de su soledad y entra y ve que hay una estancia grande pero sin mesa, ni muebles ni nada. Todo corre veloz: el tiempo, los conocidos pasan, los que creía yo que eran mis amigos, todo adquiere una derrota rápida y tenebrosa. La soledad se rompe un día, quizás hoy, con un amigo leal que habla de Dios y de la muerte y de la enfermedad mental.
La Biblia tiene sus profetas y los cantantes tienen sus tonadas que pueden convertirse en himnos de una época. No sé si existirán profetas en esta época tan mala, tan llena de confusión en que todos están contra todos y desean expandirse a costa de los demás. Los nacionalismos son muy malos, no buscan el diálogo, no quieren más que aislarse de todos los países aledaños. El movimiento MAGA es un nacionalismo, el movimiento catalanista y otros también son supremacistas. Pero yo creo que existen los profetas que avisan de que vamos mal por ese camino, adorando al becerro de oro, a falsos líderes, a la tentación de ser más que los demás. Saldré a la calle, haré unas judías verdes con patatas y a ver qué tal.
Tu risa me da risa, tu valor me da calor, dame otro vaso de licor. Son versos de Manu Chao que imagino en los labios de un inmigrante. Un inmigrante que quizás llegue a Madrid a buscarse la vida y conozca a una mujer buena con la que poder charlar. Y esa mujer es tabernera, hace magia con el licor que sirve a ese trotamundos, a ese extraño en la gran ciudad, a ese perdido del mundo. Y quizás ese recién llegado sufra de ansiedad por la vida que lleva, sin conocer a nadie, sin remedo de amistad, sin poder hablar nada más que con esa mujer que está detrás de la barra y le cuenta chismes y chistes al que viene de otro país a ganarse la vida. Y quizás sea ecuatoriano o peruano o marroquí. La vida es extraña a veces. Muy extraña.