jueves, 23 de abril de 2026

 El otro día me enteré de que una mujer enseñaba el búlgaro por las tardes. Fui allí y resulta que era un idioma. Ahora la gente se va a Albania, a Armenia o a Bulgaria de vacaciones. Será que sale barato la transacción de los euros a la moneda que allí, en estos países, circula tristemente. Pero creo que son países un tanto inestables. La gente también va a las playas de Croacia, al mar Adriático. Los viajes El Corte Inglés todo te lo apañan. A mí me dan miedo los viajes. Incluso los que pueda hacer por los alrededores. Pienso muchos incidentes si viajo, me pongo muy nervioso. La luna ya aparecerá por la noche para guiar al viajero, al trasnochador, al criminal y al orate.

 Había un chico que se recorría las calles de Budapest todos los días porque era cartero. Este chico soñaba con la perfección de los planetas y el sol y las estrellas. Este chico adoraba la luz del sol cuando llegaba cada madrugada y miraba a la luna como algo que casi sentía en los dedos. Este chico tenía una nuez de Adán muy pronunciada. Daba el aspecto de una gallina recién cocida pues el color de su piel era rojizo. Este chico sale en una novela que me estoy leyendo, una novela de una trabazón hercúlea, de una sintaxis fuerte y apretada a la que yo jamás podré llegar en mis narraciones. En esta novela sale también la madre de ese chico, al que abandonó cuando su padre bebedor murió. Y sale también un musicólogo que está tendido en la cama intermitentemente.

 Es la enésima vez que me toca hacer unas lentejas. Paco no quiso aprender a cocinar. Se limita a hacer una lavadora cada 15 días. Y no friega el suelo ni los muebles. Es verdad que se encarga de todas las reparaciones pero estas surgen cada mucho tiempo. Yo sostengo casi todos los gastos. Menos mal que me ayuda a hacer la compra. Casi todas las recetas las aprendí por internet. Solo por eso, internet para mí es una gran cosa. Paellas, legumbres, guisados, etcétera, los he ido mirando en personas que vuelcan su sabiduría en un vídeo. Me he atormentado alguna noche en la cama cuando al día siguiente tenía que hacer alguna receta nueva con miedo de que me saliera mal. Según Paco, soy buen cocinero. Pero él no ha preparado nada en la cocina de alguna dificultad.

 Mi hermana y mi cuñado han estado a Biarritz. Yo, gracias a mi sobrino, al que se lo agradezco mucho, he estado en mi pueblo. Por las novelas sé que la gente de posibles, cuando loqueaba o estaba de los nervios se iba a Biarritz, a "tomar las aguas", pues allí hay muchos balnearios. A ver si Paco quiere coger un día el coche y en ese mismo día, vamos al pueblo o a Segovia. O a Toledo. Pero lo veo difícil pues Paco rehúye cada vez más de excursiones con el coche. No vamos más que a sitios de los alrededores, muy cercanos. El mundo es muy grande y yo muy pequeño. Y me voy a quedar sin ver el mundo. Ayer, un marido comentaba a una compañera de trabajo: mi mujer se ha ido a la feria de Sevilla. Cornamenta habemus. Los viajes son excusas para matar lo ordinario o para hacer uno de su capa un sayo. Como me dijo un señor hace tiempo: tu amiga que se ha ido a la playa va a venir más rebozada que una croqueta.

 Han cambiado la hora y han venido unos días demasiado largos y luminosos a mi vida. No sabía cómo pasar el tiempo. Hasta que, por la tarde, he reparado en mis escritos. Son muchos. Los puedo ir leyendo en el ordenador y completarlos con una riada narrativa de mi imaginación. Como los entiendo como una simple distracción no reparo en que estén mal escritos o que lo que cuento suene un poco bizarro. Simplemente, los continúo. Y se me pasa una hora o dos de la tarde, cuando ya no daba dos duros por el paso tan lento del tiempo. Invento personajes que me salen descollantes o demasiado humildes. Invento tramas imposibles. Invento como inventaría un niño con un lapicero. Pero invento. Y se me pasa el tiempo.

 Conozco una chica que iba a la asociación de enfermos mentales que siempre estaba viajando. Me daba y me sigue dando mucha envidia cuando pienso en ella. Se apuntaba incluso a una agencia en la que se viajaba de noche en un autobús, se estaba el día siguiente en la playa y el día después, venías ya para casa. Si hago yo eso, me da algo. Me dan miedo los viajes largos en autobús. He hecho varios (a Lisboa, a Oporto, a Valencia). No puedo dormir en los autobuses. Me cansan demasiado. No sé viajar, no soporto los achaques del viaje. Y( me da mucho miedo de que, al llegar a algún sitio, me dé la euforia o la depresión. El último viaje a Soria con mi hermano vino determinado por una fase maniaca. Mi hermano lo pasó fatal. No valgo yo para los viajes. Los viajes me afectan al ánimo de bipolar de mala manera.

 Un IES (Instituto de Enseñanza Secundaria) es algo misterioso. Allí están gentes contra su voluntad, también profesores, desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde. En estos lugares de estudio, se dan clases y se castiga a los alumnos rebeldes a la biblioteca. Nunca oirás: en tal instituto una profesora ha sido denigrada por su obesidad. O: un alumno de un instituto se ha roto una mano al golpear una ventana. Lo que pasa en un instituto, se queda en el instituto. Es todo muy opaco. Hay alumnos que están en 1º de Bachillerato que escriben: "ay muchos vailes en el puevlo" y uno se pregunta cómo ha podido llegar tan lejos ese alumno. En un instituto hay unos jefes de estudio que denigran a alumnos dándoles voces, amenazándolos, etcétera. Yo he estado en 17 institutos. Entras, das clase, sales y no se entera ni Dios. En un instituto se enseña a Valle Inclán y a Antonio Machado. También cosas de física, de biología y de matemáticas pero, ya te digo, no se entera ni Dios de todo eso.