El mundo de las letras, como todos los mundos, se llena a veces de chupópteros a los que dan premios literarios por toda su obra escrita y su obra escrita no vale un pimiento. Pero bueno. Se trata de ir rellenando renglones, de revisar los escritos, de ver qué bueno o malo escribí yo hace tiempo. Y nunca gané un premio. Ni el del ayuntamiento de Valdepeñas. Yo vivo bien sin premios. Ya tengo un premio que es mi pensión. Mi pensión por haber aguantado en la enseñanza. Otros por menos se han muerto. La vida te va dando premios y castigos, aunque no merezcas ni unos ni otros. La vida es descabellada, llena de huesos duros, altanera, fría como un témpano, dolorosa y vivaz.
EL PROFESOR
domingo, 3 de mayo de 2026
"Una habitación con vistas" es una película que, en mis años de universitario, me hizo sentir especial. La vimos en el paraninfo de la universidad. Fue algo apoteósico que me recorrió todo el alma. Está basada en un libro del mismo título. Lástima que hoy en día no haya bichitos como había en aquel entonces. Lástima de veranos que se eternizan. Lástima de contaminación con efecto invernadero. Las capas azules están sucias. Millones de desplazamientos de coches de combustión tapan el azul, lo llenan de un hollín muy denso, lo pringan todo de una ceniza fea y asquerosa, sucia, indeseada. Pero bueno. La vida continúa. Algún día habrá remedio para toda esa masa de nubes negras que suben al cielo.
sábado, 2 de mayo de 2026
María, la mujer que se ha arrejuntado con mi sobrino, le llama, precisamente, Carlitos. Y eso me llena de ternura y emoción. Pues para la familia, mi sobrino ha sido siempre Carlitos. Así, en diminutivo. Es como si dijéramos: me he comprado un cochecito. ¿Es que el coche que se ha comprado ese menda es pequeño? No. Es que el diminutivo está cargado de cualidades afectivas. Los diminutivos, en español, y creo que en otras lenguas, es de suponer, tienen una carga afectiva grande. Así que mi sobrina política llama a mi sobrino, Carlitos. Y Carlitos será siempre Carlitos, por muy grande que sea. Pero su hijo, a lo mejor se convierte en Angelote o Gelote, aún siendo pequeño todavía. Y ese es el truco de los diminutivos y los aumentativos en español, que de lo pequeño hacen grande y de lo grande, pequeño. O afectivo y enternecedor.
La mañana se logra levantándose uno pronto, recibiendo en el cuerpo los rayos de la madrugada. La mañana se alcanza si uno despierta al fulgor del día que nace, no metido en la cama torturando al colchón, pobrecito. La primera ráfaga de sol que anuncia la jornada es fundamental para sentirse bien todo el día. Hay que madrugar y hacer inspiraciones grandes de aire, que entren en los pulmones grandes dosis de O2, de oxígeno lento. Y no fumar. Y no hartarse uno de magdalenas pringadas en el café con leche. Y decir al que está a tu lado, si es que no vives solo: merece la pena saludar al día que nace justo cuando nace. Y el otro dirá: ya, ya. Y empezará el día de este modo tan tonto y así todo el día, recibiendo la luz del sol, comiéndose uno a sí mismo como si fuera uno un caníbal atroz y vehemente. Como dice la canción: estoy perdido en un bar, ¿dónde estás, maldita?
Cuando vine de comer de Guadarrama, me puse a oír la radio. Radio 5 todo noticias. Hablaron del 1º de mayo. Muy reivindicativo. Que suban los salarios, muerte a los empresarios. La locutora decía que lo que se ha ganado, no se puede perder. Que se reparta la tarta. La vivienda fue protagonista en las manifestaciones, ya que es un derecho, el de la vivienda digna. Vivienda para mi menda. La gente iba con sus niños a la manifestación ya que los niños deben saber cuáles son sus derechos, los derechos de los obreros. A los niños, tratadlos con cariño. Magoo, Magoo. Luego, hubo una entrevista a Pepe Álvarez, el jefe de la UGT. No estuvo mal. Estuvo muy razonable, no exaltado, no radical. Vino a decir que si viene la derecha, se acabarán los progresos del obrero. Y que los de EEUU celebran la fiesta del obrero en septiembre. Y que las manifestaciones de este 1º de mayo han sido muy internacionalistas. Y que todo es un caos últimamente. Le doy la razón. Viva el obrero aunque vaya sin sombrero.
Resulta que ayer fuimos a Cercedilla. Estaba todo como una mina de gente. Coches aparcados inverosímilmente, los restaurantes a tope. Nos tuvimos que volver a Guadarrama, donde, milagrosamente, encontramos dónde aparcar. Y comimos en un restaurante de esos imaginativos, de fusión que llaman. Paco y yo comimos un cordero deshuesado y a la plancha. A mí no me gustó. Resulta que eran, a la sazón, hilillos de carne de cordero. Fede comió gambas. Luego estuvimos otro rato en Villalba y luego, a casa. Dos horas de reloj en el coche pues también hubo retenciones en la carretera de La Coruña. Yo me pregunto: ¿dónde está la crisis? Si todo el mundo tiene 300 euros que gastar en una comida. Si todo el mundo sale como loco de la gran ciudad. Si todo el mundo gasta y gasta y gasta.
viernes, 1 de mayo de 2026
A mí lo que me fastidia de las películas y de las novelas es que el protagonista no muere hasta el final de las mismas. Y yo digo: pues si se tiene que morir el protagonista por una cuestión lógica como es un tiroteo a cinco metros o una bomba que estalla, también a cinco metros, o que se caiga por un puente, esta vez a veinte metros de altura o cosas así por el estilo pues que se muera y que ya siga la novela de otra manera, aunque sin protagonista. Que dejen la muerte del protagonista al final para las novelas o películas de fantasía, que ahí cabe todo. El quijote no muere más que al final de sus aventuras pero es que el libro que escribió Cervantes casi es un tratado de filosofía, con tantas reflexiones y refranes en boca de Sancho o del mismo quijote. ¿Para qué dio Dios alas a la hormiga? Para morir más aína, dice un refrán del Quijote. O sea, que no debemos aspirar a las alturas de nosotros mismos porque nos la pegamos.