EL PROFESOR
martes, 12 de mayo de 2026
Parece que llevo unos días de conformismo con lo que tengo en mi vida. Acepto pulpo como animal de compañía con mucho agrado, no le doy muchas vueltas. Por las noches, me tumbo en la cama contento. Hoy voy a pasar de misterios, de intríngulis que la gente tiene respecto a sus vidas. No volveré a pulsar el botón verde. La visita se pospondrá para siempre, me da la impresión. Desayuno, me fumo un cigarrillo y olvido, trato de olvidar. La vida conduce su línea de salvación muy allá, demasiado allá y, a veces, no hay manera de agarrarse pero, al final, como se suele decir, Dios aprieta pero no ahoga. Sujetaré en mis brazos lo que da la vida y ya parece que no llueve por las mañanas.
A la hora del baile tomaron Madrid, la apartaron de su resistencia, la hicieron claudicar. La capital ya no fue la misma. Los intelectuales desaparecieron por la costa y se fueron muy lejos. Los militares rompieron carteles y rompieron estatuas. Los que quedaron, los que no llegaron a un puerto de salida, se sometieron a juicios injustos, a todo tipo de humillaciones. Una dirigente se inventó aquello de "no pasarán". Y quedó para la historia. La ciudad del imperio, la ciudad de la república murió ese día. Ya no hubo perdón ni gato en la cornisa. Ya no hubo comunistas alegres persiguiendo una utopía. Ya llegó la dictadura, ya llegó el puño pero no para arriba.
La comunicación es muy importante pero si no hay nadie al otro lado de la línea pues la comunicación no existe. Así que olvidaré la comunicación. Lo opaco y lo escondido no me gusta. Pero no pasa nada. Declinaré intentar de nuevo tender un humo, una señal, un deseo de conectar. Hay gente que desea no ser interrumpida en su privacidad, en su mundo, en su vida. Es lo mismo. Lo que pasa es que ya no intentaré más pulsar un botón, decir hola, qué tal estás y esas cosas que no valoran algunas personas. Algunas personas se sienten molestas si llamas, si das a la luz verde, si intentas saber ¿qué? Nada de nada.
lunes, 11 de mayo de 2026
Yo crucé las calles debajo de una lluvia torrencial. Ella no salió de casa. Quizás no la vuelva a ver y, si la veo, la saludaré y nada más. El domingo que viene, no pienso verla. He visto a una ancianita en una tienda de mascotas que guardaba entre sus manos la comida de su perrito. He oído a un hombre que nos decía a mi padre, a mi hermano y a mí en la residencia que es así, hijos y padre juntos, como mejor se está. Le di las gracias porque me animó mucho esa alabanza de la familia unida, de los corazones que hablan sentados y en buena compaña. La vida pasa pronto y es mejor estar unidos: la familia, los hijos, los sobrinos, los nietos, etcétera.
Tengo que deshacerme de unos libros que tengo en un trastero. Para ello, existen empresas que los cargan y se los llevan a domicilio. Los días se suceden. Los virus crean polémicas, son difíciles de detectar y de tratar. Las lunas también se suceden, alumbrando las noches. La chica que se tomaba un café en diez minutos puede que haya salido de mi entorno personal. Soledad se hacía llamar Sol. ¿No es ello un indicio de preponderancia? Ni lo sé ni me importa. La gente anda por las calles con su perrito, los supermercados hacen su negocio y los drogadictos apuran su droga hasta las heces porque es muy cara. Es muy cara la droga, sí señor.