Ayer tuvimos Paco y yo una pequeña discusión. Esta discusión la tenemos de vez en cuando. Se supone que cada uno tiene un misión en casa: yo cocino y Paco lava la ropa. En esta discusión algo quedó claro: yo no debo dejar caer los brazos en cuanto la comida. Debo esmerarme más pues últimamente no me esfuerzo demasiado. Yo no lo tomé a ofensa, sino que me di cuenta que mi hermano tiene razón. Ayer compré un repollo y patatas y filetes de pavo. Voy a hacer repollo rehogado y filetes. El otro día vi a Manolo por la calle. Iba musitando versos. Le saludé. No me hizo caso. Iba absorto en sus poesías. Al otro día era el día de Navidad. Manolo salía del centro comercial y soñaba con su güisqui y sus versos. No paró en el bar. Manolo era el ser más solitario que conozco.
EL PROFESOR
jueves, 22 de octubre de 2026
Ayer vi un gran acto de generosidad. Un amigo mío invitó en el bar a todos los que estaban allí, a mí incluido. Le salió la invitación por 20 euros. Al otro extremo de la barra estaba Manolo, el segurata, como le llaman. Estaba sorbiendo de su güisqui con hielos y hablando un poco con el camarero. Dentro de dos días, era nochebuena. Se habló de la navidad y quedó esta un tanto deslucida en los comentarios. Hubo un momento en que Manolo se abstuvo de hablar y posó sus tristes ojos en la calle. La calle pareció inspirarle. Empezó a musitar. Manolo no es de amigos. Por lo poco que le conozco, es más amigo de la poesía que de la gente. Estaba recitando. Manolo recitaba. La navidad exhibía su frío fuera del bar. Manolo aprendió en la carrera sonetos que recita como el que reza. El camarero nos dijo que Manolo decía muchas palabras antiguas cuando se ponía así. A eso de las tres, le esperaba el centro comercial. La navidad tiene algo bonito: remueve el corazón a un ritmo inusual para esta maldita época.
La navidad campaba a sus anchas en el centro comercial. Era una fecha guay para los comerciantes. Lo que no vendían estos días, no lo vendían en todo el año. El dinero corría. Las tarjetas de crédito se calentaban al ardor de las transacciones mercantiles. Sin embargo, Manolo andaba muy herido de las letras por todo el recorrido que hacía por las tardes. Iba recitando para sí el soneto del amor inmortal de Quevedo, que termina: polvo serás, mas polvo enamorado. Manolo recordaba los tiempos que pasó con su novia, los besos dados con pasión de loco. Estuvo enamorado Manolo y sus huesos fueron prisión de todo un dios. Hasta que se oyó un alarido: me han robado, me han robado. Manolo tuvo que intervenir. Era una mujer ya entrada en años. No había remedio. A saber dónde estaba el ladrón. Manolo calmó los ánimos y llamó a la policía. La policía es discreta, no quiere curiosos. Al cabo de un rato, todo volvió a la normalidad. Las ventas siguieron. La mujer se calmó. Manolo siguió recordando sonetos: noche, habitadora de celebros huecos...
miércoles, 21 de octubre de 2026
Y vengan rollos: la navidad, los telediarios, la política, las manifestaciones, Ceuta y Melilla y toda la humanidad hablando sin parar. El silencio que hay ahora en mi habitación vale casi dinero. Había un filósofo que decía que, a veces, lo mejor que podemos hacer es estar quietos y silenciosos en nuestra habitación. Las calles se llenan de un ruido inaprensible por la razón. Unos van hablando de problemas con los hermanos y padres. Otros tropiezan con la vulgaridad de los bares; otros hablan de dinero. Y hay otros que lo mezclan todo: las rencillas familiares, las copas de brandy en los bares y las trifulcas políticas sentados en un banco. Hoy Manolo no sale mucho en mi blog. Ya saldrá con aventuras nuevas. Viva la calle, Pero para pasear y poco más.
Hay padres amorosos que llevan a su hijo al rugby y a la hija le cuentan un cuento mientras la dan de merendar. Empieza el cuento con un enano que no llega a coger una manzana del árbol y luego sigue con un dragón que es todo un energúmeno y luego, si eso, mete el padre un rollo de una princesa un poco remilgada y ya se acaba con uno que daba de comer al ganado del rey. Y se acaba la merienda y mañana habrá otro cuento mucho más elaborado y a lo mejor, el cuento va de un quinqui que roba coches, no va a ser todo dragones y princesas. Y luego de ir a la piscina y no sé qué más se acaban los cuentos pero no el cuento del padre y los hijos. Viva la familia por partes, por los que son y por los que la cuentan.
No será la primera vez que una amante y el marido infiel planean matar a la mujer de este último. Aunque solo se quede en un pensamiento y en una cháchara postcoital. También se da la muerte a la mujer con la que se ha compartido una vida. Lo vemos en el telediario. Crimen de género o crimen machista lo llaman. Otras veces es un joven el que mata a sus padres. Fumaba muchos porros ese joven, se metía mucha cocaína y tenía problemas psiquiátricos. Viene en el periódico explicadas las adicciones de ese joven. Cuando cobre lucidez, ese joven estará arrepintiéndose toda su vida. La culpa le hará triste en la cárcel, ese sitio inmundo donde quitan la libertad pero no el pensamiento ni la conciencia. En la cárcel, los días pasan lentos y rápidos los años. Una paradoja que se repite en una vida cotidiana y gris.