Estas dos amigas que voy a describir no saben ni practican la amistad. Están un cuarto de hora con cada uno que conocen y ya está. Luego, desaparecen hasta dentro de un mes. Tienen un perrito cada una y es a esos perritos a los que dedican su amor. De su tiempo, te dedican unos minutos, minutos en los que preguntan de todo. Hay veces, que si te juntas con ellas sales deprimido, de tantos problemas que cuentan. Estas dos amigas salen a la calle y pasean y, si te ven, te cuentan un cuento, pero un cuento aburrido y triste. Hace mucho que no las veo. Mejor para mi salud mental.
EL PROFESOR
domingo, 20 de septiembre de 2026
El hombre miró al pájaro y el pájaro le miró a él. El mundo, según el pájaro, estaba cambiando. Los campos estaban muy resecos, no llovía en meses, el Danubio se secaba. ¡El Danubio! Y todo hacía pensar que la ciudad se llenase de pájaros que antes vivían en el campo. En el libro se decía muy claramente: el día en que los pájaros lleguen a la gran urbe, todo se revolverá y aparecerá la señal del apocalipsis que consiste en eso: en un águila que se posará en una azotea de un bloque de 10 pisos en Alcobendas. Y sucedió y la gente miraba al águila y al cielo. Y la vida en la Tierra acabó a los 30 días.
Ya no te duele tanto el corazón, le dijo uno al otro. Y el otro contestó: no. Eso es que ya eres viejo. Pero aún quedaban muchas madrugadas que vivir y mucho aire que respirar y alguna playa que pisar con los pies desnudos. Aún quedaban conversaciones entrañables con los hijos, los hermanos, los padres. Había ganado años, años en que el sol había ido apareciendo todos los días como un seguro de que la vida no se transmutaba en catástrofe. La geografía por la que deambulaba no cambiaba, era todo un recorrido breve y conocido pero en cada día de esos que había vivido para volverse viejo, había existido un sentido, un cariño al que acudir. Ya todos hablaban con todos.
Hoy por la mañana, en Móstoles o en Tres Cantos o en Fuenlabrada una persona se ha levantado de la cama, se ha lavado la cara, ha desayunado una magdalena con un café, se ha vestido y se ha puesto a pensar en el más allá. A lo mejor esa persona se ha echado un cigarrillo, cigarrillo que ha hecho que pensara un poco más en el más allá. El más allá, sin embargo, no ha contestado a sus pensamientos, no ha dado señal de que exista. Al más allá hay que imaginárselo, hay que creérselo sin verlo ni oírlo. La persona de la que estamos hablando piensa demasiado, se pierde en futuribles, busca una respuesta válida a esta mañana de domingo, pero no la encuentra. Y el más allá sigue allí, en una región recóndita y escondida de su cerebro. No todo el mundo, por las mañanas, piensa tan dolorosamente en algo que no hay en la vida común, en la vida después de la muerte, en las quimeras del alma.
sábado, 19 de septiembre de 2026
Suenan las cornejas su carraca, las hojas verdes se agitan con la brisa de la mañana. Estamos en fiestas en Majadahonda. Ayer vi pasar a un menda con el cubata en la mano. Era la una de la madrugada. Ayer no me dormí hasta las 3. Pienso demasiado en el dinero. El dinero que tengo, lo que podría hacer con él. Podría viajar, podría darlo a algunas personas que estén necesitadas, podría gastármelo en ropas caras. Por ejemplo, en una americana de lino. Mi hermano, me consta, no piensa tanto en el dinero. Me gustaría ir a una agencia de viajes y decir: quiero ir a un playa con todas las comodidades. Iría en avión. Pero para eso hay que ir al aeropuerto y para mí, eso no es una comodidad. Claro que un jet me costaría todo el dinero que tengo en el banco. Pienso también en los euro millones. Ojalá me tocara un millón de euros. Todo sería distinto.
Mi padre tiene ya 96 años. A mi padre se le ha roto el fémur por la vejez de sus huesos. Cuando voy a verle, es él el que me da ánimos porque tiene ante la vida un optimismo contagioso. Desea volver a andar así que hace "mucha gimnasia". La pena es que se le han ido las ganas de comer porque anda con una diarrea fuerte. Este domingo le iremos a ver Paco y yo. Los domingos en la residencia son muy aburridos porque hay pocos usuarios, se los llevan a casa a comer la paella. Tiene un par de semanas más para volver a andar y no estar "como un muñeco" sentado en una silla de ruedas. Mi padre se ha esforzado toda su vida y sigue esforzándose en la actualidad.
Si hablara de cuando fui profesor o de mi pueblo o de la poca geografía que conozco o de un paseo por Madrid o de la luna que luce con luz prestada no estaría siendo original. Pero he leído muchas veces que nadie es original. Que todo se repite hasta la saciedad. Las novelas más modernas tienen deuda con las ya escritas hace mil años. Para ser original, muchos se dejaban una barba de chivo o discutían en las tabernas sobre la belleza de una mujer. O proclamaban manifiestos de corrientes literarias que querían ser rompedoras. El único manifiesto que rompió con todo fue "El manifiesto comunista". Y ese sí que fue original. Sobre todo porque aplicaba a la filosofía una praxis, praxis que no se cumplió. A lo mejor, si hurgamos en la historia anterior al comunismo podríamos ver que ya hubo algo de esas ideas en la antigüedad. Hubo, en la antigüedad, una idea social, un deseo de igualitarismo, un propósito de que la riqueza se repartiera. En fin. No hay nada nuevo bajo el sol.