Un ogro llenaba de terror el reino de Pascual, el rey. Pero Pascual y sus ministros sabían que no había tal ogro, sino una cueva por donde pasaba el viento y hacía ese ruido tan temido, tan estremecedor y tan oscuro. Pascual llevaba una economía extractiva, llena de impuestos por medio de ese viento. El ogro está a punto de llegar a las aldeas, proclamaban los ministros y ejércitos del reino. Hay que pagar a los soldados para detener al ogro. Y el pueblo pagaba y pagaba. Hasta que un pastor, siempre un pastor, averiguó el asunto, el ruido de la caverna, y quiso hacerlo saber. Y se lo cargaron. Y la gente del pueblo, por unos indicios que dejó el pastor, lo averiguaron y cayó Pascual, el rey tirano de la cueva y el viento.
EL PROFESOR
sábado, 23 de mayo de 2026
Esto del blog es como el ave Fénix, que cada mañana renace de sus cenizas y ahí está. No sé contar de otra cosa que no sean lamentos escuetos y libres sobre la vida que llevo. La vida que llevo merecería un empujón no al abismo sino a ver algo nuevo. Unas piedras, unos cielos que no sean estos de la piel de mis ventanas. Mis augurios sobre el verano ojalá se cumplan pues incluyen tormentas y agua, no un verano de cuarenta. La vida es insulsa a más no poder y me siento solo en la calle. Urano me ha dicho que cambiaré. Urano me ha dicho que asuma los cambios porque es para bien.
viernes, 22 de mayo de 2026
El mundo está lleno de investigadores, mecenas, locos, albañiles, corruptos, presidentes, alcaldes, toreros y mujeres buenas. El mundo es un sinfín de rollos raros, de trabajos aburridos, de labores de vigilancia, de intentos de suicidio, de construcciones de pisos y de mujeres buenas que crían a sus hijos. El mundo allana la obra de los criminales cuando el mundo acoge a la noche. El mundo sorprende con un amor sin igual cuando una mujer da el pecho a su hijo. El motor del mundo es ¿el trabajo?, ¿la ilusión?, ¿la fuerza?, ¿el pensamiento? Todo avanza porque el mundo avanza. Hay que avanzar con el mundo para no sentirse extraño en estos tiempos de cambio y quizás, de confusión.
Son casi las doce en el reloj. Mantengo mi ansiedad a raya escribiendo, redactando por redactar. La vida es muy breve, es torpe cabrearse con la vida. El verano pasará sin ir a la playa. Las lunas se sucederán en el aire de la noche mientras los murciélagos cazan bichitos (aéreo plancton se llama). Es triste vivir sin fechas, pendiente de una enfermedad que ataca al cerebro. Averías mentales tiene la gente alguna pero no como yo, que son críticas, globales, estructurales, crónicas. Es pesaroso sentir maldad en las horas que no pasan rápidas, que se alargan como un chicle misterioso. Es duro vivir una vida sin alicientes, sin fe en que poner el acento.
Lo que pasa hoy con los hombres que matan a sus parejas me parece que va a seguir pasando. Ya pasaba antes y de estas historias se hacían eco las comedias llamadas de honor. Un título que me viene a la cabeza es: "A secreto agravio, secreta venganza" que no sé de qué autor es pero puede ser de Lope, de Alarcón, de Calderón o de Mira de Amescua. El teatro y la novela son reflejos de la vida y la vida incluye tríos amorosos violentos, que se definen con la muerte de los traidores. La educación puede servir para eliminar de la sociedad estos arrebatos vengativos. Pero un hombre traicionado por su mujer, es un hombre herido, muy herido. No sabemos qué pensamientos corren por su cabeza pero creo que ninguno es bueno. Sin embargo, la mujer traicionada parece que no actúa como el hombre que mata, sino que se lo toma con más calma. Eso parece ser lo que ocurre con estos dramas que existen en el seno conyugal.
Tras escribir un rato, he dado un paseo, a estirar las piernas. No he visto a nadie con quién charlar. Cuando estoy un pelín nervioso, escribo aquí y se me va pasando. No sé muy bien de qué redactar algo interesante. Creo que redactaré por redactar. Las calles están bastante limpias. La gente va acicalada, con prendas veraniegas, muy presuntuosas, muy pagadas de sí mismas. La gente está fabulosa, casi. Está como si hubiera nacido ayer. Cuentan unos cuantos chismes en la calle, se divierten con chascarrillos, narran pequeñas historias graciosas. La gente se conforma con poco, con sacar al aire algún defecto del vecino, con contar algo de las vacaciones del año pasado, con decir que no somos nada.
Mi hermano ha tenido una idea: por las tardes, para que no se nos haga bola, como dicen ahora, tantas horas en casa, nos vamos a ir a eso de las 4 de la tarde a un bar, con un libro quizás, a ver pasar la hora maldita de los calores inmensos. Estudiaremos qué local puede servirnos para pasar una hora tomando un café. Pero no quería yo hablar de esta idea sino de los libros que se publican ahora. Casi todos pretenden ser de ayuda psicológica para el lector. La narración se supedita a una enseñanza de sentimientos. Los libros, hoy en día, no cuentan, sino que enseñan. Enseñan a vivir la vida. La verdad es que un libro como "Crimen y castigo" enseña bastante con lo que cuenta, no hace falta que se añadan a esta historia datos de buen vivir o de recetas para la vida. Los libros buenos son una lección en sí mismos.