lunes, 13 de julio de 2026

 Nada malo nace del cambio, pero a los humanos nos sorprenden los cambios. Vienen generaciones que ya no saben mucho de latín. Rosa, rosae, rosam, rosi, rose, rosarum, rosibus. Nominativo, acusativo, genitivo, dativo y ablativo: así son las declinaciones de los nombres en latín. El alemán actual tiene declinaciones. El alemán es la lengua de la filosofía. Si uno ama las lenguas, termina amando a aquellas personas que la hablan. Yo me siento estos días como vacío de conocimientos porque quizás no los exprese. Yo creo que todo lo que sé se va a ir por el desagüe de la inexpresividad. Yo quiero hablar de mi libro. Me convenzo de un dicho que he oído estos días: no hay que aspirar al éxito, sino a gestionar nuestro fracaso. Todo, si lo pensamos, es un pequeño fracaso aquí en la Tierra. Todo es para que nos manifestemos humildes ante el Señor. Somos de barro, humo, ceniza y gas.

 Me está costando hoy escribir. No sé qué poner estas líneas. No sé si decir algo sobre política pero no me gusta la política. No sé si decir algo del día de hoy porque no veo en el día de hoy algo especial, aparte de este cielo que me cobija amablemente. Yo quisiera dar ánimos a aquellos que trabajan hoy hasta las dos de la tarde pero no sé si esos trabajadores me leen. Los encierros de toros no me gustan. Los días en tierra firme no me gustan. Por eso alabo a la mañana que me sustenta, que está guiada por el sol, que me acoge como un albergue para las tormentas (shelter for storm). La mañana, quizás, es más que la mañana y sí una manifestación de que el mundo está bien hecho. Yo, hoy, no soy nada en esta meseta oscura. Pero la mañana sí es algo aunque la gente no la desee como tal.

 No se me ocurre nada pero ante la mañana tan fresca de la que disfruto, mi piel me sugiere escribir de algo bonito. La mañana misma es algo bonito por su perfección. Ese azul colmado allá arriba, esos árboles vestiditos de verde, ese césped mullido, esos pájaros que alientan el cielo. Todo parece combinarse para ofrecer una estampa bonita, agradable a los sentidos, única en su expresión de belleza. Pero la gente no lo nota. Está la gente somnolienta, haciendo esfuerzos para mantenerse sobria bajo la luz matutina. La gente no nota nada especial hoy lunes sino la tiranía del trabajo, las horas dedicadas a la familia cuando se regresa de un mundo hostil. Entonces la gente no mira con ojos buenos lo que tiene la mañana, esa mañana que trepa como una colmena llena de miel, hacia lo alto.

 Gitanitos y morenos son los reyes del compás, decía un verso de Gato Pérez, ese cantante rumbero tan simpático. Hoy hago jamón con melón y mañana, empanadillas. La suposición de que estamos en el mundo para algo no es más que eso, una hipótesis de trabajo para seguir viviendo. Unos dicen que viven para sus hijos y se ve que sí pero al fin y a la postre, ni los padres de familia saben qué hacen en el siglo maldito que nos apabulla con sus condiciones existenciales adversas. No sabemos nadie qué hacemos en la Tierra ni lo que vayamos a hacer en el cielo. Los que están convencidos de un destino en su vida, pronto flaquean cuando se sienten solos ante ese mismo destino. Los humanos somos gente extraña, que no nos convencemos de que la vida es incomprensible. El mundo se encarga una y otra vez de confundirnos, qué duda cabe.

domingo, 12 de julio de 2026

 Hoy he dormido mal. No sé qué habrá pasado que he dormido en duermevela. Estoy cansado. Ayer hablamos con Fede. Fui a ver el cine de verano. Me pasé de mi hora de dormir. Entre la noche me he despertado varias veces. Dormir bien es importante para mi enfermedad. Hoy hay que bajar por las escaleras un sofá del piso de mi padre. Vendrán mis sobrinos. Me llamará mi hermana para despojar al piso de todo enser. No sé si será difícil hacerlo. Iré a ayudar pero estoy como cansado y un poco nervioso. Pasaré la mañana y me echaré una siesta a ver si me espabilo. Tengo que freír pollo que compré ayer.

sábado, 11 de julio de 2026

 Lo que yo veo no lo ve nadie. Veo un sol y la brisa. Veo vecinos extraños. Veo casi el fondo del vaso vacío. Me precio de observador y veo al funcionario y al psiquiatra y al alcohólico de la cara arrugada. Amortizo con mi mirada la sed de vivir. Voy con mis ojos por delante, voy observando la pobre vida de unos que no saben ni leer ni escribir. Los analfabetos no existen pero sí existen los que ni leen ni escriben. El 90% de los españoles no escriben. Ni un pobre diario escriben. Ni un cuento de final feliz para leérselo a su hijo. Los padres no inventan cuentos para sus hijos. Así nos va.

 ¿Te gustaría hablar de libros? Solo de libros. No de mí ni de ti. Solo de libros leídos por ti o por mí. Y así pasar una hora. Yo soy filólogo, ¿y tú? Los libros, las novelas, hacen desarrollar un instinto de supervivencia grande. Queremos ser como los protagonistas de esos escritos con final feliz, enamorados, orgullosos de ser quién somos, deseosos de paz y  prosperidad. Pero está la televisión, que nos enseña a odiar, como quiere el gobierno. Y están esos parlantes obsesivos con la idea de que somos tontos, cada vez más tontos. PS y el one son el presidente de gobierno. zp ha caído en la trampa del oro. Ya queda poco para que todo caiga por su propio peso.