Todo está en los libros, decía una canción en la televisión a eso de media tarde. Pero no todo está en los libros. Viajar no está en los libros. Viajar está en un autobús o en una ciudad por descubrir. Yo quiero viajar y viajaré. Y el libro que me acompañe en el viaje, lo tendré como bueno. El día de hoy he tirado muchos libros leídos, otros que intenté leerlos y otros de los que guardo una memoria bonita. Los libros son ayudas en la educación sentimental del ser humano. Son los libros algo que nos ahuyenta el miedo a hacer cosas, a probar experiencias y a salir de un mundo inmóvil y terco.
EL PROFESOR
martes, 7 de julio de 2026
Hay libros que leo por leerlos. Solo quiero a ver qué pasa o a ver si aprendo algo. Sin embargo, hay lecturas que se me quedaron grabadas y no recuerdo nada del argumento. Eso me pasó con "El siglo de las luces", de Alejo Carpentier. Quiero decir que no recuerdo nada de la novela pero sí el ambiente universitario en el que yo leí esa novela: las aulas, el olor a humo de los pasillos, las lecciones de los profesores, las visitas a la biblioteca. Fue un libro que me enganchó. Que leí de corrido y del que ahora no recuerdo nada, solo recuerdo su ambiente idealizado que tenía yo como estudiante de letras en una facultad un tanto caótica, un tanto entrañable, un tanto formadora de mi corazón y de mi cabeza.
Los libros dejan un recuerdo, qué duda cabe. Yo recuerdo una mañana en El Escorial leyendo a Baroja, una de sus novelas extrañas sentimentales y baratas de pasiones. Me parece que se titulaba "El mundo es ansí". Y cuando fijo el recuerdo en esa plazoleta con ese libro entre las manos pienso que ya no habrá otros libros ni otras mañanas como esa, tan felices. Porque todo ya pasó. Mi novia ya no es mi novia y El Escorial ha dejado de significar aquello que significó aquella maravillosa mañana. Baroja, fácil de leer, la plazuela entre sol y sombra (era primavera) y todo ya es ceniza en los labios como dice Machado. Una ceniza que en la memoria es entre dulce y amarga. Una memoria que casi duele por perdida que noto.
Mi hermana y yo hemos hecho un expurgo de libros que había en la casa paterna. No se ha salvado ningún ejemplar. Todos han ido al contenedor de los papeles. He visto de reojo un "Tokio Blues", de Murakami. En ese libro, los tres personajes principales se suicidan pero me dio mucho gusto leerlo, está muy bien escrito. He echado a "los papeles" gramáticas de inglés, diccionarios de italiano y libros de cocina. También novelas que me han hecho pasar un buen rato y libros en inglés. En fin, el papel se supone que se convertirá en papel otra vez y así se ahorran cortar árboles. Eso es lo bueno del tema.
lunes, 6 de julio de 2026
Como hemos dicho, si pensamos en cosas bonitas del mundo, el mundo resplandecerá. A lo mejor a nadie le resulta bonito el vuelo de estas aves negras y afiladas y su chillido en el aire. A lo mejor a nadie resulta bonito los álamos que están repletos de hojas, que bullen de un verdor exuberante. A lo mejor no resulta bonito este césped tan bien cuidado que adorna mi urbanización llenándole de una luz verde como la de pasar el semáforo, llenando el suelo de un matiz asilvestrado en contra del duro asfalto. Y quizás no es bonita esta mañana azul como el mar pero en lo alto. Pero todo es bonito. Todo merece la pena apreciarse. La vecina que no puede casi andar tiene un mérito enorme y hay que apreciárselo y decir: qué bonito su empeño, su fuerza de voluntad y sus arrestos.
No hay otro tiempo que el que nos ha tocado. Es una frase. Es un dictamen sobre nosotros mismos. Puestos a poner difícil la vida, pongámosla hasta cuando escribimos sobre ella. La vida sería más fácil si pensáramos cosas bonitas que hay en ella. No imposiciones que resultan obvias como que el mundo que vivimos no será ni el de 1903 ni el de 2309. Quizás el mundo no llegue al siglo XXIII. Quizás el mundo se deshaga en mil fragmentos o millones de ellos cuando algo haga crack, crack del todo. Pero ya hemos dicho que si ponemos el acento en lo bonito de este mundo, quizás este mundo nos resulte más atractivo y mejor. Pongamos el acento en el sol: ese astro fenomenal que está de guardia mientras dormimos al otro lado de la esfera para volver a salir, fiel a todo el mundo, por la mañana.
Tanto pensar ayer en irme a Alicante y hoy es como un espejismo. Tengo la mente en blanco. No pienso en nada. Las ilusiones duran poco si no son avivadas por la voluntad. Cuatro días. Solo cuatro días para estar en la playa. Y quitarme este muermo de la ciudad. Lo planearé poco a poco. De la mañana y de los días que pasan y de la vida y de las aceras ya he dicho muchas cosas. Estoy harto de mentarlas. Hoy hablaré del gobierno. El gobierno está mal. Hay mucho corrupto; corruto, diría un amigo mío. Los corruptos van a lo que van. Vi un grafiti el otro día: los locos gobiernan, vivan los locos. No sé qué pensar de ese grafiti. Los locos deben tomar pastillas para estar cuerdos. Los locos no saben bien lo que dicen. El presidente de España dicen que es psicópata. Habrá elecciones y gobernará otra vez.