lunes, 23 de febrero de 2026

 Ayer domingo estuve a ver a mi tía Isidora en la residencia. Fuimos Paco y yo en autobús. Resulta que la residencia de mi padre y la de ella, están al lado. La residencia de mi tía la veo como una especie de trampa porque para subir al piso segundo, hay que dar una clave en el ascensor, además de que hay que tener una ficha que te dan en el mostrador que activa el ascensor, ficha que mi tía no tiene. Entonces, mi tía se tira las horas muertas en el segundo piso y de ahí no sale. Una cuidadora me dijo que no podía quedarme en el segundo piso con mi tía, así que la bajé al piso principal y salimos al patio de la fuente. Allí estuvimos hablando. A mi tía le llama mucho la atención la luminosidad de la residencia y del cielo que se ve por un vano que hacen los pasillos de la residencia. Luego, oímos música, la música de un tipo con un piano electrónico o como se diga. Tocó el tipo un tango y los ancianos bailaban. Después de oír cuatro o cinco canciones bailables, la subí al piso segundo. Y luego, ya vi a mi padre. Pero Paco estaba deseando irse y nos fuimos.

 Según san Canuto, el que tiene cara de bruto, lo es. Este chico tan majo, tan grandilocuente, era medio jefecillo porque había hablado a no sé quién en no sé dónde desde una tribuna muy encopetada. Este chico tan agradable tenía la manía de meter cuñas en la conversación y romperla. Este chico se tiró la tira escribiendo un libro de un enfermo mental que no era tal pues eran remiendos de una vida que saltaba de la página 12 a la página 48. Yo me he ganado la vida explicando cosas y la tontería que tiene este chico es inexplicable. Bueno. A este chico le preguntabas: ¿Has ido a Madrid? Y decía: sí, no, no sé. Un día me invitó a un café. Otro día habló de su papá que le pagaba todo. Y otro día le dije adiós para siempre. Pues hemos sido usuarios, no amigos, en la asociación donde él y yo íbamos.

 Un imbécil acusó a mi hermano de que iba diciendo por ahí que ese imbécil se quedaba con las subvenciones que daba el ayuntamiento a la asociación que dirigía. Mi  hermano no iba diciendo por ahí nada de esa asociación de pijos. Luego le dijo que "le iba a romper la boca". Luego me dijo a mí que mi hermano "no se tomaba las pastillas". Todo mentira, amenazas y bravuconadas del imbécil. Me dijo que yo era más pijo que los de la asociación "porque vivía en Majadahonda". Me dijo que "aquí pone que has ido poco a la asociación". Aquí pone mis cojones. No volvimos a la asociación, mi hermano casi ya ni iba y yo me cansé de tanto pijo rojo y de tanto voluntario pijo y del imbécil que no sabe ni a tocino si le untan. Eso sí. La asociación no me ha pagado en años y años ni un billete de tren ni un café. En esa asociación todo era pagar y pagar y pagar. ¿Y las subvenciones? El imbécil me dijo que "se las gastaban en un gestor". ¿Un gestor? Y mis cojones un gestor.

 Había en la asociación una voluntaria y un voluntario. Los dos vivían en urbanizaciones de lujo. Yo entré un día en una urbanización de esas. Tienen hasta carretera para ir de un bloque a otro. Yo estaba de taxista. Me quedé un poco impresionado al recoger a una hija de un diplomático mexicano. Ya digo que esos dos voluntarios vivían en urbanizaciones de estas que dan asco del dinero que rezuman. Y los dos eran rojos. Un día ya me harté porque la voluntaria contó una anécdota protagonizada por la pasionaria. ¿La pasionaria? ¿También vais a sacar a relucir a la pasionaria? Yo no pude más. Qué hipocresía. Qué contradicciones cabalgaban estas personas. Otro día, el voluntario me enseñó una foto de su casa de León. Una mansión en un monte. Yo alucinaba. Vivían como querían. No como yo. Que estoy pendiente de un enfermedad, la mía y la de mi hermano. Luego, daban charlas absurdas sobre la protección social en la ciudad. Como si les importara a ellos la situación social de nadie. Les regalé mi libro. Dijeron que era muy bueno. Pero su opinión no me sirve. Esta gente destila un no sé qué a pavo trufado.

 Los ladridos agigantados venían de esa parte del mundo mentirosa y cutre. Insisto e insisto en que tus hijos vayan a colegios con gitanos y a los míos los llevo a los de élite, formación en alemán, francés e inglés no digamos. Los morados se ponen más morados en comidas preparadas por sudamericanas y las del partido cuidan de sus hijos. Criadas y criados por todas partes: unos, a los cachorros; otros al jardín y a la piscina natural; otros, a la mansión: el salón de invitados debe impresionar por su limpieza. Luego, nos vamos a un barrio de Madrid y damos un mitin contra la ultraderecha, eso que tanto daño hace a la gente. Nuestra hipocresía exacerbada no la nota nadie, ¿verdad? Ya consultamos con las bases si hemos acertado en la compra de nuestra mansión. Las bases dijeron que sí, que ya hemos doblado el valor de la misma. ¿Esto no se llama especular? No, por favor. La extrema izquierda progre no especula. Ojalá nos vote más gente en las generales para poder llamar fascista a todo el que se meta con nosotros.

domingo, 22 de febrero de 2026

 La belarra se mete con Roig. La belarra no hace más que ladrar, como todos los de ese partido ignominioso. Había un hombre que no entendía qué era el poder. Se lo explicó un amigo, pero siguió sin entenderlo. Lo vio en las caras de satisfacción que salían en la televisión, pero no lo entendió. El poder se había desfigurado tanto que ya no lo entendió ni este hombre ni nadie. Gente vociferando en mítines: ganaremos, decían esas gentes. La vida siguió y esas caras de locura inhumana pasaron. Pasaron robando y mintiendo, violando y engañando e insultando. Y ya solo eran un recuerdo. Y vinieron otros. Y ya no se sabía por qué gritaban, por qué insultaban, por qué existían.

 Ojalá ese engendro maldito de la coalición sea barrido por la historia para no volver a aparecer nunca más. Ojalá sz pague sus correrías, sus mentiras, sus delitos, sus desmanes. Ojalá que un disparo de hielo borre a la mierda, a estos pseudo gobernantes ladrones y llenos de lujuria. En la habitación brilla el sol esparcido desde lo más alto de la vía láctea. No tengo de qué arrepentirme, no soy nadie. Pero la luz del astro rey me da realidad a manos llenas, me llena el día de contornos limpios, de fresca lumen de Dios. Me siento pletórico de amor del sol, de otros amores que han orbitado por mi casa, de la importancia de ser yo quien soy. La mañana confiada es como un descanso donde poder ver con claridad la bondad, el mal que se ejerce desde el poder, el deseo de que todos esos se vayan a la mierda de una vez por todas.