A mí me encantaría que mi hermano Paco no sufriera otro brote psicótico. Daría un montón de dinero para que ello no sucediera. A ver si Paco no se ve afectado por un duelo, por el estrés o por cualquier otro accidente de la vida que le provocara ese brote. Voy a comprar el diario, voy a pasear por la gran vía, voy a ver este domingo cómo ha surgido de la noche, voy a conocer la vida que hay alrededor de mí. A lo mejor soy yo el que tiene que aceptar la enfermedad de mi hermano y ayudarle todo lo que pueda. A lo mejor lo inevitable se solucione con poner de mi parte para que todo sea más leve.
EL PROFESOR
domingo, 4 de octubre de 2026
Sería bonito coger un taxi e ir al Alto del León a comer cabrito. Sería como cumplir un deseo inalienable. Este verano ha sido accidentado, veleidoso, sorprendente. No me ha dado tiempo de asimilarlo, de darme cuenta hasta qué punto un carrusel nos ha llevado a Paco y a mí a los límites de la cordura. La mañana surte de claridad al día, claridad que durará hasta que el amigo sol se ponga. Es de notar cómo la luz del sol lo anima todo, hasta el gusanillo ese que repta sobre la brizna de hierba. No sé qué más contar en este blog, no se me ocurre nada más. Ojalá tú que lees esto tengas buen día y lo abones con la alegría que salga de ti mismo y de nadie más.
sábado, 3 de octubre de 2026
¿ Y qué tal si te comes unas galletitas de mantequilla que compró tu hermano ayer y le dices a tu hermano que puedes ir con él a algún sitio donde haya eso que llaman naturaleza, en lo más intrincado del bosque y allí os quedáis mirando las hojas de los árboles, el río que pasa, los pajaritos que cantan? Y eso, ¿dónde está? Hay que buscarlo. Y huir de los problemas del día a día por un rato. Propongo el Alto del León. O el bosque que hay al lado de la estación de Cotos. O los caminos que van a Rascafría. O un pueblo de al lado de Somosierra. Dispuestos a andar, claro está. A buscar el camino interior cada uno de los andariegos. A cansarse del aire dulce que produce el alejamiento de la ciudad. La dulce vida viene cuando andamos.
Si lo pensamos bien, la vida es un montón de líos que hay que deshacer de la mejor manera para que esos líos no nos interrumpan la contemplación de la misma vida, que suele ser bonita a veces. ¿Cuándo vas a coger el coche y te vas a ir a la naturaleza, como se dice ahora, y vas a disfrutar de un bosque con lago incluido? Cuando resuelvas los lazos que te atan a otra gente, cuando resuelvas el sudoku de vivir rodeado de cuerpos exigentes, de cuerpos que te alinean en el comedor y en tu habitación, coge el coche y lárgate una tarde y estate debajo de los pinos hasta que te mueras de gusto. O hasta que te aburras de contemplar con larga vista un río, un árbol pleno, un camino de cabras, una lucecita en el puerto, un pájaro que andaba por allí.
La ser y el país se dan cuenta ahora de lo importante que es la vivienda. La propaganda de el psoe, también. Todo es vivienda. Viva la vivienda. Una vivienda para mi menda. Pero bueno. Yo no estoy muy centrado hoy para escribir. Me he levantado muy tarde, he hecho una tortilla de patatas y eso era lo importante de hoy. Ya tenemos para comer. La vida se conjuga como un verbo, como el verbo aguantar, quizás. Yo aguanto, tú aguantas, etcétera, etcétera. Vi una película ayer de esas del destape, se le veían las tetas a un personaje femenino. A lo mejor hay que decir personaja, no sé yo. Resulta que ahora sz apela a la conciencia del pp, después de descalificarlos durante toda su vida política. Hay que ver, qué cosas pasan.
viernes, 2 de octubre de 2026
La historia con mayúsculas no tiene vuelta atrás. Y nuestra historia personal, tampoco. Lo que hayamos hecho mal, ahí queda, como un pegote que se queda en nuestro costado para siempre. Y vamos bien si ese error cometido no nos lleva a la puta calle a pedir. Si no triunfó el comunismo en su momento de expresión filosófica y práctica, no creo que triunfe ya de ninguna manera. Si anduvimos en la vida llenos de gastos que no controlamos, hoy nos vemos sin un duro. Me tengo que duchar esta tarde. El día está nublado y gris. Las cosas, simplemente, pasan sin que nos demos cuenta. Pero siempre parece que hay una responsabilidad que nos pica en la cabeza.