Estoy tan contento de haber visto a mi familia unirse para resolver un problema de salud de mi hermano que casi no me lo creo. Todos apoyaron, hicieron, arrimaron el hombro. Yo desconfiaba bastante de ellos hasta que los vi entregarse a una causa común. Y ahora ya no pienso mal de ellos como hacía antes. Y es muy bonito sentirlo. Que se puede contar con ellos. Que la vida es de otro color para mí desde esos días en los que todos se prestaron a ayudar a mi hermano. Ahora lo que deseo es que mi hermano luche contra la enfermedad y no vuelva a recaer en un estado de mala salud mental. Para ello, debe huir del estrés y de los conflictos y del aislamiento.
EL PROFESOR
sábado, 14 de marzo de 2026
Hay gente que busca una dentadura. Los malos hábitos, el no lavarse, han hecho que pierdan su dentadura natural, con la que masticaron en su día los alimentos. Por eso es que hay tantas clínicas dentales. Luego, hay otra gente que va perdiendo la vista. Una enfermedad, como la diabetes u otras han hecho que los ojos ya no funcionen y vean mal hasta el punto de no ver en absoluto. Para los ojos hay peor remedio. Los ojos son tejidos de precisión en los que intervienen muchos elementos. No se sabe tanto de los ojos como de los dientes. La vista depende de la presión arterial, del cristalino, de la córnea y de otros delicadísimos órganos de los que, ya digo, no se sabe mucho.
A veces pensar en mi edad me produce un gran vértigo. También al pensar que no iré a la playa este año me produce otro vértigo diferente. La vida está montada así. Hay gente que viaja como Phileas Fogg y otros, como yo, que no viaja en absoluto. El coste de la vida nos va atrapando, como a la paloma supermana de la canción. Vuela, vuela, tú no dejes de volar, de España hasta Portugal. La cultura puede estar en un folio en blanco de un triste escritor que no sabe que su prosa es buena. La pintura es algo sublime, se expresa en colores, en contrastes pero a mí no me gusta la pintura, me han gustado siempre más las palabras, los chistes y chascarrillos que me contaban las personas adultas cuando se ponían divertidas. El ojo del huracán ya se cierne sobre todos los países. Paga siempre el consumidor, el ciudadano pagano.
viernes, 13 de marzo de 2026
Yo duermo como un bendito todas las noches. Mi hermano coge el sueño muy rápido cuando se acuesta pero se despierta a las 5 de la madrugada. Luego, se vuelve a dormir. Las lunas son panderos de gitanos que rompen la noche con su fulgor, que la vuelven insomne con su luz de plata. Iremos a Madrid una tarde para venirnos con un montón de visiones estrambóticas y lúcidas de gente que va por la vida llamando la atención. ¿Hay que ser discreto en la vida o dar la nota? No lo sé pero ambas opciones son válidas. El que pasa por la vida sin que se le note habrá muerto en vida ya antes de morir de verdad. Y solo tenemos una vida, así que es válido hacer ruido con las prendas que vestimos mismamente.
Hoy voy a cocinar un risotto de setas. No es muy difícil pero yo nunca lo he hecho. Me ahorraré así tener que comer en el restaurante. Tengo que comprar parmesano rallado, mantequilla y setas. Y quizás, perejil. Perejil es palabra sexual. Representa los pelos del pubis de las mujeres. La vida se antoja serena, sin preocupaciones más allá de qué se hace para comer. Como decía el poeta vallisoletano Jorge Guillén, el mundo está bien hecho. Es difícil creer en el cielo cuando se está bien en la tierra. Las nubes pasajeras anuncian un día de sol, un día de sol que se meterá muy hondo en mi alma hasta hacérmela crujir de gusto. Los montones y montones de cartas que escribieron algunos se guardan con celo a ver lo que dicen. Yo, sin embargo, no he leído nunca el género epistolar. Yo, de la novela no salgo.
Había pasado de no confiar en los miembros de su familia a darse cuenta de que todos arrimaron el hombro cuando su hermano tuvo un brote psicótico. Llamaron al 112 el mismo día que no sabía qué hacer con su hermano: si llevarle a urgencias en un autobús. La policía llamó a nuestra puerta y allí estaba la ambulancia. Mi hermano no se negó a entrar en ella. Luego, el traslado al hospital de Torrejón. Allí, dice mi hermano, le trataron muy bien. Había pocos pacientes. Me llevaron mi hermana y mi cuñado a verle un lunes y yo me alegré un montón de verle tan sereno. Luego, una tarde fui yo en taxi a verle y paseamos por la calle un rato. Mi sobrino nos llevó a que le dieran el alta, después de estar un día entero en mi casa. No estaba mi hermano muy católico pero ese día, viernes, durmió bien y al otro día se levantó bastante bien. Mi familia se ha portado muy bien conmigo y con mi hermano. Ahora estamos bien pero el duelo de mi padre será una prueba para mi hermano. Y espero que mi hermano sepa gestionar su estrés y no meterse en conflictos para que no le dé otro brote.
jueves, 12 de marzo de 2026
En la parada de autobús de Majadahonda le gente es igual que mi hermano y que yo. Quiero decir que todos visten como mi hermano y como yo. Nadie destaca. Excepto una vez que vi subir al autobús a un tipo menudo con una chaqueta vaquera con motivos de rock and roll duro y unas manos como alicates. Me sorprendió el tipo. Seguro que había soportado trabajos duros y oído conciertos duros también. Dejó en mi alma una aroma a madrugadas y paletas con cemento. Otra vez una chica vestida de negro pero con camisola blanca se puso a cantar en inglés a su amiga y me sorprendió también mucho, no dejaba yo de mirarla, precisamente porque la admiré todo el trayecto a Madrid. Una vez en Madrid, en el llamado intercambiador de Moncloa, la tromba de gente que camina de un lado a otro, por pasillos larguísimos, me subyuga, me subyuga más que lo haría cualquier droga u orgasmo que tuviera yo en alguna ocasión. Quizás exagero, no sé. Pero es la impresión tan bonita que tengo de ver tanta gente junta avanzar a destinos que ni me imaginaré nunca.