El ramaje de los dulces sauces, el césped ameno, los perros que ladran, la vida que no se sujeta, el espíritu burlón de la mañana que surge, el aperitivo de un día que va a ir tranquilo y sedoso y lleno de ventura. Las plazas de los pueblos, muy tranquilas, van llamando a los vecinos a que disfruten del sol. Una vitamina que sale gratis, un accidente diario, un disco lleno de luz y ánimo para vivir. Una estrella que expande la luz, que llena de azul el cielo, que habita nuestros corazones, que crea las cosas porque las alumbra. El día merece que seamos felices. El día de hoy puede ser la confirmación de la primavera verde y llena de flores que lucen sus colores gracias a la luz de Manolo, de Lorenzo, de nuestro querido astro.
EL PROFESOR
martes, 19 de mayo de 2026
La escritura crea belleza si nombras con ella las cosas bonitas de la vida. Este día me he levantado exultante, con mucha vitalidad. Espero que hoy surjan espíritus estupendos a mi alrededor. Yo no soy Ana Frank. Yo no soy Hemingway. Soy todo lo que este día me depara, una sonrisa permanente para transitar las horas que vienen. Un deseo enorme de existir en la mañana y en la tarde y en crepúsculo anaranjado de las 9 de la noche. El día está muy bonito de vivir. La transparencia del cielo llama a respirar con fuerza. La vida empuja, saluda, hace enorme las ganas de vivir. Vive y sé feliz todas las horas, todos los tiempos, todos los aconteceres.
Tengo que hacerme un análisis de sangre. Pero no me gusta la hora a la que me lo han puesto. Y llamo al hospital y no me cogen el teléfono. Y eso que hay 5 teléfonos para llamar. La administración en España es para llorar. La administración en España se ríe del usuario, le veja y le maltrata y no le hace ni caso. Es penoso llamar a cualquier sitio. Sale una musiquilla y luego te dicen que "todos los operadores están ocupados. Llame más tarde." Luego, llamas y sigue la musiquilla. Una musiquilla horrorosa, una musiquilla que degrada al usuario a un ser renqueante y torpe que se queda sin saber qué hacer. Y eso que en el volante te instan a llamar si no puedes acudir a la cita. Es todo muy español, muy laxo, muy de aquí.
lunes, 18 de mayo de 2026
No me entran ganas de leer. Leyendo imaginas mundos aparte del tuyo y todo eso, pero no tengo ganas de leer. La mañana se va pasando y luego haré la comida. Quizás el jueves haga un conejo al ajillo. El truco está en freírlo bien, que se tueste. He llamado a mi sobrino y también a un amigo. Están bien. La vida es un recordatorio de la muerte. Es como el lado visible de la moneda cuando esta está tumbada sobre el suelo. Hasta que se haga la hora de leer, voy a escribir. Escribir me consuela, me hace tilín en el cerebro. Escribir de algo, quizás hace que se olvide ese algo. La luna está ahí. Y el planeta al que refiere. Debemos estar tranquilos ya que nadie nos persigue más que el paso de los días.
Hoy no me salen cosas divertidas pero ya dije una vez que el lunes no hay que estar pensando en el viernes. Hay que disfrutar el lunes como se disfruta cualquier otro día. El que tenga la habilidad de apurar las horas del lunes pues puede sentirse orgulloso y satisfecho, como el rey emérito. Hay que salir de la capital, hay que tumbarse en la hierba a tomar al sol ahora que ha salido. Hay que echar unas horas en el trabajo y llevarlas bien. Al trabajo, con alegría. Y el lunes ha de pasarse en armonía vital, en conciencia de ser humano contento y satisfecho consigo mismo. Una buena compañía el lunes puede valer mucho más que un viernes con mala compañía.
El lunes quedamos con Fede. El martes fuimos a Colonia Jardín. El miércoles fuimos a ver a nuestro padre. El jueves quedamos con nuestra cuñada. El viernes estuvimos sacando cosas del piso. El sábado quedamos con nuestro sobrino. Todo un carrusel de ir y venir a los sitios en autobús. A veces, el autobús nos agobió. Otra vez se montaron chavales que empezaron a gritar y a empujarse. Otra vez no supimos bien qué pintábamos allí. Esta semana no hago nada, ni me desplazo ni voy a ningún sitio. Solo escribir aquí historias raras, excéntricas, olvidadas desde que se escriben. Nada merece la pena ser recordado. Nada vale el hecho de que quede en la memoria.
Este era un hombre que padecía de los nervios y un día le invitaron a cenar. Nunca le habían invitado a cenar, así que pensó que el que le invitó a cenar quería algo de él. Y se puso muy nervioso. No era mala persona el que le invitó a cenar pero era casi un extraño para él. Y empezó a pensar y pensar cuestiones como la casa del pueblo, los niños, el prado grande, etcétera. Y cuando acudió a la cena se sentó y esperó mientras cenaba. Pero el que le invitó a cenar habló de vaguedades, de cosas absurdas, de lo cotidiano. Y se le pasaron los nervios. Y al acabar de cenar era ya muy tarde. Y esta historia no me ha salido muy bien, no tiene sentido alguno. Como muchas de las cosas de la vida.