viernes, 5 de junio de 2026

El minutero no se cansa. Las horas vuelan. La providencia a veces nos salva. Es estúpido no darse cuenta de las cosas buenas de la vida y no vivirlas. Los amigos ríen, se cuentan sus cosas. La playa es ese lejano rumor que no llega a Madrid. Los versos cuentan, como las novelas, como los niños que juegan: mamá mira, mamá mira. Hay unos dulces frutos pasada la juventud que se pueden disfrutar toda la vida. El rumor del agua, el silbido del viento y el crepitar del fuego siempre nos acompañarán de una forma u otra. Los lunes son como los lunes y en los viernes hay otro palpitar. Me alegro de comer con mi sobrino y de hablar por teléfono con mi hermana esta semana. La familia ya es un tubo comunicante, ya es, por fin, una unión de pareceres.

 Me parece que yo he leído bastantes libros a lo largo de mi vida y me ocupo de seguir leyendo todo lo que puedo porque los libros son, a menudo, muy interesantes, son una lección de vida y se basan en realidades que quizás algún día me tocará vivir a mí o ya las he vivido. Los libros no son más que amigos que me acompañan en una sucesión de personajes a los que les pasan cosas, como me pasan a mí. Yo tengo un tendencia, a veces, de que estoy en un sitio y quiero contar ese sitio. O sea, mi mente se pone en modo novelista y empiezo a contar mentalmente lo que veo o siento. Los novelistas que consiguen atrapar el momento, captar la acción o el diálogo inventado pero sacado de una realidad y esa realidad es atractiva, esos son buenos.

 La vida pasa y no sabemos del todo para qué pasa. Un padre de familia tiene su sentido en cuanto que vive para su familia que ha formado. Pero ni aún así sabe ese padre o madre de familia para qué pasa la vida. Estamos como inválidos frente a la vida en el sentido de que no tenemos la certeza del vivir a cien por cien resuelta. Comentamos casos tristes y nos entristecemos nosotros mismos y una sombra negra recorre nuestra frente. Somos vulnerables, somos una pieza de ajedrez en un tablero tonto y sin sentido. Somos lo que queremos ser cuando la vida nos mantiene felices y con cierta estabilidad pero ya digo: no sabemos del todo ni qué somos ni lo que pintamos en esta perra vida. Así nos hizo Dios: la perfección de la Creación y también las piezas que pueden caer de un momento a otro.

 Hay escritores que juegan en primera división, como lo hizo Vargas Llosa. Pero a mí, "La ciudad y los perros" y "Conversación en la catedral", no me gustaron. Me gustó "La tía Julia y el escribidor". Digo que hay gente escritora que es encumbrada a los altares de la literatura. Otros, como yo, intentamos escribir a eso de las 4 de la tarde y no estamos motivados siempre, pero tenemos escritos entretenidos como el que más. Y llenos de imaginación. Lo que pasa es que somos desconocidos. Me pregunto si habrá otra gente como yo que escribe y no es notada en el mundo de las letras. Y no me pregunto, sino que casi sé que la hay. Hay gente que, cuando viene del trabajo y descansa, se sienta a escribir su novelita o su relato porque tiene esa vocación. Y luego lo leen los amigos o publica una tirada breve pagada de su bolsillo, como yo hice con "El profesor enfermo", que no es muy mala novelita del todo. En todas las profesiones hay escalones. No todo el mundo es conocido por lo que hace, pero lo hace.

jueves, 4 de junio de 2026

 Resulta que tengo que cumplir un horario y estar la mañana ocupado pues me he levantado muy pronto. Y, aunque no escriba más que chorradas, voy a estar escribiendo blogs de estos hasta el hartazgo. Aunque demuestre poca clase al decirlo, es lo que hay. Mi pueblo, a estas horas, ya anda bastante despierto. Pero despierto para poca cosa, me supongo. Algunos trabajan (y viven) en Segovia; o sea, que no se los nota en la población rural. Muchos quintos míos ya no viven en el pueblo, el pueblo da poco trabajo. Mi pueblo está bien situado (cerca de Ávila y cerca de Segovia) pero no se sabe aprovechar en mi pueblo tal tesitura ni para vender melones al lado de la carretera. Mi pueblo se va gastando de gentes y de acontecimientos pero siempre hay una fiestecilla que montar. En mi pueblo se bebe mucho y luego se habla de lo mucho que se bebió cierto día. Y que a uno, se le cayó el cubata y ja, ja, ja, ja. No encuentro en mi pueblo a ningún amante de los libros, de la lectura. No hay en mi pueblo otro como yo. Y no es autoadulación. Es una verdad.

Aquí, en la ciudad, siempre hay ruidos. Siempre hay una obra, una reforma, una reparación municipal. Golpes y chirridos toda la mañana. Claro, algo tenía que tener vivir en la ciudad. También hay en la ciudad una biblioteca con títulos de los años ochenta, de parejas "que viven su particular crisis". Todas las novelas de esa biblioteca son así, de matrimonios que "sufren sus diferencias en una isla a la que van de vacaciones". Yo, la verdad, vista una mujer, ya he visto todas. Lo que quieren, después de juntarse contigo, es mandar y mandar en todos los órdenes de la vida. Y acaparar todo el dinero posible. La novia que yo tuve no quería hijos. Me lo pasé bien con ella, que duda cabe, pero también discutí muchísimo con ella. Las gallinas que entran por las que salen. Pero casi que no me gustó. Cogió ella envidia. Regañábamos. Un rollo. Ya no la quiero ni ver ni como amiga. Ojalá encontrara yo en mi vida a una escritora. Creo que entonces, yo lo pasaría bien. Pero, ¿dónde está la escritora?

Tengo yo dos amigas que aparecen un fin de semana y luego desaparecen durante tres meses. Este tipo de amigos podría desaparecer definitivamente de mi vida y yo no lo notaría en absoluto. Así que ayer me encontré con una de ellas y desaparecí, no quise ni saludarla. Las dos, que tienen un comportamiento muy extraño, por lo que cuento, no sirven para nada, es mejor olvidarlas y no verlas. Están también un poco como las maracas de Machín. Las dos son vigoréxicas y casi no comen nada más que productos especiales y gilipolleces. Se llenan la cara de cremas y quieren aparentar menos años aunque ya pasan por mucho la cuarentena y la cincuentena. Se critican la una a la otra cuando me ven y yo ya no tengo ganas de escucharlas ni de verlas. Así que ya, punto y final. Que las escuche su madre.