jueves, 5 de febrero de 2026

 Hay una oleada de solidaridad entre la gente que los estados fomentan porque saben que es bueno que la haya. Los anuncios publicitarios inciden en muchos casos en esa comprensión interfamiliar o de amistades o de gente profesional que ayuda a los demás. Para que haya solidaridad hace falta, primero, empatía: saber de qué cojea el prójimo y saber así cómo ayudarle. En una red de amigos, parejas y niños se sabe lo que sufren, lo que necesitan cada uno. Un poco de compañía en la que el oyente escucha a su interlocutor, puede resolver uno o varios problemas a la vez y, el primero de ellos, la soledad, que es muy mala. La soledad mata casi más que el tabaco. No esté uno nunca solo del todo. Es una máxima que habría que hacer correr y cumplir en todos los casos.

 Dice mi hermano Paco: más vale que cambie el hombre, la humanidad, que no el clima.

 Juan José Boliches era un gran conductor de autobús urbano de la EMT y hacía el recorrido Moncloa Retiro en media hora sin tráfico. Nunca lo hizo en media hora, calcula Boliches. Juan José Boliches era del Atleti pero nunca iba al Wanda. Así que era atlético no practicante. Y lo que más le jodía a Juan José Boliches era que le llamaran Juanjito. Como era soltero, sin mujer ni hijos pues le llamaban Juanjito pues todo los que le conocían daban por hecho que nunca había estado con una mujer en la cama ni en el asiento de atrás de su Polo. Juan José Boliches entró un día en el bar y gritó: no quiero que me llaméis Juanjito nunca más. Yo soy Juan José a partir de ahora. Y a una chica que allí estaba, a la que llamaban Isabelita por el mismo problema de soledad sexual que Boliches, le hizo mucha gracia el chico. Como las mujeres, en materia de amor sentimental saben mucho, se ligo a Boliches. Y fueron los dos al Wanda y vieron marcar por fin a Julián Álvarez.

 Extender la mano, darse dos besitos, uno por mejilla, agarrar el hombro del que tienes al lado. Son actos de fe en el ser humano, sea este de tu familia u otro con el que has estrechado un sentimiento bueno. Cuando vas en el metro, todo el mundo va a sus cosas y no se fija en el prójimo. Hay que fijarse en el prójimo en el metro mientras un tipo con guitarra canta eso de: era un amor sin igual. El metro es humanidad concentrada, es sudor, es choque de gentes que se aman porque trabajan, porque sus vidas atraviesan la luz del día como lo hace una bandada de gorriones por la calle Fuencarral. Y nada más. La gente se apelotona unos momentos en un vagón y hay algo que se enciende, algo así como un buñuelo cuando toma contacto con el aceite hirviendo. El obseso del vagón se toca mientras piensa en ti.

 En el ABC, hablan de la tradición que tiene EEUU de comprar territorio para su nación. Así lo hizo con Luisiana, Florida y muchísimo territorio que era de México. Ahora, Trump, fijándose en presidentes anteriores, quiere Groenlandia. ¿La podrá comprar? ¿O vivimos en tiempos que eso no es posible? No creo que recurra al ejército para conseguirla. Eso sería una aberración absoluta. No sé si se conformará con una especie de protectorado al modo colonial. Trump es un salvaje. Lo ha demostrado. A ver si la comunidad internacional le para un poco los pies y hace que reflexione un poco.

miércoles, 4 de febrero de 2026

 En inglés dicen: It´s raining dogs and cats. Están lloviendo perros y gatos. Me recuerda a los inviernos antiguos, cuando llovía bien. En Andalucía se desbordan los ríos. La gente se asoma a la calle y dice: hoy tiraré de lata por no salir. Las carreteras se atascan y hay que tener paciencia. La radio ayuda mucho a tener paciencia. Decía el verso de la santa abulense: con la paciencia todo se alcanza. Los libros ayudan a evadirse, a vivir sensaciones de otros. Como el libro sobre Vicente Aleixandre que me estoy leyendo. El tipo sufrió tuberculosis nefrítica, enfermedad que quizás hoy solo exista en países pobres. Por eso digo que no debemos quejarnos ya que a nivel sanitario y de confort y de bienestar, vivimos mejor que los reyes absolutistas del siglo XVIII. Los niños escolarizados son como las raíces de los árboles que serán tronco y copa en el mañana. Enseñémosles a que no tengan miedo de preguntar si tienen dudas.

 El otro día me llamó mi sobrino. Me llamó quizás por estos días de atrás. No suele hacerlo. Le dije el otro día que, si pasa por la ciudad, que nos llame para ver a los pequeños. Hablamos de la profesión. La profesión de mi sobrino hace que se cargue la espalda y tiene que recurrir al fisioterapeuta. Dice mi sobrino que todo el mundo va al fisio. Mi profesión ha sido más de darle al coco, como explico en mi novela "El profesor enfermo". Ante una cuadrilla de locos adolescentes hay que estrujarse el cerebro para que no haya que chillar más de la cuenta. Dice mi sobrino que no explota el taxi a tope, que prefiere pasar más rato con sus hijos. Yo le dije que la gente busca ocio. En otro blog yo ya dije que, igual que se consiguió el descanso dominical, se encontrará algún día la conciliación trabajo/familia. Y que se dejen de lo homosexual y lo trans. Lo importante son las familias que tiran de la economía. Las demás monsergas sexuales están de más. Me quedé muy contento de haber hablado con mi sobrino. Dice cosas razonables. Dice cosas de trabajador y padre de familia.