Cuando estuvimos en Gijón dimos muchas vueltas por el paseo marítimo. Nos hartamos del paseo marítimo. Lo más curioso que vi yo en Gijón fue un círculo grande de sardinas dando vueltas sobre sí mismo. Eran las sardinas como nosotros: venga dar vueltas. Los bares de Gijón son apestosos. En cada bar había una vitrina con un bollo rancio y asqueroso. Yo leía los periódicos locales y en ellos siempre salía una reyerta nocturna saldada con un muerto o un herido. Gijón a mí no me gustó. Me bañé en la playa solo una tarde porque Paco no quería exponerse a las olas y a la arena. El hotel en el que estábamos era de gente estirada y trajeada y nosotros dábamos un toque vulgar, con chanclas y sin corbata. Vaya rollo Gijón. Fuimos a Oviedo. Fuimos a Avilés. Tus cabellos dorados parecen el sol.
EL PROFESOR
miércoles, 16 de septiembre de 2026
martes, 15 de septiembre de 2026
Alrededor de mi casa, siempre suenan ruidos. Esta mañana es una motosierra que quizás esté podando. A lo largo de la jornada suenan sirenas, suenan pitos de coches, suenan voces de gente, suena el agua de la piscina. Y así. En la plaza de mi pueblo, no suena nada. Me la imagino así: un silencio, una quietud inmensa. Un cuadrado que hace el ayuntamiento y cuatro casas que no despiden ni un sonido, ni el más leve sonido. El silencio es fundamental para los seres humanos. Los seres humanos aman el silencio. Nos hacemos en el silencio cuando pensamos. Nos gusta el silencio porque parece que las ideas surgen en él, las grandes ideas, la emoción más bonita. Se daría dinero por el silencio.
Vengo de la cocina de beber agua. Beber agua es fundamental. Quizás también sea fundamental tener un piso a pie de playa, quizás un piso doce desde donde ver el mar de lejos. Quizás también sea fundamental tener buena salud mental, no ser un psicópata sin empatía, no ser un esquizofrénico o padecer un trastorno bipolar. Hay lo que se llama psicópatas integrados; o sea, enfermos de la mente que no se notan en la sociedad pero cometen delitos como los demás delincuentes porque no les importa nada los demás. Los demás son solo una excusa para ellos, para triunfar en la vida a costa de ellos, robando y quizás matando si hace falta. Los psicópatas miran pero no ven, dicen pero no hacen. No mueven un músculo por los demás y además, abusan de ellos.
A partir de ahora, no compraré más libros. Me han decepcionado casi todos los que he comprado. Saqué uno de la biblioteca y me dieron un mes para leerlo, tiempo de sobra. Ahora estaré con dos libros que tenía yo en los estantes: "Cien años de soledad" y "Ulises". Los leeré despacio y disfrutándolos pues son libros que tienen una categoría internacional aunque el último es difícil, muy difícil. Solo leeré el primer capítulo y ni eso porque tiene la letra muy pequeña. No sé por qué los editores de libros no tienen en cuenta la letra de los libros, que traen muy pequeñita. Es una vergüenza que libros de 200 páginas traigan la letra inmunda de leer. Suena una moto. La casa está tranquila. Temo al futuro difusamente. Solo se aturde si se entera.
Estamos en un mundo muy difícil, con recelo al otro, del que no sabemos si es de esto o de lo otro. Hay guerras, invasiones de países, alta tecnología que amenaza al ser humano en vez de ayudarle. Hay fuertes adicciones: drogas, móviles, sexo, etcétera. Todo se usa sin moderación. La gente anda por la calle con gesto preocupado, serio, amenazado por muchas amenazas. Las familias ya no son lo que eran. Los niños se comportan mal, exigiendo. La vida parece continuar poniéndonos obstáculos nuevos cada día. La política en España no se sabe dónde va, qué propósitos tiene. Se acabó la playa, lugar idílico donde lucir el ombligo. Ahora, en las calles, como decía el poeta, todo es guerra.
lunes, 14 de septiembre de 2026
"Misericordia", así se llamaba la obra que yo expuse torpemente en la encerrona cuando hice la sexta oposición de mi vida a profesor de secundaria. Antes de entrar en el aula de la encerrona, Mari Luz se despidió de mí. Yo, de Mari Luz no estuve suficientemente enamorado como para ir a Aranjuez y pasar un día con ella. Hubo misericordia en la evaluación y aprobé. No recuerdo en qué barrio hice esa oposición que sería, a la postre, fundamental para mi vida. Quizás lo más importante que he hecho en mi vida. Y a día de hoy, lo más importante que tengo que hacer es evitar otro brote psicótico de mi hermano. A ver si lo consigo.
La ciudad le había sido hostil desde primera hora de la mañana, cuando tuvo que aguantar una advertencia del inspector jefe: como esto no esté mañana por la mañana, piense usted que le abriremos un expediente. Luego se cruzó con ese hombre que conoció en las clases de cerámica y, al ir a decirle hola, le dijo: tengo que ir a por tabaco. Habrase visto tal grosería. Luego vio una mujer muy guapa por la calle que le dijo: no me mire tanto el culo. Y encima había pisado una mierda de perro. El futuro se estaba volviendo muy oscuro. Hasta que fue a mear al bar de los sándwiches. Y había una música envolvente que le acarició por dentro. Y un frescor que despedían las baldosas azul clarito. Y se sentó en la taza y le vino una mierda muy aliviadora. Y ya estuvo toda la santa mañana allí sentado, oyendo jazz de los negros de Missouri. Allí sentado como si estuviera muerto, como si estuviera desterrado de la ciudad, como si su vida solo cupiera ya en ese cuarto de baño, como si la paz le hubiera venido a visitar en forma de agua corriente.