domingo, 31 de mayo de 2026

 Ojalá ayuden a mi hermano a no tener que pasar por otro brote psicótico. Ojalá que la Tierra se salve de este deterioro atmosférico maldito y vuelva a haber primavera y llueva en primavera y no se queden secos los campos ya en mayo. Y vuelvan los saltamontes. Mi  hermano debe huir de los conflictos, del estrés y del duelo y de estar triste. Mi hermano es fuerte de mente mientras está bien pero cuando tiene que hacer de chófer de la familia, recae. Es el estrés. Mi hermano tiene grandes dosis de paciencia cuando está bien. Tengo que imitarle y pasar largas horas en casa a la sombra, al refugio del calor. Voy a comprar el periódico y comeremos pescado con ensalada de berros.

 Palpamos el espacio definido por los muebles. Continuamos en el rol del ciudadano medio. Ya la política nos da igual. Parece que la gente no quiere que gobierne la derecha. Los mosquitos se cuelan por la ventana y hay que aplastarlos. La vida va surgiendo de los cuerpos cuando se mueven, se besan, se desean buenos días. Otra mañana ajena a lo nuevo. Pero lo nuevo es vivir, tan solo vivir soslayando el middle west, la plaza de San Marcos de Venecia y la bahía de Nápoles o de Cádiz. Lo pasamos bien en el barco. La mar estaba en calma. Las luces de las ciudades por la noche hacían que olvidáramos nuestro propio ser.

 Es difícil sustraerse y convencerse y concentrarse en historias que deben continuar. Una de ellas es cuando estuvimos en el pueblo con mis padres. Otra puede ser la historia del desahuciado. Otra, la de las islas canarias. En este año he aborrecido mi capacidad narrativa. Creía que ya había llegado a un fin. Pero puede servir de entretenimiento esa actividad en cuanto que puedo contar sin juzgarme, ya que no tendrán resonancia esas continuaciones. La luna brilla en la noche como una vedete. Las estrellas ya no se ven. Pongamos que hablo de Madrid. Pongamos que hablo de mi ciudad atónita ante los acontecimientos consuetudinarios que suceden en la rue. La vida ya no sabe sorprender pero estamos vivos. Demos gracias a Dios de que estamos vivos. 

sábado, 30 de mayo de 2026

Pelea tu vida por las calles de la ciudad. Te enfrentas a una riada de soledad. Caminas y dices hola a cualquiera. Las esquinas se ofenden de tu paso aburrido buscando la puerta. La dinamita de Dios te abre en canal las entrañas, te las llena de metralla, te las oculta a otro ser que anda por las mañanas haciendo la guerra. Los pasos son siempre los mismos, la cucaña solía estar en la plaza, a la vista de todos. Es cucaña la que subes andando por las aceras. No hay nadie ni nunca lo habrá. Solo te quedan los oídos de un hermano que escuchan brevemente tus lamentos oscuros. No estás solo. No vacíes tu esperanza en la calle, vacíala frente al ordenador.

 Un hombre gordo está sentado en el bar de los montaditos. Aparece una chica muy joven y muy bella. El hombre gordo y yo la miramos porque la chica es de mirar y admirar. Apenas pasa el tiempo. Un tropel de aquí nos anuncia los objetos que nos rodean. El cantante único que es el sol, respira calor muchos kilómetros más allá. No nos damos por vencidos aunque el aire esté irrespirable. Comemos melón a mediodía. Las gaviotas chillan y chillan muy lejos, muy lejos. Yo quiero acabar de decir que la mañana se rinde al feísmo de la soledad. Hay a quién contar una historia desafortunada. No estoy solo pues.

 Mañana iría a los asientos pero al final, no iré. Me pesa pues vería naturaleza. Dejamos en los merenderos muchas historias contadas. Un zorzal pía a lo lejos. La manera de no caer en el despropósito es no aliarse con la fortuna. En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo. De barro nos hizo Dios. Pulula por el cielo un aire calentorro, del sur quizás. Las gentes charlan animadamente en la mañana del sábado. Las mañanas tienen eso: que son las primerizas del día, paren el día y luego el día va creciendo. Las bombonas de butano chillan de furor y hacen fuego. El sol parece una bombona de butano algunas veces. Y la vida, un metro a punto de partir. No voy de excursión y me pesa, me pesa en el corazón.

viernes, 29 de mayo de 2026

 Me está costando escribir esta mañana. Porque quizás no hallo bondad en la Tierra de que escribir. Las gentes se pliegan al deseo más burdo y a la envidia de los millones en vez de pensar que cada vez somos más iguales económicamente. Que solo ha triunfado Nadal con su raqueta es pensar que se es muy desgraciado. Es mejor pensar que el vecino disfruta de lo mismo que tú. Que también va a Gandía a pasar el verano. Pero no. Deseamos lo ajeno con apetito de buitre. Deseamos lo muerto, lo que nunca tendremos. Es todo tan ridículo como tener muy poquita personalidad. Disfruta de tu vida, pazguato, y no adores lo que tienen otros. Mentira es tu vida si deseas la de otros. Esta mañana no sé de qué escribir porque no veo un hombre ni una mujer enteros de alma.