viernes, 18 de septiembre de 2026

 Tenía yo un amigo al que conocí en el instituto "San Cristóbal de los Ángeles". Se llama José María, si es que todavía vive, pues hace ya 14 años que no le veo. Se sabía todos los horarios de autobuses de toda la sierra de Madrid. Organizaba excursiones por Guadarrama para todos sus amigos. Era un gran andarín. Un día fuimos desde Cotos a Rascafría andando. José María era de un pueblo que llaman blanco, en Cádiz. Era un gran amigo hasta que se echó una novia que me cogió una manía tremenda. Todo eran críticas a mi persona por parte de ella. Luego, tuvieron una hija y todo se estropeó entre nosotros. Un día le llamé por teléfono y le reproché un montón de cosas. No me volvió a llamar. Perdí una gran amistad. Pero fue el que me avisó de que mi relación con Eva, mi novia de entonces, podría volverse "un círculo vicioso", eso de discutir y volver. Eso fue mi relación con Eva. Nos distanciábamos y luego nos queríamos otra vez en un vaivén asqueroso.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hoy he soñado que estaba con un antiguo compañero de instituto, mayor que yo, y que me iba asesorando de lo que tenía que hacer con mi vida académica. Yo tenía que averiguar algo referente a la lengua española y, en el sueño, no encontraba nada nuevo en esa lengua que uso todos los días. Y, en el sueño, me estaba hartando hasta de mí mismo. Y también, claro, de ese compañero de instituto. Por fin he despertado pero la huella de ese sueño persistía en mi mente. El lugar en el que estaba semejaba una isla y no podía dormir y tenía que estar pensando en cosas raras de la gramática todo el rato. Ha sido un sueño muy cansino. Al compañero este del instituto hace ya un porrón que no le veo. A lo mejor, se ha ido de la ciudad. Vaya rollo de sueño intranquilo y cansino.

 Las golondrinas se fueron. El calor ya no fue tanto. Andaba viento fresco. La ginebra seguía amargando los vasos por la noche. Los curas insistían en el futuro de Dios: ese instante en que el alma se separa del cuerpo. Pero ya no se podía ir con esa historia porque ya nadie creía en ella. La gente apuraba las horas de descanso o de vacación hasta las heces y veía en el trabajo una maldición que le había mandado un dios pequeño y envidioso de los hombres. La gente pecaba, pecaba todo lo que podía. No hacia caso a las advertencias divinas. La gente no se sabía el padrenuestro. La gente solo creía en la bono loto y en la primitiva. La gente era muy de andar por casa, muy vulgar, demasiado hecha al placer. Todo se vino abajo cuando la gente empezó a envejecer de repente.

 El dolor de ser accidente, no esencia, está en todos nosotros. Por eso, buscamos algo de transcendencia en la vida. Unos, buscan esa transcendencia en sus hijos, a los que ve una extensión de su persona en el presente y en el futuro. Otros, triunfan en el deporte, batiendo un récor o escriben libros y son agasajados por el sistema y se creen algo. Pero ese algo pronto pierde brillo, se va olvidando la marca y el título del libro. La historia nos acoge como otra mota de polvo más. Los días van pasando y ya no somos esos que iban desde Cotos a Rascafría por medio del bosque. Hemos perdido amigos que se han casado. Hemos discutido con una mujer o un hombre hasta cansarnos. Nos hemos quedado solos como un burro atado al pie de la fiesta. Solo somos una sombra que quizás anime a un alma escondida.

 Siento un poco de ansiedad o angustia nada más levantarme. Espero que se me pase. Somos como unos números con los que un dios inexperto y despistado juega a las matemáticas. Unas matemáticas que hacen sentir a uno una cosa muy pobre, muy oscilante en esta vida, demasiado prescindible. Eso somos en esta vida pasajera y gris. Cada vez en el mundo, parece que contamos menos. Nos quejamos y escribimos o decimos que somos flojos, dubitativos, torpes en esta existencia nuestra. Somos muchísimos, somos una masa informe que compra y disfruta de la carne y de la verdura. Nos acosan con noticias inquietantes. Pero no damos respuesta buena. O nos ansiamos o nos ponemos nerviosos. Y los dirigentes saben que somos así y nos dominan en muchos aspectos de nuestra vida.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

 Estos cambios bruscos de temperatura afectan al carácter. El que gasta, gasta más y el que quiere ser el más rico del cementerio, va mirando al suelo a ver si ve un céntimo que meterse en el bolsillo. Luego están los de yo invito y tú pagas. Y luego están los que echan pocos ingredientes en la paella. Y luego están los que huelen a moho, que solo hablan de sí mismos, no saben conversar. El moho los corroe el cerebro de modo que si tú hablas de cine, ellos hablan de la vecina. Y así todo. Hay mucha sequedad en el ambiente, hay mucho rastrojo seco y amarillo. Y luego está este aire que hace bajar la temperatura muchos grados para que el cerebelo de un cretino se imponga. La duda sobre el ser humano nace de estos cambios atmosféricos repentinos. No digas que has ido a Venus en un barco.

 Es de muy mala educación hacer luz de gas a una persona. Son gentes, estas de la luz de gas, que no han estudiado nada, que no han leído, que no saben siquiera qué es hacer luz de gas. Pero lo hacen y se ponen a hablar de los vecinos, de la iglesia, de dinero. Y al que hacen luz de gas se cansa, se fuma un par de cigarrillos y se larga. Porque esta gente no sabe comportarse con los demás. A lo mejor se creen un poco el ombliguito del mundo, un ombliguito muy pequeño pues no dan mucho de sí, un ombliguito muy remirado y muy orgulloso de ser ombliguito pero nada más. El tránsito de la vida les arrojará a los placeres estúpidos y al gasto. Pero nunca abrirán un libro para saber que hacían luz de gas a una persona.