Este blog no es para alzarme poéticamente sobre la realidad. Tampoco es para narrar cosas estupendas. Es simplemente para que yo me extienda en mis cahiers de dolences, como decían los del tercer estado en la revolución francesa. O sea, cuaderno de quejas. Estamos algunas veces más muertos que vivos, estamos saboreando las paredes del cementerio en algunas ocasiones. Somos de barro, somos muy frágiles de vez en cuando. Las lunas, como el sol, esta maldición, van marcado noches y días muy vulgarmente, siempre a 24 horas, no cambia, no sucede nada especial. La vida sí cambia a peor, a estar confinados, a no salir, a no vivir nuestra simple vida.
EL PROFESOR
domingo, 24 de mayo de 2026
Hay que ahuyentar a la catástrofe. Y la catástrofe hoy en día es el calor inhumano que hace. Ahora, cuando vaya a por el periódico, compraré unas judías verdes y unos filetes de pechuga de pollo para mañana. Ya digo que la catástrofe es no poder vivir en la calle por el calor. Es un problema de nuestros días por el cambio climático. Los veranos cogen fuerza ya en mayo o en abril, como estamos viendo y sintiendo. Hay que estar en casa con buenos libros para leer. Hay que estar tumbados y nada más que tumbados de 3 de la tarde hasta las 7 de la tarde. Y es lo que hay, aunque parezca una expresión zafia. Los países como España, internacionalmente, no somos nadie. Yo quizás sea alguien. Tú, quizás, seas alguien. Pero el calor no te deja ser lo que ni tú ni yo queremos.
Un hormiguillo me entra en el estómago. No sé qué será. No sé si es ansiedad o malestar general. Temo las horas en casa. No sé bien qué hacer todo el día de calores fuera. Hoy hay brócoli con patatas y unos pinchos morunos. Ya son las 10:40. La gente, supongo, apurará el tiempo en la cama. En un anuncio lo llaman camitis matutina o algo así. Hay gente que quiere perder tiempo con su familia, que quiere estar al lado de los suyos el mayor tiempo posible y hay gente que hace lo contrario: que las horas de trabajo le hacen estar lejos de su familia porque su familia es algo que le cansa. La familia cansa, ya lo dijo Eratóstenes, que era gran sabio. La familia pide de comer y pide de atención y pide de todo. El trabajo también pide pero puede ser cuestión de lago solitario y libre.
Dice una "amiga" que el cuerpo es como un templo. Ella cultiva su cuerpo y luego, los demás le importan un carajo. Llegará a ser muy vieja y muy longeva pero no tendrá amigos en su vejez de perfección vigoréxica. Toma té especial y se unta la cara con mil cremas. Estira su espalda para no tener chepa, va al gimnasio y va al monte a darse largas caminatas. Le gusta la soledad. Nadie le importa a su templo que es su cuerpo. Ella, por su cuerpo, mata. Y así va pasando su vida, su estúpida vida de mujer solitaria. Y así la vemos sus amigos: cada vez más distante, cada vez más excluyente, cada vez más perfecta en cuanto al templo, en cuanto a su cuerpo.
Ya no tiene mucho interés tomarme un café y mirar a la gente cómo va desde la cristalera del bar. Ya no tiene mucho aliciente quedar con una persona que no me tiene en cuenta para nada. Habrá que abrazar la soledad junto a mi hermano. Siempre quedará Madrid, la Moncloa, las cervezas de Hilarión Eslava y los libros de la librería solidaria. Siempre quedará estar tumbados y hablando de habitación a habitación sobre nuestras desdichas o asuntos de interés nuestro. Siempre quedará ese cigarrillo después de merendar. En fin. Siempre hay algo de lo que tirar para pasar el rato y el roto y el reto. El pan, que no falte. Y siempre seremos hermanos con una cuestión similar a la que hacer caso.
Para lo que hay que hacer un domingo, mejor que te pille trabajando. Los calores han llegado después de las lluvias frescas. No se puede salir de casa. Yo me alío con los libros que compré hace tiempo. Me leeré el periódico de cabo a rabo. A ver qué dicen de zp. Los días pasan lentos; los meses, raudos. Es como si estuviera en una cárcel. La cárcel diseñada para no pasar calor. Mi propia casa. Que por mayo era por mayo cuando hace la calor. Si no es por una avecilla que me cantaba al albor. Matómela un ballestero, dele Dios mal galardón. Mayo ya es como julio. Julio a ver cómo viene. Pero primero tiene que pasar junio. Ya digo: los días, desesperadamente espaciosos; los meses, rápido.
sábado, 23 de mayo de 2026
Un ogro llenaba de terror el reino de Pascual, el rey. Pero Pascual y sus ministros sabían que no había tal ogro, sino una cueva por donde pasaba el viento y hacía ese ruido tan temido, tan estremecedor y tan oscuro. Pascual llevaba una economía extractiva, llena de impuestos por medio de ese viento. El ogro está a punto de llegar a las aldeas, proclamaban los ministros y ejércitos del reino. Hay que pagar a los soldados para detener al ogro. Y el pueblo pagaba y pagaba. Hasta que un pastor, siempre un pastor, averiguó el asunto, el ruido de la caverna, y quiso hacerlo saber. Y se lo cargaron. Y la gente del pueblo, por unos indicios que dejó el pastor, lo averiguaron y cayó Pascual, el rey tirano de la cueva y el viento.