martes, 11 de agosto de 2026

 Estos eran dos hombres tranquilos que tenían una enfermedad. Como tenían esa enfermedad, no podían vivir como los demás. Tenían que tomar pastillas, ir al médico varias veces en el mes y tenían que dormir sus horas y tenían que llevar una vida tranquila. Uno de ellos, sabía conducir pues había sido conductor de autobús. El otro, sabía de letras. Los dos vivían juntos, eran hermanos. Pero los demás no se daban cuenta de estas cosas, de que los dos hermanos necesitaban tranquilidad. Y, por pereza propia, mandaban al conductor a todas partes. Y el hermano conductor enfermaba gravemente por salirse de su tranquilidad. Una avecilla me cantaba al albor.

 El abuelo vendió el carro y el nieto se cabreó. El abuelo vendió las tierras y el nieto se volvió a cabrear. Pero luego todo siguió como si nada y el abuelo dispuso de su dinero en el banco. El nieto pensaba que se debería declarar al abuelo tonto, como si no supiera, como si estuviera incapacitado para pensar. Pero no fue así sino que se demostró que el abuelo no era tonto, sí que sabía y no estaba incapacitado para pensar. Y fueron pasando los días, hasta ahora tranquilos, y la vida volvió a ser normal. Y el abuelo reía en un asilo que eligió él mismo, donde le trataban bien. E iban a verle los nietos y los hijos y charlaba con ellos y les daba consejos. Que, como dice el refrán, del viejo, el consejo.

lunes, 10 de agosto de 2026

Al que destaca en un ámbito deportivo o literario o de las ciencias, se le da un premio o una medalla. A mi hermano hubo un taxista que le llamaba Paco "medallas". Debería ser porque se ponía muchas él solo. Me imagino a mi hermano contando historias de Navalagamella y otras aventuras por el estilo allí, en la parada de taxi, ante unos taxistas que estaban ya hartos de oírle. Y este taxista le puso este mote, medallas. Luego mi hermano fue claudicando, claudicando en esto del taxi porque casi pilla a un viejo en un paso de cebra (todos casi pillamos a un viejo en un paso de cebra). Y fue a pedir la baja al médico, como hice yo cuando no podía más ante los bachilleres.

En el pueblo de San Lorenzo, abajo, no en el monasterio, se come bien por poco dinero. Hay un bar de comidas en el que comí bonito con tomate. Y el servicio fue muy bueno. Luego, nos pedimos unos cafés y seguimos charlando a la sombra. Luego, nos vinimos a casa. No sé cuándo fue esto, creo que allá por mediados de julio. Yo ya tengo odio a El Escorial de arriba porque todo allí es más caro, hay un montón de escaleras y me recorre el recuerdo de Eva todo el rato. Hay una placa en una casa solariega que habla de Ortega y Gasset. Ortega y Gasset renegó de la II república: "no es esto, no es esto". Y Ortega y Gasset fue el que dijo aquello del yo y la circunstancia. El Escorial seguro que fue muy señorial como  para pasar el verano fresquito rodeado de una arboleda importante. Y allí estaba Ortega y Gasset, meditando.

 "El viaje", de Paco Roca. El tío está al borde de la separación en un pueblo de Argentina donde solo hay viajeros que han perdido su avión. Es una pena cómo el protagonista quiere algo que ya es imposible. "Ya no te quiero", le dice su mujer. Así de simple. Y así de duro. El tipo es novelista, me parece que novela su propia vida disfrazada de una retórica propia de novelistas aburridos. El menda ha viajado mucho en su vida olvidando a su querida familia. Y ahora, la quiere más y desearía que aquello durara. Pero no sé el final. Habrá que esperar a acabar el cómic. Habrá que saber qué pasó por la mente de Paco Roca cuando creó esta historia. Tenías que haber traído patatas, dijo el feo y gordo apestoso católico.

 Un lunes normal, con algo de eutimia recorriéndome el cuerpo. Todo lo que pasa me parece bien. Ojalá todo siga así por mucho tiempo. Los días 1 y 2 de agosto lo pasé mal y me puse a escribir poemas desesperados. Fue sábado y domingo y yo veía un calendario hostil de días de agosto deseando la playa, deseando desplazarme hacia algún lado. (todos deseamos desplazarnos a algún lado). Y no me he desplazado ni movido ni viajado y sigo aquí este lunes insípido de agosto, este empiece de semana más que anodino y color vino. En el pueblo habrá un aburrimiento mortal. O sea, que la gente muere del aburrimiento que hay. Pero pronto son fiestas y tal y todos moverán el culo y tal. Y los lunes son terribles cuando uno no está eutímico.

domingo, 9 de agosto de 2026


 A mi hermano Paco no hay que acusarlo de su mal humor. Lo ha pasado mal (todos lo pasamos mal). Ha tenido muchos ingresos y eso no es agradable para nadie. Más bien es muy desagradable. Algunos quieren arreglar un comportamiento morboso con una llamada de teléfono y no funciona, claro. Una vez una psiquiatra me dijo: quédate a su lado (por mi hermano) porque así está tranquilo. Pero yo no había dormido esa noche y para eso están ellos, los psiquiatras, para calmar a los enfermos. Yo no juzgo a nadie, ni a mi hermano, que me ha contado de todo, ni a los familiares, ni a mí mismo. Pero entiendo que mi hermano no puede estar 3 meses haciendo de chófer y yendo y viniendo del hospital. Eso le causa estrés y él, al final, no sabe decir que no.