sábado, 31 de octubre de 2026

 Si pensabas, cuando eras chico, que la vida iba a ser esto, estupendo. Toda la vida te satisfará y te llenará de orgullo. Pero si eres especialmente ambicioso y quieres vivir la vida de las novelas, bienvenido al mundo de la frustración. La soledad te acompaña más de la cuenta y abjuras de esas cosas que hay alrededor de ti: ese camino arbolado, ese paseo por Madrid, esa falta de amigos de verdad que dejaste por el camino. Una cerveza sentado en aquella acera, charlando de cosas filosóficas puede valer. Pero tu libro, tus ganas de hablar de él, tus aficiones baratas y una enfermedad te definen como un solitario aburrido pero, eso sí, con una gran conversación. La vuelta al mundo en ningún día te está esperando.

 Es el día de nochebuena. Por los pasillos del centro comercial que hay al sur de la capital, deambula Manolo. Manolo trae en su cabeza un montón de ideas para una novela, pero nunca se sienta a escribirla. Manolo tiene un ordenador en el que escribe historias que comienzan pero que no continúan, que hablan de un personaje de tinta pero que no llegan a desarrollarse literariamente. Manolo está demasiado sujeto a su güisqui con hielo los fines de semana para estar pensando en espías y en mujeres fatales. Manolo, cuando está triste, sigue este patrón: se va a Madrid a emborracharse y acaba casi tirado en la calle de tamaña embriaguez. Pero Manolo es Manolo. Un gran tipo le pase lo que le pase. Viva la navidad, pero también viva la literatura.

 Cuánto bien trae agradecer el mundo que te ha tocado vivir y no renegar de él. Uno se conforma con un paseo por donde siempre y un café con leche nada más levantarse. Estupendo. La vida ya puede rodar sin chinitas que chirrían en el camino. Uno, la verdad, está bastante solo, pero no iría al Van Gogh si no tuviera un hermano. La vida hay que aceptarla según es y no como quisiéramos que fuera. Yo me imagino, cuando cae la noche, el bullicio exquisito de la gran ciudad. Me imagino hoteles y restaurantes y no ser quien soy. Me imagino teatros, piscinas, habitaciones y miradores para pasar la tarde y no encuentro al cabo del día más que un camino conocido y lleno del verdor de los árboles. Es casi noviembre y no cae la hoja.

 Ayer, sintiéndome solo y mal, logré pasar el día. Hablamos Paco y yo de nuestra futura vejez. Y luego, me puse a leer lo de la turinesa. Nadie va a tener cuidado de nosotros. Hoy me toca hacer una coliflor cocida con bechamel. La vida anda por los lados de mis costados, no de frente a mí. Por Madrid, hay hoteles llenos de gente feliz, de gente que ocupa el espacio que quiere y no el que le han dado por obligación. Un padre con hijos ya puede decir adiós a la fiesta. Ya no sabe dónde meter tanto niño ni tanta mujer que se le ha subido a la chepa. La mañana hoy está un tanto codiciada por los de los suburbios, por los de debajo del puente, por los de dame algo, por los últimos de este mundo.

viernes, 30 de octubre de 2026

 Superar la melancolía. Esa es la clave. El día va avanzando y caminas entre una arboleda incansable. Es una forma de superar la melancolía. El aire que respiras desde la ciudad a otras calles medio muertas, te concede la restauración de la mañana que salió rana. La fuerza del verdor abundante va bien para tus pulmones y tu espíritu, que se agita feliz. Vas dando pasos hacia el camino, simplemente hacia el camino. El destino da igual, es el destino de los que andan con la soledad. Todo depende de tus piernas que no fallan, que se yerguen altivas, que caminan despacio. Y luego, bebes y te acuerdas de Dios y vuelta a casa.

 Dice la canción: tú que te mereces un príncipe, un dentista/te pones a mi lado y el mundo me parece más amable, más humano. ¿Y dónde está esa mujer que se pone a tu lado? Andará en un cercanías que une el sur con Atocha y quizás no la veas nunca. Vendrá del trabajo y no tiene novio. Y tampoco quiere tenerlo. Ya es mediodía en El Corte Inglés. La vida está muy difícil con tanta guerra que sale cara no solo por las armas sino por la gente que muere que pueden ser genios o fontaneros con título. Las guerras se eternizan porque siempre hay un hijo de puta al que le salen rentables. Pero no se sabe qué rentabilidad hay para Rusia en esta guerra de Ucrania. No sé nada más. Solo que la mañana está como envenenada de melancolía y, si dura el veneno, podemos casi morir.

 Como hace sol y no hace frío, las hojas de los árboles están engañadas y creen que no ha pasado el verano todavía y no se vuelven amarillas y no caen. El otro día me senté en un banco a fumar un cigarro y vi a una anciana que también estaba sola. Restregaba el churro en el azúcar y se lo llevaba a la boca. Las vidas, vete tú a saber por qué, llevan una tendencia tonta hacia su desenlace final. Y, si es un churro el que te espera cada mañana pues comerás ese churro y otros más. Y cuando llegue la navidad, te verás tan solo como Manolo, que es un personaje que he creado aquí en este blog y que no soporta bien estas fiestas. Y todo se acaba y este fragmento de decir algo o nada también se ha acabado.