lunes, 1 de junio de 2026

 Queda lejos aquel lugar de los caminos largos a una ermita. Queda lejos ese lugar de playa inmensa. Los años se han venido y todos me han pillado aquí, quizás escribiendo estas cosas. No sé qué daría yo por vencer esta monotonía de horas que imponen disciplina. No sé qué es el sol alumbrando terreno amplio. Las cosas se van quedando adheridas en los bordes de algún órgano atrofiado. Son muchos los que se van, un 84 %, según el telediario. Yo ya no tengo ganas de escribir. Voy a comprar tabaco. La luna ya salió y se metió y el turno de la guardia ya tuvo lugar. Las cosas no son tan sencillas como matar en el corazón tanto deseo.

 Christian y Patricia salen en el Diez Minutos muy sonrientes, parece que les va bien la vida. Pero solo lo parece. Pueden irse a dar un remojón a una playa idílica pero terminarán discutiendo fuera ya de eso que llaman foto call. Luego, en esa misma revista salen otros que se besan, que hacen paddle surf, que son pobres en su interior de caras alegres, que discuten más incluso que la pareja obrera que habita los barrios humildes. Y puede que sea todo una cuestión de dinero. Fotos por dinero. Otro día saldrán que no se llevan bien, que ha habido rencillas o falta de parné. En fin, todo se resuelve de la manera más pragmática, cobrando por un divorcio lo mismo que cobrando por unos besos. Pero cuando no están juntos, ya nada es lo mismo. Todo se rompe, hasta los corazones de los famosos. Y, cuando se recomponen los trozos, algo queda dañado para siempre.

Las gargantas chillan cuando el corazón se harta. Es en todos los sitios igual. La pena de vivir tiene sus límites. Las cosas repetidas que se suceden hacen que el vaso rebose. No es una revolución lo que se avecina en mi vida sino una férrea disciplina. Un negar las cosas en mis tripas. Un mandar al carajo mis deseos y llenarlos de horas muertas, para que se aplaquen. Un día será el que me libere y ande como Lázaro anduvo, como los dioses pequeños vinieron a la Tierra. Los designios de Dios nadie los conoce pero los va aventando como los perros, los va articulando en su tránsito terrenal. No hay nada nuevo bajo el sol, no hay lugar para la queja, no sabe uno de quién está rodeado. Todo es magaña, todo es desilusión y ninguna traza de que mejore el horizonte.

Va la maraña detrás de lo que se dice. El encuentro de las gentes es difícil, cada uno va a lo suyo, la vida es muy estrecha, solo cabe uno. Es difícil que alguien te diga hola, te conozco de andar por el barrio, yo también leo y escribo lo que puedo. No hay suficiente formación entre la gente. La gente deja los estudios con rapidez, como si le quemaran los libros en las manos. Tanto libro que se publica para nada. Yo he estado leyendo uno del premio Nobel del 25, un húngaro. Y cuenta las cosas de forma muy rara, muy enrevesada para no decir nada. Hasta que me ha hartado esa forma de contar. Y he dejado de leer ese libro que no sé ni cómo se titula. No sé qué de la melancolía. Un rollo macabeo. Un engaño literario. Una prosa obtusa. No leí más.

 Un taxi que iba veloz en la noche, a 120 por hora. Aravaca. Ferraz. Luego, esperar. Y luego, el sueño de cada día. Anoche estuvimos Paco y yo por la carretera, buscando una respuesta que no llegaba. Todo cerrado. Una mentira en internet. Al fin, el hospital, ese viejo recurso. Yo me dormí con ganas y hoy me he despertado tedioso, cansado de la rutina diaria. Aquí escribo, como un condenado de las letras españolas, como un guía de palabras tristes, como el hacedor de frases aburridas. Hoy será lunes hasta las 12. La luna llena de ayer se interpuso entre mi corazón y las cosas. He dormido bien, demos gracias a Dios y no queramos comer pan de trastrigo.

domingo, 31 de mayo de 2026

 Ojalá ayuden a mi hermano a no tener que pasar por otro brote psicótico. Ojalá que la Tierra se salve de este deterioro atmosférico maldito y vuelva a haber primavera y llueva en primavera y no se queden secos los campos ya en mayo. Y vuelvan los saltamontes. Mi  hermano debe huir de los conflictos, del estrés y del duelo y de estar triste. Mi hermano es fuerte de mente mientras está bien pero cuando tiene que hacer de chófer de la familia, recae. Es el estrés. Mi hermano tiene grandes dosis de paciencia cuando está bien. Tengo que imitarle y pasar largas horas en casa a la sombra, al refugio del calor. Voy a comprar el periódico y comeremos pescado con ensalada de berros.

 Palpamos el espacio definido por los muebles. Continuamos en el rol del ciudadano medio. Ya la política nos da igual. Parece que la gente no quiere que gobierne la derecha. Los mosquitos se cuelan por la ventana y hay que aplastarlos. La vida va surgiendo de los cuerpos cuando se mueven, se besan, se desean buenos días. Otra mañana ajena a lo nuevo. Pero lo nuevo es vivir, tan solo vivir soslayando el middle west, la plaza de San Marcos de Venecia y la bahía de Nápoles o de Cádiz. Lo pasamos bien en el barco. La mar estaba en calma. Las luces de las ciudades por la noche hacían que olvidáramos nuestro propio ser.