martes, 2 de junio de 2026

 Tengo la sensación de estar solo, sin amigos. Dejé de ir a la asociación pero allí los amigos no los creía yo verdaderos. Dejé de ir a Colón pero el horario de verlos era pésimo. Solo voy con Paco y Fede. Conozco a otras personas en la ciudad con quien charlar. Últimamente, me quedo mucho tiempo en casa, descansado del sol y el calor. No hago amigos nuevos. Estaría bien hablar con una persona que me dijera: yo también escribo y leo. Las soledades queridas son buenas pero vivir en precariedad de conocidos no es muy bueno. Hay que conocer gente, hablar con personas que tengan tus mismos quehaceres vitales, que piensen y te digan lo que piensan. La vida es breve para vivirla aislado.

 Por algún callejón de Toledo canta un rastafari. One Lord, let´s get together and be all right. Yo estaba mal. Mi familia no me gustaba. Caminé deprimido por las calles de la antigua capital de los godos. Ahora, la familia parece otra cosa, no me da qué pensar, no pienso mal de ella porque me ha ayudado. Es muy reconfortante saber que tu familia está ahí para ayudarte, no para darte quebraderos de cabeza. Y que tu familia ya tiene voz y habla. Y que se paran en la calle contigo y no solo dicen hola y adiós. Ha pasado el tiempo para bien. Y a mi  hermano le asistieron. Y a mí también. La familia es lo que conoces desde pequeño. Y jugaron contigo y te hicieron gracietas y se rieron contigo y sufrieron también contigo. Y todo es bonito si los ves a tus familiares y charlan y quieren saber de ti y tú de ellos.

 La ermita de San Saturio está a las afueras de Soria. Por ese camino yo fui como fuera Machado con su mujer, ya enferma. Machado tiene unos versos muy fuertes, muy elaborados. Canta a Castilla igual que a la lógica y al sentimiento. Tengo yo un libro de Machado que lo leo despacio, de poema en poema. La tierra de encinas y pinares tiene en Machado un cantor de primera. La luz de la tierra y la luz de Dios también sale en la obra poética suya. Machado fue hombre que hablaba consigo mismo. Hoy me acuerdo de Machado pero no me sé de memoria ninguna poesía suya. Solo un recuerdo borroso de algunas composiciones. Solo sé que fue un hombre que cantó a las estelas de la mar que somos cada ser humano. Fue un hombre que se murió con poco equipaje, como los hombres de la mar. Machado nació en Sevilla y murió en Francia, agobiado por la guerra entre hermanos.

lunes, 1 de junio de 2026

 Queda lejos aquel lugar de los caminos largos a una ermita. Queda lejos ese lugar de playa inmensa. Los años se han venido y todos me han pillado aquí, quizás escribiendo estas cosas. No sé qué daría yo por vencer esta monotonía de horas que imponen disciplina. No sé qué es el sol alumbrando terreno amplio. Las cosas se van quedando adheridas en los bordes de algún órgano atrofiado. Son muchos los que se van, un 84 %, según el telediario. Yo ya no tengo ganas de escribir. Voy a comprar tabaco. La luna ya salió y se metió y el turno de la guardia ya tuvo lugar. Las cosas no son tan sencillas como matar en el corazón tanto deseo.

 Christian y Patricia salen en el Diez Minutos muy sonrientes, parece que les va bien la vida. Pero solo lo parece. Pueden irse a dar un remojón a una playa idílica pero terminarán discutiendo fuera ya de eso que llaman foto call. Luego, en esa misma revista salen otros que se besan, que hacen paddle surf, que son pobres en su interior de caras alegres, que discuten más incluso que la pareja obrera que habita los barrios humildes. Y puede que sea todo una cuestión de dinero. Fotos por dinero. Otro día saldrán que no se llevan bien, que ha habido rencillas o falta de parné. En fin, todo se resuelve de la manera más pragmática, cobrando por un divorcio lo mismo que cobrando por unos besos. Pero cuando no están juntos, ya nada es lo mismo. Todo se rompe, hasta los corazones de los famosos. Y, cuando se recomponen los trozos, algo queda dañado para siempre.

Las gargantas chillan cuando el corazón se harta. Es en todos los sitios igual. La pena de vivir tiene sus límites. Las cosas repetidas que se suceden hacen que el vaso rebose. No es una revolución lo que se avecina en mi vida sino una férrea disciplina. Un negar las cosas en mis tripas. Un mandar al carajo mis deseos y llenarlos de horas muertas, para que se aplaquen. Un día será el que me libere y ande como Lázaro anduvo, como los dioses pequeños vinieron a la Tierra. Los designios de Dios nadie los conoce pero los va aventando como los perros, los va articulando en su tránsito terrenal. No hay nada nuevo bajo el sol, no hay lugar para la queja, no sabe uno de quién está rodeado. Todo es magaña, todo es desilusión y ninguna traza de que mejore el horizonte.

Va la maraña detrás de lo que se dice. El encuentro de las gentes es difícil, cada uno va a lo suyo, la vida es muy estrecha, solo cabe uno. Es difícil que alguien te diga hola, te conozco de andar por el barrio, yo también leo y escribo lo que puedo. No hay suficiente formación entre la gente. La gente deja los estudios con rapidez, como si le quemaran los libros en las manos. Tanto libro que se publica para nada. Yo he estado leyendo uno del premio Nobel del 25, un húngaro. Y cuenta las cosas de forma muy rara, muy enrevesada para no decir nada. Hasta que me ha hartado esa forma de contar. Y he dejado de leer ese libro que no sé ni cómo se titula. No sé qué de la melancolía. Un rollo macabeo. Un engaño literario. Una prosa obtusa. No leí más.