La guerra civil española, la guerra de los fusilamientos. Si eras rojo, fusilado. Si eras fascista, fusilado. El nivel de crueldad en uno y otro bando, se exacerbó. Mejor olvidar todo aquello. Y los años de represión franquista, también olvidarlos. En ningún libro de Historia me enseñaron estos dos episodios de barbarie, de odio. Ningún profesor quiso explicar estos periodos de doloroso recuerdo. Los falangistas, el frente popular, los anarquistas... Todo eran excusas para sembrar el caos por donde fuera. Y así pasó. El caos llegó. Toda la guerra civil y los primeros años de la dictadura fueron un caos de hambre, de ajustar cuentas, de odio visceral.
EL PROFESOR
sábado, 26 de septiembre de 2026
jueves, 24 de septiembre de 2026
Para mí es muy importante la amistad pero no todo amigo vale. El amigo verdadero es el que solo desea de ti estar a su lado para charlar o lo que sea, pero no para satisfacer sus intereses. Y hay muchos que se arriman para que les des o para que les lleves el culo a la estación. Y eso no es un verdadero amigo. Como este último, que empezó a hablar de una antigua amiga que jugaba a la ruleta y que le había dado a esa amiga 300 euros. Ya se veía venir el mal rollo. Así que decidimos mi hermano y yo pasar de él porque empezaba ese "amigo" a hablar de dinero y de asuntos incomprensibles. Mi mejor amigo hoy en día que tengo es Paco, mi hermano. Con él hace mucho tiempo que no discuto. Vamos en la misma barca y entre nosotros surgen a veces conversaciones inteligentes. Mi amigo ideal quizás ahora esté cruzando un paso de cebra en Móstoles.
Voy a ser el enemigo disparando pan de higo, ojo no te vaya a dar. Estas rimas ochenteras tenían su gracia, no te las esperabas. En "Luces de Bohemia", de Valle Inclán, un personaje femenino llama pan de higo a su órgano sexual. Pan de higo yo no lo he visto en mi vida. Debe de ser algo bastante antiguo. Rosendo escribe unas letras de canciones muy originales. Me gusta ese verso que dice: en el buen sentido vamos mal. Y es que, a menudo, en el sentido bueno, en el sentido requerido, no vamos bien. Todavía está por ver el ser humano que esté satisfecho, que no tenga nada de qué quejarse. El ser humano es un ser imperfecto a todas luces. Le falta algo pero yo no sé qué es. El ser humano no es humano si se levanta contento de su condición cada mañana. Los seres humanos, si tuviéramos a Dios por guía cierta y no discutida, viviríamos mejor.
Entre los platos que sé preparar están los tallarines a la putanesca. Llevan anchoas y aceitunas negras, entre otros ingredientes. Los días pasan sin mucho afán, como la mujer que viene de trabajar. Los días pasan abiertos en cuanto a lo poco que hay que hacer, lo poco que nos divertimos, lo poco que nos gusta nuestro barrio. Abiertos porque no los abarcamos del todo, no llegamos a disfrutarlos, se nos van los días sin que un abrazo los abarque. Los días se vuelven ásperos, incomprensibles y, de repente, se acaba el mes. Y, sin piedad, empieza otro mes.
Esto de no tener amigos con los que quedar ya es propio de una edad en la que no se toleran, precisamente, amigos que den problemas o enturbien la tranquilidad. Un amigo verdadero lo único que persigue es estar con otro amigo, nada más. No debe haber intereses más allá de la pura compañía. Pero últimamente los amigos que teníamos Paco y yo eran bastante rácanos en su amistad. Ahora no hay más que pasar un rato en la calle y puedo hablar con algunos conocidos. Los amigos de verdad ya no existen para mí. Uno me abandonó. Yo he abandonado a otros. Veo difícil que surja una amistad a mi edad. Pero tampoco hay que pensar que soy un asocial.
miércoles, 23 de septiembre de 2026
Las alas de un dragón endemoniado surgen en mi mente agitándose puras sobre la faz de la tierra. Y el dragón, trasunto de un dios amargado y triste, eleva su vuelo a un cielo cada vez más alto y sucio de contaminación de los coches. A este dragón no le gustan los coches ni los que van en ellos, así que lanza sus llamas contra los audis y los bmws y los mercedes, achicharrándolos inmisericordemente. Y así, el dragón se venga por haber sido arrojado a la gran ciudad mientras vivía plácidamente en el campo, en la llanura de Montiel, concretamente. Y el dragón no quiere ver coches, no quiere ver el inmenso aparcamiento que es Madrid. Por eso sus llamas se dirigen contra los vehículos que se han convertido en el gran impedimento para vivir.