El escultor sabe lo que hace: junta dos hierros grandes y los coloca al lado del mar y dice, ¿qué sé yo? Que eso es una sirena o el símbolo de no sé qué. El poeta junta miserablemente unos versos que nadie entiende, ni siquiera él, y dice que son palabras que anuncian un futuro, inminente además. Y así va el mundo, lleno de cosas abstractas que hay que adivinar pero solo si nos da la gana. Cristo murió por nosotros, los seres humanos. Pero eso, ¿en qué cabeza cabe? Por eso hay tanto descreído de las artes, de la arquitectura, de las administraciones, de las religiones. Porque nos lo ponen muy difícil. Solo hay que creer, nos dicen. Hay que creer en la declaración de la renta, en unos funcionarios que no hacen nada, en la resurrección de la carne, en los impuestos y en el presidente. Pero, ¿quién cree en nosotros, en los ciudadanos?
EL PROFESOR
miércoles, 6 de mayo de 2026
El agua de mayo es muy preciada. Lástima que no caiga. Yo leí antiguas novelas de posguerra que no entendí. Yo iba con amigos al baile. Me sentía bien pedaleando encima de mi bicicleta, esa antigua bicicleta que vendí por 5000 pesetas. Las ranas croaban a mi paso por el puente encima del río. Luego, desviaron la carretera y ya no pasa por el puente. Leí también versos que no me gustaban, que no me llamaban la atención porque formaban poemas extraños, largos, sin rima ni concierto. Pero la mañana surgía de cualquier modo esos días de atrás. No volverán esos días de atrás, ahora todo es nuevo. Es nueva la luz que me alumbra, es nueva la ausencia de insectos, es nueva tanta contaminación, es nueva la falta de agua y ya no croan las ranas ni en el puente ni en el paseo que hay al lado del río. Cuando los ríos no corran, ¿quién nos dará el agua precisa?
Digamos cosas bonitas. Un verso acertado, por ejemplo. Las hojas como medallas de la primavera. El acertado trino del ruiseñor me despertó una mañana. Cálmate, Marisa, no todo está perdido. Me quedé más solo que la una pero aún lucho por ser alguien en esta tierra maldita. Los puentes de cuatro días se me atragantan en la carretera que no visito pero hago lo posible por ser feliz en mi destierro vacacional. La luna luce y las estrellas no, pero tengo la dicha del cielo raso sobre mi cabeza. Las cosas son así, ajenas a mi voluntad, pero me despierto con un verso en mi cabeza y lo extiendo con las palabras variopintas que salen de mi corazón.
Problemas y más problemas es lo que vamos cosechando en este mundo de Dios. Unos se resuelven felizmente y otros, los vamos arrastrando hacia una calle sin salida. Luego, los problemas irresueltos se convierten en una desdicha grande al cabo del tiempo. Así es la vida humana. Yo tenía un periquito que se me escapó un día de la jaula. Otro día paseaba yo por el pueblo donde nací. Y otro día me encontré a mi hermano delirando un poco, torciéndosele la mente a episodios enfermizos. La vida va sembrando una semilla futura llena de inconvenientes. Las cosas no son lineales, las cosas se retuercen como ramas de árbol martirizado por el viento.
martes, 5 de mayo de 2026
Yo leí a Juan Marsé pero su narrativa la encontré demasiado extraña. Yo leí a Cela pero su narrativa era también un poco extraña. Leí a Delibes y este sí que empieza y acaba las historias linealmente. Luego leí a la Puértolas que empezaba de una manera y luego torcía el argumento de manera insólita. La Puértolas no sale en los libros de texto. En sus novelas, ninguno de estos autores se quejan de la dictadura ni de la falta de libertad política. En "El Jarama", que dura argumentalmente toda la mañana y la tarde de un domingo en diálogos vivos, nadie habla de política ni de la guerra, creo recordar. Nadie que escribiera en tiempos de la dictadura, se quejaba de la misma. La asumía como que tenía que estar. Ni siquiera sibilinamente hablaban de ella en sus historias. Es un dato que es significativo de lo mal o de lo bien que se estaba en esa dictadura.
Esta semana a lo mejor viene movidita. Es lo que me da en mi espíritu. Quizás cojamos el coche para ir a algún lado. Y allí donde vayamos, se me agudizará el sentido literario de la vida recordando por ejemplo a la Puértolas o a algún otro escritor que yo haya leído. En la biblioteca de Las Matas vi yo una pequeña colección de libros de Belén Gopegui, escritora que no se ha vuelto a saber de ella, como de la Puértolas. Hay escritores y escritoras que ya pertenecen a un pasado, a una forma de hacer novelas, al olvido también quizás. Pues no hay quién hable de ellas y sí de raros nombres ingleses que escriben hoy en día best seller sobre temas anodinos o no tan anodinos. Lo único que sé es que últimamente no leo más que libros de poesía, no de narrativa, y ya me está cargando.
Hubo un momento en la tertulia en la que uno dijo: es que tú practicas el sonambulismo político. Y entonces, el aludido empezó a decir unas cosas extrañísimas que le dijo su abuela antes de morir, empezó a divagar con una bicicleta que le regaló su padre para pasear en el pueblo y dijo no sé qué de la extrema derecha y de la derecha extrema, que nos iban a llevar a la catatumba. Y luego se lio a llorar y tuvieron que echarle del plató. Había entrado en una depresión profunda allí mismo, en directo, aunque el mal ya venía de lejos pues se acababa de divorciar de su mujer y sus hijos no le querían. Y entonces, el moderador preguntó: ¿qué entiende usted por sonambulismo político? y el hijo de puta contestó: no sé, me lo inventé para crear confusión en ese contertulio. Me cae mal. Y entonces el moderador expulsó a ese provocador y ya de paso mandó poner dibujos animados en la parrilla de la programación hasta que llegaran las noticias. Y le pegó una ostia al del sonambulismo político, ya fuera de cámaras.