jueves, 19 de marzo de 2026

 Ya voy barruntando la Pascua. Eso creo que es lo que me produce tristeza. Todas las fiestas las pasamos Paco y yo solos, sin que nadie de la familia cuente con nosotros. Se irán al pueblo y nosotros no iremos porque Paco no está para conducir. Está la familia de mi hermana, que ha aumentado con un nuevo sobrino nieto llamado Bruno. Y luego están mis dos sobrinos. Uno soltero que es muy viajero y otro que también forma una familia. Así que Paco y yo estamos en la periferia. Se nos podría ocurrir montar en un Ave y largarnos. Pero no lo hacemos. A ver que hacemos la semana santa que tenga algún interés. Lo más socorrido es ir a Madrid. A la zona de Moncloa y bebernos unas sin alcoholes.

 El 90% de los sirios están bajo el umbral de la pobreza. Y yo me quejo. Hay gentes por el mundo que no tienen nada. Que han perdido su libertad hace mucho tiempo. ¿Me puedo imaginar a un enfermo mental en esas situaciones de falta de todo lo necesario para vivir? Es increíble que yo ande con melancolías. Las melancolías mías las provocan las fiestas. Cuando vienen fiestas me dan envidia esos que andan bebiendo, disfrutando de momentos buenos junto a sus familias. Mi familia, en fiestas, se marchan cada uno a un sitio y no la veo en absoluto. No veo a mi propia familia. En fin. Habrá que aguantarse una fiesta más y no disfrutar de la misma. Queda ese cruce de caminos que es Madrid.

 El chorizo da mucho sabor a las lentejas. Las llena de una vitalidad culinaria grande. Hoy no estoy para nada más que estar en casa y cocinar, tengo que centrarme en cocinar. En esta semana que vea a mi amiga me recuperaré. Pero ese conocimiento tendrá lugar el domingo. Ya se acerca la Pascua. La gente cogerá trenes y aviones para ver a la familia. Yo no sé si veré a la familia. No viajaré en absoluto. Los días pasarán lentos viendo cómo otros disfrutan. La vitamina que habrá se llama Madrid. Iremos a Madrid a ver las procesiones. Iremos a Madrid como una forma de ver cosas extrañas y divertidas. Madrid es un melting pot muy grande, es un cruce de caminos, es la gente con personalidad que camina por las calles.

 Todo es superable. El estado anímico melancólico se sobrelleva haciendo pequeñas acciones que vayan en el sentido positivo de las horas. Los pequeños altibajos son olvidados si nos centramos en provocar un pequeño sinfín de comportamientos adecuados al día que nos ve levantarnos de la cama. Es importante eso mismo: levantarse de la cama para disponer algunas energías en contra de la melancolía que nos ataca. Hay que hacer cosas. Barrer, cocinar, limpiar cristales, etcétera. Así uno se centra en actividades concretas, en conocimiento práctico de las cosas. Es importante no sentarse a ver pasar el tiempo y que nos atrape la acedía propia de gente que no sabe qué modificar en sus vidas. Viva la acción. Viva el quehacer más tranquilo y admirado.

 Ando flojo de ánimo pero, aún así, haré unas lentejas. Es lo que hay. Tendré que superar estos momentos de inseguridad y melancolía. Pienso que no tengo apenas amigos con los que charlar animadamente. Todos los amigos se diluyeron en el tiempo. Estoy muy solo. Pero saldré de esta como he salido de otras sensaciones malas. Las palabras que escribo aquí me consuelan un poco, me parecen un cierto bálsamo contra la soledad. Dice mi horóscopo que hoy es buen día para viajar. No viajo en absoluto. Ni al pueblo más cercano. Quizás camine esta tarde. Eso me vendría bien. Los días se repiten como el ajo. La mañana no avanza en soluciones a la tristeza. Ojalá sea todo temporal y breve.

miércoles, 18 de marzo de 2026

 Lo que hay que hacer con los escritores es leer sus obras. Benjamín Prado no sé si será muy conocido como escritor de novelas pero yo leí dos suyas. La primera, que creo que se titulaba algo así como "Gente que apesta la tierra", estuvo muy bien. Es un misterio sobre la novelista Carmen Laforet localizado en la posguerra. Me gustó bastante. La segunda que leí de él no me gustó porque creo que se puso a escribir de cosas que no sabe. Escribía sobre un señor trasunto de Mario Conde o algo así y la acción transcurre en Japón. No me gustó mucho, solo los inicios de esta novela que no sé ni cómo se titulaba. Benjamín Prado trabaja en la ser, cosa que marca mucho la tendencia de las opiniones que se vierten. Pero creo que es un hombre moderado, tranquilo y risueño, talantes los tres que se aprecian mucho en el rango de características personales de la gente que no conozco de nada.

 Los políticos se regodean con sus discursitos que se mandan de allá para acá. Son unos cachondos que se gastan 16.000 euros en un cóctel en el Museo del Prado. Qué chupadores son, cómo chupan de lo público, cómo se cachondean del ciudadano. No saben lo que es entrar en un supermercado, no saben el precio de un café como el idiota de zp. No saben en qué nación viven en la que las apreturas de la economía solo se conjugan con la carne de pollo. Se están burlando de nosotros cada vez más. Nos roban todos ellos, esa casta maldita que dice que gobierna. La propaganda no es el gobierno. Y la propaganda de los políticos lo es todo ahora mismo en política. Que se vayan todos a comer mierda junto con los sindicatos y la patronal. Qué falsos, qué mentirosos todos. Qué pancarteros, qué asquerosos.