viernes, 16 de octubre de 2026

 La verdad. Qué bonita palabra. Si la verdad se extendiera, a base de conocimiento general, a otros escenarios atenderíamos. No tendríamos que estar pendientes de ver qué decía un político o qué decía otro. No tendríamos que estar sometidos a ningún poder ni a ningún decreto del consejo de ministros. Nos entenderíamos todos en la calle, en la plaza, charlando por la mañana y por la tarde todos unos con otros. Desaparecería la soledad de las gentes. La gente se instruiría, sabría del ingeniero y del maestro y de la ama de casa. Sabría de los niños y de su imaginación poderosa. No habría reyes ni nadie a quién votar. El pueblo entero gobernaría para el pueblo entero. Unas leyes sabias, habladas, sopesadas a la luz de la mañana.

 Las vacas, en los prados asturianos, mugen. También en los prados castellanos. Hace mucho calor y estamos en octubre. No sé qué va a ser de nosotros. Me he cortado el pelo y he comprado un humificador. La atmósfera de mi casa no tiene tan mal olor a tabaco. Las ventanas están abiertas y no viene por ellas frío. El soltero envidia al casado y viceversa. No estamos a gusto con nada. Quizás un día, no se sabe qué día, el pueblo se quite la opresión de la mentira de encima, de todos los embaucadores del mundo. Y salgamos ese día a la calle y todos sepamos, todos seamos capaces de interpretar la realidad que nos rodea, no andaremos ya vagabundeando por la vida de forma mísera. Ojalá eso ocurriera. Dejaría de haber políticos, ideologías artificiales, mentiras, cosas huecas que ocupan mucho.

Hubo un repliegue general, la gente dejó de creer. Las masas atontadas fueron instruyéndose leyendo libros y periódicos. Los humanos empezaron a saber cosas y por fin distinguieron la verdad de la mentira. La propaganda ya no les hacía mella. Las noticias eran sopesadas con un interés fuerte por la información exhaustiva que pasaba de un lector a otro lector avisado. Los libros ya no descansaban en los estantes de la biblioteca sino que iban pasando de forma acelerada de mano en mano. Las personas simples y llanas decidieron conocer, alcanzar la sabiduría todos a una. Ya no iban a los bares, se entablaban debates en las plazas de los pueblos. Una revolución cultural estaba tomando forma. Pacíficamente, los de abajo, los del pueblo, desplazaron a los políticos. Las drogas, el alcohol y el tabaco dieron paso a la lectura prolongada en el tiempo y en los temas. Todos los seres humanos se convirtieron en filósofos. Y así, ya no hubo más publicidad, más propaganda, más engaño, en suma. Todo el mundo sabía. Y el dinero se aplicó al más necesitado. Y los presupuestos los hicieron ellos, los de abajo. Y no hubo más elecciones ni partidos políticos ni poder de los más aviesos. El mundo giró un giro que nadie pensó porque antes de esta revolución, nadie leía, nadie pensaba, nadie actuaba. Y el mundo empezó a parecerse a la democracia verdadera porque todo el mundo tenía algo que decir, algo que opinar con fundamento, algo que hacer por él y por el vecino.


jueves, 15 de octubre de 2026

 Tengo por aquí un libro de Cela que habla de Ávila y de Guadarrama. Algún día lo leeré. Era bueno Cela con su prosa que alucina en la novela titulada "Mazurca para dos muertos". Hay que tener mucho coco para escribir una novela como esa que yo leí hace tantísimo tiempo, cuando se publicó. Debe de dar gusto a uno cuando muere habiendo hecho las cosas que uno quiso hacer y las cumplió sobradamente. Yo aspiro a novelista pero no novelo más que este pobre blog de los demonios que me hace desvincularme de la verdadera literatura que, realmente, avanza capítulo tras capítulo. No sé si algún día tendré paciencia para escribir algo digno, algo que llame la atención por lo fantástico y literario de verdad.

 Me he leído el periódico entero. Mi pereza parece haber desaparecido. He cocinado unas judías con butifarra y a mi hermano le han gustado más que a mí. Me duele la rodilla derecha, asunto que ha hecho inviable andar a Las Rozas. Sí he ido a Rodilla, donde he visto a Fede, haciendo gestos con su mano y sus narices como protagonistas de esos gestos. Es un tío muy raro, muy raro que presume de católico siendo un sinvergüenza. Después de beberme una coca cola de grifo, me he fumado un cigarrillo. He salido de allí a casa y, ya digo, me he leído el periódico entero y verdadero. He aprendido un refrán: es buena la capa que todo lo tapa.

 Hoy me he levantado con pereza. Una pereza enorme por vivir el día. Pero luego, al mediodía creo que me espabilaré. Hoy he soñado con amigos. Salían en el sueño amigos hablando conmigo, dándome ánimos quizás. No veo hoy mucho fundamento en escribir aquí, así que no sé si escribiré mucho. El oscuro temblor de la noche ya pasó y me pilló en la cama, demos gracias a Dios. Los sucesos que acaecerán hoy no se si me alcanzarán. Si no, demos también gracias a Dios. Hoy hago judías pintas con butifarra. Ojalá me salgan bien y comamos tranquilos y a gusto. El diablo, esta mañana, aún no ha perfilado a sus víctimas. Pronto lo hará para mal de algunos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

 Uno camina hacia su autorrealización. No es camino fácil, entran muchas dudas si ese camino nos autorrealizará. Ese camino está lleno de trampas que se hace uno mismo mientras cantan los pájaros mañaneros. La luz del día ayuda a este autorrealizarse, pero no mucho, solo para ofrecer un escenario. Vamos autorrealizándonos poco a poco, con mucho tiento y por eso salimos a andar por la tarde para huir de las horas muertas del día. Yo me autorrealizo muy lentamente, tomándome las cosas con filosofía, no juntándome con aquellos que me impidan mi autorrealización. La autorrealización es muy seria, no admite vuelta atrás. Dan ganas de morirse a veces pero hay que seguir porque los días empujan a la vida y no al revés.