En la parada de autobús de Majadahonda le gente es igual que mi hermano y que yo. Quiero decir que todos visten como mi hermano y como yo. Nadie destaca. Excepto una vez que vi subir al autobús a un tipo menudo con una chaqueta vaquera con motivos de rock and roll duro y unas manos como alicates. Me sorprendió el tipo. Seguro que había soportado trabajos duros y oído conciertos duros también. Dejó en mi alma una aroma a madrugadas y paletas con cemento. Otra vez una chica vestida de negro pero con camisola blanca se puso a cantar en inglés a su amiga y me sorprendió también mucho, no dejaba yo de mirarla, precisamente porque la admiré todo el trayecto a Madrid. Una vez en Madrid, en el llamado intercambiador de Moncloa, la tromba de gente que camina de un lado a otro, por pasillos larguísimos, me subyuga, me subyuga más que lo haría cualquier droga u orgasmo que tuviera yo en alguna ocasión. Quizás exagero, no sé. Pero es la impresión tan bonita que tengo de ver tanta gente junta avanzar a destinos que ni me imaginaré nunca.
EL PROFESOR
jueves, 12 de marzo de 2026
El poeta que cantaba a la fogosidad del tigre y a la princesa de la boca de fresa y al arlequín simpático y al payaso del circo y a el rey que rabió luego cantó a la piedra porque él mismo quería ser una piedra que no sufriese el avatar del ser humano que él era. No podía ya soportar la vida. Se veía con achaques, con la tensión de la muerte en su alma. Pero conoció a Francisca, que le ayudó a llevar esos asuntos de desvalimiento y de miedo a la vida un poco más ligeramente. Somos todos ese poeta, ese Rubén Darío que cantaba "Prosas profanas" y que luego cantaba al hundimiento de la vida a sus pies. Todos hemos sido jóvenes. Todos hemos matado nuestra infancia en días más tristes de nuestra vida. Todos somos unos poetas de nuestras propias vidas.
Las ilusiones que van volando delante de nuestras narices nos van advirtiendo de una felicidad del futuro. Yo, decía Marisa, quiero casarme con Julio Iglesias. Pero de esto hacía mucho tiempo. El taxista fue por la M50 dando toda la vuelta a Madrid para que yo viera a mi hermano. Había lluvia en la entrada del hospital de Torrejón. Luego me vine en Renfe. Hacía mucho frío en la estación. Los pilares de la Tierra se tambalean, se van rompiendo un poco por la actividad frenética de un dirigente imprevisible. Las mañanas, igual que las tardes, se suceden unas a otras como limas de unos barrotes que encierran a los corruptos. Todo se corroe cuando se está en el poder, todo se vuelve dinero, sexo y placer. Yo creo que sz agotará la legislatura, se presentará a elecciones y las ganará.
Veo a un chino que baila en la calle en un vídeo. Leo El País digital y El Mundo digital. Los de su partido presionan a Trump para que acabe la guerra. Pero dice Irán que la guerra durará lo que ellos quieran. A Trump le preocupa mucho las consecuencias económicas que está teniendo la guerra. Sube el barril de petróleo. Todo cuesta más. Las bolsas se hunden. Por el cielo un pájaro barrunta la primavera. Las esquinas de las calles rezuman un calorcillo mañanero que se incrementará a mediodía. La paz no está asegurada en el mundo mientras las gentes de la ciudad caminan absortas en números de dinero, en la compra de la supervivencia, en vivir un poco más libres de ayuda asistencial.
miércoles, 11 de marzo de 2026
Hay muchos pensadores comunistas que, como vieron que la dictadura del proletariado no tuvo lugar, explicaron que el comunismo era otra cosa. Los comunistas llevan el comunismo como una religión lleno de dogmas como la solidaridad entre los trabajadores, le fe en una utopía que vendrá en la que ya existirá de algún modo el triunfo obrero. Pero lo que manda en el mundo es el capitalismo y el consumo de cosas innecesarias. Cosas innecesarias que los comunistas compran para hacer el caldo gordo al capitalismo. Los comunistas son ilusos, viven de una ilusión en el futuro que no existirá, que ya no tendrá lugar en ningún modo. Pues, ¿existe la solidaridad entre los obreros? El 1 de mayo, todos los obreros están en la playa y no en manifestaciones que reviven recuerdos. Y el comunismo, desde luego, se puede reducir a la gilipollez de todos, todas y todes.
Fundaron la revista "Rompeolas" pero había que escribir para ella de forma continua y acerada. Y eso no era tan fácil. Ernesto Villaluenga, uno de los fundadores, siempre se escaqueaba de escribir su artículo sobre crítica literaria de los viernes. Juanito Santa Cruz, el niño pijo de la revista, estaba más atento a las fortunatas que pasaban por la Plaza Mayor de Madrid que a escribir su columna de actualidad social en la página tercera de "Rompeolas". Solo escribía como una máquina para rellenar huecos que todos iban dejando el filólogo licenciado Leandro Pringas. Leandro Pringas había llegado de su pueblo natal en Toledo a comerse Madrid y estaba haciendo esfuerzos literarios todos los días para que la revista funcionara. El verdadero rompeolas era él y nadie más. Madrid le estaba comiendo a él, con tanto esfuerzo para que la revista pariera un número más. Así que, un buen día, dejó de escribir y se dedicó a la dirección cinematográfica, mundo en el que tampoco triunfó. Luego, se metió a actor teatral y ahí sí que hubo un hueco para él.
Voy a escribir algo sobre gramática. Sobre la palabra "que" en español. La palabra "que" tiene diversas funciones. Una función se llama pronombre relativo y lo explico con un ejemplo que yo siempre usaba en los institutos. Si yo digo "el preso huido" es lo mismo que "el preso que huyó". El pronombre relativo introduce una frase que es equivalente a un adjetivo. Pero pueden darse frases mucho más complejas como en "el niño que tenía un caramelo en la boca se marchó". El otro "que" introduce los llamados verbos dicendi o de decir. Por ejemplo: " dijo que la luna salió.". O "anunció que el viernes no habría clase". Este "que" no es pronombre, sino nexo de unión de dos frases. El "que" relativo siempre aparece con un nombre al que hace referencia. El otro "que" siempre aparece con un verbo.