sábado, 7 de marzo de 2026

 Ayer estuve leyendo libros de poesía. Antologías de poetas de una generación, libros de un solo autor, de una época, etcétera. Me lo pasé bien. Se aprenden cosas y la atención está puesta en los versos y versos que surgen de una cabeza genuina e inspirada. Saqué la conclusión de que el pensamiento se puede manifestar de muchas maneras. La gente común no suele leer poesía pero no quiere decir que no tenga ideas poéticas en la cabeza. Solo basta con pensar en sus sentimientos para que se produzca una poesía no escrita. Los sentimientos que suscita un padre a sus hijos y viceversa, es poesía. El amor fraternal o sentimental es poesía, nos hacen sentir poetas mudos de lo que anida en nuestro corazón hacia esas personas que amamos. No solo los versos transmiten poesía. Hay escenas entre la gente que es pura poesía. Hasta la soledad tiene su poesía metida en un corazón deseante de comunicarse.

 Una persona en soledad casi no es nadie. La gente la mira e intuye esa soledad y no la dirige la palabra. La soledad nos vuelve enfermizos, carentes de lenguaje, nos hace bestias. Quien rompa esa soledad forzada debe ser alabado, debe iniciar un diálogo que antes no estaba. Debe dar un paseo con el solitario y escucharle. Y así habrán ganado los dos: el solitario ha dejado de serlo y el que le acompaña ha ganado en grandeza. La soledad no conoce de dinero ni de clase social ni de política. La soledad se ceba en jóvenes o viejos, la soledad es una malísima compañera. Matemos las soledades de la gente haciéndolas hablar, haciendo que el lenguaje vibre, las historias y anécdotas brillen en la boca del solitario.

 Una persona se sienta en un banco de un parque urbano deseando ser ella misma. Mira cómo pasan otras personas que también desean ser entes únicos de la creación. Pero da la impresión de que no valen nada, ni la que piensa sentado ni las que van andando con alguna intención. Para cuándo habrá una reunión de las almas en la calle que dé como resultado una esencia de cada ciudadano, una ecuación feliz del ser humano. Hubo épocas de mucho entendimiento entre las personas, de mucha libertad para decir lo que se pensaba. No había enfrentamiento político ni religioso ni de clase. Pero aquello ya pasó. No sé en qué época sucedió. Volvamos a entendernos en una plaza pública donde cada uno pueda decir lo que quiera sin ser insultado ni juzgado.

 Uno va buscando su esencia mirando el espectáculo que da el sol recortando las figuras humanas que también desean ser un ente propio e irrepetible. A lo  mejor uno llega a ser lo que debe ser en el mundo dedicándose a lo que le gusta. Algunos son padres y en la crianza de sus hijos se va definiendo como educador y guía de los mismos. Otros avanzan buscando en las palabras de poetas algún signo que les devuelva su ser inacabado. Todos desean ser felices porque siendo felices se realizan como personas. En las dificultades también hay una forma de ser uno mismo, de crear una personalidad. Pero todos huimos de las dificultades o las arrostramos saliendo de ellas más fuertes. Nadie tiene por qué sufrir en este mundo. Hay que poner los medios para que las desgracias sean tratadas de la mejor forma para los desgraciados. Y aspirar a la felicidad que es la verdadera forma de que seamos más y mejores.

viernes, 6 de marzo de 2026

 Ya está escrito el último relato que me ocupó algunas tardes. Ya está encuadernado. Me han salido 58 páginas. Ahora tengo que escribir otro. Este otro relato haré que pase en Madrid, en Moncloa y aledaños. Y espero que mi prosa sea más descriptiva, más demorada. Debo centrarme más en destalles que en la narración de los hechos. Siempre me han gustado los escritores que se fijan en el cristal del vaso mientras tiene lugar un diálogo. Los que saben describir la atmósfera de una mañana en el despacho del inspector de turno. Los que saben describir una falda, una corbata y le dan el significado apropiado a esa falda o esa corbata. Yo, como escritor, no me fijo en absoluto en los detalles pero debo aprender a fijarme. Así, la narración es más sutil, delicada y lenta.

 Nadie en España sabe nada de los estados de EEUU. Poca gente, a no ser la adinerada, va por ese país a estudiar o de vacaciones. Me leí hace tiempo una novela de viajes protagonizada por el mismo autor de "Uvas de la ira" y por su perro Charlie. Pasan por un montón de estados pero no me acuerdo de nada. Iban en una furgoneta muy bien preparada. Las familias, en EEUU, se endeudan para que sus hijos vayan a la universidad. Vemos muchas películas americanas a lo largo del año, eso sí que está claro. Y Nueva York ya forma parte de nuestro imaginario colectivo. Yo soy de Montana ¿y tú? Yo vivo en Denver, baby.

 No voy a hablar de la mañana ni de las farolas ni de las aceras. Voy a hablar de un burro. Un burro que habita un prado cercado en el llamado "prao grande" de mi pueblo. Este burro pasta tranquilamente, va rasgando la hierba con su dentadura enorme y de vez en cuando, pega alguna coz al aire de la sierra. Este burro tiene todas las esencias de mi pueblo metidas en cuerpo de acero, como el burro Platero, como el burro Platero. Un día le pasearon por el pueblo para recrear un portal de Belén. Y el burro se portó bien, estuvo muy teatral y apacible. Este burro se llama "Machotero" y ha caído muy bien entre la gente del pueblo. Sus rebuznos se oyen más allá de las escuelas y de la plaza, hacia donde empieza el camino de la ermita del santo. San Antonio oye sus rebuznos y trata de buscarle una novia. El burro "Machotero" no bebe más que agua, menos mal.