Resulta que tengo que cumplir un horario y estar la mañana ocupado pues me he levantado muy pronto. Y, aunque no escriba más que chorradas, voy a estar escribiendo blogs de estos hasta el hartazgo. Aunque demuestre poca clase al decirlo, es lo que hay. Mi pueblo, a estas horas, ya anda bastante despierto. Pero despierto para poca cosa, me supongo. Algunos trabajan (y viven) en Segovia; o sea, que no se los nota en la población rural. Muchos quintos míos ya no viven en el pueblo, el pueblo da poco trabajo. Mi pueblo está bien situado (cerca de Ávila y cerca de Segovia) pero no se sabe aprovechar en mi pueblo tal tesitura ni para vender melones al lado de la carretera. Mi pueblo se va gastando de gentes y de acontecimientos pero siempre hay una fiestecilla que montar. En mi pueblo se bebe mucho y luego se habla de lo mucho que se bebió cierto día. Y que a uno, se le cayó el cubata y ja, ja, ja, ja. No encuentro en mi pueblo a ningún amante de los libros, de la lectura. No hay en mi pueblo otro como yo. Y no es autoadulación. Es una verdad.
EL PROFESOR
jueves, 4 de junio de 2026
Aquí, en la ciudad, siempre hay ruidos. Siempre hay una obra, una reforma, una reparación municipal. Golpes y chirridos toda la mañana. Claro, algo tenía que tener vivir en la ciudad. También hay en la ciudad una biblioteca con títulos de los años ochenta, de parejas "que viven su particular crisis". Todas las novelas de esa biblioteca son así, de matrimonios que "sufren sus diferencias en una isla a la que van de vacaciones". Yo, la verdad, vista una mujer, ya he visto todas. Lo que quieren, después de juntarse contigo, es mandar y mandar en todos los órdenes de la vida. Y acaparar todo el dinero posible. La novia que yo tuve no quería hijos. Me lo pasé bien con ella, que duda cabe, pero también discutí muchísimo con ella. Las gallinas que entran por las que salen. Pero casi que no me gustó. Cogió ella envidia. Regañábamos. Un rollo. Ya no la quiero ni ver ni como amiga. Ojalá encontrara yo en mi vida a una escritora. Creo que entonces, yo lo pasaría bien. Pero, ¿dónde está la escritora?
El libro bueno, bueno de verdad, que me estoy leyendo, es de una tal Cynthia Sweeney y se titula "De buena familia". Es, la verdad, un libro muy bueno, con trazos psicológicos de los personajes estupendos. Es la historia de cuatro hermanos y una herencia pero también se cuentan cosas muy humanas, que tocan el corazón. En un capítulo del libro se habla, muy humanamente, de las consecuencias del atentado de las Torres Gemelas. La verdad es que llega a tocar la fibra ese hombre que se pone a buscar restos de su mujer entre las ruinas del edificio. Y al final, encuentra un zapato al que pondrá, como recuerdo, en una repisa de la cocina. Para no olvidarla, para tener algo suyo. Luego, el libro habla de un tal Leonard, que es un hacha para los negocios. Te vas dando cuenta de que los cuatro hermanos necesitan demasiados créditos bancarios para poder vivir, para poder pagar su forma de vida. Y ves el agobio que eso representa. Y cómo los cuatro están ahogados por la falta de dinero por el hecho de vivir los cuatro en el centro del mundo, en Nueva York, que es carísimo.
- Si yo escribiera de mi infancia, tendría que rememorar el río Moros, que este año se ha desbordado en el invierno de tanta lluvia que ha caído. En el seno de ese río habitaba el barbo, que podía ser grande y que, cuando lo pescábamos, iba a parar a las fauces del tío Facundo. El tío Facundo era un comunista reconcentrado que cantaba la internacional para entretenerse. Un día le dije yo que todo eso estaba pasado de moda, que ya no pegaban esas ideas y se enfadó conmigo. Le herí en lo más hondo pues quizás a sus ochenta y tantos años, seguía creyendo en la revolución obrera. De todos modos el tío Facundo era hombre amable y conversador, que tuvo unos 7 u 8 hijos a los que tuvo que montar una pollería para subsistir y de ahí que a todos ellos los llamaran en mi pueblo los polleros. Hay muchas historias en mi pueblo, tantas como gentes lo habitan. Se podría escribir un libro con ellas pero yo no lo voy a hacer. Sería un rollo tremendo.
Ayer me costó dormirme. Me tuve que tomar una pastilla. Me dormí a eso de la una. Esta mañana, encima, me he levantado a a las 8 de la mañana. Pero, ¿dónde voy yo a las 8 de la mañana? He desayunado y me he vuelto a tumbar. Pero solo he aguantado hasta las 8 y media. No podía más estar en la cama. Llevo un par de libros, un par de lecturas, realmente buenas. Pero no puedo tampoco pasarme la mañana leyendo. Tampoco me concentro tanto como para eso. Podría ponerme a escribir blogs a granel pero creo que tampoco podría hacerlo. En fin. Hoy preveo fumar más de la cuenta y se me va a hacer la mañana muy larga y quizás también la tarde. Podemos pasear a Las Rozas para matar una hora o dos. El tiempo parece que acompaña, que ya no hace un calor inhumano.
miércoles, 3 de junio de 2026
Me tengo que cortar el pelo. Es elección que no me gusta. No me gusta que me anden tocando la cabeza. Pero tengo ya mucha cabellera. Las farolas dan luz, nos indican qué está pasando por la noche. Ya veremos cuando las farolas, además de dar luz, graben las cosas que ocurren. No si veré eso alguna vez. Me parece que en China ya ocurre. Los días se suceden como unas natillas de postre o como las golondrinas chillonas. La verdad de la vida nadie la sabe. Andamos unos creyendo en Dios; otros, creyendo en el dinero; otros creen en sí mismos. Así anda la cosa. Es difícil creer en algo que no podemos tocar ni ver. Ahí está el truco. ¿Qué promete el dinero? Una vida buena. Pero, ¿después?