sábado, 6 de junio de 2026

 El reloj marca Casio marca la hora. Cá sío, cá sío, cá sío, Casio. Los demás van andando o corriendo, según sean las prisas. Ayer vi a un docente muy estresado, muy fuera de sí al defender sus derechos. No hay que ponerse así. Dilo despacio y sin tanto énfasis. Que te va a dar algo. Los docentes hemos aguantado mucho. Hasta que no me saqué la plaza iba de la Ceca a la Meca. Madrid ya ha recibido al papa. Qué dirá y qué no dirá con la situación política que hay en España. Bueno. Las gentes peregrinas que oirán la misa en la Cibeles serán, calculan, un millón. Yo lo veo mucho un millón. Que llegue el mensaje del papa a todos aquellos que quieren oírlo.


Estuvimos comentando la faena del torero. Mató bien al toro. Pero uno se queda pensando si no será algo, esto de la tauromaquia, un poco salvaje, impropio de estos tiempos. Los ricos van a los toros. Y también los pobres. Yo no soy pobre ni rico. No me debo quejar. Los soles de los días alumbran a cualquiera que se ponga expuesto a sus rayos. Todo el mundo puede trabajar y ganar dinero. Siempre hay alguna ocupación. Hace mucho tiempo que vi un documental sobre gente desocupada en Inglaterra. Gente que se drogaba y cometía delitos. Los ponían a hacer bolígrafos. Muy sencillo. Muy apto para gente que no sabía casi hacer nada. Ojalá aquí, en España, se pusieran a hacer bolígrafos todos esos que ocupan malamente las plazas haciendo el gilipollas.

 Me he dado cuenta de una vez que Paco no puede hacer 400 kilómetros para ir a la playa. Y además, no le gusta la playa ni viajar. No somos viajeros, no podemos ser viajeros. Así que me conformo con las lecturas de este verano y sanseacabó. El verano ya llega y yo oigo conversaciones en las que uno dice que va a ir a Tenerife y luego, a Mallorca. En agosto hay una especie de diáspora como la judía. Todos se van. Pero no quiero yo hablar de los que se van. Las golondrinas chillan alegremente, el sol ya no castiga. Los peces del mar van a verte cuando te bañas se quejan los pescadores. El azul del cielo es como una puerta eterna abierta a la luz. No hay insectos. Los insectos representan el 80% de las especies de la Tierra.

 Me preguntó el del bar del pueblo que qué tal este tiempo sin vernos. Y yo le dije que unos ratos mal y otros, bien. Eso ya lo sabemos todos, contestó. Luego, me alejé de la barra. Y es que la vida es así. Dicen que no hay mal que por bien no venga. Y hay males que acercan a la gente y la hacen más humana. La vida, según va pasando, se llena de sorpresas y cosas nuevas por vivir y lo viejo da paso a lo nuevo que puede ser mejor. Los días de andar con reproches parece que han pasado. Ya no somos una cofradía que exhibe un dolor por un supuesto maltrato. Ha habido perdón. Ha habido acercamiento y es mejor para todos.

viernes, 5 de junio de 2026

El minutero no se cansa. Las horas vuelan. La providencia a veces nos salva. Es estúpido no darse cuenta de las cosas buenas de la vida y no vivirlas. Los amigos ríen, se cuentan sus cosas. La playa es ese lejano rumor que no llega a Madrid. Los versos cuentan, como las novelas, como los niños que juegan: mamá mira, mamá mira. Hay unos dulces frutos pasada la juventud que se pueden disfrutar toda la vida. El rumor del agua, el silbido del viento y el crepitar del fuego siempre nos acompañarán de una forma u otra. Los lunes son como los lunes y en los viernes hay otro palpitar. Me alegro de comer con mi sobrino y de hablar por teléfono con mi hermana esta semana. La familia ya es un tubo comunicante, ya es, por fin, una unión de pareceres.

 Me parece que yo he leído bastantes libros a lo largo de mi vida y me ocupo de seguir leyendo todo lo que puedo porque los libros son, a menudo, muy interesantes, son una lección de vida y se basan en realidades que quizás algún día me tocará vivir a mí o ya las he vivido. Los libros no son más que amigos que me acompañan en una sucesión de personajes a los que les pasan cosas, como me pasan a mí. Yo tengo un tendencia, a veces, de que estoy en un sitio y quiero contar ese sitio. O sea, mi mente se pone en modo novelista y empiezo a contar mentalmente lo que veo o siento. Los novelistas que consiguen atrapar el momento, captar la acción o el diálogo inventado pero sacado de una realidad y esa realidad es atractiva, esos son buenos.

 La vida pasa y no sabemos del todo para qué pasa. Un padre de familia tiene su sentido en cuanto que vive para su familia que ha formado. Pero ni aún así sabe ese padre o madre de familia para qué pasa la vida. Estamos como inválidos frente a la vida en el sentido de que no tenemos la certeza del vivir a cien por cien resuelta. Comentamos casos tristes y nos entristecemos nosotros mismos y una sombra negra recorre nuestra frente. Somos vulnerables, somos una pieza de ajedrez en un tablero tonto y sin sentido. Somos lo que queremos ser cuando la vida nos mantiene felices y con cierta estabilidad pero ya digo: no sabemos del todo ni qué somos ni lo que pintamos en esta perra vida. Así nos hizo Dios: la perfección de la Creación y también las piezas que pueden caer de un momento a otro.