Cae por la rendija del futuro más cercano toda mi desilusión. Se va colando poco a poco un líquido amargo que me estropea los días que van a venir. A lo mejor alguna sorpresa agradable tiene lugar si me pongo a leer libros buenos, que me despejen la mente de tanto paisaje urbano inamovible. Cuando llegue la semana santa, mucha gente se irá, disfrutará de ver algo distinto. Yo no tengo más que una amiga que le cuesta serlo. No tengo más que un coche que no va muy lejos. Tengo mi imaginación que, al mirar los santos de un libro, se imagina lugares espectaculares por su interés turístico. La semana santa castellana o sevillana o malagueña. Yo no ando más que por los alrededores. Y los alrededores son tacaños en sorpresas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario