sábado, 28 de marzo de 2026

 Mucho silencio el sábado por la mañana. No caí en el engaño del dueño del kiosco de prensa. Hoy, el periódico analiza libros publicados esta semana. Cuántos libros en tan poco tiempo. Yo me estoy leyendo un libro del Nobel de literatura del año 2025, un húngaro de nombre irreproducible en letras. La vida agasaja al que triunfa y puede conducir. Al que depende de las pobres circunstancias de una enfermedad, la vida le tritura y le cercena como cercenaba las manos Dios a un tal Blas de Otero. Y sajaba vivos a los ojos. Este Blas de Otero no hay quién lo entienda. Siempre se ha dicho que Dios abre los brazos al que le llama y le ama, no que le rechace de manera tan brutal. Pero bueno, la gente poeta es libre de pensar lo que quiera, para eso es poeta. Yo, como poeta, soy más bien pobre de versos, me salen unos versos lastimeros y poco transcendentales, no sobre Dios y sus crueldades.

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