miércoles, 11 de marzo de 2026

 Fundaron la revista "Rompeolas" pero había que escribir para ella de forma continua y acerada. Y eso no era tan fácil. Ernesto Villaluenga, uno de los fundadores, siempre se escaqueaba de escribir su artículo sobre crítica literaria de los viernes. Juanito Santa Cruz, el niño pijo de la revista, estaba más atento a las fortunatas que pasaban por la Plaza Mayor de Madrid que a escribir su columna de actualidad social en la página tercera de "Rompeolas". Solo escribía como una máquina para rellenar huecos que todos iban dejando el filólogo licenciado Leandro Pringas. Leandro Pringas había llegado de su pueblo natal en Toledo a comerse Madrid y estaba haciendo esfuerzos literarios todos los días para que la revista funcionara. El verdadero rompeolas era él y nadie más. Madrid le estaba comiendo a él, con tanto esfuerzo para que la revista pariera un número más. Así que, un buen día, dejó de escribir y se dedicó a la dirección cinematográfica, mundo en el que tampoco triunfó. Luego, se metió a actor teatral y ahí sí que hubo un hueco para él.

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