miércoles, 25 de marzo de 2026

 Escribo. Y después de escribir un rollo de estos, voy al grifo de la cocina de donde sale agua y bebo, bebo mucha agua. Para quitarme los nervios, para matar un gusano verde y asqueroso que trepa por mi estómago a las tripas inmisericordes. Y sigo escribiendo como lo haría Bukowski o como lo haría un Azorín borracho y barriobajero. Y luego de escribir estos rollos voy a la calle y las conversaciones de la gente tienen eco, un eco descorazonador porque en la ciudad ya hay más aire que gente, más atmósfera que ciudadanos. Porque todos, hasta el más pobre, han salido de la ciudad, han cogido una oferta turística de menú diario y se han ido a la playa, a la montaña, qué sé yo dónde han ido. Y la ciudad se queda tranquila, nerviosamente tranquila.

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