El humor puede salvar una mañana, incluso un día de desasosiego en el alma. La pena se aposenta en el corazón por la mañana cuando el aposento del cuerpo queda vacío, cuando las sábanas se quedan solas. Cuando va a llegar un mediodía de honda tristeza. El humor es fundamental para dar a ese reconcomio de la vida una respuesta, un valor que se ha quedado colgando de las sensaciones malas de la jornada. Y no hay que ir a trabajar. Y no hay que esforzarse. Quizás por eso, la moral está tan baja. La existencia, simplemente, duele en el ser, en el vivir el día que no ofrece novedad por ningún sitio. Ayer fue hoy como el teatro que se representa mil veces. Pero el éxito de la repetición no es tal. Es un fraude de la vida. Es lo mismo por el mismo precio. Es un sinvivir existencial que amarga las horas una por una.
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