Una persona se sienta en un banco de un parque urbano deseando ser ella misma. Mira cómo pasan otras personas que también desean ser entes únicos de la creación. Pero da la impresión de que no valen nada, ni la que piensa sentado ni las que van andando con alguna intención. Para cuándo habrá una reunión de las almas en la calle que dé como resultado una esencia de cada ciudadano, una ecuación feliz del ser humano. Hubo épocas de mucho entendimiento entre las personas, de mucha libertad para decir lo que se pensaba. No había enfrentamiento político ni religioso ni de clase. Pero aquello ya pasó. No sé en qué época sucedió. Volvamos a entendernos en una plaza pública donde cada uno pueda decir lo que quiera sin ser insultado ni juzgado.
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