jueves, 26 de marzo de 2026

La mañana cruje el aire y lo vuelve transparente y duro a los ojos. Encamina su luz por caminos no soñados, tercos en su adentrarse en el día. Los caminos de la mañana no conocen más que la luz, la maldita luz que hace que nos despertemos aunque no queramos. Yo maldigo a la vejez y a la enfermedad. Maldigo al día y quiero más a la noche. Los días de diario son maleducados, son intrusos en la vida de los seres que habitan el mundo. La noche esconde en las sábanas el placer de no ser, del sueño apaciguador. La mañana hunde mis deseos en el puro reconocer que soy mortal.

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