Un amigo mío trabaja de personal de sala en un museo de Cuatro Vientos. Creo que solo tiene que vigilar un poco. Se levanta a las 7 de la mañana y regresa a su casa a las 4 de la tarde. Yo me levanto y escribo estas líneas según va avanzando poco a poco, la mañana. La mañana es como un jarrón de agua cristalina que se derrama sobre la noche que ha pasado en tinieblas puras. El comodín de la llamada a mi cuñado me ha dicho que la mañana es la parte del día que más daño hace a la pupila, la llena de luz inmensa y clara como un incendio de blanca consumición. La mañana no tiene perdón, te instala en el mundo de manera forzada y violenta, como un violador empecinado. El día comienza en la mañana, asesina a la noche de un duro golpe (la aurora) y luego sigue y sigue matando oscuridad.
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