viernes, 20 de marzo de 2026

 Deberíamos reírnos más de nuestra mísera existencia. A la gente por lo general le gusta la otra gente que tiene buen humor y lo exhala como el perfume de una flor. El buen humor, cuando es inteligente, brota de almas fuertes y corridas de la vida. Mi tío Francisco fue un hombre con mucho humor: lo que yo me reído con él. Decía: no me toques el culo que me despeinas. Y se sabía muchos chistes y dichos que aprendió en todos los sitios donde estuvo: Barcelona, Valladolid, Francia, Suiza, etcétera. Mi tía Isi, su mujer, también era humorística, como Francisco. El miércoles fui a verla a la residencia y me arrancó una carcajada. Se refirió a la residencia como a un feria de gente que pasaba. La vida, si no es con un poco de humor, es difícil tránsito. Riámonos de esa maldita procesión de horas que se pueden hacer imposibles de vivir. Riámonos del mundo en general. Riámonos de nuestra propia persona porque este mundo no es serio. Este mundo gasta bromas muy caras y dolorosas.

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