lunes, 11 de mayo de 2026

 Yo crucé las calles debajo de una lluvia torrencial. Ella no salió de casa. Quizás no la vuelva a ver y, si la veo, la saludaré y nada más. El domingo que viene, no pienso verla. He visto a una ancianita en una tienda de mascotas que guardaba entre sus manos la comida de su perrito. He oído a un hombre que nos decía a mi padre, a mi hermano y a mí en la residencia que es así, hijos y padre juntos, como mejor se está. Le di las gracias porque me animó mucho esa alabanza de la familia unida, de los corazones que hablan sentados y en buena compaña. La vida pasa pronto y es mejor estar unidos: la familia, los hijos, los sobrinos, los nietos, etcétera.

 Tengo que deshacerme de unos libros que tengo en un trastero. Para ello, existen empresas que los cargan y se los llevan a domicilio. Los días se suceden. Los virus crean polémicas, son difíciles de detectar y de tratar. Las lunas también se suceden, alumbrando las noches. La chica que se tomaba un café en diez minutos puede que haya salido de mi entorno personal. Soledad se hacía llamar Sol. ¿No es ello un indicio de preponderancia? Ni lo sé ni me importa. La gente anda por las calles con su perrito, los supermercados hacen su negocio y los drogadictos apuran su droga hasta las heces porque es muy cara. Es muy cara la droga, sí señor.

El agua del mar debe de estar muy fría. El perfil del cielo convive con un baile lento. Hay un momento que tengo metido en el seno de mi pequeña tragedia. Las luces de neón ya pasaron a la historia. Las llamadas de teléfono están en mi agenda. Para pane lucrando tengo mis ahorros. Es pronto en la mañana gris de mayo. No hay ruido ni aspecto de que algo se mueva. Los federicos andan sueltos por el barrio. La canción de la primavera aun ha de sonar durante un tiempo. Es lugar común echar la culpa al tiempo atmosférico de lo que nos pasa. Dudo de mi sombra, que asoma su oscuridad en cuanto deja de llover. Una duchita no vendría mal. Así sea siempre: que no pase nada.

domingo, 10 de mayo de 2026

 Abraza tu dolor, siéntelo dentro. Teme lo que crees malo que te va a pasar. No dudes de que estás atado a unos seres que tienes al lado. La compañía tiene esas cosas, la compañía falla a veces. Los niños se cogen rabietas, los hermanos tuercen sus sustancias del cerebro y dan voces y se comportan incoherentemente. Eres la garantía de esa compañía que te atrapa ya para muchos días. Y no hay solución. No puedes tirar a la basura a esos que te rodean, los tienes que aceptar, que cuidar, que dar conversación. Tienes que enseñar el mundo tan triste que habitas a esos que viven a tu lado. Y se puede poner más triste ese mundo si todo se tuerce. Así que abraza tu monotonía. Es mejor que cualquier disgusto.

Se ha metido el tiempo en aguas. Mayo viene muy lluvioso. Ya es un tercio el que llevamos vivido de este mes. A veces me siento como que el tiempo debe pararse y algún acontecimiento pudiera sacarme de la rutina. Pero luego, nada. Ni un acontecimiento se hace presente ni se para el tiempo y un ladrón me roba el mes de abril. Quizás una conversación, un viaje, un romperse el día a favor de lo inusual, nada de eso hay en este tiempo que vivo. A lo mejor una puerta que se abre y enseña lo que oculta, una visión de algo glorioso y ameno. Un paseo en catamarán por la bahía de Cádiz. Visitar una plaza de un pueblo antiguo del Norte. No sé. Todo se vuelve ceniza en los labios, todo apunta a lo mismo y no hace diana. Todo tiene igual color. La mayoría del tiempo transcurre en el mismo escenario. No hay final, ni feliz ni triste. No hay el desencadenamiento de la emoción.

 Cuando yo era universitario, iba mucho a la biblioteca de la facultad pero no siempre entendía los libros que allí estaban depositados en los baldes. Los temas sobre los que trataban esos libros incomprendidos (en el sentido intelectual del término) eran, claro está, sobre lingüística y literatura. Para algunos autores de esos libros-misterio, todo era un símbolo de otras cosas. Toda la interpretación que hacían esos autores sobre la gramática era enrevesar más la gramática. Y la literatura, que es contar historias, se volvía un andamiaje de factores sociales, humanísticos, psicológicos y de todo tipo para hacer incomprensible la obra literaria. Por eso no entendía yo esos libros, porque perpetraban un atentado florido y pecaminoso contra las historias llanas de los narradores y contra la gramática simple de las lenguas.

 No sé muy bien de qué escribir esta mañana, esta mañana que ha surgido pronto, que ha surgido bien intencionada, pulcra y lavada por la lluvia de la noche. Los domingos tienen un no sé qué de pereza intelectual y del cuerpo que nos dirigen hacia un desencanto grande. Las nubes aquilatan en el cielo todo el agua que va a caer hoy. Las nubes son mejor que el oro porque llevan el líquido preciado, el transparente y demoledor jugo de la tierra. Una gran transferencia de lluvia entre el cielo y la tierra tendrá lugar hoy, si la atmósfera se porta como ayer y antes de ayer. Agua, agua y agua, como cuando los dinosaurios pastaban toneladas de hierba en el jurásico, como cuando el ser humano no había hecho su aparición en el mundo.

 Personas que hacen estupideces o no aceptan sus responsabilidades hacen que pierdas la fe en el ser humano. Es como ese que va al mismo sitio que tú y se pone en un lateral de la Gran Vía para no charlar contigo. Además de enfermo mental, idiota. O ese ministro que no dimite ante una barbaridad. O ese ministro que se atreve a discutir la gestión de un juez porque afecta a la mujer del presidente. O esa estúpida que no llama para quedar porque prefiere estar en el gimnasio. Y así muchos comportamientos en la vida pública o en la vida privada que no son lógicos, que te llenan de resquemor por la naturaleza humana que no se comprende.

sábado, 9 de mayo de 2026

 A este gobierno le sospechan fraude electoral por no sé qué cosas que han pasado en Correos. No debería ni levantar una sola sospecha el gobierno en estos temas. El fiscal general condenado por revelación de secretos privados se debería callar. El presidente que se retiró cinco días a su casa debería haber dejado que actuara la justicia. El ministro de justicia debería callar sobre la actuación de la justicia. El Constitucional debería dejar hacer a los otros órganos de la justicia y respetar sus decisiones. La corrupción del gobierno tendría que hacer que este gobierno dimitiera. La actuación de ministros creando gresca debería estar prohibida. En este gobierno pasan cosas irregulares y como de mafiosos y no pasa nada.

 Esta tarde, muy probablemente, a eso de las 3 de la tarde, veré el telediario y después, veré la película que empieza a las 4. Mientras veo la película, me bebo 3 litros de agua aproximadamente. En estas películas no salen actores conocidos y eso me parece muy bien porque lo que prima es el argumento y no el lucimiento actoral de ningún tipo de esos de Hollywood, que tienen ya un ego superior a cualquier trama que se invente el guionista. Si, además la película es francesa o de otro país, me mola mucho más. Y ya, si dicen que está basada en hechos reales, me flipa, me gusta muchísimo. La película acaba a las 6 y ya es muy buena hora para merendar o dar un paseo por la ciudad y ya está acabado el sábado. Ver una película de estas tiene, por lo tanto, muchas ventajas. A mi hermano no le gustan, no las ve. Y eso que se pierde.

 Voy a hablar de economía. Si un gobierno niega la vivienda a aquellos que más lo necesitan; o sea, a los jóvenes, que de esa manera, se emancipan y habitan el suelo patrio, pues ese gobierno no ha sido previsor. La vivienda es básica y hacerla asequible debe ser tarea importante para un gobierno. Y más para un gobierno que se dice progresista y moderno. No es así como están las cosas en España. Así que el joven bien preparado huye de España. Se le ha formado a ese joven muy bien preparado para que dé rendimiento en otro sitio. Así también pasa con los sueldos. Dicen, no sé muy bien, que los jóvenes que acceden al trabajo, cobran poco y en el alquiler de un piso se les va el 70% del sueldo. Esto está mal pensado. El gobierno interviene en el mercado inmobiliario y echa la culpa a las autonomías de cómo llevan el tema de la vivienda. A mi modo de ver el tema de la vivienda debe ser global, llevado desde el Estado y es el Estado el que ha fallado con esto de la vivienda. Vivienda muy cara, carísima, gobierno muy malo, malísimo.

 La amistad bien entendida no tiene ni un rasgo de queja ni de sospecha. Pero una amiga que se lo pasa muy bien ella sola y que para quedar un domingo por la mañana hay que esperar a que vaya al gimnasio y haga unos recados y tenerme pendiente de ella y sus historias pues es índice de que yo no le intereso mucho. Luego, tomando café, dura cuarto de hora. O sea, que no se hace más que de rogar. Y así no es una amistad. Yo creo que ni los domingos por la mañana nos veremos pasando algún tiempo. Porque es un poco humillante, porque esta chica piensa en su cuerpo más que en sus amigos. Y porque es, más que nada, una cantamañanas. O sea, una singer mornings.

 Mariano Lozano, uno de mi pueblo, dice: amigo que no da y navaja que no corta, que se pierdan, ¿qué importa? No sé si la amistad se puede medir en esas instancias, pero puede que este refrán tenga mucha carga de razón. Desde luego, los amigos que se hacen de rogar no son muy amigos tuyos pues deberían desear verte y pasar un rato junto a ti. Y los que encima, piden, pues para qué hablar. Tengo yo una amiga que me dedica poco tiempo, que me da poco tiempo y creo que el tiempo es como lo básico que se puede dar. Así que la amistad que yo tengo con esa amiga está en el alero pues ni tiempo quiere darme. Esta amiga es vigoréxica, dice que el cuerpo es un templo. Pasa más tiempo en el gimnasio y paseando que con cualquier amigo. Yo le digo a ella que le gusta la soledad y ella dice que no. Pero le gusta más la soledad que sus amigos.

viernes, 8 de mayo de 2026

 Como llueve y hay que estar en casa... Bueno. Hay que estar en casa porque uno quiere. Pero bien preparado, puede uno ir a cualquier sitio. El caso es que como nos habíamos acostumbrado a tanta y tanta sequía, unas gotas de más, ya nos asustan. No nos asustemos y salgamos a la calle con botas y un chubasquero y con ganas de reírnos del cielo. Que no es para tanto. Además, el asunto es intermitente. Tan pronto cae como cede. Las nubes grises casi negras imponen un poco pero cuando uno se acostumbra, ya da igual. No sé quién dijo que hay cambio climático. El calor de abril pasado así lo atestigua pero estas lluvias lo desmontan. Yo ya no sé qué pensar. ¿Y si el cambio climático ha pasado a mejor vida? ¿Y si ya la contaminación con efecto invernadero está declinando? Ya digo que no sé qué pensar.

 ¿Usted es el que ha escrito las comedias, en total seis? Así se dirigía el comisario del gobernador a un hombre de media talla, un poco acongojado y con una daga al cinto. ¿Y todas han pasado la censura real? Sí señor, respondió el hombre. El comisario dijo: cuenta vuesa merced con doce actores, pero dos están enfermos, uno con la sífilis y otro con pulmonía. ¿Se podrán escenificar sus comedias con estas bajas? Atienda vuesa merced que tiene que estar usted y sus comediantes disponibles 6 días que dura la feria de San Ildefonso. Sí señor. Sí podremos. En otras peores nos hemos visto. El comisario miró a los ojos al empresario teatral y le dijo: al alcalde le ha gustado más que ninguna la obra que lleva por título "El castellano celoso". Esa será la que inaugure las fiestas. De acuerdo, dijo el empresario. No hay ningún problema. El comisario, ya más sosegado dijo: y le seguirá "La dulce Dorotea". De acuerdo, de acuerdo. Vaya con Dios, se despidió el comisario y se zampó en otros legajos y asuntos que había encima de su mesa.

 El otro día oí decir a un tipo por la Gran Vía de Majadahonda: está el tiempo tonto, está el día tontorrón. Lo que está es un tiempo de lluvia como ha caído esta mañana. Y esta tarde está todavía más oscura. Se levanta viento y los pájaros andan de aquí para allá, como si barruntaran otro chaparrón de una hora como el que ha caído, ya digo, esta mañana. Como así no se puede ir a Madrid, pues me he puesto a inventar aquí inicios de historia que pueden tener continuación o no, eso depende de mi pereza o de mi voluntad. Pero a este blog ya solo cabe darle fin, pues me he entretenido mucho contando de la atmósfera y el cielo y el amago posible de lluvia y solo, para acabar, decir que toca pasar horas en casa, así que más vale tener entretenimiento que no estar uno comiéndose las uñas mirando por la ventana cuando va a caer esa esperada lluvia. De hecho, ya son las 4 y media y ya está cayendo un lluvia bastante poderosa.

 Como el cielo está gris o casi negro, voy a escribir aquí otro ensayo de historia que podría alargarse si es mi deseo en un documento Word, luego, más tarde, así que lo vea yo conveniente si el relato mereciese la pena. Y empieza así: Mariano, el de la Genoveva, pidió un chato y una rata frita que aparecieron de la mano de Ramón, el mochuelo, sobre la madera de la barra de la taberna. Y Mariano empezó a comerse un lomo de la rata, cuando apareció Mauricio el ronco por la puerta, muy intranquilo, muy desmedrado. Y Mauricio el ronco dijo: ¿a que no sabéis? Han encontrado muerto a Don Mariano, el cura, con una raja de oreja a oreja en su casa. Un asesinato. Ya está allí la guardia civil junto con el alcalde. Dicen que debe de haber sido alguien conocido del cura. Le ha abierto la puerta sin ningún problema. Y dijo Mariano, el de la Genoveva: he sido yo. Esta mañana, a las 8. Ha sangrado más que un gorrino. Estaba harto de que mi mujer me dijera que Don Mariano se metía con Marx y los comunistas. Los curas deben hablar de Dios, no de política. Y empezó a comerse el otro lomo de la rata.

 Esto que escribo aquí debería ser un ensayo para que esta tarde toda llena de nubes negras, la dedicara a inventar una historia. Y la historia podría empezar así, más o menos a la buena de Dios: Jacinto se había caído de un avión. No sabe cómo había llegado a esa isla que parecía desierta. El caso es que cuando cobró de nuevo la conciencia, ya estaba en una playa muy larga de la que no vio el confín. Solo recordaba el histerismo que se había adueñado del pasaje y de la tripulación después de oír por el altavoz: "hemos perdido el segundo motor". Todo fueron gritos en los que se llegaba a oír por diversas voces: "nos vamos a matar", "Dios mío, sálvanos" y muchos que llamaban por el móvil en un deseo de despedirse de alguien, de los seres queridos. Y el que no tenía seres queridos, quizás de algún ser odiado. Jacinto había sobrevivido a eso: al histerismo, a la desesperación y al golpe del avión contra el mar. Resulta que, cuando Jacinto dio unos pasos por la playa, lo vio. Vio el avión allá lejos semihundido en el mar y un montón de cadáveres arrojados a la playa. Unos, violentamente muertos, a puro golpe; otros, mutilados, sin cabeza o sin piernas. Le costó creer que él no hubiera muerto.

 La emoción más grande que yo he vivido encima de una bicicleta la viví cuando mi tío Francisco nos dijo a mi hermano, a mis primos y a mí que íbamos a subir por la carretera a Las Navas de San Antonio, el pueblo de al lado de Zarzuela del Monte, pueblo donde yo nací. Tendría yo escasos 10 años. En misa (había que ir a misa), yo estaba deseando que se acabara. Mi tío Francisco se pilló una bici y fuimos unos cuantos primos a la carretera. Se subía una pendiente recta y luego, había un descansillo. Después, venían unas cuestas en curva que ya no existen. Yo me alegré mucho de que pude subir esas cuestas sin bajarme de la bici, una BH de color rojo. Parece que la estoy viendo. Fue algo mágico llegar al otro pueblo en bici para un niño como yo. Al volver me tiré todo el rato frenando pues me dio miedo la cuesta abajo. Nunca se ha repetido esta épica bicicletesca hasta que un día, en el pueblo, me levanté a las 7 de la mañana y me hice unos 100 kilómetros yo solo, viendo campos de girasoles y huyendo de mastines a la entrada de algún pueblo.

 Ya sé que se hace peligrosa la conducción, el tráfico, que hay que ir con paraguas a todos los sitios, que los zapatos se mojan, que todo se moja, que hasta el alma se moja, pero a mí me encanta que llueva. Este agua de mayo cae en los campos como una bendición divina. Luego salen unos trigos gordos y rubios, unos centenos abundantes y una cebada que da para hacer mucha cerveza. Los manantiales y los acuíferos subterráneos se llenan de un agua pura y dulce. Las fuentes, esas fuentes que surgen entre unas piedras en el campo, se llenan de un agua cristalina y extraordinaria. Las ciudades se sacuden la polución, el hollín de las esquinas de las calles, el humillo asqueroso de los tubos de escape. La gente está en casa hasta que escampe y, mientras escampa, se dan a la jodienda, al amor más esencial. En fin. Todo tiene sus ventajas si las sabemos ver.

 Voy a escribir sobre los payasos desde mi experiencia. Yo he ido al circo dos veces en mi vida, ya mayor, no de niño. La última vez que fui, el circo era una gran carpa y estaba todo muy bien organizado, con su director que anunciaba los espectáculos, etcétera. Me acuerdo de que salía al escenario una grande elefante hembra en la que los niños se hacían fotos montados en ella. Era una elefanta muy, muy dócil. Todavía había animales en los circos. Salieron unos camellos enormes. Pero yo estaba esperando con ansiedad a que salieran los payasos. Solo recuerdo que salieron dos: uno joven y otro mayor. Y solo recuerdo que se tiraron cubos de agua uno al otro. Fue un tanto frustrante. Recuerdo otra vez que yo fui a un circo mucho más pequeño. Fui por mi cuenta un domingo. Y los payasos montaron un espectáculo con un coche que daba explosiones y frenazos. Unos payasos se caían, el coche traqueteaba, eran bastantes payasos en la actuación, me lo pasé genial porque, de tanto carcajearme, perdí la conciencia de vivir. Estuve riendo a carcajadas todo lo que duró el espectáculo de estos artistas de la risa. No me cabe duda: los payasos son el alma del circo.

 A Jovellanos, ese hombre ilustrado que llegó a ser ministro, que nació en Asturias, que mandó hacer carreteras, puentes y demás, que estuvo presente en la Constitución de 1812 en Cádiz, también le tocó hacer la reforma del teatro como espectáculo vivo. Y es que el teatro de entonces no era como el de ahora, en el que todos los espectadores están callados. En el teatro de entonces se gritaba a los actores en plena actuación. Me parece que no podía haber actrices en las tablas, se les tiraba objetos a los actores. Había tantas cosas monstruosas y fuera de la realidad en los teatros, que eran absurdas las mismas obras que se componían. Hasta que Leandro Fernández de Moratín escribió eso de "El sí de las niñas" que es obra inmortal y bastante conocida hoy en día por la serenidad y racionalidad que hay en la exposición de los hechos dramáticos. Por la unidad de lugar, tiempo y acción y por la calidad del lenguaje usado. Y empezó entonces a escribirse otro tipo de dramaturgia más cabal, sin tantos adefesios y tanto abuso de la tramoya. Y el público se fue educando, educando hasta hoy, que está serio y callado durante la representación.

 Con ayer, llevamos dos días de lluvia. Ojalá se prolongara esta situación hasta el mes de junio. La lluvia, cuando uno ya se hace a ella, ya no es tan incapacitante, sino que coge uno el paraguas y va a cualquier parte. Peor es un calor propio de agosto que no deja ni respirar, digo yo. Los cielos se encapotan y son oscuros como un cine. La lluvia moja y cala y da color a los trigos cuando nacen. A los trigos requemados dedica Machado una canción que dice: tus ojos me recuerdan las noches de verano, noches largas sin luna a orillas del mar salado. Digo yo también que la humedad, ahora en  primavera, es mejor que esa luz y calor inmisericorde que traía abril y mayo últimamente. Que Dios quiera llover pues. Que el agua baje del cielo y que del otro cielo nos venga alguna señal para creer en nuestra bendita resurrección.

 El mundo está hecho de farolas y farolillos, de compañeros y compañeras de la vida, de fiestas y fiestecillas y festejos, de siestas y de noches que se pasan dormido uno sin darse cuenta de las horas. Se tienen hijos como Marco y como Ángel e hijas como Marta y como Lola. Caen lluvias, lloviznas y chaparrones. Luce el sol durante muchísimo tiempo por estos lugares españoles. Como dijo Cervantes: no es el que más títulos tenga, sino el que más hace el que más vale. Y también dijo Cervantes: dos linajes hay en esta vida: los que tienen y los que no tienen. Y también dijo Cervantes: el que mucho lee y el que mucho anda, mucho sabe y mucho ve. Terminaré con dos refranes que se dicen mucho en el Quijote: allá van leyes donde quieren los reyes y, por último, doctores tiene la iglesia.

jueves, 7 de mayo de 2026

He comprado, por deseo de mi padre, una cámara de fotos instantánea. Pone en las instrucciones que su mal uso puede provocar incluso la muerte. A ver si se llega el día de celebrar en Segovia el cumpleaños de mi padre y me olvido de la cámara. Mi padre quiere fotografiar la casa del pueblo y la huerta. Tiene una edad que no se le puede negar nada. Ojalá lo pasemos bien comiendo y riendo todos juntos ese día. La vida se va llenando de tantos acontecimientos que no caben ni en la cabeza ni en el corazón. Los días aumentan en luz y menguan en tranquilidad y reposo. Nosotros, Paco y yo estamos hechos al reposo, al sosegado paso de las horas. Quizás algún día nos demos cuenta de que no podemos vivir en el piso. Y entonces, veremos que hacemos.

 Hay un tipo de enfermo mental que tiene siempre la cabeza gacha y no participa de la conversación. Ni Paco ni yo pertenecemos a ese tipo y por ello, doy gracias a Dios. No nos hemos puesto gordísimos y hemos trabajado y hemos comprado una casa y somos independientes. De eso doy gracias a Dios. Yo estuve con mis padres apuntado a una asociación de familiares de enfermos mentales. Y había unos casos de incapacidad muy graves. Mis padres nos han trazado un sendero por el que hemos transitado, un sendero no exento de obligaciones, un taxi para mi hermano y unos institutos para mí en los que educar. Por eso doy muchas gracias a Dios.

 Hubo un tiempo en que mi hermano y yo estuvimos pendientes de mis padres. Y lo pasamos mal. Quizás no estábamos preparados para atenderlos. Recuerdo unos veranos en el pueblo en que mi madre no comía apenas. Hablábamos con una vecina, la Magdalenita, de que yo tenía que hacer la comida, de que nos aburríamos como hongos y encima, estábamos preocupados. Un día de esos, fuimos a El Espinar y yo, allí, paseando por una alameda, me hundí totalmente. Pensé que me iba a dar una depresión. Paseábamos con mi madre por la zona del pueblo llamada caño cagón. Los días pasaban muy lentos. Luego, en la ciudad, también estábamos todos alrededor de los abuelos. Hasta que mi madre murió. Y mi padre no ha dado casi tarea excepto cuando se ha puesto malo unos días.

miércoles, 6 de mayo de 2026

 El escultor sabe lo que hace: junta dos hierros grandes y los coloca al lado del mar y dice, ¿qué sé yo? Que eso es una sirena o el símbolo de no sé qué. El poeta junta miserablemente unos versos que nadie entiende, ni siquiera él, y dice que son palabras que anuncian un futuro, inminente además. Y así va el mundo, lleno de cosas abstractas que hay que adivinar pero solo si nos da la gana. Cristo murió por nosotros, los seres humanos. Pero eso, ¿en qué cabeza cabe? Por eso hay tanto descreído de las artes, de la arquitectura, de las administraciones, de las religiones. Porque nos lo ponen muy difícil. Solo hay que creer, nos dicen. Hay que creer en la declaración de la renta, en unos funcionarios que no hacen nada, en la resurrección de la carne, en los impuestos y en el presidente. Pero, ¿quién cree en nosotros, en los ciudadanos?

El agua de mayo es muy preciada. Lástima que no caiga. Yo leí antiguas novelas de posguerra que no entendí. Yo iba con amigos al baile. Me sentía bien pedaleando encima de mi bicicleta, esa antigua bicicleta que vendí por 5000 pesetas. Las ranas croaban a mi paso por el puente encima del río. Luego, desviaron la carretera y ya no pasa por el puente. Leí también versos que no me gustaban, que no me llamaban la atención porque formaban poemas extraños, largos, sin rima ni concierto. Pero la mañana surgía de cualquier modo esos días de atrás. No volverán esos días de atrás, ahora todo es nuevo. Es nueva la luz que me alumbra, es nueva la ausencia de insectos, es nueva tanta contaminación, es nueva la falta de agua y ya no croan las ranas ni en el puente ni en el paseo que hay al lado del río. Cuando los ríos no corran, ¿quién nos dará el agua precisa?

 Digamos cosas bonitas. Un verso acertado, por ejemplo. Las hojas como medallas de la primavera. El acertado trino del ruiseñor me despertó una mañana. Cálmate, Marisa, no todo está perdido. Me quedé más solo que la una pero aún lucho por ser alguien en esta tierra maldita. Los puentes de cuatro días se me atragantan en la carretera que no visito pero hago lo posible por ser feliz en mi destierro vacacional. La luna luce y las estrellas no, pero tengo la dicha del cielo raso sobre mi cabeza. Las cosas son así, ajenas a mi  voluntad, pero me despierto con un verso en mi cabeza y lo extiendo con las palabras variopintas que salen de mi corazón.

 Problemas y más problemas es lo que vamos cosechando en este mundo de Dios. Unos se resuelven felizmente y otros, los vamos arrastrando hacia una calle sin salida. Luego, los problemas irresueltos se convierten en una desdicha grande al cabo del tiempo. Así es la vida humana. Yo tenía un periquito que se me escapó un día de la jaula. Otro día paseaba yo por el pueblo donde nací. Y otro día me encontré a mi hermano delirando un poco, torciéndosele la mente a episodios enfermizos. La vida va sembrando una semilla futura llena de inconvenientes. Las cosas no son lineales, las cosas se retuercen como ramas de árbol martirizado por el viento.

martes, 5 de mayo de 2026

 Yo leí a Juan Marsé pero su narrativa la encontré demasiado extraña. Yo leí a Cela pero su narrativa era también un poco extraña. Leí a Delibes y este sí que empieza y acaba las historias linealmente. Luego leí a la Puértolas que empezaba de una manera y luego torcía el argumento de manera insólita. La Puértolas no sale en los libros de texto. En sus novelas, ninguno de estos autores se quejan de la dictadura ni de la falta de libertad política. En "El Jarama", que dura argumentalmente toda la mañana y la tarde de un domingo en diálogos vivos, nadie habla de política ni de la guerra, creo recordar. Nadie que escribiera en tiempos de la dictadura, se quejaba de la misma. La asumía como que tenía que estar. Ni siquiera sibilinamente hablaban de ella en sus historias. Es un dato que es significativo de lo mal o de lo bien que se estaba en esa dictadura.

 Esta semana a lo mejor viene movidita. Es lo que me da en mi espíritu. Quizás cojamos el coche para ir a algún lado. Y allí donde vayamos, se me agudizará el sentido literario de la vida recordando por ejemplo a la Puértolas o a algún otro escritor que yo haya leído. En la biblioteca de Las Matas vi yo una pequeña colección de libros de Belén Gopegui, escritora que no se ha vuelto a saber de ella, como de la Puértolas. Hay escritores y escritoras que ya pertenecen a un pasado, a una forma de hacer novelas, al olvido también quizás. Pues no hay quién hable de ellas y sí de raros nombres ingleses que escriben hoy en día best seller sobre temas anodinos o no tan anodinos. Lo único que sé es que últimamente no leo más que libros de poesía, no de narrativa, y ya me está cargando.

Hubo un momento en la tertulia en la que uno dijo: es que tú practicas el sonambulismo político. Y entonces, el aludido empezó a decir unas cosas extrañísimas que le dijo su abuela antes de morir, empezó a divagar con una bicicleta que le regaló su padre para pasear en el pueblo y dijo no sé qué de la extrema derecha y de la derecha extrema, que nos iban a llevar a la catatumba. Y luego se lio a llorar y tuvieron que echarle del plató. Había entrado en una depresión profunda allí mismo, en directo, aunque el mal ya venía de lejos pues se acababa de divorciar de su mujer y sus hijos no le querían. Y entonces, el moderador preguntó: ¿qué entiende usted por sonambulismo político? y el hijo de puta contestó: no sé, me lo inventé para crear confusión en ese contertulio. Me cae mal. Y entonces el moderador expulsó a ese provocador y ya de paso mandó poner dibujos animados en la parrilla de la programación hasta que llegaran las noticias. Y le pegó una ostia al del sonambulismo político, ya fuera de cámaras.

Todo le había salido mal en la la vida, así que se quería morir. Huérfano de padre y madre desde los 14 años. Con trabajos precarios toda la vida, con amigos que no eran tal, con una novia que le abandonó. Se pudo comprar un apartamento, eso sí. Y en el departamento, lloraba ahora su soledad a sus 40 años. Si salía a la calle, todo era recuerdo de algo, solo recuerdo de cuando fue un poco feliz. Si miraba al futuro, le parecía poco y malo lo que le quedaba por vivir. Trabajaba en una pollería despiezando pollos, cosa que le recordaba a la muerte todas las mañanas y las tardes. Pero no se mató. Siguió viviendo su vida precaria, con ideas malas en la mente pero quería ver cómo se acababa la película suya, a ver si había alguien que le diera un poco de protagonismo en la vida, a ver si le tocaba la lotería, a ver si un fin de semana tocaba el optimismo alguna vez. A ver si el Real Madrid ganaba la Champions. A ver algo más allá de su propia vida. 


lunes, 4 de mayo de 2026

 Toda ciencia tiene sus términos o palabras propias de ella. Así, la palabra "trama" es, en literatura, el desarrollo del argumento en la historia. Otras palabras como mojiganga o zarabanda eran bailes del siglo de oro ejecutados por un número limitado de actores con intención satírica. Heptasílabo o endecasílabo son versos de 7 y 11 sílabas respectivamente. En lingüística, el pretérito perfecto simple se limita con el pretérito perfecto compuesto: "yo amé" limitado por "yo he amado". Perfecto, en gramática, quiere decir tiempo acabado. Puede haber un tiempo acabado en el futuro (el futuro perfecto) en la expresión "yo habré amado". Performativo es toda clase de discurso que, al ser pronunciado, provoca una acción. Como por ejemplo: "yo te enviaré rosas". Es una promesa, una acción que debe ser cumplida. Pronombre es toda aquella palabra que ocupa la misma función de un nombre (ellos, te, yo, nuestro, etc).

 El vendedor de perritos en Nueva York se gana la vida. En Alaska, cazan ratas para dar de comer a los perros de tiro. En Madrid capital, los taxistas hacen recorridos cortos las más de las veces para llenar lo que los taxistas dan en llamar la hoja. Los niños autistas no hablan, no dicen esta boca es mía. Dan un poco de pena y desesperación. Los de mi pueblo se levantan pronto para trabajar y ganarse la vida, también, como los de los perritos de Nueva York. Todo es un poco lo mismo, todo es para ganar dinero, ese señor de los anillos desde la época de los fenicios. El dinero no se puede comer, dijeron los indios de las llanuras del middle west a los rostros pálidos. Ojalá no se cumpla la profecía. Para profecía la de Einstein, que dijo que la IV guerra mundial iba a ser con palos y piedras. El dinero recorre el mundo como un día lo recorrió el comunismo.

 Apenas un atisbo de grandeza es lo que siento yo por toda la fantasía desplegada estos tiempos de atrás. La luz no acierta a alumbrar tantas horas dedicadas a la invención. Unos renglones tibios, doloridos, que no llegan al gran público. Walt Disney sí llenó el mundo de dibujos. Sí hizo que las historias se distribuyeran por el mundo. Nos ponemos la camisa antigua de los escritos y vamos buceando en personajes creados un día y ese mismo día muertos en las tripas del ordenador. Dejamos que algún cara dura lea nuestras historias y se elevan un poco pero sin la fuerza de lo universal. Yo ya no sé qué hacer con estas parturientas voces de mi literatura. No sé qué hacer, si valen algo.

Las noches de autopista envejecen el dolor. Arrancamos de día y surgimos también de la noche sin la luz de la aurora. Es pronto para decir que estamos derrotados, que no vivimos nada de la mañana ni de la tarde. Otros habrían abandonado la pizarra mucho antes, antes de que la humillación hiciese llorar en los pasillos, tantos pasillos. La vida fue ir y venir del pueblo, ese pueblo que besa ya la lona en nuestros días. Haz bien y no mires a quién, decía mi padre, ya nonagenario. La playa espera una carambola, un azar preciso, un coche y un conductor. Pero es la luna la que rige las noches, la claridad de las noches ineludiblemente, tajantemente. Oigo el ladrido de los relojes muy lejos, demasiado lejos.

domingo, 3 de mayo de 2026

 El mundo de las letras, como todos los mundos, se llena a veces de chupópteros a los que dan premios literarios por toda su obra escrita y su obra escrita no vale un pimiento. Pero bueno. Se trata de ir rellenando renglones, de revisar los escritos, de ver qué bueno o malo escribí yo hace tiempo. Y nunca gané un premio. Ni el del ayuntamiento de Valdepeñas. Yo vivo bien sin premios. Ya tengo un premio que es mi pensión. Mi pensión por haber aguantado en la enseñanza. Otros por menos se han muerto. La vida te va dando premios y castigos, aunque no merezcas ni unos ni otros. La vida es descabellada, llena de huesos duros, altanera, fría como un témpano, dolorosa y vivaz.

"Una habitación con vistas" es una película que, en mis años de universitario, me hizo sentir especial. La vimos en el paraninfo de la universidad. Fue algo apoteósico que me recorrió todo el alma. Está basada en un libro del mismo título. Lástima que hoy en día no haya bichitos como había en aquel entonces. Lástima de veranos que se eternizan. Lástima de contaminación con efecto invernadero. Las capas azules están sucias. Millones de desplazamientos de coches de combustión tapan el azul, lo llenan de un hollín muy denso, lo pringan todo de una ceniza fea y asquerosa, sucia, indeseada. Pero bueno. La vida continúa. Algún día habrá remedio para toda esa masa de nubes negras que suben al cielo.


sábado, 2 de mayo de 2026

 María, la mujer que se ha arrejuntado con mi sobrino, le llama, precisamente, Carlitos. Y eso me llena de ternura y emoción. Pues para la familia, mi sobrino ha sido siempre Carlitos. Así, en diminutivo. Es como si dijéramos: me he comprado un cochecito. ¿Es que el coche que se ha comprado ese menda es pequeño? No. Es que el diminutivo está cargado de cualidades afectivas. Los diminutivos, en español, y creo que en otras lenguas, es de suponer, tienen una carga afectiva grande. Así que mi sobrina política llama a mi sobrino, Carlitos. Y Carlitos será siempre Carlitos, por muy grande que sea. Pero su hijo, a lo mejor se convierte en Angelote o Gelote, aún siendo pequeño todavía. Y ese es el truco de los diminutivos y los aumentativos en español, que de lo pequeño hacen grande y de lo grande, pequeño. O afectivo y enternecedor.

 La mañana se logra levantándose uno pronto, recibiendo en el cuerpo los rayos de la madrugada. La mañana se alcanza si uno despierta al fulgor del día que nace, no metido en la cama torturando al colchón, pobrecito. La primera ráfaga de sol que anuncia la jornada es fundamental para sentirse bien todo el día. Hay que madrugar y hacer inspiraciones grandes de aire, que entren en los pulmones grandes dosis de O2, de oxígeno lento. Y no fumar. Y no hartarse uno de magdalenas pringadas en el café con leche. Y decir al que está a tu lado, si es que no vives solo: merece la pena saludar al día que nace justo cuando nace. Y el otro dirá: ya, ya. Y empezará el día de este modo tan tonto y así todo el día, recibiendo la luz del sol, comiéndose uno a sí mismo como si fuera uno un caníbal atroz y vehemente. Como dice la canción: estoy perdido en un bar, ¿dónde estás, maldita?

 Cuando vine de comer de Guadarrama, me puse a oír la radio. Radio 5 todo noticias. Hablaron del 1º de mayo. Muy reivindicativo. Que suban los salarios, muerte a los empresarios. La locutora decía que lo que se ha ganado, no se puede perder. Que se reparta la tarta. La vivienda fue protagonista en las manifestaciones, ya que es un derecho, el de la vivienda digna. Vivienda para mi menda. La gente iba con sus niños a la manifestación ya que los niños deben saber cuáles son sus derechos, los derechos de los obreros. A los niños, tratadlos con cariño. Magoo, Magoo. Luego, hubo una entrevista a Pepe Álvarez, el jefe de la UGT. No estuvo mal. Estuvo muy razonable, no exaltado, no radical. Vino a decir que si viene la derecha, se acabarán los progresos del obrero. Y que los de EEUU celebran la fiesta del obrero en septiembre. Y que las manifestaciones de este 1º de mayo han sido muy internacionalistas. Y que todo es un caos últimamente. Le doy la razón. Viva el obrero aunque vaya sin sombrero.

 Resulta que ayer fuimos a Cercedilla. Estaba todo como una mina de gente. Coches aparcados inverosímilmente, los restaurantes a tope. Nos tuvimos que volver a Guadarrama, donde, milagrosamente, encontramos dónde aparcar. Y comimos en un restaurante de esos imaginativos, de fusión que llaman. Paco y yo comimos un cordero deshuesado y a la plancha. A mí no me gustó. Resulta que eran, a la sazón, hilillos de carne de cordero. Fede comió gambas. Luego estuvimos otro rato en Villalba y luego,  a casa. Dos horas de reloj en el coche pues también hubo retenciones en la carretera de La Coruña. Yo me pregunto: ¿dónde está la crisis? Si todo el mundo tiene 300 euros que gastar en una comida. Si todo el mundo sale como loco de la gran ciudad. Si todo el mundo gasta y gasta y gasta.

viernes, 1 de mayo de 2026

 A mí lo que me fastidia de las películas y de las novelas es que el protagonista no muere hasta el final de las mismas. Y yo digo: pues si se tiene que morir el protagonista por una cuestión lógica como es un tiroteo a cinco metros o una bomba que estalla, también a cinco metros, o que se caiga por un puente, esta vez a veinte metros de altura o cosas así por el estilo pues que se muera y que ya siga la novela de otra manera, aunque sin protagonista. Que dejen la muerte del protagonista al final para las novelas o películas de fantasía, que ahí cabe todo. El quijote no muere más que al final de sus aventuras pero es que el libro que escribió Cervantes casi es un tratado de filosofía, con tantas reflexiones y refranes en boca de Sancho o del mismo quijote. ¿Para qué dio Dios alas a la hormiga? Para morir más aína, dice un refrán del Quijote. O sea, que no debemos aspirar a las alturas de nosotros mismos porque nos la pegamos.

 Es difícil saber por qué las antiguas poesías o  poemas rimaban y ahora, los poetas ya no se ocupan de ella, de la rima. Las canciones pop de hoy en día sí riman. Si leemos a un poeta actual comprobamos que los versos no están medidos y no hay rima de las palabras de final de verso. Voy a poner un ejemplo: "esas aves que vienen/de otro lugar o cumbre,/o labio de hojas ocres,/o tal vez de otro tiempo,/son pájaros sin canto,/acaso sin edad". Estos versos son de un tal Manuel Jurado, de su libro de poemas "La esfera de plata", ganador del premio "Blas de Otero". Resulta que sí hay medidas para el verso en este poema, son heptasílabos o versos de 7 sílabas, pero no hay rima alguna. Ya no hay rima en los versos, cuestión que da más libertad al poeta. Lo que sí debe haber en el poema es una musicalidad, un ritmo, como si fuera una canción el poema. Y digo yo, ¿a qué estoy escribiendo de la rima de los poemas actuales? No lo sé. Solo que ha salido el tema y ya está. Y a mí la rima de los poemas actuales me da una higa. Y los poetas de hoy en día con su pan se lo coman.

 Si las previsiones se cumplen, iré con Paco y con Fede a Cercedilla a comer de menú. Hoy es el día del obrero, 1º de mayo. La gente se concentrará en las calles pidiendo aumentos de sueldo, menos horas de trabajo, menos calamidades y desgracias en el tajo, más tiempo para el bocadillo; si hay fútbol, salir antes; más cursos de reciclaje; más opciones para dejar un trabajo y coger otro; mejores escuelas para la preparación de los hijos que no tengan que soportar lo que soportan sus padres, los obreros; mejor sanidad para curar el estrés, los accidentes de trabajo y los inconvenientes propios que conlleva trabajar de lunes a viernes; lucharán todos los días los obreros por la jornada laboral de 30 horas. Muera el trabajo, dirán todos a una. Porque el trabajo es una maldición y el que diga otra cosa, miente.

 En el mundo hay muchos que son más papistas que el papa. Y quieren descollar en ese ámbito exagerándolo todo. Y sacando de sus casillas a la religión o a la ideología de turno. Pero bueno. Ya decía Séneca y otros muchos que la bondad está en el término medio. Los que se salen de madre para defender algo que ya de por sí es radical creo que hacen un poco el ridículo. Ridículo viene de "ridere" latino: lo que es tan raro y extremo que hace reír. Así hay cantantes, actores, intelectuales, artistas, etcétera que defienden la expropiación de casas, la fiscalización de los ricos, la paralización de todos los desahucios, el reparto de todas las riquezas como si estuviéramos en plena revolución bolchevique. Y no se sonrojan si te dicen que te quieren. Y no se sonrojan si dicen muerte a cualquier empresario.

jueves, 30 de abril de 2026

 Empieza el puente para muchos. Y muchos cogerán el coche y alguno, en un bache de la carretera, sufrirá un accidente. Porque las carreteras están igual de mal que los trenes. No hay mantenimiento. Pero para los corruptos sí ha habido "mantenimiento", a base de señoritas divertidas y lujos a mogollón. Esto es España, donde los ladrones están en el gobierno, no en otro lugar. Desde los tiempos de Godoy hasta ahora, en los gobiernos no ha habido más que ladrones. Gente con pocos escrúpulos y sí mucha ambición que ha trepado como por una enredadera a lo más alto del ladronicio gubernamental. Así es España. No sé qué será Alemania ni cómo trata esta nación a los ladrones pero aquí, en España, parece que con mucha condescendencia, demasiada condescendencia.

La cuestión es ir echando cosas a la olla: una cabeza de ajo picada, una cebolla, también picada; un pimiento verde, unas zanahorias, unos tomates pelados. Y luego, en último término, la carne troceada. Se echa después un chorro de vino blanco y a cocer. Eso es lo que tengo que hacer en toda la mañana. He leído que la ministra de sanidad lleva un alto tren de vida. El que mucho corre pronto para, dice el refrán. Supongo que irá a los restaurantes más caros, se habrá comprado un coche fantástico y veraneará en sitios exclusivos que ni tú ni yo ni sabemos el nombre. Pero, ya digo: ostentar y vivir a tope tiene un límite.


miércoles, 29 de abril de 2026

 Hoy llueve. Hoy se ha apartado la claridad del sol por un tiempo. Hoy he quedado con un amigo esta tarde. Las solemnidad del astro rey ha cedido el paso a las nubes oscuras. No voy a ir de paseo. Mañana jueves es como un viernes ya que la gente se coge el puente. Las gotas de lluvia ponen un color tranquilo a la mañana. La mañana se logra con buena voluntad que en el fondo, tenemos todos. Los píos de los pájaros son alegres, ven en la lluvia un aliado, un frescor que cae, un alivio al cielo blanco y perverso. Los días van pasando, alguien me ha robado el mes de abril, dichoso verso que se queda en la sesera. Los pocos que no vamos a ningún sitio andamos por las calles, compramos chocolate con almendras, paseamos nuestra impotencia por la ciudad.

 Volvamos a un tema que me gusta: nosotros, los ciudadanos de a pie en este siglo XXI, vivimos mejor que cualquier rey del siglo XIX. Comemos alimentos sanos, cuidados, exentos de toxinas y de bichos. Tenemos un cuarto de baño con el que nos deshacemos de todas nuestras inmundicias digestivas. Tenemos agua corriente. Los primeros trabajos del Canal de Isabel II para que las casas tuvieran agua corriente data de aproximadamente, 1850. Pero fue mucho más tarde cuando se consiguió tal hazaña. Tenemos televisión, ordenador, radio para estar informados. La alfabetización de la población es del cien por cien. Los reyes de entonces no estaban ni un mínimo informados de lo que estamos ahora los ciudadanos, que, con encender cualquier dispositivo, sabemos lo que ha pasado en Irán u otros sitios lejanos, lejanísimos para aquellos reyes. En fin, somos reyes de un mundo democrático y con muchas comodidades que no tenían entonces. También hay inconvenientes: comedura de coco, intento de dirigir a las masas a una ideología o pensamiento, el uso inadecuado de las redes sociales, etcétera.

 Tiene Góngora un soneto muy elogioso a la ciudad de Córdoba. En Córdoba, que yo sepa, está construido el puente romano sobre el Guadalquivir. Me parece que en Córdoba nació Séneca, el gran filósofo al que Nerón obligó a tomar la cicuta. Tiene Lope otro soneto dedicado a la noche y en él dice que la noche es habitadora de celebros huecos, quimerista y loca. Tiene Quevedo algunos sonetos sobre la vida, sobre la existencia. Y en uno de ellos dice que "vivir es caminar breve jornada". Y aquel soneto de Garcilaso que empieza "Cuando me paro a contemplar mi estado", que es un canto al amor encadenado a la voluntad de la enamorada. Los sonetos van diciendo algunas verdades. Los sonetos recordados lo son por la importancia de lo que dicen, aunque el soneto suele ser poesía culta, difícil, de compleja elaboración y resultado.

 Hace mucho tiempo que no escribo sobre literatura, sobre historia de la literatura. Voy a hablar de Lope de Vega. Lope de Vega es el creador del mito de Fuente Ovejuna. ¿Quién lo hizo? Fuente Ovejuna, todos a una. Me parece que Fuente Ovejuna está en Cáceres o Badajoz y el caso fue el abuso que perpetró un militar contra una moza de ese pueblo. Luego, Lope tiene, del mismo tema, "Peribáñez o el comendador de Ocaña" y "El mejor alcalde, el rey". Son temas en los que actúa, precisamente, el rey, que imparte justicia contra los comendadores que se sobrepasan con la población. Luego, Lope tiene un obra dramática muy poética en "El caballero de Olmedo", sobre el destino trágico. Lope tuvo cinco mujeres, que le sirvieron de inspiración en dramas y poesías. Yo me leí "El perro del hortelano" pero me resultó aburrida. También tiene Lope dramas de honor, de capa y espada, de enredo pero no me sé los títulos. Y es que a mí ese jaleo de los celos y de matar a los adúlteros no me gusta.

martes, 28 de abril de 2026

 Lo malo de querer hablar de tu libro, es que el que tienes al lado, también  quiera hablar de su libro. Entonces se crea un pitote difícil de solucionar. También es necesario que hables de tu libro con gente que entienda de literatura, de autoayuda, de creación de personajes, de giros en el guion, etcétera. Como hables ante gente lega en la materia, tu discursito sobre tu libro no llegará muy lejos. El libro que has escrito te ha supuesto muchas tardes ante el ordenador escribiendo. Es lógico que quieras hablar de algo que tanto te ha costado crear. Pero hay que tener cierto nivel en tu audiencia. Si no, la charla sobre tu obra no llega ni a comentario suelto. Yo te aviso desde mi posición de observador de la realidad: el 90 % con quien te juntas no ha escrito nada en su vida. Ni una triste carta al novio. Así que tu conversación sobre tu libro está llamada a fracasar desde ya. Luego no digas que no te avisé.

 Ya estoy normal, ya no estoy depre ni tengo pensamientos de autolisis. Parece que me he adaptado a este sol y este verano que se ha adelantado. Parece que ya sé cómo matar el rato fructíferamente o de cualquier otra manera. El tiempo va lento, la gente va derrengada, con cara de sofoco, estos calores maltratan. El maltratador es el sol, un sol que lanza sus rayos y luego rebotan en la atmósfera y vuelven a incidir en la superficie terráquea. No hay mal que por bien no venga. Así, los turistas vienen antes y aumentan las divisas. Un día oí en la radio que somos el bar de Europa. Creo que es verdad pero los precios ya están subiendo fuera de órbita. A ver quién se sienta en una terraza en la que, tras tres consumiciones, nos piden casi doce euros. Hay que tener cuidado y si te sientas en una terraza, tener la seguridad de que vas a poder hablar de tu libro. Si no es así, es mejor que no te sientes.

 Igual que los creyentes, los ateos dudan a veces de su incredulidad. No hay más que ver el mundo, cómo está hecho, cómo no se puede explicar solo por la evolución o por un big bang. En el mundo hay inteligencia creadora. Solo pensar en el sistema locomotor humano. O la perfección de un corazón humano. O cómo estamos hechos los humanos en general. Hay que quitarse el sombrero. También hay que ver la solidaridad que hay en el ser humano con el que sufre. Se fundan asociaciones contra el cáncer, contra enfermedades incurables... Parece que el ser humano está diseñado para ayudar al otro. Me parece que ha sido este año cuando se ha descubierto a un esqueleto humano de no sé que época prehistórica con una señal en el hueso de que alguien le había practicado un torniquete o algo así. El ser humano es solidario. Los seres humanos antiguos ya se desvelaban si alguien estaba herido. Le curaban, no le dejaban tirado. Ayudarse entre humanos es común. Pero también es común hacerse la puñeta por envidias o perniciosas ideologías. El ser humano, concluyo, es muy complejo.

 Los periodistas, cuando no tienen de qué escribir, escriben cualquier churro pero escriben. Hay un periodista en el ABC que escribe de su hija, de su divorcio, de sus cosas personales. Cuando escribe sobre política, siempre quita la razón a la izquierda (para eso escribe en el ABC). A mí lo que me asusta de verdad es este calor en abril que supongo que se repetirá en mayo. ¿Y cuando llegue agosto? ¿Cómo estaremos cuando llegue agosto? Este calor es matador, es inhumano. No creo que alguien ya dude del cambio climático viendo gente en pantalones cortos y camisas de manga corta por todos los lados. El verano ya está aquí y quizás nos acompañe hasta noviembre. España ya tiene clima ecuatorial o tropical. El invierno es una filfa. El verano se adelanta y encima se alarga un montón. Que el calentamiento global nos pille confesados.

lunes, 27 de abril de 2026

 Un hombre está esperando al tren y su amigo no viene. Hace mucho frío, la temperatura debe de ser de menos 10 grados. No ha venido el hombre preparado para el frío, lleva un jersey nada más. Habían quedado a las 8 de la mañana. Son las 8 y 20. El tren ha parado y se ha ido. La gente ha montado en él como un incierto tropel, como ganado que se refugia en el calorcillo de los vagones. El amigo no viene y el hombre que espera se está helando. Para él, la cita es muy importante. Pero el amigo al que espera no parece importarle tanto. A las 8:35, viene el amigo, con su abrigo bien abotonado, con cara de felicidad. El hombre está aterido, está harto de esperar. Cuando viene el amigo, un tren entra en la estación. Perdona la tardanza, dice el amigo. Luego, el fragor del tren que llega ahoga el diálogo. El hombre ve la cara de felicidad de su amigo, su despreocupación de las cosas y cuando este se acerca, no duda en empujarlo al tren.

 Viene un airecillo suave, perezoso, como el viento del sur. La ventana da a unos álamos que ondean sus hojas como banderitas verdes, como pasquines de la paz de la naturaleza. Hoy es lunes. Y ayer estuve rodeado de gente. No pensaba yo que me pudiera relacionar con tantas condiciones humanas, tantas circunstancias vitales, tantos pareceres de personas que ayer nos dimos cita debajo de un árbol. Luego, al llegar a la ciudad, el frescor me dio en la cara, estuve tranquilo. La vida parecía remansarse, acomodarse a la huida del calor de todo el día. Un día impecable, un día asombroso casi, un día lleno de novedades. Los que andan solitarios no se dan cuenta de la variedad humana que les rodea. A lo mejor lo quieren así, sin tener contacto con la gente. Pero la gente es interesante, muy interesante.

 Ayer estuve de excursión a la casa de campo. Quedamos en el metro Colonia Jardín. Mogollón de gente; por lo menos, veinte. Nos echamos a andar por una calle y de repente, ya estábamos entre árboles y hierbas y setos. Y un camino que nos condujo a unas mesas debajo de un árbol. Los que me presentó el amigo que nos conducía, luego adquirieron un contorno más definido. Estuve hablando con una María José y con una Nines. Luego, con más gente. Era una delicia estar rodeado de árboles, de fresco prado, de sombras relajantes. Lo malo es que fumé mucho. Lo pasé muy bien. Gente muy maja los amigos de Fede. Lo malo es que ya no se reúnen tanto como cuando eran más jóvenes y subían a la montaña.

sábado, 25 de abril de 2026

 No sale de casa, pone pegas a todo y a todos. No le gusta la gente. Va de asceta, de solitario, de refugiado en un cueva oscura donde solo cabe él. Se aísla y no se da ni cuenta. Pocas veces sale a la calle a dar un paseo o lo hace cuando no hay gente, no quiere encontrarse con nadie. Es hosco, mal encarado algunas veces, busca excusas para todo. Si le dices que come mucho, dice que es normal, que todo el mundo come mucho a mediodía. Si le dices que no hace lavadoras, dice que se tiene que concentrar, que hacer una lavadora lleva mucho trabajo, que no tiene tiempo y es lo que más tiene en casa: un montón de tiempo que no usa. La ropa se amontona, se agiganta, se atropella en el cesto. Es una persona muy rara, muy rara.

 El melodrama surge pronto: uno quiere y el otro, no. Disputan adónde ir. Uno quiere ir a un sitio; el otro, a otro. Y ya no se quieren como se querían hace dos años. No discrepaban, hace dos años, de su amor el uno por el otro. La luna rompió el cielo con su luz de milenios, con su larga cara de siempre. Pero también la luna tiene una cara oculta. La luna parece una metáfora del amor. Cuando todo se rompe, parece que asistimos a la cara oculta de la luna. No quiero seguir escribiendo de melodramas, de amores rotos. Vengan a mí las morcillas en la sartén y el melón de postre. Vengan sigilosas las viandas perfectas de un día lunes sin pretensiones oscuras. La vaca en el prado dice mu y Max Estrella dice en el escenario: está bonita la Moncloa.

 Los días de invierno han pasado pero no ha hecho demasiado frío: no ha helado apenas. Los domingos son esas cosas viscosas que se pegan a la espalda y no le dejan a uno ni ir a dar un paseo. Los domingos afean toda la semana con su presencia inaudita de dioses tristes. A mí no me gustan los domingos. Prefiero un miércoles dichoso, si la puerta enseña lo que encubre, que un domingo largo e insistente. A lo mejor, un encuentro un martes por la tarde atrae más fortuna que el día del Señor. La vida pasa, solo sé eso, que la vida pasa y no espera ni siquiera a que respiremos o dejemos de respirar. La vida es compañera fiel, no se atrasa, no hay que esperarla, no se rompe como un juguete en manos de un fuerte niño.

 Lo guardaba en un cajón donde guardo el corazón. Los días van cambiando el talante, lo van haciendo más sumiso a su igualdad, a su sucesión de tiempo, a su testarudez hecha de horas. La mañana abre un sol que dura, que amarga por su insistencia, que aboca al cuerpo a desear otro mundo. Pero todo sigue igual, como dice la canción. Los hombres y mujeres de hoy a veces no saben de comportamientos lícitos y estallan de alguna manera. Rompen la cruz, desvelan sus conciencias de cara al sol y a las nubes. Y se dedican al goce. Y el goce vale mucho dinero y mucho tiempo. Y se lo pueden pagar cuando son famosos. Pero todo tiene un fin. Y el fin quizás puede ser muy doloroso. No sé qué decir hoy así que no me rompo más la cabeza.

viernes, 24 de abril de 2026

 Padezco yo una sensación o sentimiento que voy a llamar "tristeza ecológica". Al ver que la hierba se seca ya en abril, que no hay insecto alguno revoloteando o saltando o reptando, que no llueve nunca, que las manzanas no huelen, que los melocotones no llevan jugo en sus entrañas de fruta, que el campo no está nunca verde, que todo lo rodeamos de basura, de plásticos de todos los colores, que el mar está como un caldo a la orilla de la playa, que hace un calor en mayo propio de julio o agosto y unas cuantas cosas más, me entra la tristeza ecológica porque lo que había, ya no lo hay. Y me recuerda todo esto a la maldición que los indios norteamericanos lanzaron al rostro pálido: el dinero no podrás comértelo.

 Me imagino que mi hermano fuera culterano y yo me declarara conceptista, al modo de Quevedo. Estaríamos todo el rato lanzando invectivas uno contra otro. Que si los versos deben ser largos o cortos, que si en la poesía debe haber latinismos o palabras que sugieran varios significados. Que si se debe adoptar el estoicismo en los temas tratados o la pura evasión poética. Compondríamos poemas en las que uno satirizara al otro, en que uno se fijara en la nariz del otro y el otro en vicios inconfesables del primero. La vida sería muy interesante, todo el día componiendo versos en cuadernos llenos de invectivas, de hallazgos poéticos, de palabras misteriosas, de conceptos altisonantes. La poesía atravesaría nuestras vidas y nos tendríamos un odio mortal, un odio fomentado por la creación de pensamientos satíricos, burlescos, desfiguradores de la realidad. Pero no, la vida con Paco es más ordinaria, más sencilla que todo eso. Paco apenas habla, apenas disputa si no es por las tareas de la casa, pocas veces Paco lanza un suspiro poético al aire.

No sé si hoy por la mañana iré a Madrid a por un libro que encargué. La mañana está fresca. Tengo dos semanas para ir a por él. Me llamaron ayer que ya estaba en la librería. Pero creo que esperaré. Parece que esta noche ha llovido. El suelo está mojado, huele a fresco, hace casi frío. No parece hoy como los días de atrás. El libro que voy a comprar se titula "Diario de un esquizofrénico". La verdad es que se sabe muy poco de las enfermedades mentales. Nos tienen olvidados. Nos tienen silenciados. Ojalá ese libro me dé alguna pista sobre la vida de un enfermo, sobre cómo llevar el trastorno, sobre qué sé yo qué.

 Hay una canción que dice: perdido en mi habitación sin saber qué hacer se me pasa el tiempo. Está en boca de alguien que se supone que vive con sus padres al aludir a una habitación propia, creo notar. Esta canción es parecida a la canción del limonero o lemon tree. El limón es muy ácido. Evoca en su pronunciación una señal en nuestro cuerpo de desagrado, de sabor fuerte. La soledad también es muy ácida, muy desagradable de notar, no la queremos saborear ni percibir en nuestra vida. La soledad es una especie de fracaso de la persona, de pérdida de algo valioso, de la sumisión a las horas sin nadie al lado. Es una putada la soledad, un castigo en la vida que nadie quiere vivir ni sufrir. Pero ahí está.

 Paco y yo estamos aislados. Hay mucha gente que está aislada, debe vivir su vida sin contar con los demás. Es el signo de los tiempos. Yo me rodeo de mis escritos, que me acompañan. Y también de mis libros, que me dan cierta ilusión de séquito cultural. Conozco personas que están solas, son personas con mi edad. Una de las que conozco está tutelada, vive en un piso, va  a una asociación donde se relaciona. Más allá de esa asociación, no tiene ya más compañía. Conozco otra persona que tiene problemas de movilidad. Tiene amigas, toma algo con ellas, pero en resumen, vive sola. ¿Por qué esta sociedad tiende al aislamiento, a la soledad? Pasados unos años, la gente se queda en casa, no charla, no ve a nadie, no se relaciona. Ya digo que es característica de este mundo en el que vivo. Sustituyen a las personas los libros, los perros o un pececito de colores metido en una pecera de cristal. Qué cutre. pero es así. La vida se transmuta en unos huecos, en un corazón que late flojo, en una caricia que nunca llega.

jueves, 23 de abril de 2026

 El otro día me enteré de que una mujer enseñaba el búlgaro por las tardes. Fui allí y resulta que era un idioma. Ahora la gente se va a Albania, a Armenia o a Bulgaria de vacaciones. Será que sale barato la transacción de los euros a la moneda que allí, en estos países, circula tristemente. Pero creo que son países un tanto inestables. La gente también va a las playas de Croacia, al mar Adriático. Los viajes El Corte Inglés todo te lo apañan. A mí me dan miedo los viajes. Incluso los que pueda hacer por los alrededores. Pienso muchos incidentes si viajo, me pongo muy nervioso. La luna ya aparecerá por la noche para guiar al viajero, al trasnochador, al criminal y al orate.

 Había un chico que se recorría las calles de Budapest todos los días porque era cartero. Este chico soñaba con la perfección de los planetas y el sol y las estrellas. Este chico adoraba la luz del sol cuando llegaba cada madrugada y miraba a la luna como algo que casi sentía en los dedos. Este chico tenía una nuez de Adán muy pronunciada. Daba el aspecto de una gallina recién cocida pues el color de su piel era rojizo. Este chico sale en una novela que me estoy leyendo, una novela de una trabazón hercúlea, de una sintaxis fuerte y apretada a la que yo jamás podré llegar en mis narraciones. En esta novela sale también la madre de ese chico, al que abandonó cuando su padre bebedor murió. Y sale también un musicólogo que está tendido en la cama intermitentemente.

 Es la enésima vez que me toca hacer unas lentejas. Paco no quiso aprender a cocinar. Se limita a hacer una lavadora cada 15 días. Y no friega el suelo ni los muebles. Es verdad que se encarga de todas las reparaciones pero estas surgen cada mucho tiempo. Yo sostengo casi todos los gastos. Menos mal que me ayuda a hacer la compra. Casi todas las recetas las aprendí por internet. Solo por eso, internet para mí es una gran cosa. Paellas, legumbres, guisados, etcétera, los he ido mirando en personas que vuelcan su sabiduría en un vídeo. Me he atormentado alguna noche en la cama cuando al día siguiente tenía que hacer alguna receta nueva con miedo de que me saliera mal. Según Paco, soy buen cocinero. Pero él no ha preparado nada en la cocina de alguna dificultad.

 Mi hermana y mi cuñado han estado a Biarritz. Yo, gracias a mi sobrino, al que se lo agradezco mucho, he estado en mi pueblo. Por las novelas sé que la gente de posibles, cuando loqueaba o estaba de los nervios se iba a Biarritz, a "tomar las aguas", pues allí hay muchos balnearios. A ver si Paco quiere coger un día el coche y en ese mismo día, vamos al pueblo o a Segovia. O a Toledo. Pero lo veo difícil pues Paco rehúye cada vez más de excursiones con el coche. No vamos más que a sitios de los alrededores, muy cercanos. El mundo es muy grande y yo muy pequeño. Y me voy a quedar sin ver el mundo. Ayer, un marido comentaba a una compañera de trabajo: mi mujer se ha ido a la feria de Sevilla. Cornamenta habemus. Los viajes son excusas para matar lo ordinario o para hacer uno de su capa un sayo. Como me dijo un señor hace tiempo: tu amiga que se ha ido a la playa va a venir más rebozada que una croqueta.

 Han cambiado la hora y han venido unos días demasiado largos y luminosos a mi vida. No sabía cómo pasar el tiempo. Hasta que, por la tarde, he reparado en mis escritos. Son muchos. Los puedo ir leyendo en el ordenador y completarlos con una riada narrativa de mi imaginación. Como los entiendo como una simple distracción no reparo en que estén mal escritos o que lo que cuento suene un poco bizarro. Simplemente, los continúo. Y se me pasa una hora o dos de la tarde, cuando ya no daba dos duros por el paso tan lento del tiempo. Invento personajes que me salen descollantes o demasiado humildes. Invento tramas imposibles. Invento como inventaría un niño con un lapicero. Pero invento. Y se me pasa el tiempo.

 Conozco una chica que iba a la asociación de enfermos mentales que siempre estaba viajando. Me daba y me sigue dando mucha envidia cuando pienso en ella. Se apuntaba incluso a una agencia en la que se viajaba de noche en un autobús, se estaba el día siguiente en la playa y el día después, venías ya para casa. Si hago yo eso, me da algo. Me dan miedo los viajes largos en autobús. He hecho varios (a Lisboa, a Oporto, a Valencia). No puedo dormir en los autobuses. Me cansan demasiado. No sé viajar, no soporto los achaques del viaje. Y me da mucho miedo de que, al llegar a algún sitio, me dé la euforia o la depresión. El último viaje a Soria con mi hermano vino determinado por una fase maniaca. Mi hermano lo pasó fatal. No valgo yo para los viajes. Los viajes me afectan al ánimo de bipolar de mala manera.

 Un IES (Instituto de Enseñanza Secundaria) es algo misterioso. Allí están gentes contra su voluntad, también profesores, desde las 8 de la mañana hasta las 3 de la tarde. En estos lugares de estudio, se dan clases y se castiga a los alumnos rebeldes a la biblioteca. Nunca oirás: en tal instituto una profesora ha sido denigrada por su obesidad. O: un alumno de un instituto se ha roto una mano al golpear una ventana. Lo que pasa en un instituto, se queda en el instituto. Es todo muy opaco. Hay alumnos que están en 1º de Bachillerato que escriben: "ay muchos vailes en el puevlo" y uno se pregunta cómo ha podido llegar tan lejos ese alumno. En un instituto hay unos jefes de estudio que denigran a alumnos dándoles voces, amenazándolos, etcétera. Yo he estado en 17 institutos. Entras, das clase, sales y no se entera ni Dios. En un instituto se enseña a Valle Inclán y a Antonio Machado. También cosas de física, de biología y de matemáticas pero, ya te digo, no se entera ni Dios de todo eso.

miércoles, 22 de abril de 2026

 Hey, míster Sánchez, how do you do. Que la vida es dura it´s true. La vida es dura. La vida hay que irla pelando con paciencia. La vida no se deja apoquinar. La vida se impone, el hombre aguanta la vida. Los días pasan y nos arrollan algunas veces, nos descentran nuestro cerebro y nuestro comportamiento. Nos volvemos locos algunas veces por las cosas de la vida. En el mundo hay mucho extrañamiento a veces. No sabemos por qué hacemos las cosas. Las cosas vienen así y no las entendemos. El mundo es un prado donde pastan un montón de seres. Hay que luchar para conservar nuestra parcela donde estamos a gusto. Pero a veces la parcela se alborota, se viene abajo, nos rechaza y no sabemos a ciencia cierta por qué.

Me están saliendo unos blogs muy flojos, sin la floritura de las palabras ni de los hallazgos literarios. En fin. Seguro que en Móstoles, los bachilleres están ahora recibiendo clases en los institutos. Deben prepararse bien para la selectividad. Los institutos son como burbujas que hay en la sociedad, que tienen unas leyes propias y también una manera muy cerrada de funcionar. Muy poca gente se imagina cómo funciona un instituto por eso, por su opaca forma de dirigirse. Son espacios cerrados de consumo propio. No salen a la calle los estudiantes, hay profesores malos y buenos y ni siquiera eso trasciende. Nada de los institutos sale a la luz. Todo es un conglomerado de profesores y alumnos que se retroalimentan. Los alumnos no se quejan y los profesores tienen plaza fija.

 Son las 10:45. Una pena pequeña me embarga el alma. A ver si la hecho fuera escribiendo aquí. Las ninfas de Garcilaso están en el Tajo, que bordea la ciudad de Toledo. Una ninfa muere y todas las demás se apenan. Aves que aquí sembráis vuestras querellas. Cómo debería de ser la naturaleza en tiempos de Garcilaso. Habría mucho más de eso, ¿cómo lo llaman? Diversidad de especies o algo así. No existían los coches. No había contaminación de nada. Garcilaso debió ser un hombre que amaba la naturaleza a juzgar por sus églogas. Églogas pastoriles en las que Salicio y Nemoroso se extendían en sus penas amorosas.

 Beber agua abundante y fumar un cigarrillo parece que me calman estas ansias que me vienen nada más levantarme. El castillo de naipes se sostiene por ahora. La mañana está más fresca que días de atrás. La primavera avanza, los pajarillos están contentos. Que por mayo era por mayo, cuando hace la calor. Este mes de abril casi me lo han robado, me lo han llenado de un vicio grande por la tristeza. Me ha dicho el horóscopo que en mi casa gobierna Júpiter. Buen día para escorpio. Ya no pienso en el dolor de la autolisis. Ya pienso en acabar este blog como sea. Los jazmines olorosos caían de plano sobre el estanque volviéndolo blanco y amarillo. Ayer me burlé de JRJ y de la izquierda. Hoy no creo que me burle de nada.

 La historia de esta mujer es la de alguien a quien quitan el mérito de sus investigaciones y los vuelve a recuperar. Es la descubridora de una hormona que regula la secreción de insulina en el páncreas. Es la que permitió la creación del famoso Ozempic, que sirve para combatir la diabetes y la obesidad. Pero sus propios compañeros le querían quitar la patente. Todo se solucionó legalmente, cuando ella corrigió un artículo plagado de fallos en una revista científica y cuando obtuvo un premio muy importante sobre sus investigaciones. Esta mujer yugoslava ahora, supongo, vive de las regalías que le comporta su descubrimiento y vivirá bastante bien.

 No sé si escribiré mucho o poco. Si lo que escriba será terapéutico o narrativo o reflexivo. La verdad es que hoy estoy un poco renuente. Ayer se levantó tormenta. Al principio, hubo mucho viento, un viento que hacía que se metiera polvo en los ojos y en la garganta. Llovió poco rato. Estaba yo con mi hermano en la calle esperando a un amigo para tomar algo. Tomamos algo mi hermano y yo solos pues este amigo no llegó, tenía que llevar a su madre no sé dónde. Luego, nos fuimos a casa y leí un poco el periódico, oí un poco la radio hasta la hora de acostarme. El día se acababa y no daba para más. Hoy me he levantado con la mosca en la oreja, con resabio mental, con la fe un poco descompuesta.

martes, 21 de abril de 2026

 Las derechas tienen eso de que favorecen al empresario y a lo privado. Las izquierdas quieren la igualdad y el reparto. Hay forofos de ambas tendencias. Pero yo me pregunto: ¿por qué estoy escribiendo tanto hoy? ¿Qué dejaré para mañana? Pues no sé contestar a ninguna de esas preguntas. El caso es que estoy mejor escribiendo que andando tontamente por la ciudad. Porque en la ciudad no hay nada que me interese. No conozco prácticamente a nadie de la ciudad, todos son extraños. Y, para ver extraños, pues estoy mejor escribiendo cosas que se me ocurren, que me pasan por el intelecto, que me oprimen un poco el corazón. Y aquí sigo, bebiendo agua, fumando y escribiendo. Y todo en la vida es aleatorio, provisional y dejado al albur de la casualidad.

 Ya se debe haber distribuido la riqueza por los pueblos como Moguer desde que Juan Ramón Jiménez tenía a bien escribir cuarenta o cincuenta poesías al día, allá por los años veinte. En tiempos de Juan Ramón Jiménez no estaba establecido todavía el euro millón así que hoy en día, a lo mejor a alguno de Moguer le haya tocado y así, de esa forma tan azarosa, se ha distribuido la riqueza. Porque a estos poetas de los años 20, les preocupaba mucho eso, la distribución de la riqueza. Y los jornaleros. Porque Juan Ramón Jiménez era de izquierdas. Y si todo el mundo pasara hambre sería la mejor manera de igualarnos y de distribuir no solo la riqueza sino la pobreza. Como pasa en Cuba. Que la pobreza está muy bien distribuida. Por eso, lo mejor que se puede hacer, en cuanto uno tenga uso de razón, es apuntarse a la izquierda y ser igualitario, muy igualitario.

 Juan Ramón Jiménez fue de izquierdas. Escribía "cojer" y "jesta" en un intento de simplificar la lengua española. Este poeta mostró las penalidades de los jornaleros de su pueblo, Moguer. Moguer debe de ser bonito. Moguer debe de ser un pueblo grande, como son los pueblos andaluces. A lo mejor, hoy mismo, ha nacido un moguerense más para el mundo. Juan Ramón Jiménez me da a mí que era un tipo impresionante, apabullador, importante donde los hubiera. Escribió tantas poesías que se puede rellenar toda una estantería con ellas. Este poeta debió salir a cuarenta o cincuenta poesías por día. Le dieron el premio Nobel. Por algo será. Ya digo que Moguer debe de ser bonito. Me gustaría ir a Moguer a verlo. Ver sus casas, el río, si es que pasa el río y sus calles empinadas o no empinadas. Me siento quieto, afanosamente quieto por no poder ir ni a Moguer ni a Chinchón.

 Podría darme un paseo por la ciudad pero prefiero estar escribiendo. Tengo muchos libros de poesía y de novela pero prefiero escribir. Así, suelto mis penas al aire y me entretengo. Habrá, como yo, mucha gente que escriba. Una vez fui yo a un taller literario. El señor que lo dirigía nos impuso escribir un capítulo diario de nuestra supuesta novela. Allí éramos 8 postulantes a novelistas. Como yo estaba trabajando, no me daba tiempo a escribir y un día me dijo el tipo ese que dirigía el curso: esto es novela, no cuento. Y dejé de ir. Pero me consta que son legión las gentes que escriben y escriben para sí mismos, para entretenerse nada más. Porque sus escritos no tendrán el apoyo de ser publicados. La escritura, al igual que la lectura, son buenas para el cerebro, hacen que el cerebro esté entrenado y la memoria y la parte del lenguaje de ese órgano están activas, dolorosamente activas para que luego pueda uno expresarse con propiedad e incluso, con elegancia.

 Ayer hubo muchas visitas a este blog. Me quedé sorprendido. ¿A quién le interesará esto que escribo? Yo lamento poner en él muchas cosas personales. Pero es que este blog tiene a veces un esquema curativo, de escribir mis males para analizarlos. Me gusta escribir también de libros que he leído como he hecho últimamente con una biografía de Vicente Aleixandre, que fue un poeta que perteneció a esa generación llamada del 27. Aleixandre estuvo prostrado la mayor parte de su vida por problemas renales. Recibió el premio Nobel en nombre de todos los poetas de su generación. Fue un poeta total, que expresó de todo en sus poesías. Su poemario "Sombra del paraíso" fue muy aclamado. Hay que destacar la casa en la que vivió, que se llama Velintonia, desde donde Aleixandre ejerció su maestría con todo poeta que se acercaba por allí. Tuvo una intensa amistad con Miguel Hernández y su viuda.

 Ángela de la Cruz es una coruñesa que se fue a Londres en los 80 a vender Biblias para no tener que pedir dinero a sus padres. Esta mujer es una artista y sueña con que sus obras prendan de las paredes del museo Reina Sofía. A esta artista le dio un ictus y está en una silla de ruedas. Le encanta dibujar como a mí me encanta escribir. Hace sus dibujos y luego, unos ayudantes pasan esos dibujos a cuadros o a esculturas. Esta mujer dice que en los ochenta había mucha más libertad creadora. Me parece que vive en Londres y tuvo una hija mientras padecía el ictus. La vida es muy azarosa, la vida te da y te quita. La vida comercia con la desgracia, la ilusión y el trabajo de todos los días.

Habría que pensar y repensar ese refrán que dice que mejor solo que mal acompañado. También hay un refrán que dice que una sola cabeza no llega a ningún acuerdo. Y otro que dice que amigos hay que tener hasta en el infierno. El otro día charlaba yo animadamente con un amigo. Salieron muchos temas a tratar. Me lo pasé bien, me olvidé de mí mismo y mis problemas por un rato. Fue muy buena experiencia. Y parece una tontería, ya ves, hablar de algo, de lo que sea. Hay que comunicarse, decir lo que sientes y cómo te encuentras al prójimo. El prójimo es esa caja de resonancia que sirve para que surja de ella algún consejo, algún deseo bueno para nosotros, algún cariño. El hombre y la mujer deben hablar, deben soltar lastre de ideas y problemas que se tienen y volcarlos en un oído amigo y bueno y consolador.

 Tengo que estar aquí escribiendo como sea. Me he levantado relativamente pronto. Necesito que pasen las horas ocupado en algo. Si no, me da algo. La guerra de Irán parece que va hacia su fin. Ni a Irán ni a EEUU les compensa esta guerra para nada. A mí, el régimen teocrático de Irán me parece un anacronismo de la historia. Me recuerda a las cruzadas. Debe de ser muy duro vivir en ese régimen porque cualquier atisbo de oposición es cortado de manera fulminante con un montón de muertes. Como la que tenía mal colocado el pañuelo. Como los 30.000 manifestantes muertos que ha habido en ese país estos días de atrás. Y es un país ambicioso que reparte terrorismo por toda la región y quiere hacerse con bombas nucleares. Están locos los dirigentes de Irán. La vida en Irán para las mujeres es decepcionante, gris y opresiva.

 A Morante de la Puebla le ha pillado un toro. Le han tenido que reconstruir los esfínteres. Morante de la Puebla padece depresiones. Morante de la Puebla torea muy bien. La vida del toreo fue muy bien retratada en "Sangre y arena" por Blasco Ibáñez. Blasco Ibáñez escribió "Los cuatro jinetes del apocalipsis", que va de la Primera Guerra Mundial. Yo la he leído. Ibáñez no tiene un estilo literario muy bueno pero cuenta bien las cosas. La estación de Villalba ha sido escenario para mí de muchas lecturas cuando venía yo de trabajar. La estación de Villalba es un cruce de trenes importante. La estación de Villalba es inconmensurable, vienen trenes hasta de Irún. Yo iba en esos trenes camino de casa. Cansado, lector y pensativo.

La enfermera me ha dicho que me adapte al cambio de hora y a esta luminosidad constante de las horas. La realidad es que me tengo que adaptar a la soledad. No solo a mi enfermedad sino también a mi soledad. Porque es eso lo que te enseña esta sociedad. Usan el término eufemístico de independencia, pero es soledad. La independencia es un logro: no necesitas de los demás. El otro puede ser perjudicial. Es mejor no tener amigos que te entorpezcan el día. Y yo, que soy de natural sociable, he de reprimir ese deseo de charlar y de estar con otros. Quizás porque no hay otros. Es una dura realidad. Ayer me saludó el camarero de los montaditos. Me alegré enormemente, pero es solo un saludo, un hola y un adiós. Mi bipolaridad hace que no me adapte bien a esa independencia básica, a esa soledad que no es sonora, que más bien es misteriosa y cutre.

lunes, 20 de abril de 2026

 La luna ya ha desaparecido del cielo. Ha venido el sol con mucha fuerza. Están estos escritos y está la radio. Están las ganas de fumar y está la calle a partir de las 7. Está la cerveza a un euro en la tienda del chino. Y están algunas cosas que no deprimen todavía. Los de los bares no quieren estos precios porque la gente no se sienta a tomar algo. Una cerveza, 3,30. Más de quinientas pesetas. Está un amigo con el que charlo de cosas de la vida, del sexo, de la paternidad, de las piernas al aire de las muchachas. Todavía las muchachas enseñan las piernas. El sol sale para todos y el aire todavía es respirable. No nos encojamos, no dejemos que se vaya la soga tras el caldero. No digamos tristemente: aquí no hay quién viva.

 Recordemos que este gobierno de coalición, coalición con lo peor de la política que hayamos conocido, prometió transparencia y regeneración. Primer dato: el presidente se va en el Falcon a Benicasim, viaje de recreo. No dice el gobierno lo que ha costado el viaje. Por lo tanto, transparencia cero. Y así todo el rato. Y luego, descubrimos que la corrupción en este gobierno empezó en su inicio. ¿Dónde está la regeneración? Nos han engañado a todos. Ha engañado a la propia izquierda que ve cómo pierde estimación y votos. Todo es una máscara para tapar sobres y bolsas llenas de dinero. La televisión pública, tapando y apoyando a un gobierno corrupto y podrido. No hay mal que cien años dure.

 La vida, con la edad, se vuelve más difícil. Ya no ves a esos amigos de antes. Ya te tienes que acoplar a tu soledad, aunque seas de carácter sociable, te gusta charlar, te gusta estar con gente. El coste de la vida te coarta de muchas cosas que antes eran fáciles. Ya no vas al bar. Quizás desees que venga otro gobierno, no este corrupto y extractor. Pero no hay otro gobierno. Unas latas de atún, 5 pavos. Y son lentejas. Ya casi no se va al bar: 3 cafés, 6 y pico euros. ¿Quién nos trajo a tal situación? Empezó la cosa con el aceite, creo recordar. La gente está harta ya. Por eso insulta y odia a su presidente, que no gobierna para "la fachosfera" y que ha levantado "un muro". Los presidentes realmente democráticos no son así. Este presidente será recordado por la historia como alguien odiado por el pueblo. Triste recuerdo. Triste presidente. Triste gobierno.

 Quizás haya desilusión en la calle. Todo está tan caro que se hace difícil ir a la playa en verano toda la familia. Es muy triste este coste de la vida tan duro. Una barra de pan, un euro. No se cortan. Habrá gente que se estará forrando. En hostelería, a dos euros el café, la ganancia será estratosférica. Se emplea un adjetivo que define la carestía: precios desorbitados. O sea, que los precios se sitúan en una órbita inalcanzable. Es la política que hay: quieren sacarnos los untos para decir luego que emplean los impuestos en sanidad y educación. Pero no tienen presupuestos desde hace tres años y así, no sabemos dónde van los dineros. Y, además, hay corrupción. De la corrupción se ve tres o cuatro cabezas. Pero la corrupción es amplia. Todos se corrompen cuando hay corrupción, no solo esos que vemos en la tele. Se corrompe todo el tejido político y administrativo. Todos roban. Entonces, ¿vamos a hacer caso a eso que dice el gobierno de que los impuestos no son magia? ¿Dónde va el dinero? Nadie te lo dice.

 Me he desempeñado como novelista tres o cuatro veces desde que estoy jubilado. Pero no se le puede pedir peras al olmo a un enfermo. Un enfermo padece. Padece de falta de concentración, se le van las ideas. No se concentra debidamente. Aún así, yo escribo aquí en el blog algunas reflexiones sobre la vida que llevo. Si yo me divirtiera y lo pasara felizmente, me quitarían la pensión. Así que suelo estar triste, para que no me la quiten. No puedo trasnochar, me desvelo y no duermo ya en toda la noche. Debo ceñirme a una rutina. A las 10 suelo estar ya en la cama. Tengo ya bastantes años. No puedo beber. La tranquilidad me procura estabilidad. No estoy para fiesta. Ni para viajes. Mi vida no tiene atractivo para mí. Ningún atractivo.

 Quizás, no lo sé, hay que tener bastante autoridad para despertar a un viejo a las 8 de la mañana y ducharle. Yo veo mujeres en la residencia donde vive mi padre, que hacen un poco de todo. Y estas mujeres deben de tener también mucha humanidad, no actúan como robots. Tratan con seres humanos en el final de sus vidas y este es un punto delicado. Unos ancianos y ancianas se caen y se hacen una herida en la cabeza o en un ojo. Y ya acobardan tras la caída y ya no son los mismos. Otros ancianos han llegado a su vejez de manera muy precaria. Quizás estén bajo la influencia de alguna demencia. Y solo repiten: no. Es todo lo que dicen. Una residencia da para reflexionar mucho, para pensar en la miseria de la vida, del último tramo de la vida.

 Ayer domingo, quedé con unas amigas. Y de los parlamentos que tuve con ellas dos, no saqué más que ideas negativas y lo que se suele llamar, mal rollo. Dijeron que en esta vida no hay gente buena, contaron de sus vidas, las dos llenas de inconvenientes. Todo era como para pegarse un tiro. No me convienen esta clase de manifestaciones porque me afectan, me llenan de negatividad mental. Pero luego, a la tarde vi a mi padre. Y me lo pasé bien con él hablando de cosas peregrinas y alegres. Otros días sí que me rio con estas chicas pero ayer se pusieron muy melancólicas, muy tristes, muy de pesadumbre. Bueno. La vida es una croqueta llena de tropezones. La vida es, como decía Forrest Gump, una caja de bombones.

Parece mentira pero hoy todo lo que tengo que hacer es comprar una empanada en el súper y ponerme una inyección esta tarde. Una inyección que es un antipsicótico. Pero un antipsicótico que tiene una biblia de contraindicaciones. Yo no me puedo divertir y de hecho, yo no me divierto. La vida mía es tan aburrida que pasa lenta, como dicen que son las torturas chinas. Escribo aquí para aclararme algunos temas, ponerlos por escrito, no vaya a pensar la gente que mi vida es una falla valenciana o una feria sevillana. En mi vida he estado borracho, no puedo beber alcohol. La vida mía no puede ni debe estar llena de emociones fuertes porque no dormiría, porque la excitación me vendría mal, porque la enfermedad afloraría como una negra flor crecida en el asfalto. Soy prisionero de una enfermedad. Y eso no lo quiere nadie.

 A mí, me han dado una pensión. Si me la han dado es porque si yo hubiera seguido trabajando, estaría de baja todo el rato. Y habría que pagarme a mí y a un sustituto cada dos por tres. Porque la enfermedad mental es más dura que si padeces de una pierna o de un riñón. A veces te da el estado depresivo o a veces, te encuentras raro que no sabes ni lo que piensas. Entonces, la administración educativa supongo que habrá obrado de la manera más eficaz porque ya conoce otros casos de profesores enfermos mentales. Que los hay. Hay muchos casos de profesores así. Me consta porque he pasado por muchos institutos y en uno de ellos sustituí a una profesora con este caso. Y he visto, en alguna sala de profesores, algunos casos de desorden mental. No es tanto chollo cobrar una pensión, pues a mí, la enfermedad mental, ¿quién me la quita? No me la quita nadie.

 Tengo en la mesa como unos 14 libros de poesía. Los voy leyendo de uno en uno, una poesía de cada libro. Y encuentro muchos hallazgos literarios, como yo digo. Muchas expresiones felices en que los poetas han estado lúcidos y excelentes en la manifestación poética. Pero me tengo que concentrar para leerlos, estos libros. Tengo que decirme a mí mismo: voy a leer poesía. Leo una poesía de cada libro, no más. Luego, cojo otro y leo otra poesía. Así hasta completar todos los tomitos de bolsillo que tengo. Lo paso bien. Me despejo de tanta vulgaridad que da la vida, este sol tan fuerte. Porque el sol así manifestado estos días es de lo más vulgar, de lo más detestable. Las poesías refrescan la mente hasta la hora de comer, hasta la hora de merendar, hasta la hora de dormir.

 Resulta que soy un pensador. Vamos, que saco tema en estos blogs que escribo y les doy una interpretación a esos temas. Puede que algunos blogs sean demasiado personales. Es cuando este blog se convierte en algo terapéutico, cuando necesito decir alguna verdad mía, honda. Entonces no pienso sino que vierto alguna angustia. Estos días he estado triste, de bajón, nada del mundo me gustaba. Los calores sobrevenidos de abril me asqueaban. La claridad del cielo, de un azul que casi se pasaba a blanco, me ponía malo. Todo eran inconvenientes en mi vida. Las horas no pasaban. Me alíe con la radio para pasar el tiempo. La vida iba lenta, mohína, sin aliciente. Lo he pasado mal.

domingo, 19 de abril de 2026

 Esta claridad del día me asusta y me acompleja. El cambio de hora me pilló mal. Son horas de no saber qué hacer. Tengo una historia que escribir pero nunca la escribo. La luz avasalla un poco mi voluntad. La luz da color verde a los árboles. Pero hace demasiado calor, no puedo con él. A lo mejor salgo con mi amiga y mato la mañana. El domingo está sobrio como los animales, como las peñas de las montañas, como un pájaro que no vuela. A veces lloro sin querer. Es el sino del ser humano: cumplir años. Mientras haya de comer no va mal la cosa. Una mujer tiró a su recién nacido al río a que se le comieran los peces. Un limpiabotas ha dado todos sus ahorros a un punto que vive del sable. La vida es así de cruda.

sábado, 18 de abril de 2026

 Estos días de atrás tenía yo la autoestima muy baja y me creía inferior a lo que yo soy en realidad. También, eso que llaman la cultura del cuidado me afectaba. Cuando veía a ancianos o niños chicos sentía una especie de estrés en mi conciencia. La tensión que representa cuidar de un anciano lo he vivido yo en los tres últimos meses del año anterior. Mi hermano ha sufrido un brote en su enfermedad por eso mismo, por el estrés de haber cuidado de nuestro padre. No toleraré que Paco vuelva a hacer de chófer ni de acompañante de mi padre ya más. Le afecta y le conduce a una crisis. Hay que prevenir antes que curar. Y se pasa muy mal cuando tengo que estar pendiente de mi hermano con la crisis mental.

Tengo que comprar para mi padre una cámara de fotos de esas que llaman polaroid, de esas que sale la foto en papel al instante. Es un capricho que él tiene para fotografiar la casa del pueblo, según me ha dicho. El día 25, día de su cumpleaños, habrá comilona en Segovia. El quiere llevar en el bolsillo de su pantalón esa fotografía. Hay una tienda de fotografía en Majadahonda, así que ahora iré y la compraré si la tienen. La vida se va pasando. Ayer preguntaba yo a Paco si creía en la resurrección y Paco dijo que sí, que creía en ella porque hay evidencias físicas. Luego habló Paco de misterios como la sábana santa y otras cosas. Yo también creo que esta vida no es la única que existe. Ya otros pensaron lo mismo hace tiempo. Lo que pasa es que hoy en día hay mucho descreimiento. La gente piensa que la religión es un invento de los curas y que, además, todos son pederastas.

 La nervadura de mi cerebro, mis neuronas, a veces se rebotan como pelotas de goma que estuvieran dando vueltas por mi conciencia. Y lo paso mal. Es sinuoso mi cerebro. Unas veces alegre y otras, triste. Es mi enfermedad. Un día, mi novia me compró un libro titulado "Bipolar", de una señora que la padecía, la bipolaridad. Y esa señora era un desastre. Yo no llego al desastre en mi vida, parece que controlo bastante pero cuando estoy triste, me hundo y no quiero hacer nada. Suelo tumbarme en la cama y que pasen los minutos. Suelo rumiar mi tristeza y darme al tenebrismo. Suelo parar y pensar en las cosas negativas a ver si se van de una vez. A veces se pasa mal con estas enfermedades del alma y hay que aguantar. Como decía una señora de la asociación: la mejor pastilla es la aguantinina.

 No deja de ser un enigma para mí el tipo este. Se rodeó de corruptos y no le ha salpicado ni una gota. Su mujer y su hermano, perece ser que también aprovechados corruptos, no le hacen temblar. Es un tipo, ya te digo, muy misterioso. Que se está haciendo muy popular en las redes, que es odiado por muchos. Que toma medidas sobre la marcha, que su gobierno no tiene apoyos y aún sigue y sigue. Todo el gobierno gira sobre él, que es "el puto amo". Disfruta de todo lo que conlleva el poder, le gusta el poder. Anda como muy chulo, tiene unos andares entre pasota y chulo de barrio. Pero, ya te digo, este tío es un enigma envuelto en un laberinto.

viernes, 17 de abril de 2026

 La parsimonia o lentitud de las once de la mañana. La última maldición del día al amanecer de la semana. Los últimos gritos que se oyen en el metro. Gritos callados, gritos del corazón herido. Quizás el viernes venga a suturar esa herida, la herida dolorosa del maldito madrugón. La vida avanza con y sin gritos. La guerra, los tiranos y los jetas hacen que la existencia sea bastante más dura. Aclárate, dolor de vivir, dime qué hay que hacer para pasar este monte de infeliz trasiego. Los currelas no son políticos. Los currelas no son la casta. Hasta que la vida trascienda a la propia vida, seguiremos atados a la vida.

 Tengo un loro que no habla, una tristeza enamorada y un coche que no anda. Todos me dicen qué te pasa y yo no sé qué contestar. No sé si me pasa que no hablo con nadie. No sé si me pasa que me siento solo. No sé si hay una circunvalación tonta en mi cerebro que me tiene así, cansado de la vida. Todos se critican unos a otros como si fuera la cosa más importante que hubiera que hacer. Nadie colabora con nadie. Yo me levantado tarde. La vida que hay no me deja reír. Los últimos días de mi vida los he pasado viendo pasar las horas. Los libros ya no me entretienen, son amigos aburridos. El destartalado estado de mi alma no me deja reír. Yo, solo, triste, cansado de los días que pasan, admito que mi mente está en otro lado de la vida.