Ojalá ayuden a mi hermano a no tener que pasar por otro brote psicótico. Ojalá que la Tierra se salve de este deterioro atmosférico maldito y vuelva a haber primavera y llueva en primavera y no se queden secos los campos ya en mayo. Y vuelvan los saltamontes. Mi hermano debe huir de los conflictos, del estrés y del duelo y de estar triste. Mi hermano es fuerte de mente mientras está bien pero cuando tiene que hacer de chófer de la familia, recae. Es el estrés. Mi hermano tiene grandes dosis de paciencia cuando está bien. Tengo que imitarle y pasar largas horas en casa a la sombra, al refugio del calor. Voy a comprar el periódico y comeremos pescado con ensalada de berros.
domingo, 31 de mayo de 2026
Palpamos el espacio definido por los muebles. Continuamos en el rol del ciudadano medio. Ya la política nos da igual. Parece que la gente no quiere que gobierne la derecha. Los mosquitos se cuelan por la ventana y hay que aplastarlos. La vida va surgiendo de los cuerpos cuando se mueven, se besan, se desean buenos días. Otra mañana ajena a lo nuevo. Pero lo nuevo es vivir, tan solo vivir soslayando el middle west, la plaza de San Marcos de Venecia y la bahía de Nápoles o de Cádiz. Lo pasamos bien en el barco. La mar estaba en calma. Las luces de las ciudades por la noche hacían que olvidáramos nuestro propio ser.
Es difícil sustraerse y convencerse y concentrarse en historias que deben continuar. Una de ellas es cuando estuvimos en el pueblo con mis padres. Otra puede ser la historia del desahuciado. Otra, la de las islas canarias. En este año he aborrecido mi capacidad narrativa. Creía que ya había llegado a un fin. Pero puede servir de entretenimiento esa actividad en cuanto que puedo contar sin juzgarme, ya que no tendrán resonancia esas continuaciones. La luna brilla en la noche como una vedete. Las estrellas ya no se ven. Pongamos que hablo de Madrid. Pongamos que hablo de mi ciudad atónita ante los acontecimientos consuetudinarios que suceden en la rue. La vida ya no sabe sorprender pero estamos vivos. Demos gracias a Dios de que estamos vivos.
sábado, 30 de mayo de 2026
Pelea tu vida por las calles de la ciudad. Te enfrentas a una riada de soledad. Caminas y dices hola a cualquiera. Las esquinas se ofenden de tu paso aburrido buscando la puerta. La dinamita de Dios te abre en canal las entrañas, te las llena de metralla, te las oculta a otro ser que anda por las mañanas haciendo la guerra. Los pasos son siempre los mismos, la cucaña solía estar en la plaza, a la vista de todos. Es cucaña la que subes andando por las aceras. No hay nadie ni nunca lo habrá. Solo te quedan los oídos de un hermano que escuchan brevemente tus lamentos oscuros. No estás solo. No vacíes tu esperanza en la calle, vacíala frente al ordenador.
Un hombre gordo está sentado en el bar de los montaditos. Aparece una chica muy joven y muy bella. El hombre gordo y yo la miramos porque la chica es de mirar y admirar. Apenas pasa el tiempo. Un tropel de aquí nos anuncia los objetos que nos rodean. El cantante único que es el sol, respira calor muchos kilómetros más allá. No nos damos por vencidos aunque el aire esté irrespirable. Comemos melón a mediodía. Las gaviotas chillan y chillan muy lejos, muy lejos. Yo quiero acabar de decir que la mañana se rinde al feísmo de la soledad. Hay a quién contar una historia desafortunada. No estoy solo pues.
Mañana iría a los asientos pero al final, no iré. Me pesa pues vería naturaleza. Dejamos en los merenderos muchas historias contadas. Un zorzal pía a lo lejos. La manera de no caer en el despropósito es no aliarse con la fortuna. En los mapas del cielo el sol siempre es amarillo. De barro nos hizo Dios. Pulula por el cielo un aire calentorro, del sur quizás. Las gentes charlan animadamente en la mañana del sábado. Las mañanas tienen eso: que son las primerizas del día, paren el día y luego el día va creciendo. Las bombonas de butano chillan de furor y hacen fuego. El sol parece una bombona de butano algunas veces. Y la vida, un metro a punto de partir. No voy de excursión y me pesa, me pesa en el corazón.
viernes, 29 de mayo de 2026
Me está costando escribir esta mañana. Porque quizás no hallo bondad en la Tierra de que escribir. Las gentes se pliegan al deseo más burdo y a la envidia de los millones en vez de pensar que cada vez somos más iguales económicamente. Que solo ha triunfado Nadal con su raqueta es pensar que se es muy desgraciado. Es mejor pensar que el vecino disfruta de lo mismo que tú. Que también va a Gandía a pasar el verano. Pero no. Deseamos lo ajeno con apetito de buitre. Deseamos lo muerto, lo que nunca tendremos. Es todo tan ridículo como tener muy poquita personalidad. Disfruta de tu vida, pazguato, y no adores lo que tienen otros. Mentira es tu vida si deseas la de otros. Esta mañana no sé de qué escribir porque no veo un hombre ni una mujer enteros de alma.
Los objetos desnudos redondean su realidad. Se materializan de golpe tras la ventana. Hoy es viernes. La cultura del ocio da mucho juego. Comer en un sitio, bailar en otro, ver un museo. Las luces que lucen por la noche indican el tipo de humanidad que vamos creando. Esto era un padre de familia que, como no podía dormir, sale con el coche a recorrer Madrid. Y lo que ve, le hace un ser envidioso de todo, cotilla de todo y miserable al fin de la madrugada. Deseo un paseo por el fondo de las almas más turbias de la noche. Y lo consigo, ya que hasta el currito de turno tiene el alma fea, carcomida por los goles de Cristiano Ronaldo. La vida va surgiendo como de un pozo muy hondo, no de los rezos a Dios que de pequeños nos enseñaron. La existencia se destila con una envidia fuerte y giratoria como los besos que da el diablo a las almas que se pierden.
No sé muy bien de qué escribir. Tengo la inspiración en otro lado. Tengo en otro lado las oscuras golondrinas y el abrigo que me tapó el último invierno. Mis ojos abarcan el orden de la inmensidad. Pero seamos claros: el hombre no vive de pan ni de poesía. El que trabaja da sustento a unos cuantos o quizás a sí mismo. Como dicen los mayores: antes, con el sueldo del marido, daba para piso, pan y vacaciones. Ahora, trabajan los dos y no llegan a fin de mes. Qué quimeras hay ahora sobre el consumismo. Hay que consumir unas cosas innecesarias para estar bien. Hay que ir a Disney no sé qué. Hay que tener en casa toda serie de trastos. Hay que llevar las zapatillas extraordinarias. Todo se resolvería un poco si pensara la gente en comer y vestir ordinariamente. El sol sale para todos. Y la luna también.
jueves, 28 de mayo de 2026
El cielo azul indiviso. Lejanías que arden. Montones de aquí. Las fluidas nubecillas madrileñas. El mar resuelto en kilómetros de carretera. El pájaro que rompe la intemperie de mi vida. Los defectos que salen de mi persona hacia la luz: cobardía. Una enfermedad aviesa. La luna sale rota por un costado blanco. Qué lejos abren sus venas los locos. Madrid, esa locura de azoteas y psiquiátricos con las paredes verdes. Yo no amo las calles, yo no sé qué son las aceras vendidas a las pisadas. Los autobuses vienen y van, vienen y van. Comer judías blancas es mi aspiración hoy. El mar, la mar: ese coloso difícil de ver.
Me parece que de Madrid a Albacete hay unos 200 kilómetros. Allí paraba el autobús que llevaba a la costa. Me fumaba un cigarrillo y luego, otros cuantos kilómetros para llegar al pueblo donde mi novia y yo pasábamos las vacaciones. Era un itinerario que no sé si podría yo hacer solo. Me da mucho miedo pensarlo. Y cansancio. Conozco una de la asociación que se hacía este recorrido varias veces en los meses de julio y agosto. La arenilla se colaba por los zocos de tiendas y los patios de los apartamentos. El agua de mar estaba todo el rato venga sonar: plas, plas, plas. Y los castillos de arena se hacían con el cubo y la pala. Y con las manos mojadas.
Este es uno que iba por la calle y de repente perdió la imaginación. Entonces dejó de creerse humano y se creyó perro y ladró. Y dejó de imaginarse el mes de agosto y todo el mundo de vacaciones y los autobuses que pasaban por Albacete camino de la playa y los castillos de arena y la arena misma y el mar entero. Y por no imaginar, no se imaginó a sí mismo andando por la ciudad y dejó de ser un hombre o quizás, una mujer, con identidad propia. Y ya no era nadie en su propio cerebro, era un ente gris, inanimado y dependiente de una forma expresiva tonta: era un hombre o una mujer que no sabía si era o no era, si iba o venía, si sabría que es un lunes o un sábado, si la luna ya no era luna, etcétera.
miércoles, 27 de mayo de 2026
Meteorológicamente, el ambiente ya es de verano, un verano fuerte de sol y calor. Por las chorreras del cielo bajan muchos grados de infierno. De 3 a 6 no hay quién ande por las calles. La ciudad es un desierto, a esas horas, lleno de esquinas y de plazas desoladas y de rosas aceitosas y marchitas. Del cielo no vienen más que torrentes de claridad calurosa. La pena es que todavía nos quedan tres meses así. A ver si sobrevivimos o dejamos el pellejo entre estas condiciones adversas. La vida se desarrolla lenta, las citas médicas se dan a partir de las 7 de la tarde, nada funciona con corrección inglesa o francesa. La gente muere por el calor. La vida se vuelve difícil. No sé si esta tarde iré a andar, no sé nada, nada más que hace calor, mucho calor.
Este era un hombre, o quizás una mujer, que tenía un hueco grande en el estómago. No se llenaba con bizcochos o coliflor hervida o un filete de ternera. Era un hueco existencial, era un hueco de aviso: no te creas nadie especial, le decía ese hueco grande en el estómago. Y ese hombre, o quizás, una mujer iba con ese aire libre del estómago a todos los lados. Iba a la compra y a sus vecinos, iba a sus hijos y a sus padres, ya mayores. Iba a la playa a disfrutar pero por las tardes, a la hora de la siesta, ese hueco informe y difuso le o la avisaba de que quizás estaba de más en la Tierra, de que este mundo le había escupido del seno de una madre y luego tenía que vivir, aunque fuera a regañadientes. Ese hueco en medio de la tripa le, la iba diciendo que inevitablemente iba a cumplir años, que la vida no es guasa, que el estómago era la señal de que vivía. Mal, pero vivía.
Tengo un hormiguillo en el estómago que me produce cierta ansiedad y duda ante la vida. Creo que ese hormiguillo es común a la gente de mi especie. Ningún homo sapiens está seguro en la vida, no puede decir: estoy perfecto en mi vida, no necesito nada ni nadie para ser feliz. La infelicidad está a la vuelta de la esquina. Ningún ser humano, que yo sepa, aunque esté lleno de millones de dólares o de euros, puede decir: sé la clave del buen vivir, sé cómo se vive en la Tierra. Todos tenemos un hormiguillo, una desazón, un nerviosismo propio de nuestra especie. Todo el mundo padece de unas cosquillas feas que se nos instalan en la cabeza o en el estómago y nos dicen: no estás aquí a gusto, no puedes decir que dominas tu vida, no sabes, aunque te rías en una foto, qué te pueda pasar al siguiente minuto de tu vida.
El que escribe poesía sabe que el ritmo de los versos es esencial, que la vida que habita en un poema debe ser clara y expresiva. Las condiciones para que un ejercicio poético sea bueno es la música que hay en las palabras. Las palabras tienen su música. La esencia de una palabra es decir ampliamente lo que significa, que esté esa palabra en un sitio desde el que diga todo lo posible, que signifique todo su potencial semántico. La palabra se alía con el poeta de modo que la palabra exprese su fuerza comunicativa a tope. Así, una palabra tan simple como "flor" puede ser un huracán expresivo en manos de un Bob Dylan o un Juan Ramón Jiménez, ambos premio Nobel de literatura. Y es que la palabra dura más si está bien colocada en el discurso poético.
Hace una mañana muy bonita para ir a la carrera de San Bernardo y ver desde una terraza a los autobuses de la EMT cómo van. Si van muy cargados, si van muy veloces, si van oscuros como una sombra. Y luego, llegar a la glorieta de Quevedo y ver las gentes también cómo van. Si van tristes, si van llenos de duda, si van oscuros como una sombra. Y luego bajar por una calle hasta Moncloa y cruzarte con más gentes atareadas, con un destino en sus ojos, con melancolía en sus labios prietos, con la oscuridad de una sombra rodeándolos. Y es que este mundo está lleno de incertidumbres, de pasos inciertos, de hoyos existenciales que parecen hundir su sima en las aceras de lo inhumano. Es ley que en la vida no tengamos nada claro. Es ley que en la vida, todo sea provisional. Es ley andar a tientas, sin ver bien qué nos mueve a veces.
martes, 26 de mayo de 2026
Los nietos fueron a ver a su abuelo. No sabes la ilusión que le hace. Porque el abuelo siempre es de tener a la familia muy junta, casi que se choquen entre ellos. El domingo hablé yo mucho con el abuelo, con mi padre. Hablamos con otros ancianos, hablamos de la gente, hablamos de los familiares, hablamos del perro mundo que nos acoge. La verdad es que mi padre tiene el don de gentes, aúna en su persona un carácter amistoso y único, no se lo he visto en otras personas. Mi padre anduvo por esas carreteras de Dios y vio mucho. No leyó, pero vio mucho. Y lo que vio se le quedó en la retina como una lección que aprendió para siempre.
La vida es cruel, la vida puede dejarte inerme. La vida te hace viejo sin remedio. Pero lo importante es aguantar los embates de la vida con una rutina impuesta. Charlar con la gente no te reduce a la soledad del ganado que no habla. Dar paseos te reconforta el cuerpo, abarcar distancias te mantiene un tanto vivo. Vivir es difícil. No siempre la vida te regala lo que deseas. Aguantinina es la pastilla más fuerte para las depresiones y la falta de ánimo. Aguantinina en dosis adecuadas te acerca a la dicha de saberte fuerte ante las olas del mar de la existencia. Los días pasan, los deseos ya no se cumplen, las gantes van todas a las playas, los simples y los complejos se unen en la fiesta vacacional de agosto. El sol, siempre en alto, llena de amarillo el cielo de Dios.
Los viernes yo ganaba exactamente, 1250 pesetas. Por dar clases a un estudiante de bachillerato que tendría que ir a selectividad. Yo le llevaba a ese estudiante textos narrativos, ensayísticos, poéticos y dramáticos. En junio me dijo ese chaval que había sacado un 8´ 5 y que se había dejado una pregunta por responder. Perfecto. Mi sistema había funcionado. Comentábamos textos de todo tipo, sobre todo poesía. Su madre creyó que mis clases eran demasiado caras y las redujo a un día a la semana. Yo andaba pobre por aquellas fechas. De las 1250 pesetas, 250 las echaba a la tragaperras y las mil me habían de durar para el fin de semana en el pueblo. Yo no pensaba, yo actuaba. Clases particulares, academias, hasta llegar a aprobar la plaza de profesor de secundaria. Esto último, mucho más tarde.
Mi formación en la carrera de Filología es de lingüística. Yo asistí a clases de sintaxis y de semántica. Sintaxis quiere decir unión y orden en la frase. Semántica es el estudio del sema, que quiere decir significado. Por lo tanto, yo soy lingüista, estudié esa rama de mi carrera. Yo he soñado con escribir una gramática. Una gramática simple, asequible a todo el mundo, pero me han faltado ganas. Y orden en mi vida. No todo el mundo sabe lo que es una subordinada sustantiva de sujeto. Y un adverbio. Y los tiempos de los verbos. Etcétera. Quizás sí que sea ardua la carrera que estudié. Quizás sí que tenga su intríngulis y sea difícil, como me dijo una amiga. Yo lo que sé es que siempre me ha gustado el lenguaje, las manifestaciones del leguaje, desde las novelas a los chistes.
lunes, 25 de mayo de 2026
Hoy es el cumpleaños de mi padre. Ayer estuve con él charlando en la residencia. Hablamos de la familia, de los que ni siquiera llaman cuando hay algún problema. Pero mi padre me dio un buen consejo sobre aquellos que están ensoberbecidos: espera a que pase el tiempo, me dijo. La verdad es que a mí no me molestan mucho esa gente que se cree algo porque luego hay otros de la familia que me han ayudado. La verdad es que los que ayudan se ganan un espacio en el corazón y los que llevan a sus hijos a ver al bisabuelo, se llenan de razones para ser amados. La vida quiere amor, contacto, calor humano y buen humor. El que ofrezca estas cosas será llamado santo o ángel o buen samaritano.
He perdido una amiga que ya no aportaba nada. Quizás ese es el cambio del que hablaba el horóscopo. La palabra "amedrentado" quiere decir que te echas atrás por miedo pero la vida sigue y hay que vivirla de un modo u otro. Yo busco una puerta que no niegue lo que esconde, que me abra un acceso a la felicidad o, por lo menos, a la tranquilidad de ánimo. Dejar que la gente se meta en tu vida a veces es peligroso. No hay almas buenas muchas por el mundo, no hay ángeles custodios por las calles. Son solo chupópteros que quieren que les invites a una cerveza. La vida es asquerosa por muchas razones y una de ellas es por esa clase de gente.
Tengo yo un libro que son las poesías completas de Antonio Machado. Tiene la letra muy diminuta. Es de ver cómo Machado va retratando Castilla o un jardín o el huerto claro donde madura el limonero. ¿No era Machado un ser depresivo? No lo sé. Así dijo de él un profesor que yo tuve en la universidad. Quizás, cuando deje de escribir aquí, me voy a leer un poco de poesías que tengo de algunos autores como Gloria Fuertes o César Vallejo, el peruano. La vida está muy tirante. Con tantas guerras, sube el precio de todo, la gente anda mirando el dinero que no llega quizás y no sé si se podrá ahorrar un poco o no. Las familias se cabrean porque no saben educar a sus hijos y sus hijos chillan, dan botes como sátiros, socavan el ánimo de su padres.
Tendría que aprenderme algunos ejercicios de relajación. Tendría que saber cómo dominar esta ansiedad que me ha dado de repente. Ojalá llueva, creo que así se me quitaría este mal fario. En la ciudad no tengo con quién derrumbar mi pena. Me voy quedando solo. Hay gente a la que no le importa quedarse sola. Hay gente que va llamando a la puerta de su soledad y entra y ve que hay una estancia grande pero sin mesa, ni muebles ni nada. Todo corre veloz: el tiempo, los conocidos pasan, los que creía yo que eran mis amigos, todo adquiere una derrota rápida y tenebrosa. La soledad se rompe un día, quizás hoy, con un amigo leal que habla de Dios y de la muerte y de la enfermedad mental.
La Biblia tiene sus profetas y los cantantes tienen sus tonadas que pueden convertirse en himnos de una época. No sé si existirán profetas en esta época tan mala, tan llena de confusión en que todos están contra todos y desean expandirse a costa de los demás. Los nacionalismos son muy malos, no buscan el diálogo, no quieren más que aislarse de todos los países aledaños. El movimiento MAGA es un nacionalismo, el movimiento catalanista y otros también son supremacistas. Pero yo creo que existen los profetas que avisan de que vamos mal por ese camino, adorando al becerro de oro, a falsos líderes, a la tentación de ser más que los demás. Saldré a la calle, haré unas judías verdes con patatas y a ver qué tal.
Tu risa me da risa, tu valor me da calor, dame otro vaso de licor. Son versos de Manu Chao que imagino en los labios de un inmigrante. Un inmigrante que quizás llegue a Madrid a buscarse la vida y conozca a una mujer buena con la que poder charlar. Y esa mujer es tabernera, hace magia con el licor que sirve a ese trotamundos, a ese extraño en la gran ciudad, a ese perdido del mundo. Y quizás ese recién llegado sufra de ansiedad por la vida que lleva, sin conocer a nadie, sin remedo de amistad, sin poder hablar nada más que con esa mujer que está detrás de la barra y le cuenta chismes y chistes al que viene de otro país a ganarse la vida. Y quizás sea ecuatoriano o peruano o marroquí. La vida es extraña a veces. Muy extraña.
¿Es original escribir en este blog? ¿Me interesa escribir en él? Yo solo quiero reflexionar y que se pase un poco el tiempo. Es un capacho grande el que lleno de desilusión. Creo que hoy la ansiedad está más controlada. Ayer por la tarde, después de ver a mi padre, desapareció. Son trasuntos estos nervios de mi enfermedad. Espero que se me vayan quitando cuando me adapte a la situación nueva. Quizás sea algo del subconsciente, de que he perdido amigos, no lo sé. Me voy quedando solo con Paco. Dice el horóscopo que sufriré un cambio a mejor. Espero que sea así. Está claro que este blog no pretende hacer equilibrios sobre el lenguaje sino reflexionar sobre mi vida y pasar el rato.
domingo, 24 de mayo de 2026
Este blog no es para alzarme poéticamente sobre la realidad. Tampoco es para narrar cosas estupendas. Es simplemente para que yo me extienda en mis cahiers de dolences, como decían los del tercer estado en la revolución francesa. O sea, cuaderno de quejas. Estamos algunas veces más muertos que vivos, estamos saboreando las paredes del cementerio en algunas ocasiones. Somos de barro, somos muy frágiles de vez en cuando. Las lunas, como el sol, esta maldición, van marcado noches y días muy vulgarmente, siempre a 24 horas, no cambia, no sucede nada especial. La vida sí cambia a peor, a estar confinados, a no salir, a no vivir nuestra simple vida.
Hay que ahuyentar a la catástrofe. Y la catástrofe hoy en día es el calor inhumano que hace. Ahora, cuando vaya a por el periódico, compraré unas judías verdes y unos filetes de pechuga de pollo para mañana. Ya digo que la catástrofe es no poder vivir en la calle por el calor. Es un problema de nuestros días por el cambio climático. Los veranos cogen fuerza ya en mayo o en abril, como estamos viendo y sintiendo. Hay que estar en casa con buenos libros para leer. Hay que estar tumbados y nada más que tumbados de 3 de la tarde hasta las 7 de la tarde. Y es lo que hay, aunque parezca una expresión zafia. Los países como España, internacionalmente, no somos nadie. Yo quizás sea alguien. Tú, quizás, seas alguien. Pero el calor no te deja ser lo que ni tú ni yo queremos.
Un hormiguillo me entra en el estómago. No sé qué será. No sé si es ansiedad o malestar general. Temo las horas en casa. No sé bien qué hacer todo el día de calores fuera. Hoy hay brócoli con patatas y unos pinchos morunos. Ya son las 10:40. La gente, supongo, apurará el tiempo en la cama. En un anuncio lo llaman camitis matutina o algo así. Hay gente que quiere perder tiempo con su familia, que quiere estar al lado de los suyos el mayor tiempo posible y hay gente que hace lo contrario: que las horas de trabajo le hacen estar lejos de su familia porque su familia es algo que le cansa. La familia cansa, ya lo dijo Eratóstenes, que era gran sabio. La familia pide de comer y pide de atención y pide de todo. El trabajo también pide pero puede ser cuestión de lago solitario y libre.
Dice una "amiga" que el cuerpo es como un templo. Ella cultiva su cuerpo y luego, los demás le importan un carajo. Llegará a ser muy vieja y muy longeva pero no tendrá amigos en su vejez de perfección vigoréxica. Toma té especial y se unta la cara con mil cremas. Estira su espalda para no tener chepa, va al gimnasio y va al monte a darse largas caminatas. Le gusta la soledad. Nadie le importa a su templo que es su cuerpo. Ella, por su cuerpo, mata. Y así va pasando su vida, su estúpida vida de mujer solitaria. Y así la vemos sus amigos: cada vez más distante, cada vez más excluyente, cada vez más perfecta en cuanto al templo, en cuanto a su cuerpo.
Ya no tiene mucho interés tomarme un café y mirar a la gente cómo va desde la cristalera del bar. Ya no tiene mucho aliciente quedar con una persona que no me tiene en cuenta para nada. Habrá que abrazar la soledad junto a mi hermano. Siempre quedará Madrid, la Moncloa, las cervezas de Hilarión Eslava y los libros de la librería solidaria. Siempre quedará estar tumbados y hablando de habitación a habitación sobre nuestras desdichas o asuntos de interés nuestro. Siempre quedará ese cigarrillo después de merendar. En fin. Siempre hay algo de lo que tirar para pasar el rato y el roto y el reto. El pan, que no falte. Y siempre seremos hermanos con una cuestión similar a la que hacer caso.
Para lo que hay que hacer un domingo, mejor que te pille trabajando. Los calores han llegado después de las lluvias frescas. No se puede salir de casa. Yo me alío con los libros que compré hace tiempo. Me leeré el periódico de cabo a rabo. A ver qué dicen de zp. Los días pasan lentos; los meses, raudos. Es como si estuviera en una cárcel. La cárcel diseñada para no pasar calor. Mi propia casa. Que por mayo era por mayo cuando hace la calor. Si no es por una avecilla que me cantaba al albor. Matómela un ballestero, dele Dios mal galardón. Mayo ya es como julio. Julio a ver cómo viene. Pero primero tiene que pasar junio. Ya digo: los días, desesperadamente espaciosos; los meses, rápido.
sábado, 23 de mayo de 2026
Un ogro llenaba de terror el reino de Pascual, el rey. Pero Pascual y sus ministros sabían que no había tal ogro, sino una cueva por donde pasaba el viento y hacía ese ruido tan temido, tan estremecedor y tan oscuro. Pascual llevaba una economía extractiva, llena de impuestos por medio de ese viento. El ogro está a punto de llegar a las aldeas, proclamaban los ministros y ejércitos del reino. Hay que pagar a los soldados para detener al ogro. Y el pueblo pagaba y pagaba. Hasta que un pastor, siempre un pastor, averiguó el asunto, el ruido de la caverna, y quiso hacerlo saber. Y se lo cargaron. Y la gente del pueblo, por unos indicios que dejó el pastor, lo averiguaron y cayó Pascual, el rey tirano de la cueva y el viento.
Esto del blog es como el ave Fénix, que cada mañana renace de sus cenizas y ahí está. No sé contar de otra cosa que no sean lamentos escuetos y libres sobre la vida que llevo. La vida que llevo merecería un empujón no al abismo sino a ver algo nuevo. Unas piedras, unos cielos que no sean estos de la piel de mis ventanas. Mis augurios sobre el verano ojalá se cumplan pues incluyen tormentas y agua, no un verano de cuarenta. La vida es insulsa a más no poder y me siento solo en la calle. Urano me ha dicho que cambiaré. Urano me ha dicho que asuma los cambios porque es para bien.
viernes, 22 de mayo de 2026
El mundo está lleno de investigadores, mecenas, locos, albañiles, corruptos, presidentes, alcaldes, toreros y mujeres buenas. El mundo es un sinfín de rollos raros, de trabajos aburridos, de labores de vigilancia, de intentos de suicidio, de construcciones de pisos y de mujeres buenas que crían a sus hijos. El mundo allana la obra de los criminales cuando el mundo acoge a la noche. El mundo sorprende con un amor sin igual cuando una mujer da el pecho a su hijo. El motor del mundo es ¿el trabajo?, ¿la ilusión?, ¿la fuerza?, ¿el pensamiento? Todo avanza porque el mundo avanza. Hay que avanzar con el mundo para no sentirse extraño en estos tiempos de cambio y quizás, de confusión.
Son casi las doce en el reloj. Mantengo mi ansiedad a raya escribiendo, redactando por redactar. La vida es muy breve, es torpe cabrearse con la vida. El verano pasará sin ir a la playa. Las lunas se sucederán en el aire de la noche mientras los murciélagos cazan bichitos (aéreo plancton se llama). Es triste vivir sin fechas, pendiente de una enfermedad que ataca al cerebro. Averías mentales tiene la gente alguna pero no como yo, que son críticas, globales, estructurales, crónicas. Es pesaroso sentir maldad en las horas que no pasan rápidas, que se alargan como un chicle misterioso. Es duro vivir una vida sin alicientes, sin fe en que poner el acento.
Lo que pasa hoy con los hombres que matan a sus parejas me parece que va a seguir pasando. Ya pasaba antes y de estas historias se hacían eco las comedias llamadas de honor. Un título que me viene a la cabeza es: "A secreto agravio, secreta venganza" que no sé de qué autor es pero puede ser de Lope, de Alarcón, de Calderón o de Mira de Amescua. El teatro y la novela son reflejos de la vida y la vida incluye tríos amorosos violentos, que se definen con la muerte de los traidores. La educación puede servir para eliminar de la sociedad estos arrebatos vengativos. Pero un hombre traicionado por su mujer, es un hombre herido, muy herido. No sabemos qué pensamientos corren por su cabeza pero creo que ninguno es bueno. Sin embargo, la mujer traicionada parece que no actúa como el hombre que mata, sino que se lo toma con más calma. Eso parece ser lo que ocurre con estos dramas que existen en el seno conyugal.
Tras escribir un rato, he dado un paseo, a estirar las piernas. No he visto a nadie con quién charlar. Cuando estoy un pelín nervioso, escribo aquí y se me va pasando. No sé muy bien de qué redactar algo interesante. Creo que redactaré por redactar. Las calles están bastante limpias. La gente va acicalada, con prendas veraniegas, muy presuntuosas, muy pagadas de sí mismas. La gente está fabulosa, casi. Está como si hubiera nacido ayer. Cuentan unos cuantos chismes en la calle, se divierten con chascarrillos, narran pequeñas historias graciosas. La gente se conforma con poco, con sacar al aire algún defecto del vecino, con contar algo de las vacaciones del año pasado, con decir que no somos nada.
Mi hermano ha tenido una idea: por las tardes, para que no se nos haga bola, como dicen ahora, tantas horas en casa, nos vamos a ir a eso de las 4 de la tarde a un bar, con un libro quizás, a ver pasar la hora maldita de los calores inmensos. Estudiaremos qué local puede servirnos para pasar una hora tomando un café. Pero no quería yo hablar de esta idea sino de los libros que se publican ahora. Casi todos pretenden ser de ayuda psicológica para el lector. La narración se supedita a una enseñanza de sentimientos. Los libros, hoy en día, no cuentan, sino que enseñan. Enseñan a vivir la vida. La verdad es que un libro como "Crimen y castigo" enseña bastante con lo que cuenta, no hace falta que se añadan a esta historia datos de buen vivir o de recetas para la vida. Los libros buenos son una lección en sí mismos.
Me imagino la vida de un futbolista, todo él rodeado de dinero y sitios donde gastarlo. Se va a esos sitios y abandona su forma física, que debe estar siempre a tono para dar la talla a la hora que suene el pitido de empiece del partido. Quizás ha cogido algo de peso con el alcohol y las comidas excelentes que ha comido. Y no llega a dos o tres balones cruciales que significan un gol para el equipo contrario. Y en el campo de fútbol nota que no ha estado fino. La vida del futbolista es como la de Tántalo, que tiene tantos manjares a la vista pero no puede probarlos. El futbolista de élite debe forjarse un cuerpo de diez, no pasarse de trasnochar ni de comer ni de beber. El futbolista de élite es en sí mismo una contradicción: tanto dinero para estar comiendo lo que le dicen los preparadores físicos, para acostarse a las diez teniendo ganas de juerga. En fin. El jugador de fútbol de élite debe llevar una vida de monje casi todo el tiempo.
En "El sí de las niñas" un tío mayor se quiere casar con una sobrina. No sé si esto era habitual en tiempos de Fernández Moratín. Creo que así debía de ser. Moratín era una mente libre de su época, un hombre intelectualmente muy válido. Y con un gran humor. Había escrito otra comedia titulada "El café", donde critica a toda esa gente que va a hablar de otra gente en esos sitios recreativos de la época. Y escribe "El sí de las niñas" con una técnica no muy vista hasta la fecha. Todo sucede en 24 horas, en el mismo sitio (creo que en la casa del tío) y con una sola acción (ese deseo de casarse del tío). Fue una obra muy aclamada que ha llegado hasta nosotros por su perfección formal y el tema que trata (la libertad de una mujer a la hora de elegir a su futuro marido). Fue revolucionaria en su tiempo. Moliere, por esas fechas, escribía sus mordaces comedias para un gran público, como son "El avaro" y "Tartufo". Larga vida a Moratín y su gran teatro.
Hay quien tiene un restaurante y ha de cocinar todos los días y atender al público. Yo tengo este blog y escribo en él todas las mañanas. Para que se sepa. Y para que me den las doce en el reloj. Estoy hastiado ya y todavía no ha empezado el verano. No sé qué hacer con tanta mañana y tanta tarde metido en casa. La luz del sol luce intermitente, fija en su tozudez. No debo lamentarme pues hay gente en silla de ruedas, hay gente que se ha arruinado, hay gente que sufre más que yo. La vida es muy dura. La vida te ata a dolores inmensos que no parecen tener solución. Pero ya he escrito este texto y escribiré otros después de beber agua, después de beber agua.
jueves, 21 de mayo de 2026
Es malo sufrir ansiedad generalizada. El cuerpo no descansa bien. Es cosa de la enfermedad. Me tengo que aguantar (aguantinina, la mejor pastilla para los nervios). Me tengo que esforzar para estar ocupado y no pensar en el calor, en las paredes de la casa, en el agobio de estar metido en ella. Hasta las 6 no se sale de casa. Desde las 13:30 que se come, son 5 horas que algunas veces no sabe uno qué hacer. Pero el clima manda. El calorífico aire de las calles manda. Los álamos están estáticos y ascéticos, como los monjes antiguos. La vida va difícil, la vida es rara y tirana. Los días de calor se multiplican por cuatro. Nadie anda por la calle. Todo, hasta los crímenes, ocurren a la sombra. Ni para matar se quiere sudar, se quiere estar al sol.
Como en alguna novela barata del oeste o como en alguna novela cara de un autor consagrado, afuera hace mucho calor. Todavía esperamos más mientras nos pudrimos metidos en casa. Se supone que las temperaturas seguirán al alza. Los padres dicen a sus hijos pequeños: no se puede salir fuera. Y el protagonista de los dos tipos de novela suda que se mata buscando al criminal. Me tengo que preparar para las estancias obligadas en casa. Ocuparé la habitación con libros, me tumbaré a oír kiss fm o cadena 100. Tengo también el periódico de los domingos, que vale para toda la semana. Hasta tengo una novela del corazón por si todo falla.
Mi libro lo regalé a varios vecinos del pueblo. Y si ese libro se presta a otros vecinos pues ya habrá bastante gente que conozca la historia de cuando yo fui profesor. Es un libro breve y reflexivo. En él escribo sobre la educación. Se lee fácil, con un lenguaje llano. Quiere ser ese libro un reflejo de la situación de la educación pública en España. Sobre la interinidad. Se titula "El profesor enfermo". Las lunas surgen afiladas o llenas de luz como panderetas. Los soles se arriman a lo alto del cielo o es lo alto del cielo el que se arrima al sol. Por el sol vivimos, vemos, existimos. Para vivir nos asiste el sol. Para comer, el trabajo diario. Y para dormir, nos arrulla la oscuridad de la noche.
Corre una brisa ligera como una liebre. Al año, son un millón de liebres abatidas por los cazadores. Algún día he de plantearme dejar de fumar, con esa tos que me entra al levantarme. Hoy puede ser un gran día, duro con él. Los días son grandes cuando existe una armonía que dura mientras el sol nos alumbra. Quizás hoy vaya a pasear con Paco por la tarde. Si no se echa atrás. Ayer compré un libro. Quizás sea de Lope. Intentaremos que las horas pasen plácidas y armónicas como notas musicales a la guitarra. Estos días ya conducen al verano, al sol fuerte, a la tarde larga, muy larga. Por fin parece que me quito la ansiedad de encima.
miércoles, 20 de mayo de 2026
Doy las gracias a mi sobrino Carlitos por llevarme al pueblo en semana santa porque así esa semana se rompió y no me comí el tarro. Con la gente que se va y yo siempre me quedo. Lo único que me esperaba en Majadahonda eran paseos a Las Rozas o un paseo en coche con mi hermano como mucho. El pueblo, además, estaba de fiesta y el arroz estuvo bueno. Lo habría pagado yo con mucho gusto pero no me enteré a quién había que pagar. El caso es que paseamos todos, me pareció buen rollo el que se llevaba y maté el sábado de manera excepcional. Se deben fomentar las ayudas en la familia y estar unos pendientes de otros pues así la unión es mayor. Gloria a las familias unidas y a la sensibilidad hacia los que sufren dentro de la familia. Y si algún día mi sobrino Carlitos o mi sobrina política necesitaran algo que yo pudiera hacer, no tienen más que decirlo.
En mi pueblo todos los eventos ocurren en la plaza o en el salón. Me refiero a eventos como un homenaje al gaitero del pueblo, una disco móvil por lo de los quintos o un mercadillo con cantantes, que eso es lo que hubo el sábado santo que fui yo. En el salón se celebran comuniones o bautizos o alguna fecha memorable en las familias. Yo celebré mis quintos dos veces. En el último encuentro, Paco y yo nos liamos a contar chistes y estuvimos más de una hora. Luego, yo, con esa borrachera de palabras casi no pude dormir. No me vienen bien los excesos, como puede ser un exceso hablar demasiado. Pero bueno. A ver si hay otro encuentro de los del 69 y cuento unos cuantos chistes más.
Hablando de avaricia, es avaricioso tentarse el bolsillo para no sacar nada de él. Pero bueno. No voy a hablar de tacaños y avariciosos. Esta semana santa se rompió el sábado santo que fui al pueblo y allí vi mucha gente. Yo tenía una idea de que alguna persona del pueblo estaba enfadada conmigo por circunstancias que han ido pasando. Pero no. Ismael, mi tocayo, me habló en términos muy amables. Mariano Lozano me saludó muy efusivamente. No debe de haber envidias sobre mí, sino que me aprecian en algo. La vida va pasando y cada uno de nosotros aceptamos nuestra suerte, mala o buena, y la suerte de los demás, que a veces, es desconocida. La gente no se hace mala sangre porque a mí me den una pensión sino que lo entienden al cabo de un tiempo largo.
El tema de este fin de semana ha sido la casa del pueblo, edificada en un lateral de la plaza. Hay otra casa en el pueblo que se ha quedado a medias de construir. Esta última casa parece que no concita más interés que la casa de siempre del pueblo. Estuvimos hablando con mi padre en la residencia precisamente de la casa del pueblo. A Paco no le gusta conducir, cada vez menos. Y, si queremos ir en autobús, hay que coger tres. Bueno. Dice mi padre que desea que Paco y yo nos quedemos con la casa. Otra opción es compartirla con mi sobrino. Unos días van ellos y otros, vamos nosotros. Como los de la Garabás. No sé si esa solución es buena. No sé nada más de la casa del pueblo. No debo obsesionarme con esa casa. Será lo que Dios quiera.
Oí una charla en Youtube de ese que habla de libros. Habló de que actualmente estamos absorbidos por el móvil. Todo el mundo va pegado a ese aparato siguiendo grupos de wasap, lo de tik tok, lo de instagram y muchas cosas más que surgen en el móvil. La verdad es que una persona debería conformarse con concentrarse en el trabajo simplemente. La vida es cansina ya desde por la mañana para estar haciendo caso a miles de estímulos breves, el scrol ese de los demonios. El de Youtube decía que es muy difícil concentrarse una persona en la lectura de un libro después de todos esos estímulos que recibe en el móvil.
Tengo que comprar aceite pero en el Hipercor, que hay oferta. Luego, tengo que comprar una coliflor y jamón york y pan bimbo porque, después de la coliflor, haré sándwiches mixtos con huevo. Todo avanza, todo cambia. Cuando hay un elemento que se queda en silencio o hay una persona que se queda en fuera de juego, el juicio de las cosas cambia. En lingüística esto se llama algo así como cambio de estructura. Es cuando un elemento muta y hace cambiar a los demás elementos. Yo tengo ideas obsesivas que, si no me las aclaran, se hacen más grandes y peligrosas para mi mente. No estuvo mal ayer. Hablamos y algo se aclaró. La vida son conversaciones. Cada vez estoy más convencido de que la vida son coloquios, diálogos, conversaciones.
martes, 19 de mayo de 2026
El ramaje de los dulces sauces, el césped ameno, los perros que ladran, la vida que no se sujeta, el espíritu burlón de la mañana que surge, el aperitivo de un día que va a ir tranquilo y sedoso y lleno de ventura. Las plazas de los pueblos, muy tranquilas, van llamando a los vecinos a que disfruten del sol. Una vitamina que sale gratis, un accidente diario, un disco lleno de luz y ánimo para vivir. Una estrella que expande la luz, que llena de azul el cielo, que habita nuestros corazones, que crea las cosas porque las alumbra. El día merece que seamos felices. El día de hoy puede ser la confirmación de la primavera verde y llena de flores que lucen sus colores gracias a la luz de Manolo, de Lorenzo, de nuestro querido astro.
La escritura crea belleza si nombras con ella las cosas bonitas de la vida. Este día me he levantado exultante, con mucha vitalidad. Espero que hoy surjan espíritus estupendos a mi alrededor. Yo no soy Ana Frank. Yo no soy Hemingway. Soy todo lo que este día me depara, una sonrisa permanente para transitar las horas que vienen. Un deseo enorme de existir en la mañana y en la tarde y en crepúsculo anaranjado de las 9 de la noche. El día está muy bonito de vivir. La transparencia del cielo llama a respirar con fuerza. La vida empuja, saluda, hace enorme las ganas de vivir. Vive y sé feliz todas las horas, todos los tiempos, todos los aconteceres.
Tengo que hacerme un análisis de sangre. Pero no me gusta la hora a la que me lo han puesto. Y llamo al hospital y no me cogen el teléfono. Y eso que hay 5 teléfonos para llamar. La administración en España es para llorar. La administración en España se ríe del usuario, le veja y le maltrata y no le hace ni caso. Es penoso llamar a cualquier sitio. Sale una musiquilla y luego te dicen que "todos los operadores están ocupados. Llame más tarde." Luego, llamas y sigue la musiquilla. Una musiquilla horrorosa, una musiquilla que degrada al usuario a un ser renqueante y torpe que se queda sin saber qué hacer. Y eso que en el volante te instan a llamar si no puedes acudir a la cita. Es todo muy español, muy laxo, muy de aquí.
lunes, 18 de mayo de 2026
No me entran ganas de leer. Leyendo imaginas mundos aparte del tuyo y todo eso, pero no tengo ganas de leer. La mañana se va pasando y luego haré la comida. Quizás el jueves haga un conejo al ajillo. El truco está en freírlo bien, que se tueste. He llamado a mi sobrino y también a un amigo. Están bien. La vida es un recordatorio de la muerte. Es como el lado visible de la moneda cuando esta está tumbada sobre el suelo. Hasta que se haga la hora de leer, voy a escribir. Escribir me consuela, me hace tilín en el cerebro. Escribir de algo, quizás hace que se olvide ese algo. La luna está ahí. Y el planeta al que refiere. Debemos estar tranquilos ya que nadie nos persigue más que el paso de los días.
Hoy no me salen cosas divertidas pero ya dije una vez que el lunes no hay que estar pensando en el viernes. Hay que disfrutar el lunes como se disfruta cualquier otro día. El que tenga la habilidad de apurar las horas del lunes pues puede sentirse orgulloso y satisfecho, como el rey emérito. Hay que salir de la capital, hay que tumbarse en la hierba a tomar al sol ahora que ha salido. Hay que echar unas horas en el trabajo y llevarlas bien. Al trabajo, con alegría. Y el lunes ha de pasarse en armonía vital, en conciencia de ser humano contento y satisfecho consigo mismo. Una buena compañía el lunes puede valer mucho más que un viernes con mala compañía.
El lunes quedamos con Fede. El martes fuimos a Colonia Jardín. El miércoles fuimos a ver a nuestro padre. El jueves quedamos con nuestra cuñada. El viernes estuvimos sacando cosas del piso. El sábado quedamos con nuestro sobrino. Todo un carrusel de ir y venir a los sitios en autobús. A veces, el autobús nos agobió. Otra vez se montaron chavales que empezaron a gritar y a empujarse. Otra vez no supimos bien qué pintábamos allí. Esta semana no hago nada, ni me desplazo ni voy a ningún sitio. Solo escribir aquí historias raras, excéntricas, olvidadas desde que se escriben. Nada merece la pena ser recordado. Nada vale el hecho de que quede en la memoria.
Este era un hombre que padecía de los nervios y un día le invitaron a cenar. Nunca le habían invitado a cenar, así que pensó que el que le invitó a cenar quería algo de él. Y se puso muy nervioso. No era mala persona el que le invitó a cenar pero era casi un extraño para él. Y empezó a pensar y pensar cuestiones como la casa del pueblo, los niños, el prado grande, etcétera. Y cuando acudió a la cena se sentó y esperó mientras cenaba. Pero el que le invitó a cenar habló de vaguedades, de cosas absurdas, de lo cotidiano. Y se le pasaron los nervios. Y al acabar de cenar era ya muy tarde. Y esta historia no me ha salido muy bien, no tiene sentido alguno. Como muchas de las cosas de la vida.
Y me despierto y me extraño de la vida. De cómo es la vida. Tanto cuerpo, tanta alma, tanto organismo oficial. Me tiento las ropas y veo que soy pero no soy. Y estas sensaciones las escribo aquí. Debemos cuidarnos los seres humanos unos a otros mientras estemos vivos. No queda otra que esperar momentos de debilidad para echar una mano. La vida es compleja a veces. La vida no se sabe muy bien qué es. Surgió Dios un tiempo. No me centro para escribir. Hoy me he levantado y, ya digo, he dudado de mí. Las playas están barridas por el agua de mar. Hay gente en silla de ruedas. Las cosas nos rodean, nos llenan el espacio, nos miran. Diré hoy no a todo lo de alrededor, a todo lo que hace mi vida.
domingo, 17 de mayo de 2026
sábado, 16 de mayo de 2026
El otro día fuimos a ver a mi cuñada a charlar un rato, ya que me dijo en su día que fuéramos a verla. Montamos en el 132 en Moncloa. A la altura de los colegios mayores, se subieron al autobús unos chavales estúpidos de 15 años y empezaron a dar gritos, a empujarse, a hacer el vándalo. Me pusieron la cabeza como un bombo. Los odié profundamente. Nadie del autobús se atrevió a decirles nada. Menudo está el patio. Luego, la conversación con mi cuñada fue un poco unilateral. Se pasó el rato, tomé café y nos venimos. En el metro, todo fue mucho mejor. Vaya semanita que llevo de ir y venir a los sitios. Me ha descolocado un poco esto de las excursiones que hemos hecho.
Había un señor en mi pueblo que se llamaba Guillermo que me caía muy simpático. Al hijo de este señor le llaman Pepe el largo. Este señor me parece que vivía en Móstoles y tenía una costumbre muy curiosa: se recorría toda la comunidad de Madrid con su bono transportes. Yo ya la he recorrido siendo profesor. Siempre he pensado en coger un cercanías y acercarme a los barrios de Madrid. El otro día leí un artículo sobre Móstoles y decía el articulista que Móstoles es como una comunidad autónoma o algo así. En Móstoles, decía, se trabaja para vivir, no se vive para trabajar. La gente que no da un respiro al cuerpo por ganar un poco más, debería pensárselo. De pobres no vamos a salir y el dinero en sí mismo no da la felicidad. Está todo oscuro ahí fuera y es mejor estar en casa que no buscando oro donde no lo hay.
Yo creo que si uno lee novelas u otro tipo de libros o escribe, un diario por ejemplo, mantiene la mente ocupada y sana y como centrada en el aquí y ahora. Este blog no es estilo diario en el que se vaya contando cada cosa que vaya ocurriendo pero escribirlo me centra por la mañana al tener que contar algo, lo que sea, lo que buenamente acuda a mis meninges. Esto que escribo es como escribir sobre lo que escribo, es una reflexión sobre el hecho de escribir. La gente hoy en día lee los mensajes del móvil pero esos mensajes no son algo creado, algo buscado y una novela sí lo es. Y ya digo: leer y escribir mantiene la mente alerta y centrada.
Resulta que se ha muerto un actor de la película "El gladiador". No sé ya más que decir. Hoy me he levantado muy obtuso, muy reacio para las letras y las reflexiones y cuentos. Una canción dice: cuántos cuentos en tan poco tiempo. He leído un soneto de Lope sobre la vanidad del mundo, cómo todo se pierde por el camino, hasta las más altas empresas que el ser humano llega a alcanzar. Es un soneto muy barroco, del desengaño del mundo. Y es verdad: nadie se queda aquí eternamente a disfrutar de lo conseguido sino que nos vamos consumiendo tristemente. Lo que era fama y poder se convierte, al final de los días, en sordera, incomprensión del mundo y quizás, demencia senil.
viernes, 15 de mayo de 2026
Los jefes mandan. Las últimas lunas salen con un esfuerzo grande, no iluminan apenas, no marcan la noche con su marchamo. Los cerdos comen y engordan, salen de la cochiquera y buscan lombrices y bichos y ranas y se las comen. Los cerdos es lo que tienen, comen y comen y comen. El día está turbio, lleno de nubes ásperas, de nubes obtusas y cansadas. El primer día de junio será muy llevadero, será de dejarse arrastrar por los acontecimientos. Las casas de los pobres no se mueven del sitio, menos mal. Solo faltaba que las casas de los pobres se movieran con el viento. En Móstoles hay mucha gente, mucha gente, nadie se atrevería a contarla. Nulle die sine pane lucrando.
Esta era una mujer que siempre quiso formar una familia. Era de padres divorciados y la experiencia de divorciarse no la quería para ella. Ella buscaba un hombre fiel que le diera hijos. Y lo consiguió. Consiguió tener de un hombre tres hijos a los que cuidó así se le partiera el alma al hacerlo. Y los tres hijos tuvieron siempre padre y madre, al estilo antiguo, al estilo de los padres de otros tiempos. Y los hijos crecieron e hicieron viejos a esos padres que seguían unidos, que no querían el divorcio porque no creían en él. Porque el divorcio para ellos era una cosa muy mala, muy mala, de la que siempre estuvieron huyendo. Y, al cabo del un tiempo, los hijos salieron de casa y estos padres se hicieron compañía, mucha compañía de padres viejos y cansados.
Este era uno que iba siempre con una libreta en el bolsillo superior izquierdo de su camisa e iba apuntando todo lo que veía. Si veía una mujer guapa, la describía a lo lejos: sus ojos, sus labios, su cabello hasta que se hartaba de poner adjetivos a esa mujer. Si veía un hombre feo, muy feo, también lo describía con los adjetivos que este hombre había aprendido de un diccionario de adjetivos muy moderno, venían en ese diccionario hasta adjetivos en inglés, venían adjetivos que valían para todo y para todos. Además, este hombre también describía las fachadas de las casas, los autobuses, las aceras de un barrio u otro barrio. Y es que este hombre se recorría en la EMT un montón de barrios al cabo del año. ¿Y por qué describía este hombre todo lo que veía? No se sabe. Nunca se supo para qué lo hacía.
Unos hacen, otros piensan. Unos van y vienen, otros se quedan. Quedarse quizás signifique leer algún libro, echar unos cigarrillos, dar un paseo por la ciudad para no perderse. La vida reparte sus desdichas y sus libertades. La vida no parece tener término medio: no da a todos por igual. La vida es como un cóctel en el que se mezclan muchos ingredientes, pero el cóctel, al final, solo tiene un sabor último. La gente pudiente se aloja en los mejores hoteles. La gente que depende de algún mal, se aloja en su propia casa. Y ve pasar el tiempo, ve pasar cómo pasan otros la vida, ve cómo lucen esas estrellas lejanas.
jueves, 14 de mayo de 2026
En este mundo, la generosidad, que vaya por delante. Así funciona el sistema en el que vivimos, creo yo pensar. El dinero en la cartera no cumple su función. Que vayan y vengan los euros. Al final, ese desprendimiento de tu patrimonio, regresa. Da propinas porque a ti te gusta que te las den. No encierres en una cueva mísera al dinero. El dinero está hecho para que corra, se gaste, vaya de mano en mano. La vida, como decía un primo mío, es un gasto. Gasta, pues. Mi primo tenía una idea de la vida espléndida: quería reírse, caer bien, divertirse y no miraba el dinero. Se puede mirar el dinero un lunes. Pero no estar pensando toda la semana: ¿cuánto me he gastado? Gasta, compra, vive, date un gusto cada vez que puedas. Tres euros no son más que monedas. Un bollo de chocolate lo mejora enteramente.
El trabajo es duro de llevar. Si tratas con clientes, los clientes son exigentes y a veces, no saben muy bien qué quieren. Por eso quizás tiene más psicología un taxista que 20 psicólogos. Los taxistas se fijan en las caras, en los ademanes, en los tics de las gentes que se sientan atrás. Y ya saben de antemano cuál individuo les va a dar la tarde. Así las cajeras de supermercado, los dueños de una tienda, etcétera. Lo que hay que tener en cuenta es que se vive de los clientes y no se debe morder la mano que te da de comer. Ahí consiste la psicología que se aplica a cada uno de estos, sin estridencias, con la voz en calma, dando y quitando, hasta que el cliente cede: lléveme por donde se vaya más rápido.
Qué cansancio extra el del que está en lunes y quiere que ya sea viernes. Yo creo que hay que vivir los lunes igual que los viernes. Deseando que pase el tiempo no hacemos más que ser más viejos antes de tiempo. Yo creo que hay que disfrutar de los lunes lo que tengan los lunes de bueno. Una charla con las compañeras cajeras o teleoperadoras, un café, me refiero. Hay que salvar al lunes y al martes de su inercia hostil. Hay que vivir la vida todos los días independientemente de si unos días con fama de malos preceden a los que tienen buena fama, como los viernes. Todo los días hay que salir del trabajo y aprovechar. Darte un gusto. Un pastel de chocolate, por ejemplo. Un paseo al otro pueblo. De Aluche a Móstoles, por ejemplo. Y allí, en un parque, disfrutar de los árboles de los lunes.
El mar está agonizando, dice una canción de Serrat. Esta canción debe de ser de los años 70. Y ya marca la tendencia del ecologismo reinante hoy en nuestros días. Cuando canto este verso de esa canción que se llama "A quien corresponda" y está montada a base de una solicitud administrativa en la que el cantante-poeta advierte de los males de su presente (por ejemplo, "el mundo cayó en manos de unos locos con carné"). Ya digo. Serrat, muy inteligentemente, hace una relación de males de su tiempo (que las manzanas no huelen, que nadie conoce al vecino) en el EXPONE. Y luego, solicita, a quien corresponda, "se sirva tomar medidas". Pero lo que me sorprende siempre al cantar yo esta canción, que me gusta mucho, es esa idea de que el mar está agonizando. ¿Estaba agonizando ya en los 70 el mar? ¿Qué quería decir Serrat con este verso? ¿Tan mal estaba ya el mar? Ahora debería estar muerto ya el mar si en los 70 estaba agonizando. En fin. No sé qué pensar de ese verso. Ojalá fuera mentira que el mar estuviese agonizando.
Tengo yo un libro que ofrece una semblanza biográfica de cada autor, notas aclaratorias que facilitan la comprensión del texto, panorama de la sociedad y cultura de la época, estudio de la poesía de la época centrado en temas de amor y paso del tiempo. Es una antología del renacimiento y barroco sobre poesía. El mundo está hecho de expresiones que, al cabo del tiempo, hay que interpretar. Del Barroco hasta nuestros días han pasado 300 años. Las cosas que pasaban en el siglo XVII nos son ajenas en muchos aspectos. Hay gente que investiga ese pasado por si sirve para nuestro presente. Historiadores, estudiosos de la literatura, sociólogos, psicólogos, etcétera, pueden ver en esas épocas algún indicio que haya perdurado en la nuestra. O algún pensamiento que sigue siendo válido. O costumbres. O corrientes políticas que podrían dar luz a las de hoy en día por su validez y racionalidad.
miércoles, 13 de mayo de 2026
Lo mejor que se puede hacer con un autor, es leerlo. Me estoy leyendo las poesías de Claudio Rodríguez. Es un poeta que exhibe mucho su conocimiento de la naturaleza. Las nubes, las tareas del campo, el asombro de una casa con sus miembros bien avenidos, el alto jornal de haber hecho bien las cosas día a día, la labranza, la cosecha, etcétera, son símbolos y situaciones que este poeta usa para sus poemas. También me estoy leyendo a Cernuda. Es un poeta más oscuro, de pasiones más bien tristes, que reflejan un malestar en la vida. Habla mucho este poeta, entre símbolos ocultos, de las relaciones humanas chungas, del amor que no se llega a alcanzar del todo, etcétera. Pero son muy buenos los dos, qué duda cabe.
El domingo pasado, después de estar con nuestro padre, Paco y yo fuimos a El Pardillo. Cuando llego a El Pardillo, siempre me acuerdo de esa narradora no muy conocida pero de la que yo leí 3 o 4 novelas. Ya que no cruzo la bahía de Cádiz o me siento en una plaza de un pueblo del norte, por lo menos revivo los argumentos de esas narraciones tan buenas que empiezan con una universitaria y acaban con la búsqueda de un abrigo de piel. Son novelas las de esta escritora que no llegan a contar grandes dramas humanos como los tochos de Tolstoi o Dostovieski pero que sí cumplen con la encomienda de entretener por un rato, no muy largo, pues son breves. Y me acuerdo de ella y de mis escritos, que tampoco son muy allá.
Ayer Paco y yo fuimos en el 561 hasta el metro Colonia Jardín. Antes de ir yo me imaginaba que nos iban a atracar pues por esa zona y Casa de Campo y Batán yo había leído que había mucha delincuencia. Paco no temía. Nos fuimos a la una del mediodía y, lo que hicimos nada más llegar, fue comer en esa terracita que a mí tanto me gustó cuando fuimos con los amigos de Fede. La comida no fue muy allá. Hablaban a nuestro lado unas cajeras del Dia. La idea era estar un rato en las mesas que había metidas en el bosque, en las mismas mesas en las que estuvimos ese día con Fede y sus amigos. Paseamos un poco y amagó la lluvia así que nos fuimos. Y entonces, tuvo lugar la conexión. No una conexión muy ortodoxa sino llena de la emoción. Y Paco, al venir, dijo que vio "caras distendidas". Y yo pensé que habíamos matado 3 horas y no había tenido que cocinar.
Te regalo una rosa, un día entre abril y mayo, dice la canción. Todos deberíamos tener algún día en que saborear la primavera. Y no dejarla a los pies de la monotonía de los días que pasan. Algunos tenemos in mente la región de la Toscana por las películas. A lo mejor en un pueblecillo de Cuenca se puede saborear esa primavera española que la ciudad no deja ver. A lo mejor hay que salir de la provincia para ver brotes verdes en otro sitio. La floración nos aguarda más allá de la Gran Vía madrileña. Un campo de amapolas, su visión, a lo mejor nos resarce de días ásperos, de días de oficina, de días sin vino ni rosas.
martes, 12 de mayo de 2026
Parece que llevo unos días de conformismo con lo que tengo en mi vida. Acepto pulpo como animal de compañía con mucho agrado, no le doy muchas vueltas. Por las noches, me tumbo en la cama contento. Hoy voy a pasar de misterios, de intríngulis que la gente tiene respecto a sus vidas. No volveré a pulsar el botón verde. La visita se pospondrá para siempre, me da la impresión. Desayuno, me fumo un cigarrillo y olvido, trato de olvidar. La vida conduce su línea de salvación muy allá, demasiado allá y, a veces, no hay manera de agarrarse pero, al final, como se suele decir, Dios aprieta pero no ahoga. Sujetaré en mis brazos lo que da la vida y ya parece que no llueve por las mañanas.
A la hora del baile tomaron Madrid, la apartaron de su resistencia, la hicieron claudicar. La capital ya no fue la misma. Los intelectuales desaparecieron por la costa y se fueron muy lejos. Los militares rompieron carteles y rompieron estatuas. Los que quedaron, los que no llegaron a un puerto de salida, se sometieron a juicios injustos, a todo tipo de humillaciones. Una dirigente se inventó aquello de "no pasarán". Y quedó para la historia. La ciudad del imperio, la ciudad de la república murió ese día. Ya no hubo perdón ni gato en la cornisa. Ya no hubo comunistas alegres persiguiendo una utopía. Ya llegó la dictadura, ya llegó el puño pero no para arriba.
La comunicación es muy importante pero si no hay nadie al otro lado de la línea pues la comunicación no existe. Así que olvidaré la comunicación. Lo opaco y lo escondido no me gusta. Pero no pasa nada. Declinaré intentar de nuevo tender un humo, una señal, un deseo de conectar. Hay gente que desea no ser interrumpida en su privacidad, en su mundo, en su vida. Es lo mismo. Lo que pasa es que ya no intentaré más pulsar un botón, decir hola, qué tal estás y esas cosas que no valoran algunas personas. Algunas personas se sienten molestas si llamas, si das a la luz verde, si intentas saber ¿qué? Nada de nada.
lunes, 11 de mayo de 2026
Yo crucé las calles debajo de una lluvia torrencial. Ella no salió de casa. Quizás no la vuelva a ver y, si la veo, la saludaré y nada más. El domingo que viene, no pienso verla. He visto a una ancianita en una tienda de mascotas que guardaba entre sus manos la comida de su perrito. He oído a un hombre que nos decía a mi padre, a mi hermano y a mí en la residencia que es así, hijos y padre juntos, como mejor se está. Le di las gracias porque me animó mucho esa alabanza de la familia unida, de los corazones que hablan sentados y en buena compaña. La vida pasa pronto y es mejor estar unidos: la familia, los hijos, los sobrinos, los nietos, etcétera.
Tengo que deshacerme de unos libros que tengo en un trastero. Para ello, existen empresas que los cargan y se los llevan a domicilio. Los días se suceden. Los virus crean polémicas, son difíciles de detectar y de tratar. Las lunas también se suceden, alumbrando las noches. La chica que se tomaba un café en diez minutos puede que haya salido de mi entorno personal. Soledad se hacía llamar Sol. ¿No es ello un indicio de preponderancia? Ni lo sé ni me importa. La gente anda por las calles con su perrito, los supermercados hacen su negocio y los drogadictos apuran su droga hasta las heces porque es muy cara. Es muy cara la droga, sí señor.
domingo, 10 de mayo de 2026
Abraza tu dolor, siéntelo dentro. Teme lo que crees malo que te va a pasar. No dudes de que estás atado a unos seres que tienes al lado. La compañía tiene esas cosas, la compañía falla a veces. Los niños se cogen rabietas, los hermanos tuercen sus sustancias del cerebro y dan voces y se comportan incoherentemente. Eres la garantía de esa compañía que te atrapa ya para muchos días. Y no hay solución. No puedes tirar a la basura a esos que te rodean, los tienes que aceptar, que cuidar, que dar conversación. Tienes que enseñar el mundo tan triste que habitas a esos que viven a tu lado. Y se puede poner más triste ese mundo si todo se tuerce. Así que abraza tu monotonía. Es mejor que cualquier disgusto.
Se ha metido el tiempo en aguas. Mayo viene muy lluvioso. Ya es un tercio el que llevamos vivido de este mes. A veces me siento como que el tiempo debe pararse y algún acontecimiento pudiera sacarme de la rutina. Pero luego, nada. Ni un acontecimiento se hace presente ni se para el tiempo y un ladrón me roba el mes de abril. Quizás una conversación, un viaje, un romperse el día a favor de lo inusual, nada de eso hay en este tiempo que vivo. A lo mejor una puerta que se abre y enseña lo que oculta, una visión de algo glorioso y ameno. Un paseo en catamarán por la bahía de Cádiz. Visitar una plaza de un pueblo antiguo del Norte. No sé. Todo se vuelve ceniza en los labios, todo apunta a lo mismo y no hace diana. Todo tiene igual color. La mayoría del tiempo transcurre en el mismo escenario. No hay final, ni feliz ni triste. No hay el desencadenamiento de la emoción.
Cuando yo era universitario, iba mucho a la biblioteca de la facultad pero no siempre entendía los libros que allí estaban depositados en los baldes. Los temas sobre los que trataban esos libros incomprendidos (en el sentido intelectual del término) eran, claro está, sobre lingüística y literatura. Para algunos autores de esos libros-misterio, todo era un símbolo de otras cosas. Toda la interpretación que hacían esos autores sobre la gramática era enrevesar más la gramática. Y la literatura, que es contar historias, se volvía un andamiaje de factores sociales, humanísticos, psicológicos y de todo tipo para hacer incomprensible la obra literaria. Por eso no entendía yo esos libros, porque perpetraban un atentado florido y pecaminoso contra las historias llanas de los narradores y contra la gramática simple de las lenguas.
No sé muy bien de qué escribir esta mañana, esta mañana que ha surgido pronto, que ha surgido bien intencionada, pulcra y lavada por la lluvia de la noche. Los domingos tienen un no sé qué de pereza intelectual y del cuerpo que nos dirigen hacia un desencanto grande. Las nubes aquilatan en el cielo todo el agua que va a caer hoy. Las nubes son mejor que el oro porque llevan el líquido preciado, el transparente y demoledor jugo de la tierra. Una gran transferencia de lluvia entre el cielo y la tierra tendrá lugar hoy, si la atmósfera se porta como ayer y antes de ayer. Agua, agua y agua, como cuando los dinosaurios pastaban toneladas de hierba en el jurásico, como cuando el ser humano no había hecho su aparición en el mundo.
Personas que hacen estupideces o no aceptan sus responsabilidades hacen que pierdas la fe en el ser humano. Es como ese que va al mismo sitio que tú y se pone en un lateral de la Gran Vía para no charlar contigo. Además de enfermo mental, idiota. O ese ministro que no dimite ante una barbaridad. O ese ministro que se atreve a discutir la gestión de un juez porque afecta a la mujer del presidente. O esa estúpida que no llama para quedar porque prefiere estar en el gimnasio. Y así muchos comportamientos en la vida pública o en la vida privada que no son lógicos, que te llenan de resquemor por la naturaleza humana que no se comprende.
sábado, 9 de mayo de 2026
A este gobierno le sospechan fraude electoral por no sé qué cosas que han pasado en Correos. No debería ni levantar una sola sospecha el gobierno en estos temas. El fiscal general condenado por revelación de secretos privados se debería callar. El presidente que se retiró cinco días a su casa debería haber dejado que actuara la justicia. El ministro de justicia debería callar sobre la actuación de la justicia. El Constitucional debería dejar hacer a los otros órganos de la justicia y respetar sus decisiones. La corrupción del gobierno tendría que hacer que este gobierno dimitiera. La actuación de ministros creando gresca debería estar prohibida. En este gobierno pasan cosas irregulares y como de mafiosos y no pasa nada.
Esta tarde, muy probablemente, a eso de las 3 de la tarde, veré el telediario y después, veré la película que empieza a las 4. Mientras veo la película, me bebo 3 litros de agua aproximadamente. En estas películas no salen actores conocidos y eso me parece muy bien porque lo que prima es el argumento y no el lucimiento actoral de ningún tipo de esos de Hollywood, que tienen ya un ego superior a cualquier trama que se invente el guionista. Si, además la película es francesa o de otro país, me mola mucho más. Y ya, si dicen que está basada en hechos reales, me flipa, me gusta muchísimo. La película acaba a las 6 y ya es muy buena hora para merendar o dar un paseo por la ciudad y ya está acabado el sábado. Ver una película de estas tiene, por lo tanto, muchas ventajas. A mi hermano no le gustan, no las ve. Y eso que se pierde.
Voy a hablar de economía. Si un gobierno niega la vivienda a aquellos que más lo necesitan; o sea, a los jóvenes, que de esa manera, se emancipan y habitan el suelo patrio, pues ese gobierno no ha sido previsor. La vivienda es básica y hacerla asequible debe ser tarea importante para un gobierno. Y más para un gobierno que se dice progresista y moderno. No es así como están las cosas en España. Así que el joven bien preparado huye de España. Se le ha formado a ese joven muy bien preparado para que dé rendimiento en otro sitio. Así también pasa con los sueldos. Dicen, no sé muy bien, que los jóvenes que acceden al trabajo, cobran poco y en el alquiler de un piso se les va el 70% del sueldo. Esto está mal pensado. El gobierno interviene en el mercado inmobiliario y echa la culpa a las autonomías de cómo llevan el tema de la vivienda. A mi modo de ver el tema de la vivienda debe ser global, llevado desde el Estado y es el Estado el que ha fallado con esto de la vivienda. Vivienda muy cara, carísima, gobierno muy malo, malísimo.
La amistad bien entendida no tiene ni un rasgo de queja ni de sospecha. Pero una amiga que se lo pasa muy bien ella sola y que para quedar un domingo por la mañana hay que esperar a que vaya al gimnasio y haga unos recados y tenerme pendiente de ella y sus historias pues es índice de que yo no le intereso mucho. Luego, tomando café, dura cuarto de hora. O sea, que no se hace más que de rogar. Y así no es una amistad. Yo creo que ni los domingos por la mañana nos veremos pasando algún tiempo. Porque es un poco humillante, porque esta chica piensa en su cuerpo más que en sus amigos. Y porque es, más que nada, una cantamañanas. O sea, una singer mornings.
Mariano Lozano, uno de mi pueblo, dice: amigo que no da y navaja que no corta, que se pierdan, ¿qué importa? No sé si la amistad se puede medir en esas instancias, pero puede que este refrán tenga mucha carga de razón. Desde luego, los amigos que se hacen de rogar no son muy amigos tuyos pues deberían desear verte y pasar un rato junto a ti. Y los que encima, piden, pues para qué hablar. Tengo yo una amiga que me dedica poco tiempo, que me da poco tiempo y creo que el tiempo es como lo básico que se puede dar. Así que la amistad que yo tengo con esa amiga está en el alero pues ni tiempo quiere darme. Esta amiga es vigoréxica, dice que el cuerpo es un templo. Pasa más tiempo en el gimnasio y paseando que con cualquier amigo. Yo le digo a ella que le gusta la soledad y ella dice que no. Pero le gusta más la soledad que sus amigos.
viernes, 8 de mayo de 2026
Como llueve y hay que estar en casa... Bueno. Hay que estar en casa porque uno quiere. Pero bien preparado, puede uno ir a cualquier sitio. El caso es que como nos habíamos acostumbrado a tanta y tanta sequía, unas gotas de más, ya nos asustan. No nos asustemos y salgamos a la calle con botas y un chubasquero y con ganas de reírnos del cielo. Que no es para tanto. Además, el asunto es intermitente. Tan pronto cae como cede. Las nubes grises casi negras imponen un poco pero cuando uno se acostumbra, ya da igual. No sé quién dijo que hay cambio climático. El calor de abril pasado así lo atestigua pero estas lluvias lo desmontan. Yo ya no sé qué pensar. ¿Y si el cambio climático ha pasado a mejor vida? ¿Y si ya la contaminación con efecto invernadero está declinando? Ya digo que no sé qué pensar.
¿Usted es el que ha escrito las comedias, en total seis? Así se dirigía el comisario del gobernador a un hombre de media talla, un poco acongojado y con una daga al cinto. ¿Y todas han pasado la censura real? Sí señor, respondió el hombre. El comisario dijo: cuenta vuesa merced con doce actores, pero dos están enfermos, uno con la sífilis y otro con pulmonía. ¿Se podrán escenificar sus comedias con estas bajas? Atienda vuesa merced que tiene que estar usted y sus comediantes disponibles 6 días que dura la feria de San Ildefonso. Sí señor. Sí podremos. En otras peores nos hemos visto. El comisario miró a los ojos al empresario teatral y le dijo: al alcalde le ha gustado más que ninguna la obra que lleva por título "El castellano celoso". Esa será la que inaugure las fiestas. De acuerdo, dijo el empresario. No hay ningún problema. El comisario, ya más sosegado dijo: y le seguirá "La dulce Dorotea". De acuerdo, de acuerdo. Vaya con Dios, se despidió el comisario y se zampó en otros legajos y asuntos que había encima de su mesa.
El otro día oí decir a un tipo por la Gran Vía de Majadahonda: está el tiempo tonto, está el día tontorrón. Lo que está es un tiempo de lluvia como ha caído esta mañana. Y esta tarde está todavía más oscura. Se levanta viento y los pájaros andan de aquí para allá, como si barruntaran otro chaparrón de una hora como el que ha caído, ya digo, esta mañana. Como así no se puede ir a Madrid, pues me he puesto a inventar aquí inicios de historia que pueden tener continuación o no, eso depende de mi pereza o de mi voluntad. Pero a este blog ya solo cabe darle fin, pues me he entretenido mucho contando de la atmósfera y el cielo y el amago posible de lluvia y solo, para acabar, decir que toca pasar horas en casa, así que más vale tener entretenimiento que no estar uno comiéndose las uñas mirando por la ventana cuando va a caer esa esperada lluvia. De hecho, ya son las 4 y media y ya está cayendo un lluvia bastante poderosa.
Como el cielo está gris o casi negro, voy a escribir aquí otro ensayo de historia que podría alargarse si es mi deseo en un documento Word, luego, más tarde, así que lo vea yo conveniente si el relato mereciese la pena. Y empieza así: Mariano, el de la Genoveva, pidió un chato y una rata frita que aparecieron de la mano de Ramón, el mochuelo, sobre la madera de la barra de la taberna. Y Mariano empezó a comerse un lomo de la rata, cuando apareció Mauricio el ronco por la puerta, muy intranquilo, muy desmedrado. Y Mauricio el ronco dijo: ¿a que no sabéis? Han encontrado muerto a Don Mariano, el cura, con una raja de oreja a oreja en su casa. Un asesinato. Ya está allí la guardia civil junto con el alcalde. Dicen que debe de haber sido alguien conocido del cura. Le ha abierto la puerta sin ningún problema. Y dijo Mariano, el de la Genoveva: he sido yo. Esta mañana, a las 8. Ha sangrado más que un gorrino. Estaba harto de que mi mujer me dijera que Don Mariano se metía con Marx y los comunistas. Los curas deben hablar de Dios, no de política. Y empezó a comerse el otro lomo de la rata.
Esto que escribo aquí debería ser un ensayo para que esta tarde toda llena de nubes negras, la dedicara a inventar una historia. Y la historia podría empezar así, más o menos a la buena de Dios: Jacinto se había caído de un avión. No sabe cómo había llegado a esa isla que parecía desierta. El caso es que cuando cobró de nuevo la conciencia, ya estaba en una playa muy larga de la que no vio el confín. Solo recordaba el histerismo que se había adueñado del pasaje y de la tripulación después de oír por el altavoz: "hemos perdido el segundo motor". Todo fueron gritos en los que se llegaba a oír por diversas voces: "nos vamos a matar", "Dios mío, sálvanos" y muchos que llamaban por el móvil en un deseo de despedirse de alguien, de los seres queridos. Y el que no tenía seres queridos, quizás de algún ser odiado. Jacinto había sobrevivido a eso: al histerismo, a la desesperación y al golpe del avión contra el mar. Resulta que, cuando Jacinto dio unos pasos por la playa, lo vio. Vio el avión allá lejos semihundido en el mar y un montón de cadáveres arrojados a la playa. Unos, violentamente muertos, a puro golpe; otros, mutilados, sin cabeza o sin piernas. Le costó creer que él no hubiera muerto.
La emoción más grande que yo he vivido encima de una bicicleta la viví cuando mi tío Francisco nos dijo a mi hermano, a mis primos y a mí que íbamos a subir por la carretera a Las Navas de San Antonio, el pueblo de al lado de Zarzuela del Monte, pueblo donde yo nací. Tendría yo escasos 10 años. En misa (había que ir a misa), yo estaba deseando que se acabara. Mi tío Francisco se pilló una bici y fuimos unos cuantos primos a la carretera. Se subía una pendiente recta y luego, había un descansillo. Después, venían unas cuestas en curva que ya no existen. Yo me alegré mucho de que pude subir esas cuestas sin bajarme de la bici, una BH de color rojo. Parece que la estoy viendo. Fue algo mágico llegar al otro pueblo en bici para un niño como yo. Al volver me tiré todo el rato frenando pues me dio miedo la cuesta abajo. Nunca se ha repetido esta épica bicicletesca hasta que un día, en el pueblo, me levanté a las 7 de la mañana y me hice unos 100 kilómetros yo solo, viendo campos de girasoles y huyendo de mastines a la entrada de algún pueblo.
Ya sé que se hace peligrosa la conducción, el tráfico, que hay que ir con paraguas a todos los sitios, que los zapatos se mojan, que todo se moja, que hasta el alma se moja, pero a mí me encanta que llueva. Este agua de mayo cae en los campos como una bendición divina. Luego salen unos trigos gordos y rubios, unos centenos abundantes y una cebada que da para hacer mucha cerveza. Los manantiales y los acuíferos subterráneos se llenan de un agua pura y dulce. Las fuentes, esas fuentes que surgen entre unas piedras en el campo, se llenan de un agua cristalina y extraordinaria. Las ciudades se sacuden la polución, el hollín de las esquinas de las calles, el humillo asqueroso de los tubos de escape. La gente está en casa hasta que escampe y, mientras escampa, se dan a la jodienda, al amor más esencial. En fin. Todo tiene sus ventajas si las sabemos ver.
Voy a escribir sobre los payasos desde mi experiencia. Yo he ido al circo dos veces en mi vida, ya mayor, no de niño. La última vez que fui, el circo era una gran carpa y estaba todo muy bien organizado, con su director que anunciaba los espectáculos, etcétera. Me acuerdo de que salía al escenario una grande elefante hembra en la que los niños se hacían fotos montados en ella. Era una elefanta muy, muy dócil. Todavía había animales en los circos. Salieron unos camellos enormes. Pero yo estaba esperando con ansiedad a que salieran los payasos. Solo recuerdo que salieron dos: uno joven y otro mayor. Y solo recuerdo que se tiraron cubos de agua uno al otro. Fue un tanto frustrante. Recuerdo otra vez que yo fui a un circo mucho más pequeño. Fui por mi cuenta un domingo. Y los payasos montaron un espectáculo con un coche que daba explosiones y frenazos. Unos payasos se caían, el coche traqueteaba, eran bastantes payasos en la actuación, me lo pasé genial porque, de tanto carcajearme, perdí la conciencia de vivir. Estuve riendo a carcajadas todo lo que duró el espectáculo de estos artistas de la risa. No me cabe duda: los payasos son el alma del circo.
A Jovellanos, ese hombre ilustrado que llegó a ser ministro, que nació en Asturias, que mandó hacer carreteras, puentes y demás, que estuvo presente en la Constitución de 1812 en Cádiz, también le tocó hacer la reforma del teatro como espectáculo vivo. Y es que el teatro de entonces no era como el de ahora, en el que todos los espectadores están callados. En el teatro de entonces se gritaba a los actores en plena actuación. Me parece que no podía haber actrices en las tablas, se les tiraba objetos a los actores. Había tantas cosas monstruosas y fuera de la realidad en los teatros, que eran absurdas las mismas obras que se componían. Hasta que Leandro Fernández de Moratín escribió eso de "El sí de las niñas" que es obra inmortal y bastante conocida hoy en día por la serenidad y racionalidad que hay en la exposición de los hechos dramáticos. Por la unidad de lugar, tiempo y acción y por la calidad del lenguaje usado. Y empezó entonces a escribirse otro tipo de dramaturgia más cabal, sin tantos adefesios y tanto abuso de la tramoya. Y el público se fue educando, educando hasta hoy, que está serio y callado durante la representación.
Con ayer, llevamos dos días de lluvia. Ojalá se prolongara esta situación hasta el mes de junio. La lluvia, cuando uno ya se hace a ella, ya no es tan incapacitante, sino que coge uno el paraguas y va a cualquier parte. Peor es un calor propio de agosto que no deja ni respirar, digo yo. Los cielos se encapotan y son oscuros como un cine. La lluvia moja y cala y da color a los trigos cuando nacen. A los trigos requemados dedica Machado una canción que dice: tus ojos me recuerdan las noches de verano, noches largas sin luna a orillas del mar salado. Digo yo también que la humedad, ahora en primavera, es mejor que esa luz y calor inmisericorde que traía abril y mayo últimamente. Que Dios quiera llover pues. Que el agua baje del cielo y que del otro cielo nos venga alguna señal para creer en nuestra bendita resurrección.
El mundo está hecho de farolas y farolillos, de compañeros y compañeras de la vida, de fiestas y fiestecillas y festejos, de siestas y de noches que se pasan dormido uno sin darse cuenta de las horas. Se tienen hijos como Marco y como Ángel e hijas como Marta y como Lola. Caen lluvias, lloviznas y chaparrones. Luce el sol durante muchísimo tiempo por estos lugares españoles. Como dijo Cervantes: no es el que más títulos tenga, sino el que más hace el que más vale. Y también dijo Cervantes: dos linajes hay en esta vida: los que tienen y los que no tienen. Y también dijo Cervantes: el que mucho lee y el que mucho anda, mucho sabe y mucho ve. Terminaré con dos refranes que se dicen mucho en el Quijote: allá van leyes donde quieren los reyes y, por último, doctores tiene la iglesia.
jueves, 7 de mayo de 2026
Hay un tipo de enfermo mental que tiene siempre la cabeza gacha y no participa de la conversación. Ni Paco ni yo pertenecemos a ese tipo y por ello, doy gracias a Dios. No nos hemos puesto gordísimos y hemos trabajado y hemos comprado una casa y somos independientes. De eso doy gracias a Dios. Yo estuve con mis padres apuntado a una asociación de familiares de enfermos mentales. Y había unos casos de incapacidad muy graves. Mis padres nos han trazado un sendero por el que hemos transitado, un sendero no exento de obligaciones, un taxi para mi hermano y unos institutos para mí en los que educar. Por eso doy muchas gracias a Dios.
Hubo un tiempo en que mi hermano y yo estuvimos pendientes de mis padres. Y lo pasamos mal. Quizás no estábamos preparados para atenderlos. Recuerdo unos veranos en el pueblo en que mi madre no comía apenas. Hablábamos con una vecina, la Magdalenita, de que yo tenía que hacer la comida, de que nos aburríamos como hongos y encima, estábamos preocupados. Un día de esos, fuimos a El Espinar y yo, allí, paseando por una alameda, me hundí totalmente. Pensé que me iba a dar una depresión. Paseábamos con mi madre por la zona del pueblo llamada caño cagón. Los días pasaban muy lentos. Luego, en la ciudad, también estábamos todos alrededor de los abuelos. Hasta que mi madre murió. Y mi padre no ha dado casi tarea excepto cuando se ha puesto malo unos días.
miércoles, 6 de mayo de 2026
El escultor sabe lo que hace: junta dos hierros grandes y los coloca al lado del mar y dice, ¿qué sé yo? Que eso es una sirena o el símbolo de no sé qué. El poeta junta miserablemente unos versos que nadie entiende, ni siquiera él, y dice que son palabras que anuncian un futuro, inminente además. Y así va el mundo, lleno de cosas abstractas que hay que adivinar pero solo si nos da la gana. Cristo murió por nosotros, los seres humanos. Pero eso, ¿en qué cabeza cabe? Por eso hay tanto descreído de las artes, de la arquitectura, de las administraciones, de las religiones. Porque nos lo ponen muy difícil. Solo hay que creer, nos dicen. Hay que creer en la declaración de la renta, en unos funcionarios que no hacen nada, en la resurrección de la carne, en los impuestos y en el presidente. Pero, ¿quién cree en nosotros, en los ciudadanos?
El agua de mayo es muy preciada. Lástima que no caiga. Yo leí antiguas novelas de posguerra que no entendí. Yo iba con amigos al baile. Me sentía bien pedaleando encima de mi bicicleta, esa antigua bicicleta que vendí por 5000 pesetas. Las ranas croaban a mi paso por el puente encima del río. Luego, desviaron la carretera y ya no pasa por el puente. Leí también versos que no me gustaban, que no me llamaban la atención porque formaban poemas extraños, largos, sin rima ni concierto. Pero la mañana surgía de cualquier modo esos días de atrás. No volverán esos días de atrás, ahora todo es nuevo. Es nueva la luz que me alumbra, es nueva la ausencia de insectos, es nueva tanta contaminación, es nueva la falta de agua y ya no croan las ranas ni en el puente ni en el paseo que hay al lado del río. Cuando los ríos no corran, ¿quién nos dará el agua precisa?
Digamos cosas bonitas. Un verso acertado, por ejemplo. Las hojas como medallas de la primavera. El acertado trino del ruiseñor me despertó una mañana. Cálmate, Marisa, no todo está perdido. Me quedé más solo que la una pero aún lucho por ser alguien en esta tierra maldita. Los puentes de cuatro días se me atragantan en la carretera que no visito pero hago lo posible por ser feliz en mi destierro vacacional. La luna luce y las estrellas no, pero tengo la dicha del cielo raso sobre mi cabeza. Las cosas son así, ajenas a mi voluntad, pero me despierto con un verso en mi cabeza y lo extiendo con las palabras variopintas que salen de mi corazón.
Problemas y más problemas es lo que vamos cosechando en este mundo de Dios. Unos se resuelven felizmente y otros, los vamos arrastrando hacia una calle sin salida. Luego, los problemas irresueltos se convierten en una desdicha grande al cabo del tiempo. Así es la vida humana. Yo tenía un periquito que se me escapó un día de la jaula. Otro día paseaba yo por el pueblo donde nací. Y otro día me encontré a mi hermano delirando un poco, torciéndosele la mente a episodios enfermizos. La vida va sembrando una semilla futura llena de inconvenientes. Las cosas no son lineales, las cosas se retuercen como ramas de árbol martirizado por el viento.
martes, 5 de mayo de 2026
Yo leí a Juan Marsé pero su narrativa la encontré demasiado extraña. Yo leí a Cela pero su narrativa era también un poco extraña. Leí a Delibes y este sí que empieza y acaba las historias linealmente. Luego leí a la Puértolas que empezaba de una manera y luego torcía el argumento de manera insólita. La Puértolas no sale en los libros de texto. En sus novelas, ninguno de estos autores se quejan de la dictadura ni de la falta de libertad política. En "El Jarama", que dura argumentalmente toda la mañana y la tarde de un domingo en diálogos vivos, nadie habla de política ni de la guerra, creo recordar. Nadie que escribiera en tiempos de la dictadura, se quejaba de la misma. La asumía como que tenía que estar. Ni siquiera sibilinamente hablaban de ella en sus historias. Es un dato que es significativo de lo mal o de lo bien que se estaba en esa dictadura.
Esta semana a lo mejor viene movidita. Es lo que me da en mi espíritu. Quizás cojamos el coche para ir a algún lado. Y allí donde vayamos, se me agudizará el sentido literario de la vida recordando por ejemplo a la Puértolas o a algún otro escritor que yo haya leído. En la biblioteca de Las Matas vi yo una pequeña colección de libros de Belén Gopegui, escritora que no se ha vuelto a saber de ella, como de la Puértolas. Hay escritores y escritoras que ya pertenecen a un pasado, a una forma de hacer novelas, al olvido también quizás. Pues no hay quién hable de ellas y sí de raros nombres ingleses que escriben hoy en día best seller sobre temas anodinos o no tan anodinos. Lo único que sé es que últimamente no leo más que libros de poesía, no de narrativa, y ya me está cargando.