jueves, 22 de octubre de 2026

 Ayer tuvimos Paco y yo una pequeña discusión. Esta discusión la tenemos de vez en cuando. Se supone que cada uno tiene un misión en casa: yo cocino y Paco lava la ropa. En esta discusión algo quedó claro: yo no debo dejar caer los brazos en cuanto la comida. Debo esmerarme más pues últimamente no me esfuerzo demasiado. Yo no lo tomé a ofensa, sino que me di cuenta que mi hermano tiene razón. Ayer compré un repollo y patatas y filetes de pavo. Voy a hacer repollo rehogado y filetes. El otro día vi a Manolo por la calle. Iba musitando versos. Le saludé. No me hizo caso. Iba absorto en sus poesías. Al otro día era el día de Navidad. Manolo salía del centro comercial y soñaba con su güisqui y sus versos. No paró en el bar. Manolo era el ser más solitario que conozco.

Manolo ve una aglomeración inusual de gente. Acude. Manolo cree que se trata de un infarto. Es muy común. Cuando llega, llama a un compañero para que traiga el desfibrilador. Manolo se lo aplica al hombre y manda al compañero que despeje un poco el enjambre de curiosos que hay allí. La mujer del infartado sufre un ataque de nervios. Han llamado también a una psicóloga. La señora se tranquiliza bastante al ver que el señor recupera el habla. Al cabo de un rato llega la ambulancia. Le montan al señor en la camilla. Se lo llevan y en unos minutos, todo se despeja. Suenan otra vez los villancicos y los anuncios por altavoz. Mañana es nochevieja. Vaya manera de despedir el año, piensa Manolo. Al cabo de un rato, Manolo va vigilando las tiendas mientras recita a Bécquer por lo bajini. La navidad es como una feria, una inmensa feria.

 Ayer vi un gran acto de generosidad. Un amigo mío invitó en el bar a todos los que estaban allí, a mí incluido. Le salió la invitación por 20 euros. Al otro extremo de la barra estaba Manolo, el segurata, como le llaman. Estaba sorbiendo de su güisqui con hielos y hablando un poco con el camarero. Dentro de dos días, era nochebuena. Se habló de la navidad y quedó esta un tanto deslucida en los comentarios. Hubo un momento en que Manolo se abstuvo de hablar y posó sus tristes ojos en la calle. La calle pareció inspirarle. Empezó a musitar. Manolo no es de amigos. Por lo poco que le conozco, es más amigo de la poesía que de la gente. Estaba recitando. Manolo recitaba. La navidad exhibía su frío fuera del bar. Manolo aprendió en la carrera sonetos que recita como el que reza. El camarero nos dijo que Manolo decía muchas palabras antiguas cuando se ponía así. A eso de las tres, le esperaba el centro comercial. La navidad tiene algo bonito: remueve el corazón a un ritmo inusual para esta maldita época.

 La navidad campaba a sus anchas en el centro comercial. Era una fecha guay para los comerciantes. Lo que no vendían estos días, no lo vendían en todo el año. El dinero corría. Las tarjetas de crédito se calentaban al ardor de las transacciones mercantiles. Sin embargo, Manolo andaba muy herido de las letras por todo el recorrido que hacía por las tardes. Iba recitando para sí el soneto del amor inmortal de Quevedo, que termina: polvo serás, mas polvo enamorado. Manolo recordaba los tiempos que pasó con su novia, los besos dados con pasión de loco. Estuvo enamorado Manolo y sus huesos fueron prisión de todo un dios. Hasta que se oyó un alarido: me han robado, me han robado. Manolo tuvo que intervenir. Era una mujer ya entrada en años. No había remedio. A saber dónde estaba el ladrón. Manolo calmó los ánimos y llamó a la policía. La policía es discreta, no quiere curiosos. Al cabo de un rato, todo volvió a la normalidad. Las ventas siguieron. La mujer se calmó. Manolo siguió recordando sonetos: noche, habitadora de celebros huecos...

miércoles, 21 de octubre de 2026

 Y vengan rollos: la navidad, los telediarios, la política, las manifestaciones, Ceuta y Melilla y toda la humanidad hablando sin parar. El silencio que hay ahora en mi habitación vale casi dinero. Había un filósofo que decía que, a veces, lo mejor que podemos hacer es estar quietos y silenciosos en nuestra habitación. Las calles se llenan de un ruido inaprensible por la razón. Unos van hablando de problemas con los hermanos y padres. Otros tropiezan con la vulgaridad de los bares; otros hablan de dinero. Y hay otros que lo mezclan todo: las rencillas familiares, las copas de brandy en los bares y las trifulcas políticas sentados en un banco. Hoy Manolo no sale mucho en mi blog. Ya saldrá con aventuras nuevas. Viva la calle, Pero para pasear y poco más.

 Hay padres amorosos que llevan a su hijo al rugby y a la hija le cuentan un cuento mientras la dan de merendar. Empieza el cuento con un enano que no llega a coger una manzana del árbol y luego sigue con un dragón que es todo un energúmeno y luego, si eso, mete el padre un rollo de una princesa un poco remilgada y ya se acaba con uno que daba de comer al ganado del rey. Y se acaba la merienda y mañana habrá otro cuento mucho más elaborado y a lo mejor, el cuento va de un quinqui que roba coches, no va a ser todo dragones y princesas. Y luego de ir a la piscina y no sé qué más se acaban los cuentos pero no el cuento del padre y los hijos. Viva la familia por partes, por los que son y por los que la cuentan.

 No será la primera vez que una amante y el marido infiel planean matar a la mujer de este último. Aunque solo se quede en un pensamiento y en una cháchara postcoital. También se da la muerte a la mujer con la que se ha compartido una vida. Lo vemos en el telediario. Crimen de género o crimen machista lo llaman. Otras veces es un joven el que mata a sus padres. Fumaba muchos porros ese joven, se metía mucha cocaína y tenía problemas psiquiátricos. Viene en el periódico explicadas las adicciones de ese joven. Cuando cobre lucidez, ese joven estará arrepintiéndose toda su vida. La culpa le hará triste en la cárcel, ese sitio inmundo donde quitan la libertad pero no el pensamiento ni la conciencia. En la cárcel, los días pasan lentos y rápidos los años. Una paradoja que se repite en una vida cotidiana y gris.

 Es navidad. Como no nieva en el cielo, nieva en las películas y en los anuncios. Una nieve absurda de copos artificiales. Hace frío, eso sí pero la gente va bien abrigada y ni se nota. Hay mujeres que llevan una bufanda de dos metros enrollada al cuello. Y gorrito. Y guantes. Parecen muñecas hipertrofiadas. Se hacen notar en la calle y en los restaurantes gentes que son de la empresa y han de comer juntos. Más de uno y de una son despedidos del trabajo ese mismo día. Manolo va a lo suyo. Va a hacer unas sopas de ajo en cuanto llegue a casa y a freírse unos torreznos que ha comprado a un conocido de Soria que trabaja de camarero en un bar. Manolo conoce muchos camareros. Tiene habilidad para comunicarse con ellos. Resulta que mañana es nochebuena. A ver si pasa un buen día en el centro comercial. Para cenar esa noche, se hará una dorada al horno. Viva la navidad bien entendida.

martes, 20 de octubre de 2026

 Estamos ya en navidad y la nieve artificial recorre las pantallas de los televisores porque la nieve de verdad no cae ya en diciembre. A Manolo le cae mal ese detalle, que solo nieve a modo de adorno pueril en los anuncios y películas. Otras cosas de la navidad también le ponen malo. Tuvo que echar el otro día a un borracho que no hacía más que molestar a las jovencitas del centro comercial. Lo hizo razonadamente, hablando con el borracho, que se puso a llorar. La navidad trae, envuelta en ella, estos malditos refugios de la soledad. Habló con el borracho y averiguó que su mujer estaba con otro, que sus hijos le despreciaban. La maldita navidad hace estos estragos mientras suenan villancicos y cae una maldita nieve de mentira en los televisores. Viva la navidad, pero que viva poco.

 Manolo está solo en la vida y cuando es navidad, se siente todavía más solo en contraste con los demás, que hacen vida de familia. Manolo no toma un avión de Iberia a ver a sus padres que viven en Almería. Manolo tiene muy reducido su espacio vital. Va de su casa al bar y de su casa al centro comercial. Sin embargo, Manolo tiene una filosofía que le recorre todo el cuerpo y es capaz de recordar sonetos enteros de Quevedo o de Lope mientras acaricia su porra o va mirando por las tiendas vigilando algún posible delito contra la propiedad. Manolo es un filósofo que trabaja en la seguridad. Ayer, un niño se perdió en el centro comercial. Manolo le contó un cuento mientras esperaban a sus padres. Luego, el niño no quería irse con sus padres, quería quedarse con Manolo. Irónica situación.

 Manolo estudió Filosofía y Letras, como su amigo Andrés. Manolo no tuvo mucha suerte en la vida, estuvo con amigos que le ofrecieron paraísos artificiales de mucha risa. Supo salir de ahí y ahora su lema es: salud y trabajo. Manolo se toma unos güisquis con hielo cuando está deprimido y duerme mucho y no tiene amigos. Solo tiene un amigo: Andrés. Andrés heredó el negocio de su padre. Y tiene 10 pisos alquilados. Andrés es rico. Y va en Iberia a ver a un tío que está en una residencia de Barcelona. Cuando se juntan Andrés y Manolo, hablan del Quijote y del Libro de Buen Amor. En las navidades se suelen ver porque así conjuran la soledad que tiene cada uno. Andrés, aunque sea rico y tenga una familia extensa, no se sabe por qué, se siente muy solo. La soledad es el vicio de las personas que destacan.

 Nada perdura, todo se agota. Y se transforma en otro tipo de energía. La calma de los días se estremece cuando algo tremendo ocurre. Pero no suele ocurrir nada tremendo sino la sucesión del tiempo monocorde. Ayer hizo frío, hoy sale un sol que apenas calienta. Ayer me tomé en un bar un café. Hoy no salgo de casa en toda la mañana. Me tengo que leer una novela que va de un crimen. Decía Groucho Marx que la televisión era muy educativa: decía que cuando la encendían, él se iba a la habitación a leer un libro. Lo oí ayer en la radio esto de Groucho Marx. La radio tiene una seriedad que no tiene la televisión. Todo es cultura. Amemos la cultura. Todo es un pasar. Amemos lo provisional y accidental por encima de otras cosas.

lunes, 19 de octubre de 2026

 Se me atora el discurso, el relato. Los políticos tienen su relato, sus crímenes, sus mentiras. Yo también tengo mi relato pero se me atasca esta mañana de lunes. Mi  relato podría ser que he visto cómo una organización criminal dirigía el país. Pero prefiero hablar de los gorriones que pueblan el patio. El domingo es un tobogán que baja al lunes y te la das si no andas con cuidado. Los primeros en despertarse este lunes merecían quizás un premio, un incentivo salarial por ser capaces de desafiar la madrugada primera de la semana laboral. Y ya el martes, la cosa va aflojando y es sábado otra vez. Los lunes cortan de raíz la ilusión de que el niño haya metido un gol en un partido o de que haya ganado un premio en un torneo de ajedrez.

 El ordenador silbaba. La mañana desperdiciaba su luz entre corazones agrios. Era lunes. Es tibio el calor de los lunes. Hay un escozor entre el hígado y los riñones los lunes. Hay que tomar café para reducir ese escozor. Ayer vi la película de los españoles en Almería, en los sets de rodaje. Un película muy buena. No como las de ahora. Los domingos hacen de trampolín para el lunes, a ver cómo caes. Los espacios entre árbol y árbol indican algo que no sé qué es. Compraré en el supermercado viandas para la semana. Hay supermercados en los que no distingues los turrones del año pasado y los de este. Había una moza en el pueblo que no se casaba con nadie. Literalmente.

 El día gris con el que comenzaba la semana se hacía cuesta arriba, llegaba hasta lo hondo del corazón. Y allí, el lunes, el día que iniciaba la semana, hacía un agujero innoble hasta dejarlo chafado para toda la semana. El corazón se debatía entre acudir humildemente hacia otros corazones o perseverar en la soledad de un hombre solo, distante y desmedido como todos los hombres. Acertó el corazón haciéndose más duro y porfiando en tapar ese agujero con una maldita soledad preventiva. Era navidad. Nadie se fiaba de nadie. Y en el centro comercial las luces confundían la fiesta con el malestar común. Un hombre llamado Manolo acariciaba su porra. Y creo que eso era todo.

 Manolo estaba un poco deprimido. Se tomó un vaso de güisqui con hielos, muy poco a poco, mientras veía la televisión. Manolo era muy solitario. No quería tener amigos con los que quedar. Ese día trabajaba de tarde en el centro comercial. Había comprado cuartos de pollo para hacer al micro ondas. Lo que salía en el televisor le hartó. Era navidad. Un día entre fechas señaladas. Se puso a leer una novela de espías. También se hartó a las pocas páginas, así que salió a la calle. Compró dos décimos de lotería, se tomó otro güisqui en un bar y habló un poco con el camarero. Llegó a casa, comió y se echó media hora de siesta. Le esperaba el centro comercial.

 Era navidad. Un día entre eventos navideños. Manolo se puso a la tarea diaria en un centro comercial. Trabajaba en la seguridad. Se dio cuenta de que un chaval robaba en una tienda. Le llamó aparte y le dijo que devolviera lo que se había metido entre el abrigo. El chaval no parecía del barrio. Manolo le fue reduciendo el espacio al chaval hasta arrinconarle entre dos tiendas. Devuélvelo y no te pasará nada, decía Manolo. Y el chaval insistía en que no había hecho nada pero no se desabrochaba el abrigo. Manolo se dio cuenta de que el chaval era bisoño, era bastante nuevo en el delito. Presionó al chaval diciéndole que llamaría a la policía. Que la policía actuaría de otro modo, que se pasaría el día entero en comisaría. Hasta que el chaval claudicó y enseñó la mercancía. Y ya no sé qué más pasó. La navidad siguió para Manolo y para el chaval. La navidad venía hecha un asco.

domingo, 18 de octubre de 2026

 Y Manolo se fue a Madrid. Era navidad. Pero no hacía frío. Nadie sabía dónde se había metido el frío. La luna, esa noche antes de que Manolo se fue a Madrid, estuvo muy refulgente y llamativa. Parecía un anuncio de alguna desgracia. Manolo, como no hacía frío, se sentó en una terraza y bebió hasta emborracharse. Andando por la calle, se cayó. Y, como estaba gordo y débil y borracho, no se levantó del suelo. No le atendió nadie y se durmió porque no hacía frío. Entonces, oyó quizás unos villancicos, unos petardos y unas campanadas. Se levantó. Su reloj decía que eran las 3 de la madrugada y también que era el 24 de diciembre de 2026. Se fue a casa, se acostó y esperó que llegara el día siguiente. Al día siguiente se comió unos espaguetis con tomate y con hambre y se volvió a emborrachar y a dormir todo el día. Y no vino su primo a verle. Ni siquiera vino su amigo Andrés. Se sintió entre cansado y muerto al despertarse. Esperó al nuevo año con la ilusión de volverse a emborrachar. Y lo hizo y durmió y el día 2 de enero trabajó de 8 a 3. Y unos días más tarde vivió el alboroto de la cabalgata de reyes pero esta vez no se emborrachó ni durmió, sino que vio un poco la tele y se acostó. Y ya las navidades habían pasado. Todas las navidades.


 A Manolo no le gustaban las fiestas de navidad. Estaba solo, antes estaba con su madre viuda. Manolo era hijo único. Solo tenía un amigo, Andrés, que tenía cinco hermanos, dos padres, cuatro hijos y una mujer. También tenía una amante que se llamaba Tania. Todavía no se había divorciado. En navidad, Andrés tenía que multiplicarse por cuatro para atender a tanta gente. Se dejaba el sueldo en regalos, montaba en Iberia para ir a ver a unos tíos en Barcelona. Y cuando veía a Manolo, una tarde triste en que nevaban copos como puños, le decía que le daba mucha envidia su soledad, su tranquilidad navideña. Manolo le contaba lo de siempre: que le daba envidia de Andrés. Envidiosos los dos, se separaban y luego ya se veían más tarde a hablar de los profesores y compañeros de clase de la universidad. Y la navidad pasaba como un pequeño huracán en sus vidas. Y llegaba febrero y ya empezaba a hacer calor.

Pronto estaremos rodeados de espumillón y películas de navidad y de gente haciendo el ganso con lo de la felicidad y yo acaso cogeré un taxi y me iré lejos. Cuando el taxímetro marque 50 euros, mandaré parar al taxista y me quedaré en ese punto. Y por 50 euros no iré muy lejos según están las cosas, la gasolina, el coste de la vida, etcétera. Y llevaré en el taxi un turrón. Y celebraré estar lejos de mi casa, a 50 euros de lejanía de mi casa, comiendo turrón quizás en medio de una carretera comarcal y nevando. Y me sentaré en una piedra, una piedra dura, granítica todo el rato que dure el turrón. Y así no veré películas navideñas en las que hace mucho frío. Y tampoco envidiaré a esos que cabalgan la navidad acompañados de mucha gente, muchos amigos, muchas reuniones, mucha nieve de mentira y mucho champán con alcohol.

 A Manolo le dio por sabotear la navidad. Para ello, se hizo influencer y criticó de manera sistemática y con mucha violencia a los turrones, a los turrones de todas las clases. Decía en su portal que los turrones debilitaban la mente porque tenían mucho azúcar y almendra. Hubo muchos seguidores que no comieron turrones esa navidad. Luego, cogió un abeto y lo quemó en directo, casi prende su casa. Decía que los abetos y otros árboles de navidad exhalan una química dañina para los pulmones. Hubo muchos seguidores que no pusieron árbol de navidad. Y ya pasó a los belenes y dijo de ellos en su portal que herían la sensibilidad de los niños por la exhibición de pobreza y decadencia que hay en ellos. Hubo muchos que no pusieron belenes en sus casas. Volaron muchos aviones de Iberia por encima de la cabeza de Manolo y muchos volvieron a casa por navidad. Algunas gentes comieron hasta hartarse en el entorno feliz de la familia. Manolo, con sus campañas en Youtube se pasó una navidad entretenida y tal y la navidad llegó a su término. Viva la navidad.

sábado, 17 de octubre de 2026

Pasear un rato por la tarde y llegar a casa acompañado por el suave crepúsculo. Ver cómo los sudamericanos se juntan y hablan sus cosas en una plaza de la ciudad. Ver en el Youtube declaraciones de gente que teme que llegue la derecha. Cenar un poco y oír la televisión acompañado del hermano. Y luego, acostarse. El día que ha surgido después de esas actividades es monótono. Hay quien oculta su vida pero cotillea la de los demás y crea alteración de conductas. El mundo al que asistimos está lleno de alteraciones de la conducta, de enfermedades mentales soterradas, de psicosis raras. Hay que convivir con estas extrañezas y otras culpa de adicciones llevadas al extremo, formas de pensar no ordinarias, psicopatías que nunca han salido a la luz, etcétera. El maremágnum de comportamientos extraños no tiene fin. Es el signo de los tiempos: alteraciones mentales que no sabe de dónde vienen ni adónde van.

Hay gente a la que le gusta ocultar cosas de su vida. Aunque a todos nos ocurren cosas parecidas: nacemos en un sitio determinado, cometemos errores, tenemos enfermedades, acumulamos horas sin saber muy bien qué hacer, etcétera. Al final, esa gente que oculta su vida crea mucha confusión. No sabes cómo dirigirte a esa gente. No sabes, cuando hablas con ellos, si estás violentando, con alguna pregunta, ese deseo que tienen ellos de no publicar cosas de su vida. Y es muy desesperante hablar con esta gente. Ha ido a mil sitios y no sabes nada de esos sitios de su boca. Han hecho tal y han hecho cual pero casi les duele decir que lo han hecho. Ya digo, la gente que los trata está confundida con ellos porque no sabe si saber algo de ellos les va a molestar. Al final, todo se enrarece bastante y no termina uno sabiendo nunca de qué van.


 Me tengo que rasurar la cara y limpiarme el cuerpo con agua. Son dos acciones que llevan tiempo y ganas de hacerlas. Es una pena infinita notar que la gente del común, el pueblo, está poco instruida. Si estuviera más instruida, sabría mejor a qué atenerse. Pero bueno, los libros ya se sabe que traen mucha letra. Quizás demasiada letra en un montón que se junta y da mucha pereza descifrarla. Es mejor una parla con el vecino o compañero de trabajo que sabe lo mismo que tú, que no leerse un libro que lleva su tiempo y ganas de hacerlo. Un libro es ajeno a la vida, un libro no vive la vida como la vive la gente. Un libro espera ahí abierto o cerrado todo el rato y no dice ni hace nada. Es mejor una pistola, que, si la disparas, acaba matando a alguien. Un libro se dirige a los ojos y si lo lees, ya no sabes qué está ocurriendo a tu alrededor. Leer es de tontos, votar es de inteligentes si se vota a la facción que va con tus intereses. Es mejor hacer una manifestación que doblegue a la administración que leerse un libro que hable, precisamente, de manifestaciones. Un libro, un ser instruido. Un amigo, un ser satisfecho. Un voto, la voluntad del pueblo.

 Descubrí no hace mucho que la calle real de las ciudades o pueblos no derivan etimológicamente de rex, rey, sino de res, cosa, acontecimiento. La calle real sería donde ocurren las cosas. Hay quien pone a su perro el nombre de rex. Y en francés rien es algo o nada según sea la frase negativa o afirmativa. No hay cosa que no ocurra en la calle. La calle da mucho de sí en esto de los acontecimientos. La rue da para mucho a un periodista que empieza en los periódicos a mostrar la realidad de la ciudad o los pueblos. Pueblo tiene dos significados: población pequeña o masa del común. La masa del común es traída y llevada en distintas direcciones, a cada cual más interesada. Uno sale y se pone otro, así indefinidamente. Votar fue una conquista de siglos. Votemos pues y expresemos nuestra opción por uno o por otro candidato a gobernarnos. Mientras, la vida nos zarandea como a un muñeco de trapo tendido al sol del invierno.

 Estoy desperdiciando el tiempo porque no hago un curso o cursillo de algo relacionado con mi área de conocimiento. Se me pasa la vida sin aprovechar los momentos de la misma, las horas que la componen. Pero casi me da igual. Escribo aquí cosas que se me ocurren a bote pronto. El tiempo pasa lento por las mañanas y luego, se acelera un poco después de echarme la siesta. La verdad está siendo tan maltratada que ya nadie la reconoce. Paseo y paseo y mi mente va pensando. Las lunas atacan con su fulgor un poco la noche. Dormirán los intentos de superarme el sueño de los justos. No me apetece hacer nada hasta que todo se resuelva para bien o para mal.

viernes, 16 de octubre de 2026

 La verdad. Qué bonita palabra. Si la verdad se extendiera, a base de conocimiento general, a otros escenarios atenderíamos. No tendríamos que estar pendientes de ver qué decía un político o qué decía otro. No tendríamos que estar sometidos a ningún poder ni a ningún decreto del consejo de ministros. Nos entenderíamos todos en la calle, en la plaza, charlando por la mañana y por la tarde todos unos con otros. Desaparecería la soledad de las gentes. La gente se instruiría, sabría del ingeniero y del maestro y de la ama de casa. Sabría de los niños y de su imaginación poderosa. No habría reyes ni nadie a quién votar. El pueblo entero gobernaría para el pueblo entero. Unas leyes sabias, habladas, sopesadas a la luz de la mañana.

 Las vacas, en los prados asturianos, mugen. También en los prados castellanos. Hace mucho calor y estamos en octubre. No sé qué va a ser de nosotros. Me he cortado el pelo y he comprado un humificador. La atmósfera de mi casa no tiene tan mal olor a tabaco. Las ventanas están abiertas y no viene por ellas frío. El soltero envidia al casado y viceversa. No estamos a gusto con nada. Quizás un día, no se sabe qué día, el pueblo se quite la opresión de la mentira de encima, de todos los embaucadores del mundo. Y salgamos ese día a la calle y todos sepamos, todos seamos capaces de interpretar la realidad que nos rodea, no andaremos ya vagabundeando por la vida de forma mísera. Ojalá eso ocurriera. Dejaría de haber políticos, ideologías artificiales, mentiras, cosas huecas que ocupan mucho.

Hubo un repliegue general, la gente dejó de creer. Las masas atontadas fueron instruyéndose leyendo libros y periódicos. Los humanos empezaron a saber cosas y por fin distinguieron la verdad de la mentira. La propaganda ya no les hacía mella. Las noticias eran sopesadas con un interés fuerte por la información exhaustiva que pasaba de un lector a otro lector avisado. Los libros ya no descansaban en los estantes de la biblioteca sino que iban pasando de forma acelerada de mano en mano. Las personas simples y llanas decidieron conocer, alcanzar la sabiduría todos a una. Ya no iban a los bares, se entablaban debates en las plazas de los pueblos. Una revolución cultural estaba tomando forma. Pacíficamente, los de abajo, los del pueblo, desplazaron a los políticos. Las drogas, el alcohol y el tabaco dieron paso a la lectura prolongada en el tiempo y en los temas. Todos los seres humanos se convirtieron en filósofos. Y así, ya no hubo más publicidad, más propaganda, más engaño, en suma. Todo el mundo sabía. Y el dinero se aplicó al más necesitado. Y los presupuestos los hicieron ellos, los de abajo. Y no hubo más elecciones ni partidos políticos ni poder de los más aviesos. El mundo giró un giro que nadie pensó porque antes de esta revolución, nadie leía, nadie pensaba, nadie actuaba. Y el mundo empezó a parecerse a la democracia verdadera porque todo el mundo tenía algo que decir, algo que opinar con fundamento, algo que hacer por él y por el vecino.


jueves, 15 de octubre de 2026

 Tengo por aquí un libro de Cela que habla de Ávila y de Guadarrama. Algún día lo leeré. Era bueno Cela con su prosa que alucina en la novela titulada "Mazurca para dos muertos". Hay que tener mucho coco para escribir una novela como esa que yo leí hace tantísimo tiempo, cuando se publicó. Debe de dar gusto a uno cuando muere habiendo hecho las cosas que uno quiso hacer y las cumplió sobradamente. Yo aspiro a novelista pero no novelo más que este pobre blog de los demonios que me hace desvincularme de la verdadera literatura que, realmente, avanza capítulo tras capítulo. No sé si algún día tendré paciencia para escribir algo digno, algo que llame la atención por lo fantástico y literario de verdad.

 Me he leído el periódico entero. Mi pereza parece haber desaparecido. He cocinado unas judías con butifarra y a mi hermano le han gustado más que a mí. Me duele la rodilla derecha, asunto que ha hecho inviable andar a Las Rozas. Sí he ido a Rodilla, donde he visto a Fede, haciendo gestos con su mano y sus narices como protagonistas de esos gestos. Es un tío muy raro, muy raro que presume de católico siendo un sinvergüenza. Después de beberme una coca cola de grifo, me he fumado un cigarrillo. He salido de allí a casa y, ya digo, me he leído el periódico entero y verdadero. He aprendido un refrán: es buena la capa que todo lo tapa.

 Hoy me he levantado con pereza. Una pereza enorme por vivir el día. Pero luego, al mediodía creo que me espabilaré. Hoy he soñado con amigos. Salían en el sueño amigos hablando conmigo, dándome ánimos quizás. No veo hoy mucho fundamento en escribir aquí, así que no sé si escribiré mucho. El oscuro temblor de la noche ya pasó y me pilló en la cama, demos gracias a Dios. Los sucesos que acaecerán hoy no se si me alcanzarán. Si no, demos también gracias a Dios. Hoy hago judías pintas con butifarra. Ojalá me salgan bien y comamos tranquilos y a gusto. El diablo, esta mañana, aún no ha perfilado a sus víctimas. Pronto lo hará para mal de algunos.

miércoles, 14 de octubre de 2026

 Uno camina hacia su autorrealización. No es camino fácil, entran muchas dudas si ese camino nos autorrealizará. Ese camino está lleno de trampas que se hace uno mismo mientras cantan los pájaros mañaneros. La luz del día ayuda a este autorrealizarse, pero no mucho, solo para ofrecer un escenario. Vamos autorrealizándonos poco a poco, con mucho tiento y por eso salimos a andar por la tarde para huir de las horas muertas del día. Yo me autorrealizo muy lentamente, tomándome las cosas con filosofía, no juntándome con aquellos que me impidan mi autorrealización. La autorrealización es muy seria, no admite vuelta atrás. Dan ganas de morirse a veces pero hay que seguir porque los días empujan a la vida y no al revés.

 La calle se agría y se pone fea de ver a esos que quieren perdurar en las gentes que habitan las calles y mandar y mandar a costa de minar los cimientos de las leyes. Los días amanecen de un color insondable, de un color parecido a la mierda. Un mandatario colosal ha decidido seguir con la guerra, hacerla más fuerte. Ha habido una explosión en Bulgaria, miembro de la OTAN. 11 desaparecidos. Un grano en el culo le ha salido a España y perdura y perdura. La gente está harta y abuchea a ese impostor, a ese mentiroso. El partido del gobierno es muy corrupto, es mafioso, es de lo que no hay. El sol anima el día a andar, pasear, ir en bicicleta, dar un beso a la vecina.

 La democracia y las democracias están en peligro en el mundo. Se cuelan leyes de tapadillo para socavarlas. Los presidentes de esas democracias se alían con partidos que no las quieren. Se asocian con partidos políticos radicales. Por lo demás, el día se anuncia alumbrado por un sol que parece de junio, no de octubre. Es pronto por la mañana y parece que está todo en calma. El mecánico que sufre de workholic (afición morbosa al trabajo) ya está arreglando coches. Hay tiranos que han sido elegidos democráticamente pero ya sabemos que España es España y los sobrevenidos son los sobrevenidos. Todo tiene su fin, pero a mí me da que tendremos que soportar otros cuatro años a este chiquilicuatre de la política. La existencia tiene el color de la mierda en el mundo. El valor de vivir se agudiza tras las ventanas de los pisos y por encima de las agrias aceras.

martes, 13 de octubre de 2026

 Se está a gusto escribiendo aquí de lo humano y lo divino como habló Fernando de Rojas en su Celestina. Yo no tengo personaje principal con el que matar la rabia que me atora la vida. Hubo puente ayer y había un vecino cargado de maletas que regresaba de no se sabe dónde, no quise preguntar. Me tengo que afeitar y duchar otra vez. Pero lo haré a media tarde. A media tarde todo sabe tibio y tonto y medio muerto. Las vidas que se repiten día tras día tienen la escapatoria de las palabras escritas, de los renglones torcidos, de los sabios párrafos de las novelas y los periódicos.

 No se trata de hacer un conocimiento ni apuntarme a otra asociación ni de hablar por hablar. Se trata de vivir a gusto con mi estatus y mi forma de vida. A veces, es desesperante no tener con quién romper el silencio de la mañana. Mis palabras se quedan dentro, no salen de paseo y se cansan de habitar mi tráquea. Todo el mundo se ha hecho viejo de la mañana a la tarde. De los ochenta a los veinte de los dos mil. Todos somos la sombra que recorre la calle. Todos nos hemos venido aislando nuestro corazón por miedo a que se rasguñe, se rompa un poco, se demore en su latido. Hoy yo, mañana tú, decía el cartel del que pedía a la puerta del supermercado.

 Somos dos. Eso no lo puede discutir nadie. Somos dos y el día avanza. Somos como dos gotas de agua en el mar, unas veces tranquilo y otras, proceloso. El mar aumenta de tamaño con la lluvia. Yo le dije a aquella mujer que fue mi vecina: no te quedes ahí parada con ese peso. Y era la mochila de su sobrina que había estado de campamento con la iglesia. Era una mochila muy llenita de cosas. Y pensé que la mujer que fue mi vecina pensaba en la austeridad de mi familia y la daba por buena. Los estoicos son austeros, no piensan en las cosas, no compran por comprar, no llevan la mochila llena de trastos. Es como si la hubiera dicho que se fuera de mi lado. Fue un gesto un poco feo. Pero yo lo pensaba así. No se puede estar hablando mucho tiempo cargada de una impedimenta absurda.

 Dice un mandatario chileno: Chile y España son más que el gobierno de turno. sz no es España. España es un país con mucha historia a cuestas. Ha sufrido dirigentes malos y guerras y desastres. Y ha seguido siendo España. Aguantaremos a este como a otros. Y un día se irá y no quedará ni el recuerdo. Los días se apuran en su azul para dar luminosidad a las almas inquietas. Las penas quedan como en el fondo del corazón y lo vuelven un poco tedioso y lento. No sirven aspavientos del espíritu cuando las cosas están en un hilo, cuando las cosas están por pasar, cuando las cosas se deshacen en el turbio destino de mañana. Las cosas pasarán y no sabemos cómo nuestra paz las tomarán. Somos Paco y yo. Somos los dos en un punto de la historia.

lunes, 12 de octubre de 2026

 El jefe de gobierno te oculta lo que ha hecho su gobierno y procura asustarte porque vienen "los otros". No te dice lo que ha hecho su gobierno o no ha hecho: por ejemplo, vivienda social o pisos que le atañen como poder público. Te hace odiar al casero o a la ultra derecha o a tu madre. Me he preocupado de mirar el artículo de la Constitución que habla de la vivienda y dice que son los poderes públicos los que se deben hacer cargo de esas viviendas dignas para sus ciudadanos. Eso no lo dicen. Y luego, he mirado otro artículo sobre la soberanía y las fronteras. También es el gobierno el que debe mirar sobre la inviolabilidad de las fronteras. Pero no han hecho nada. Y pretende el jefe de gobierno que odies a fulano y a mengano cuando ha sido ese jefe de gobierno el que ha estado parado, ausente, de vacaciones. Es muy cínico, es muy artero, es muy malo este jefe de gobierno.

 Los días son como agujeros que están ante tus pies. Hay que ir mirando al suelo porque todo es trampa. La política sobre todo, es una trampa. Los rezos de gente demasiado devota, es trampa. Lo que te cuenta tu vecino, suele tener trampa y mentira. Así que así estamos: gente que sale continuamente por la televisión y tiene poder, engañando y mintiendo continuamente para que nos pongamos emocionalmente de su parte. No aluden nunca a hechos objetivos: se han hecho pocas casas, los impuestos son altos y lo son por esta causa, etcétera. Te incitan al odio o a que llores por lo que sea, por una anciana muerta, por los naufragios. Tienes que llorar primero para votar con las tripas, no con la cabeza. Y ahí los tienes: mintiendo, arañándote la razón y el alma, poniéndote tenso y cabreado. Qué asco de jefe de gobierno tenemos. Llamando a la riña, a la bronca, a las entrañas de la gente, no a la cabeza para que podamos pensar.

 El otro día, íbamos a un sitio a pasar el mediodía y la tarde pero nos dimos cuenta de que iban muchos coches a ese sitio. Así que torcimos en una rotonda a la derecha y aparecimos en otro sitio. Y comimos carne y ensalada. Y nos paseamos por ese sitio de construcciones de granito, de gentes que se divertían, de ayuntamiento e iglesia, de bares y de mercados. Y lo pasamos bien charlando yo de bohemios y de Paco que no me hacía caso y de humoristas y gente de televisión que había ido este verano a Etiopía y Mali. Ese sitio que estaba a la derecha de lo previsto me hizo un gran bien al ánimo, que lo tenía por los suelos esta semana pasada.

 La vida se manifiesta con determinación y fuerza en un niño, en todos los niños que preguntan y juegan y se ponen al lado del sol. Es maravilloso verlos reír, esa risa cantarina que destruye la tristeza. Es un afán, el de los niños, de construir su vida si las respuestas son adecuadas. También si hay ejemplo de vida en sus mayores. Los niños se lanzan a abrazar al abuelo con un ánimo esplendoroso. Los niños cantan las canciones de todo el mundo, ríen con el alma puesta como un sombrero, como el tocado perfecto hecho del alma suya tan fuerte. Y los niños, si saben aprender de la vida, salen adultos con todas las de la ley.

 Hoy es un lunes anodino. Es fiesta y he dado un paseo con Paco por la gran vía. No había mucha gente. Parece ser que la gente se ha ido de puente. Hacen bien. Suena un pájaro de extraño canto que me llega por la ventana. Todo está muy extraño por este afán de politizar la vida pública. Con lo bien que estábamos con Rajoy. Hay gente que solo cree en la política. No tiene Dios ni tiene otra cosa que hacer que hablar de política continuamente. Los días pasan con una tristeza a cuestas. No me recupero de mi mal estado de ánimo. La existencia se hace pequeña como una nuez o como un cerilla o como un cigarrillo.

 En España últimamente, se ve todo en clave política. Hacen muchas encuestas, se insulta al adversario, se habla de progresismo o ultraderechismo sin ningún partido de centro. No me gusta esta situación en la que parece que uno se tiene que colocar en un bando y poco más que odiar al bando contrario. Si uno es de una idea, se tiene que tragar el lote ideológico completo de esa idea. No se puede ser de Vox, por ejemplo, y desear que haya ayudas sociales en España. O no se puede ser socialista y rezar un padrenuestro. Los políticos nos usan, esta claro, para sus fines o para su fin final, que es el poder. No hay más. Al cabo, son todos iguales.

domingo, 11 de octubre de 2026

El profesor da la lección pero fuera del aula, es la vida la que da la lección más difícil de entender. Bebo dos vasos de agua, fumo un cigarro. La gente se levanta y saluda al vecino que es como saludar al domingo, a la mañana entrante, a la existencia pura y dolorosa. Los pájaros pían su pelea, dan la nota cotidiana de la luz que nos atraviesa. Somos lo que esa luz nos hace y nos duele. Ya va la hora avanzando. Cosas tristes se me pegan pegajosas a mi costado, le dan a ese costado una razón de vivir. La gente va viviendo y muriendo a la vez en una sincronía casi despreciable pero nos empuja, nos atalaya en nuestra vida, nos va haciendo. Nos va haciendo.

 Me canso de decir padrenuestros a diestro y siniestro. Me tengo que duchar y afeitar. Hoy hay paella de la que hice el jueves. No está la cosa para reírse, está para temer lo peor. La pena viene del fondo de la casa y se instala en medio de la calle, al lado de una farola que no da luz porque es de día. El día me asusta, me llena de un temor sin bandera. Acudo a la mañana y la mañana se ríe de mí y de mi fragilidad de hijo. Hay gente que solo ha dormido tres horas, que ayer estuvo no sé dónde. Hoy está nublado, no corre viento, está la atmósfera esperando a que algo de mí se muera. Fumo un cigarro, veo el marco de la ventana, oigo a los vecinos, como una magdalena tibia como un rosa y me dan ganas de meterme otra vez en la cama.

 No está la cosa para risa y yo lo noto. Bebo agua para diluir un poco la pena en mi sangre que fluye tibia. Los motoristas ya han asaltado felizmente la carretera. Van despacio en sus motos, disfrutando del paisaje, sin tener a nadie de quién acordarse. Las curvas acogen el corazón de esos que van con las manos apoyadas en el manillar. Torrelodones es un pueblo tranquilo, amigable, en el que las gentes salen a pasar un buen rato los domingos por la mañana. Se nota cuando un pueblo vive junto y acompasado. No como Majadahonda donde la calle es todo guerra, donde la calle divide las diferencias de edad, de raza y de la fama que tengas. Las motos rugen, el domingo asusta, el padre está triste en su residencia.

 Hay veces que te levantas y ves la cuesta del día e inicias la remontada de ese día. Y todo te da pena. Y el aire que viene de la ventana es enemigo, un sucio enemigo que lleva como una bandera, la bandera de este día maldito. Y luego, después de desayunar y de encomendarte a Dios, surge un dolor que te hace decir internamente, dolorosa e internamente: ¿qué hago yo en el mundo? Y tienes o no tienes hijos o escribes o lloras por dentro o dices al ser que sostienes con tus huesos: me gustaría que hoy no fuera hoy. Y todo es complicado y anuncia días peores y ves que la vida va como un río nefasto que lleva mucha agua peligrosa pasando al lado de tus pies.

viernes, 9 de octubre de 2026

 Todos podríamos haber sido mejor de lo que somos. Pero somos así y nos debemos conformar. A mí lo que me fastidian son los hombres y mujeres misterio. Me caen fatal. No se sabe mucho de ellos y dudo ya que se sabrá algo. Hoy voy a comprar El país. A ver qué viene. Ayer vi  a mi padre que estaba tristón. No sé si ya anuncian turrones en la tele. Vuelve a casa. Hoy me he levantado sin canción entre los labios. Diremos que la vida favorece a los audaces. Iré a Las Rozas hoy porque hace sol. No estoy para escribir. Rosendo escribió canciones que no se entendían muy bien. Hay que tener mucha capacidad para expresar tus ideas fuera de ti mismo.

jueves, 8 de octubre de 2026

 Hay gente que vive muy bien. Y dice que es católica. Pero los católicos, por definición, deben sacrificarse por algo o por alguien, no vivir bien. Los católicos que viven bien o muy bien van a misa y oyen el evangelio y en el evangelio se dice que los últimos serán los primeros. Que hay que coger una cruz, no vivir bien. Que hay que ayudar al prójimo. Dicen los evangelios que hay que querer a nuestros enemigos. Dicen los evangelios que el cielo es como un señor que reparte el mismo sueldo tanto a los que vendimiaron toda la mañana y la tarde como el que estuvo solo una hora vendimiando. Los secretos de la resurrección nadie los sabe. Y los del cielo tampoco. Pero a mí me da que el que vive muy bien no puede ir al cielo.

Este verano ha sido una carrera de obstáculos. Pero los hemos saltado y estamos bien. No me quito de la cabeza que yo no haya sido capaz de haber ido a Alicante y bañarme en el mar. Majadahonda se despobló. Otro invento que podría ser muy útil es el detector de soledad. Sería como una entrevista que sacara a la luz todo el tiempo que una persona estuviera sola y las consecuencias de esa soledad. Hablar solo, no preocuparse por la comida ni por la vestimenta, no hablar con otras personas, no coincidir con nadie en todo el día. En definitiva, vivir solo o sola. Y poner remedio con otras personas solas que vivan en la misma ciudad. O sea, poner en contacto personas solas. La soledad misma las unirá. El test ese permitiría saber si la soledad es querida. En cuyo caso, no se actuaría.

Hoy me he levantado tarde porque he tenido una pesadilla en la que mi hermano y yo éramos la misma persona. He estado despierto entre la noche hasta que me he podido dormir. Ya, hasta que haga la paella, no salgo de casa. Mi hermano dice que en París, el tráfico se va desperdigando por avenidas amplias. En Madrid, de todas las vías principales que llegan al centro, se meten en calles inmundas y hay que estar primera, semáforo, primera, semáforo. El tráfico, en Madrid, es una tortura. Lo dice porque fue taxista y sufrió ese atasco continuo. Madrid es, como ciudad, un reflejo del caos social y político que ha sido España a lo largo de los siglos. Madrid está mal hecho. No es grandioso. No es amplio. Es un poblachón manchego, como dijo algún escritor.

 Hoy he soñado una cosa extraña que no sé como describir pero me he despertado entre la noche y no he dormido bien. Hoy tengo que hacer una paella. Se pelan los tomates y se corta el pimiento. Se pelan los langostinos y se echan las cáscaras a una cazuela y se llena esa cazuela de agua y se pone al fuego. Los langostinos pelados y los chipirones (no había en la pescadería calamar) se sofríen y cuando estén hechos se retiran. Se echa a la sartén el tomate y el pimiento cortado. Se echa el arroz y se sofríe. Se echa el chipirón y los langostinos y se echa el agua de la cazuela que debe estar hirviendo. Se deja veinte minutos y ya está hecha la paella.

miércoles, 7 de octubre de 2026

  1. Otro avance tecnológico (y no el de tuiter y esas estupideces), sería el de los exoesqueletos. Los exoesqueletos son armazones exteriores, parecidos al esqueleto humano, pero por fuera del cuerpo, que permiten la movilidad y poder andar después de un accidente en el que se ha perdido la función de la columna vertebral. Se tendrían que hacer más baratos y fabricarlos de manera más democrática, que llegaran a una población más amplia de lo que lo hacen hoy. Los exoesqueletos consiguen que la gente que está en silla de ruedas pueda volver a andar y a conseguir la autoestima perdida del accidentado. Ojalá se fabricaran en serie, como se fabrican el inmenso e inhumano número de coches que hay en las calles y las carreteras. Menos coches y más exoesqueletos.

Esta tarde tengo que comprar un calamar y unos langostinos para hacer un arroz mañana. Está todo muy caro. Las guerras producen un gasto enorme. Cada dron de esos tripulados que lanza Ucrania, vale 3000 o 4000 euros. Está visto que Putin es un hombre de guerra. No va a ganar gran cosa en la guerra, pero sigue y sigue. Me gustaría saber cómo se vive en Rusia. Nadie opina nada ni se opone a la dictadura pues lo paga con su vida, como Navalni. En Rusia, deben de estar acostumbrados a los dictadores después de tantos zares y dirigentes soviéticos que han tenido. En Rusia la democracia no cuaja, no hay pluralismo político. Y encima, al que hay, le da por la guerra. Vaya plan.

 Una tecnología buena sería la que procurara la energía de fusión. De fusión de hidrógeno. Habría energía inacabable para siempre. Hasta ahora tenemos la energía de fisión, la llamada energía nuclear. Los átomos chocan. Pero si conseguimos energía de fusión, se crearía la bomba de hidrógeno, muchísimo más potente que las bombas atómicas. A lo mejor, con la energía de fusión, se podría viajar a Marte en pocos días. Dicen que si hay seres vivos y un ecosistema que poblar, los seres vivos lo pueblan. A lo  mejor, el destino del hombre sea conquistar el espacio, que es un ecosistema. En el año 3000 o así, ya habría terráqueos nacidos en Marte. O sea, marcianos.

 Parece que ha avanzado mucho la tecnología y lo que ha avanzado es un montón de sitios donde opinar, criticar, cotillear de forma anónima. Eso es lo que ha avanzado. Los chascarrillos de toda la vida es lo que ha avanzado. Pero de forma exponencial. En internet, todo es válido en cuanto a la opinión pero no todas las opiniones están fundamentadas en una experiencia contrastada. En internet, todo el mundo opina y da soluciones a problemas desde la ignorancia más rancia y estúpida. Lo llaman redes sociales y de sociales no tienen nada. Son corrientes de opinión masivas. Cuando una noticia se vuelve viral, todo el mundo opina lo mismo y en masa. No me gusta esta tecnología. No sé por qué lo llaman a esto tecnologías. Es hablar por hablar.

martes, 6 de octubre de 2026

 El ser humano, hace más de 2000 años, antes de que naciera Jesucristo, ya buscó la manera de medir las cosas. Y midió la Tierra y la distancia de la Tierra al sol y a la luna. Midió como pudo la extensión de los ríos, etcétera. Con esas mediciones y una medida que en cada civilización fue distinta, levantó pirámides y templos. El ser humano, por boca de un filósofo antiguo, dijo que el hombre es la medida de todas las cosas. Y es así. El hombre sabe medir las cosas, así que el hombre es el que inventó la medida. Y nos enfrentamos a la idea de si el universo es mensurable. Si se está expandiendo todo el rato, no debe ser mensurable y no tiene medida alguna. Si es finito y acabado, el universo, algún día, será medido. Mientras, una barra de platino guardada en no sé qué museo de Francia, marca la medida más usada hoy en día: el metro.

 Los sentidos del ser humano son muy difíciles de explicar por la ciencia. El sonido, la vista, el tacto, el olor, el sabor de la cosas... ¿de dónde vienen? Los órganos que tenemos parece que crean todo eso. La piedra es dura porque tenemos tacto. El sabor salado no se debe a la sal sino a unas fibras nerviosas que tenemos en la lengua que captan esa salinidad de los alimentos. Captamos el movimiento no por el movimiento en sí, sino porque los ojos focalizan ese movimiento de las cosas y lo transmiten al cerebro. O sea, que hay una afinidad entre las cosas que hay en el mundo y nuestros sentidos. Nos podríamos preguntar: ¿qué es ver y oír y tocar? Pues no lo sabemos muy bien. Sabemos que es el cerebro el que traduce las cosas que percibe, por ejemplo, el oído, pero no sabemos muy bien por qué está este sistema de esa manera. Los filósofos se preguntaron por esta cuestión pero nadie todavía la ha aclarado ni la aclarará jamás pues los sentidos forman parte del misterio de la creación del ser humano.

Había un niño que, cuando le explicaron, muy someramente, cómo funcionaba el ojo humano, se obsesionó con él y quiso saber más y más sobre el mismo. Y así, estudió todos los órganos y mecanismos que producían la visión en el ser humano. Dibujó él mismo la retina, la córnea, el cristalino, la pupila, el nervio óptico. Llegó, claro, a ser oftalmólogo y siguió estudiando y estudiando. Y soñó con que un ojo humano pudiera ser trasplantado. Se aficionó a la fotografía, que imita al ojo humano. Dio muchas vueltas a la inversión de la imagen que hace el ojo cuando llega al cerebro, como si fuera un espejo. Dibujó tanto el ojo humano, que sus dibujos fueron estudiados tiempo después. Estudió los defectos de los ojos de los ciegos. Fue el Ramón y Cajal del ojo humano. Pero todavía la ciencia no estaba tan desarrollada como para llegar al trasplante. Un ternero nació ciego una vez y este hombre lo intentó pero no salió bien. Se murió con la idea de que algún ciego pudiera ver.


 Ahora, por la mañana, hay muchas películas en la televisión del salvaje oeste. No me pongo a ver alguna porque me aburren. Luego, están las tertulias políticas, que hablan de lo que ya sabemos y lo repiten hasta la saciedad. Otras cosas que hay en la tele ahora son de gente que vive a 30 bajo cero y tiene que hacerse una cabaña o matar un oso. No hay nada cultural o literario en la tele. Podrían comentar algún libro actual, podrían algunos expertos comentar cosas de cultura, podrían hablar de algún escritor de nuestros días, podrían exponer problemas de nuestra sociedad para que los entendiéramos. Pero no hacen nada de eso. Y sí hay papagayos de un partido o de otro porque vivimos en una partidocracia, no en una democracia. 

lunes, 5 de octubre de 2026

 Me he adaptado a ver películas españolas en un canal de televisión de cuyo nombre no recuerdo ni quiero recordar. Una película de esas iba de un cura y un obispo que van haciendo cosas disparatas. Otra que vi, que me gustó más, era de un farsante que hablaba de que los extraterrestres iban a contactar con el ser humano. Y engaña a un chaval que también está obsesionado con ese tema de los platillos volantes. Se llamaba la peli, precisamente, "Platillos volantes" y está interpretada por ese que hacía de Pepe Gotera en una serie que caló hondo en el público hace tiempo. Me gustó verla. Al final, el chaval ve la farsa de ese tipo y deja de creer en esas cosas y se casa y se compra un piso con una carnicera en San Martín de Besós o algún barrio de Barcelona.

 Ayer pensé que la tecnología avanzara de tal modo que fuera posible un trasplante de ojos, de los dos ojos. Un trasplante total de ojos. El nervio óptico debe de ser muy difícil de tratar. Todo el sistema de la vista es muy complejo. Pero yo me imaginé un futuro en el que el que naciera ciego, pudiera ver gracias a una donación de los dos ojos por completo. Y digo que yo no entiendo mucho de cómo funciona la vista, cómo funciona el ojo humano. Muy poca gente en el mundo, creo, sabe cómo funciona el ojo humano. A lo mejor solo el 4 por ciento de la población mundial sabe cómo funciona el ojo humano. Pero yo pensé ayer que un ciego pudiera ver con un trasplante de ojos, de los dos ojos. O quizás solo con el trasplante de un ojo.

 Estoy harto de poner en este blog: la vida tal, la vida cual. No se me ocurre mejor cosa que escribir. Pero hablaré de literatura un poco. Yo me leí la obra de Benjamin Black en la que una chica es encontrada en el mar con un signo en el cuello de ahogamiento. El culpable es su propio marido, pero en la novela no se le arresta ni se le juzga ni nada. Lo que más me gustó de esta novela son los diálogos. Unos diálogos preciosos en los que, mientras hablan los personajes, se dan detalles de los olores de una taberna, de la calle barrida por la lluvia, del salitre del mar, del olor de un licor en una habitación, etc. Parece que lo estás viviendo con esa llamada a los sentidos que parece que nunca se acaba. También leí otra novela de este autor que iba de uno que sale de la cárcel pero no me gustó tanto como la de la ahogada en el mar.

 Fumados dos cigarrillos, me alegro de que el "caso Nino" haya salido bien. Ayer me costó dormir por unas injerencias absurdas de familiares que no saben que el rancho suyo está lleno de cosas por arreglar. Cuatro euros de frambuesas. A los niños no hay que frustrarlos, pueden sufrir un trauma si no se cumplen sus deseos. El deseo continuo de hacer su voluntad. Hay que ver qué educación la de ahora. Todo lo que se hace es para aplacar el deseo más tonto de los niños, los reyes de la casa. Si seguimos así, los niños de ahora querrán la luna de mayores y se frustrarán a los 30 años por no poderla obtener. La vida, sin embargo, es muy dura y pone a cada uno en su sitio. Los niños de ahora tienen entretenimiento ilimitado las veinte cuatro horas del día. Cuando dejen de ser niños, ¿qué serán?

domingo, 4 de octubre de 2026

 A mí me encantaría que mi hermano Paco no sufriera otro brote psicótico. Daría un montón de dinero para que ello no sucediera. A ver si Paco no se ve afectado por un duelo, por el estrés o por cualquier otro accidente de la vida que le provocara ese brote. Voy a comprar el diario, voy a pasear por la gran vía, voy a ver este domingo cómo ha surgido de la noche, voy a conocer la vida que hay alrededor de mí. A lo mejor soy yo el que tiene que aceptar la enfermedad de mi hermano y ayudarle todo lo que pueda. A lo mejor lo inevitable se solucione con poner de mi parte para que todo sea más leve.

 Sería bonito coger un taxi e ir al Alto del León a comer cabrito. Sería como cumplir un deseo inalienable. Este verano ha sido accidentado, veleidoso, sorprendente. No me ha dado tiempo de asimilarlo, de darme cuenta hasta qué punto un carrusel nos ha llevado a Paco y a mí a los límites de la cordura. La mañana surte de claridad al día, claridad que durará hasta que el amigo sol se ponga. Es de notar cómo la luz del sol lo anima todo, hasta el gusanillo ese que repta sobre la brizna de hierba. No sé qué más contar en este blog, no se me ocurre nada más. Ojalá tú que lees esto tengas buen día y lo abones con la alegría que salga de ti mismo y de nadie más.

sábado, 3 de octubre de 2026

 ¿ Y qué tal si te comes unas galletitas de mantequilla que compró tu hermano ayer y le dices a tu hermano que puedes ir con él a algún sitio donde haya eso que llaman naturaleza, en lo más intrincado del bosque y allí os quedáis mirando las hojas de los árboles, el río que pasa, los pajaritos que cantan? Y eso, ¿dónde está? Hay que buscarlo. Y huir de los problemas del día a día por un rato. Propongo el Alto del León. O el bosque que hay al lado de la estación de Cotos. O los caminos que van a Rascafría. O un pueblo de al lado de Somosierra. Dispuestos a andar, claro está. A buscar el camino interior cada uno de los andariegos. A cansarse del aire dulce que produce el alejamiento de la ciudad. La dulce vida viene cuando andamos.

Esto de salir a la calle y todo abarrotado. Esto de gemir por dentro cuándo cambiará la escena. Hay días que no me levantaría de la cama por no ver lo ya visto, por no ver gente que anda, por no ver oscuridades de la ciudad que con tanto ahínco las fabrica. Y lo ya visto te mata por dentro. Pero cuidado: debemos también comprender que en lo que aparece todos los días enfrente de nosotros hay algo especial que nos une a la tierra y a las gentes. Creo que salir a escena un lunes por la mañana no es tan malo. Se comparte la mañana con otros que también saben de lo cotidiano. Y lo cotidiano, a veces, suelta un perfume como de saberse único como el aire que se hace en el vendaval.

 Si lo pensamos bien, la vida es un montón de líos que hay que deshacer de la mejor manera para que esos líos no nos interrumpan la contemplación de la misma vida, que suele ser bonita a veces. ¿Cuándo vas a coger el coche y te vas a ir a la naturaleza, como se dice ahora, y vas a disfrutar de un bosque con lago incluido? Cuando resuelvas los lazos que te atan a otra gente, cuando resuelvas el sudoku de vivir rodeado de cuerpos exigentes, de cuerpos que te alinean en el comedor y en tu habitación, coge el coche y lárgate una tarde y estate debajo de los pinos hasta que te mueras de gusto. O hasta que te aburras de contemplar con larga vista un río, un árbol pleno, un camino de cabras, una lucecita en el puerto, un pájaro que andaba por allí.

 La ser y el país se dan cuenta ahora de lo importante que es la vivienda. La propaganda de el psoe, también. Todo es vivienda. Viva la vivienda. Una vivienda para mi menda. Pero bueno. Yo no estoy muy centrado hoy para escribir. Me he levantado muy tarde, he hecho una tortilla de patatas y eso era lo importante de hoy. Ya tenemos para comer. La vida se conjuga como un verbo, como el verbo aguantar, quizás. Yo aguanto, tú aguantas, etcétera, etcétera. Vi una película ayer de esas del destape, se le veían las tetas a un personaje femenino. A lo mejor hay que decir personaja, no sé yo. Resulta que ahora sz apela a la conciencia del pp, después de descalificarlos durante toda su vida política. Hay que ver, qué cosas pasan.

viernes, 2 de octubre de 2026

 La historia con mayúsculas no tiene vuelta atrás. Y nuestra historia personal, tampoco. Lo que hayamos hecho mal, ahí queda, como un pegote que se queda en nuestro costado para siempre. Y vamos bien si ese error cometido no nos lleva a la puta calle a pedir. Si no triunfó el comunismo en su momento de expresión filosófica y práctica, no creo que triunfe ya de ninguna manera. Si anduvimos en la vida llenos de gastos que no controlamos, hoy nos vemos sin un duro. Me tengo que duchar esta tarde. El día está nublado y gris. Las cosas, simplemente, pasan sin que nos demos cuenta. Pero siempre parece que hay una responsabilidad que nos pica en la cabeza.

 Ayer vi una película que iba de mineros asturianos. Son tres hermanos que triunfan con el carbón los días de la I Guerra Mundial. Y luego caen en la ambición de hacerse mucho más ricos y fracasan. Uno de ellos muere, interpretado por Arturo Fernández. Es curioso ver en la película cómo, alrededor del carbón, hay todas unas gentes que compran, venden, especulan, compiten y algunos, fracasan por culpa de un empeño loco de encontrar carbón donde no lo hay. La vida es así: ponemos el empeño en cosas materiales, como el dinero, pongamos, y no nos centramos en las personas que nos rodean. Las personas que nos rodean tienen ese halo infinito de lo válido, pero no lo vemos y vamos en pos de cosas vanas que nos arruinan la vida.

 Hoy tengo que hacer carne guisada en trozos de una pieza de la llamada aguja de la ternera. Troceada. Se echa zanahoria, patata, tomate, cebolla y ajo, una cabeza. Primero va el ajo, que se sofríe. Luego, la cebolla. Después, la patata y la zanahoria. Cuando la cebolla esté transparente, se echa un poco de vino blanco y la carne y que cueza. Así, más o menos una hora. Espero que me salga bien, la carne jugosa y no dura. La vida trae consigo algunas alegrías que debemos aprovechar. La vida, a veces, es como una camisa que te sienta bien, que da prestancia. Hay que prepararse para un futuro que no sabemos cómo va a ser porque nada sabemos de esas horas que están delante de nosotros. Nuestro reloj adelanta o atrasa, nunca da la hora exacta.

 El formato de estos blogs que escribo es muy simple: ocurrencias que duran 15 líneas. Unas resultan ingeniosas y otras, salen un bodrio. Ayer estuve a Madrid a por un libro. Pero la librera se equivocó y me encargó un libro que yo no había pedido. Lo aclaré con otra librera más solvente. Parece que se va a solucionar. La semana que viene tengo que ir otra vez a por el libro correcto. Una vez en Madrid, me tomé una cerveza en pleno Moncloa. Los coches vibraban de prisa y emoción. Los días pasan como el agua por su cauce, repetitivamente. Los ríos, desde lo remoto de la meseta, se hacen mar al cabo de un tiempo, un tiempo en que dejan de ser importantes para pasar a ser una masa indolente y medio templada, se hacen viejas las aguas y dejan de saber dulce para volverse salinas y anónimas. Un viejo es anónimo pero no salino. Es desechado pero no deja de ser importante si conserva la calma de ser mayor.

jueves, 1 de octubre de 2026

 Hace una semana, escribí dos blogs muy bonitos, muy literarios, sobre la naturaleza humana. Pero luego, los blogs que me salieron después dejaron mucho que desear porque no estaba yo inspirado. Yo habría dado una importante suma de dinero por haber ido este verano a la playa. Pero este verano ha sido muy enrevesado, muy raro de vivir y yo no fui a la playa. Dicen que el dinero lo puede todo pero yo tenía dinero y no fui a la playa, así que el dinero no lo puede todo. No quería yo estar en la playa 7 días sino solo tres o cuatro. Podría haber ido a viajes El Corte Inglés y me lo hubieran apañado lo mejor posible, sin madrugones, con todas las comodidades en el viaje, pero no fui a esa agencia de viajes. Viajé con los libros pero no es lo mismo. Viajé en mi mente a Alicante pero solo lo hice con mi mente, no con mi cuerpo.

 Si te metes en política, luego no sabes salir. Y defiendes tu ideología sin darte cuenta. Y el que tienes delante no es de tu opinión. Y ya estamos con los rojos y los fachas. A lo que se debe tender es a una entente cordiale: o sea, tener algo de paciencia con el que piensa distinto. Y dejar que hable y defienda sus tesis. E intentar rebatirle con argumentos buenos, no con defensas viscerales de nuestra postura. Ya los argumentos de Marx y de los fascismos están pasados de moda. Vivimos en una democracia. Los beneficiarios de esa democracia, ya antigua, deberían saber exponer sus ideas y dejar que el otro exponga las suyas. Cuando algo está mal, que todo el mundo lo sepa ver. Y las cosas buenas que hicieron unos también saberlas aceptar aunque no sean de nuestra ideología. ¿España va bien? De vez en vez España va bien. De eso deberíamos alegrarnos y no sacar tachas todo el rato.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

 Hoy acompaño a Paco a unas pruebas en el hospital. Después de esas pruebas, mañana va con el anestesista. Pero antes de operarse ha de estar con dieta y con los polvos esos asquerosos. Yo ya lo he probado. Los días se van acercando para que algo suceda. De pronto se hace tarde y de tarde no se hace pronto. Anda viento que se ve por la ventana cerrada. Los álamos son ruidosos. Toda esa masa de hojas caerá al suelo en los días venideros. Me siento un poco vulnerable ante las cosas que hay enfrente de mí. Todo se cierne como un grajo se cierne en el suelo esperando ¿qué? La vida tiene sorpresas bajo su manga como un mago testarudo que siempre hace desaparecer la misma carta.

martes, 29 de septiembre de 2026

 La trampa que supone mi pensión la veo ahora: la gente está trabajando y yo no. Por la tarde tampoco veo caras amigas. Está bien eso de cobrar sin trabajar pero también está mal. A lo mejor la gente soporta bien la soledad en sus vidas. No quieren más que a su perrito y nada más. Es eso de estar solo mejor que mal acompañado pero, como dice la canción, toda su fortuna daría por charlar con alguien. Yo tengo de compañía a Paco, este blog y mis cigarrillos y la prensa escrita y mis libros. Pero me gusta hablar con la gente, me gusta el contacto humano. Mi hermano no sufre por no tener contacto humano, es de otra madera que yo. Por otro lado, ha empezado a hacer fresco por las mañanas. Voy a la calle.

 Ni me planteo ponerme a escribir ningún relato, aunque quizás me viniera bien intentarlo. Para contar mis demonios y fantasmas. La soledad es uno de esos demonios o fantasmas. Me he quedado solo. No tengo amigos. Los que tenía ya no me valen. Tengo que aprender a estar vagabundeando por la ciudad. Salgo por las mañanas a la calle y no veo a nadie con quién charlar. Sin embargo, ayer hablé con Rafa, un vecino que está algunas tardes por Taberneros. Hoy voy a comprar los euro millones pero si tuviera algún amigo nuevo, lo preferiría a los millones. Solo le pido a Dios eso: tener a alguien con el que echar una parrafada.

lunes, 28 de septiembre de 2026

 Llevo unos días que no tengo ganas de escribir. Para escribir sobre lo mismo, sobre el paso del tiempo, ya está el paso de tiempo haciendo de las suyas para que yo, encima, lo subraye tontamente. No tengo ganas de decir que se quedarán los pájaros cantando. No soy yo nadie para explicar que nos hacemos viejos. Ayer me sentí bastante viejo y cansado. Los domingos se ciernen como avechuchos imbéciles hasta mi alma y la perjudican. Estoy un tanto deprimido, cosas de mi enfermedad. A ver si remonto este estado de tristeza y viene otro de estar más acorde con la vida que llevo.

domingo, 27 de septiembre de 2026

 El sol ha salido. Tiene esa costumbre; diaria, además. El sol no se cansa. Los peces del mar sondean la superficie a ver qué ven. Los humanos sondean la mañana a ver qué hay. Lo más seguro para los humanos es que haya más de lo mismo. No hay dolor más grande que paladear la rutina. Sabe como goma de chicle sin sabor alguno, solo mascar y mascar. Las campanas de la iglesia suenan, llaman a los que portan la fe en su almas. Los ancianos se mueren del susto de vivir y los niños van sabiendo poco a poco la verdad. Pasamos un poco todos, nos va puliendo el tiempo con su lima acerada. El limbo del sobrevivir es para todos, es para cada hijo de vecino.

sábado, 26 de septiembre de 2026

La guerra civil española, la guerra de los fusilamientos. Si eras rojo, fusilado. Si eras fascista, fusilado. El nivel de crueldad en uno y otro bando, se exacerbó. Mejor olvidar todo aquello. Y los años de represión franquista, también olvidarlos. En ningún libro de Historia me enseñaron estos dos episodios de barbarie, de odio. Ningún profesor quiso explicar estos periodos de doloroso recuerdo. Los falangistas, el frente popular, los anarquistas... Todo eran excusas para sembrar el caos por donde fuera. Y así pasó. El caos llegó. Toda la guerra civil y los primeros años de la dictadura fueron un caos de hambre, de ajustar cuentas, de odio visceral.


Hay que perdonar, ya. Pero no es cuestión de perdonar sino si esa persona merece la pena. Si merece la pena que esa persona te esté dando miguitas de amistad muy calculadas. Que si vamos a tomar un café juntos. Que si voy 20 minutos retrasada. Que si estás un poco borde. La línea que separa la indiferencia de alargar el encuentro y luego, ese encuentro, es efímero y triste y rápido. Se le ha subido el cargo a la cabeza y ya solo sabe de su trabajo y de su paseo con su perrita y de sus siestas. Creo que no merece la pena juntarme con ella pues la primera pega es si me cogerá el teléfono. Ya la he bloqueado. No quiero saber más de ella. Mejor solo que mal acompañado.

jueves, 24 de septiembre de 2026

 Para mí es muy importante la amistad pero no todo amigo vale. El amigo verdadero es el que solo desea de ti estar a su lado para charlar o lo que sea, pero no para satisfacer sus intereses. Y hay muchos que se arriman para que les des o para que les lleves el culo a la estación. Y eso no es un verdadero amigo. Como este último, que empezó a hablar de una antigua amiga que jugaba a la ruleta y que le había dado a esa amiga 300 euros. Ya se veía venir el mal rollo. Así que decidimos mi hermano y yo pasar de él porque empezaba ese "amigo" a hablar de dinero y de asuntos incomprensibles. Mi mejor amigo hoy en día que tengo es Paco, mi hermano. Con él hace mucho tiempo que no discuto. Vamos en la misma barca y entre nosotros surgen a veces conversaciones inteligentes. Mi amigo ideal quizás ahora esté cruzando un paso de cebra en Móstoles.

 Voy a ser el enemigo disparando pan de higo, ojo no te vaya a dar. Estas rimas ochenteras tenían su gracia, no te las esperabas. En "Luces de Bohemia", de Valle Inclán, un personaje femenino llama pan de higo a su órgano sexual. Pan de higo yo no lo he visto en mi vida. Debe de ser algo bastante antiguo. Rosendo escribe unas letras de canciones muy originales. Me gusta ese verso que dice: en el buen sentido vamos mal. Y es que, a menudo, en el sentido bueno, en el sentido requerido, no vamos bien. Todavía está por ver el ser humano que esté satisfecho, que no tenga nada de qué quejarse. El ser humano es un ser imperfecto a todas luces. Le falta algo pero yo no sé qué es. El ser humano no es humano si se levanta contento de su condición cada mañana. Los seres humanos, si tuviéramos a Dios por guía cierta y no discutida, viviríamos mejor.

 Entre los platos que sé preparar están los tallarines a la putanesca. Llevan anchoas y aceitunas negras, entre otros ingredientes. Los días pasan sin mucho afán, como la mujer que viene de trabajar. Los días pasan abiertos en cuanto a lo poco que hay que hacer, lo poco que nos divertimos, lo poco que nos gusta nuestro barrio. Abiertos porque no los abarcamos del todo, no llegamos a disfrutarlos, se nos van los días sin que un abrazo los abarque. Los días se vuelven ásperos, incomprensibles y, de repente, se acaba el mes. Y, sin piedad, empieza otro mes.

Esto de no tener amigos con los que quedar ya es propio de una edad en la que no se toleran, precisamente, amigos que den problemas o enturbien la tranquilidad. Un amigo verdadero lo único que persigue es estar con otro amigo, nada más. No debe haber intereses más allá de la pura compañía. Pero últimamente los amigos que teníamos Paco y yo eran bastante rácanos en su amistad. Ahora no hay más que pasar un rato en la calle y puedo hablar con algunos conocidos. Los amigos de verdad ya no existen para mí. Uno me abandonó. Yo he abandonado a otros. Veo difícil que surja una amistad a mi edad. Pero tampoco hay que pensar que soy un asocial.


miércoles, 23 de septiembre de 2026

 Las alas de un dragón endemoniado surgen en mi mente agitándose puras sobre la faz de la tierra. Y el dragón, trasunto de un dios amargado y triste, eleva su vuelo a un cielo cada vez más alto y sucio de contaminación de los coches. A este dragón no le gustan los coches ni los que van en ellos, así que lanza sus llamas contra los audis y los bmws y los mercedes, achicharrándolos inmisericordemente. Y así, el dragón se venga por haber sido arrojado a la gran ciudad mientras vivía plácidamente en el campo, en la llanura de Montiel, concretamente. Y el dragón no quiere ver coches, no quiere ver el inmenso aparcamiento que es Madrid. Por eso sus llamas se dirigen contra los vehículos que se han convertido en el gran impedimento para vivir.

 No sé qué comida hacer para el jueves. El jueves pasado hice judiones. No sé si comprar carne troceada para hacer un guiso. Ayer leí la historia de una hija de soltera. Muy triste. Los días acaban antes ahora. Estoy como a la expectativa. Estoy pendiente de sucesos que deseo que acaben pronto y bien. Como la operación de Paco. Las nubes se engendran tontamente en el cielo y ahí se quedan, sin hacer su función, como un sujeto que no está bien en la oración. Los amigos no se sabe bien dónde están, habrá que conformarse con saludar a aquellos que un día me saludaron a mí. Habrá que conformarse con aquellos que pasean por la gran vía como hago yo por las mañanas, sin darle muchas vueltas, sin hablar de mi libro, sin quedar a tomar un cafelito.

martes, 22 de septiembre de 2026

 Hace mucho que no escribo un relato. Ya con una novela larga no me atrevo porque me llevaría mucho tiempo y mucho pensamiento solo para escribirla. El último relato que he escrito no va muy allá, es de andar por casa, ha sido mero entretenimiento para mi persona. Pero puede ser válido en el sentido de que lo que se escribe ahora son rollos macabeos al cuadrado. Lo he comprobado comprándome libros. Mis relatos, creo que ninguno, acaba con un muerto. Eso es muy fácil, muerto el perro, se acabó la rabia. Todos estos dramones que hay en la novela y el cine actual podría excusarse. Luego, las películas de diversión españolas son tan superfluas y malas, que ni Dios quiere ver cine español: o dramones o situaciones absurdas que no dan risa. Vaya panorama creativo. Ni cine, ni novela, ni comedia aguanta un cuarto de hora de visión o lectura.

 Los malos novelistas, como no saben cómo acabar su novela, rematan el final con una muerte como si esa muerte explicara toda la novela. A mí me fastidian esos finales porque en la vida real, la muerte no acaba con nada, todo sigue después. Olvidado el finado, la gente sigue con un poco o un mucho de pena, pero sigue. En la novela, el muerto parece el culmen de algo, culmen que es falso, culmen que no es culmen de nada más que de la idea torpe que tiene el novelista o el dramaturgo para acabar su obra. La muerte es tan habitual en la existencia como lo es una boda o un cumpleaños. ¿Por qué no acaban las novelas con un cumpleaños?  O con la compra de un coche, por ejemplo. O con una fiesta. La lectura se haría mucho más agradable.

Por las mañanas me levanto con la boca pastosa y mucha sed. Sed que mitigo con mucha agua. He leído algo sobre Lorca, que vino a Madrid a triunfar de autor dramático. Parece que le gustó Madrid. Tenía muchos amigos, entre ellos, Marquina. A mí, los dramas rurales de Lorca no me gustan mucho. "La casa de Bernarda Alba" la veo una exageración inviable. Lorca escribió mucho sobre la muerte. Era una pulsación negativa en él. En el "Romancero gitano" me parece que el personaje más importante precisamente es la muerte. Y a la gente no le gusta leer sobre la muerte. "La luna me está mirando y yo no la puedo mirar", o algo así, dice un verso de ese romancero. Y es que la que habla está muerta. Lorca era un poco siniestro en ese sentido. No me gustan ni los poemas ni las novelas que hablan mucho de la muerte o que hablen los muertos. Es incompresible.

 Hace mucho que no voy a Las Rozas. Cuando voy, según ando voy pensando y meditando. Me quiero quitar de una pastilla que tomo por la noche pero veo que si no la tomo, no duermo. Me he enganchado a esa pastilla. Está prescrita, pero me la quiero quitar. Es una benzodiacepina. Si lograra dormir sin ella, tanto mejor. Por otro lado, ya ha empezado a reunirse la gente esa que se droga en plaza Pizarro. No se meten con los viandantes pero causan una impresión pésima. Ojalá hubiera para ellos un solución laboral. Me parece que leí hace mucho tiempo que en Inglaterra estas personas fabrican bolígrafos. En Majadahonda se podría probar a insertar a estos drogadictos mediante el trabajo. No veo yo que ninguno de ellos salga de ese grupo. Si lo hiciera al menos uno o dos...

lunes, 21 de septiembre de 2026

 ¿Tú fumas? No, solo soy fumadora social. Se supone que solo fumaba cuando estaba con gente, no solitariamente, como hago yo porque no tengo amigos con los que fumar socialmente. Bueno. Yo no tengo ya lo que se dice amigos ni para fumar socialmente ni para hablar socialmente, si me apuras. Solo mantengo unos conocimientos humanos de baja intensidad, como se dice ahora muy estilísticamente. Me da la sensación que ahora el lenguaje lo tapa todo y, si no tienes amigos, dices algo así como que aceptas tu soledad sin reservas sociales implicadas o algo así. Y lo que pasa es que está más solo que la una porque eres un cansino, una persona que aburre a las ovejas.

Ya están sonando ruidos por todas partes. En mi pueblo, seguro que no, que no se oyen ruidos de ninguna clase. Tengo un amigo segoviano aquí, en Majadahonda, que ya ha pasado por mi pueblo dos veces y no ha visto allí a nadie por la calle. Mi pueblo es un pueblo fantasma porque sus habitantes no salen de casa. Solo salen los viernes a comprar fruta y verdura a un tendero que viene de otro pueblo. Y salen también al autobús cajero que aparca en la plaza para sacar dinero. Mi pueblo ha sido motivo de alegría pero también de consternación para mí. Últimamente, a mi hermano y a mí nos marginaban, nadie quería hablar con nosotros y nos dejaban solo disfrutar de los "encantos" de la Elvirita. Me parece que la Elvirita vive ahora en Segovia. No sé con quién nos tocaría charlar ahora en el pueblo. Mi pueblo tiene sus leyes no escritas, sus convenciones y sus trágalas. Yo ya no pego con las costumbres de mi pueblo.

 La psicóloga dijo: si estamos hablando de 100 mil euros, lo siento Ismaelito, pero... Y luego dijo: ¿de cuánto estamos hablando? Yo no contesté pero vi que esa señora era poco de fiar. Era una charlatana, era una que no miraba más que al dinero. Era una persona indeseable. Pero estuve demasiado tiempo contándole mi vida. Y mi vida no la soluciona ningún psicólogo. Y menos, psicólogas de estas. No creo en la psicología. No creo que nadie, por el hecho de contar su vida, alguien se la arregle. Yo ya no tenía nada que contar, ya había contado todo. Y no estaba ni mejor ni peor que cuando fui a la consulta de ese gabinete de psicología tan absurdo.

 Ahora resulta que mi hermano es alérgico a la leche. Otra pega más. Bueno, él ya ha trazado que se volverá vegetariano porque dice que hasta en la carne usan suero de leche para mantenerla blanda. Ha estado mirando todo el fin de semana asuntos relacionados con los alimentos y demás. Le digo que vaya al médico a que se lo confirmen con un test de alergias y dice que sí va a ir. Hoy como pasta de esa ya hecha, solo cocerla. Ya ha acabado esta fiesta y ni he ido a ningún concierto. He estado por las noches dando paseos con Paco y fumando al lado de una fuente que hay camino del Plantío. La vida parece que no da mucho más que la compañía de Paco. Y a eso me atengo.

domingo, 20 de septiembre de 2026

Estas dos amigas que voy a describir no saben ni practican la amistad. Están un cuarto de hora con cada uno que conocen y ya está. Luego, desaparecen hasta dentro de un mes. Tienen un perrito cada una y es a esos perritos a los que dedican su amor. De su tiempo, te dedican unos minutos, minutos en los que preguntan de todo. Hay veces, que si te juntas con ellas sales deprimido, de tantos problemas que cuentan. Estas dos amigas salen a la calle y pasean y, si te ven, te cuentan un cuento, pero un cuento aburrido y triste. Hace mucho que no las veo. Mejor para mi salud mental.

 El hombre miró al pájaro y el pájaro le miró a él. El mundo, según el pájaro, estaba cambiando. Los campos estaban muy resecos, no llovía en meses, el Danubio se secaba. ¡El Danubio! Y todo hacía pensar que la ciudad se llenase de pájaros que antes vivían en el campo. En el libro se decía muy claramente: el día en que los pájaros lleguen a la gran urbe, todo se revolverá y aparecerá la señal del apocalipsis que consiste en eso: en un águila que se posará en una azotea de un bloque de 10 pisos en Alcobendas. Y sucedió. Y la gente miraba al águila y al cielo. Y la vida en la Tierra acabó a los 30 días.

Ya no te duele tanto el corazón, le dijo uno al otro. Y el otro contestó: no. Eso es que ya eres viejo. Pero aún quedaban muchas madrugadas que vivir y mucho aire que respirar y alguna playa que pisar con los pies desnudos. Aún quedaban conversaciones entrañables con los hijos, los hermanos, los padres. Había ganado años, años en que el sol había ido apareciendo todos los días como un seguro de que la vida no se transmutaba en catástrofe. La geografía por la que deambulaba no cambiaba, era todo un recorrido breve y conocido pero en cada día de esos que había vivido para volverse viejo, había existido un sentido, un cariño al que acudir. Ya todos hablaban con todos.


 Hoy por la mañana, en Móstoles o en Tres Cantos o en Fuenlabrada una persona se ha levantado de la cama, se ha lavado la cara, ha desayunado una magdalena con un café, se ha vestido y se ha puesto a pensar en el más allá. A lo mejor esa persona se ha echado un cigarrillo, cigarrillo que ha hecho que pensara un poco más en el más allá. El más allá, sin embargo, no ha contestado a sus pensamientos, no ha dado señal de que exista. Al más allá hay que imaginárselo, hay que creérselo sin verlo ni oírlo. La persona de la que estamos hablando piensa demasiado, se pierde en futuribles, busca una respuesta válida a esta mañana de domingo, pero no la encuentra. Y el más allá sigue allí, en una región recóndita y escondida de su cerebro. No todo el mundo, por las mañanas, piensa tan dolorosamente en algo que no hay en la vida común, en la vida después de la muerte, en las quimeras del alma.

sábado, 19 de septiembre de 2026

 Suenan las cornejas su carraca, las hojas verdes se agitan con la brisa de la mañana. Estamos en fiestas en Majadahonda. Ayer vi pasar a un menda con el cubata en la mano. Era la una de la madrugada. Ayer no me dormí hasta las 3. Pienso demasiado en el dinero. El dinero que tengo, lo que podría hacer con él. Podría viajar, podría darlo a algunas personas que estén necesitadas, podría gastármelo en ropas caras. Por ejemplo, en una americana de lino. Mi hermano, me consta, no piensa tanto en el dinero. Me gustaría ir a una agencia de viajes y decir: quiero ir a un playa con todas las comodidades. Iría en avión. Pero para eso hay que ir al aeropuerto y para mí,  eso no es una comodidad. Claro que un jet me costaría todo el dinero que tengo en el banco. Pienso también en los euro millones. Ojalá me tocara un millón de euros. Todo sería distinto.

 Mi padre tiene ya 96 años. A mi padre se le ha roto el fémur por la vejez de sus huesos. Cuando voy a verle, es él el que me da ánimos porque tiene ante la vida un optimismo contagioso. Desea volver a andar así que hace "mucha gimnasia". La pena es que se le han ido las ganas de comer porque anda con una diarrea fuerte. Este domingo le iremos a ver Paco y yo. Los domingos en la residencia son muy aburridos porque hay pocos usuarios, se los llevan a casa a comer la paella. Tiene un par de semanas más para volver a andar y no estar "como un muñeco" sentado en una silla de ruedas. Mi padre se ha esforzado toda su vida y sigue esforzándose en la actualidad.

 Si hablara de cuando fui profesor o de mi pueblo o de la poca geografía que conozco o de un paseo por Madrid o de la luna que luce con luz prestada no estaría siendo original. Pero he leído muchas veces que nadie es original. Que todo se repite hasta la saciedad. Las novelas más modernas tienen deuda con las ya escritas hace mil años. Para ser original, muchos se dejaban una barba de chivo o discutían en las tabernas sobre la belleza de una mujer. O proclamaban manifiestos de corrientes literarias que querían ser rompedoras. El único manifiesto que rompió con todo fue "El manifiesto comunista". Y ese sí que fue original. Sobre todo porque aplicaba a la filosofía una praxis, praxis que no se cumplió. A lo mejor, si hurgamos en la historia anterior al comunismo podríamos ver que ya hubo algo de esas ideas en la antigüedad. Hubo, en la antigüedad, una idea social, un deseo de igualitarismo, un propósito de que la riqueza se repartiera. En fin. No hay nada nuevo bajo el sol.

 Estas cosas que escribo no las pienso, no sé muy bien de qué voy a escribir cuando me levanto por las mañanas. Los temas surgen y ya está. Algunas veces, son quejas por el tratamiento que he tenido por determinadas personas, a las que ni siquiera cito. Se dice el pecado pero no el pecador. Me imagino lo que pasará en Aluche. En Aluche habrá un niño o una niña que nada más despertarse y desayunar, se lea algún libro de los que se compra con la paga de sus padres. Y poco a poco armará una pequeña biblioteca personal. Y poco a poco se inclinará a escribir en un cuaderno algunas descripciones de personas que él o ella conoce. O quizás ya haya creado una trama en la que no hay, creo yo, ningún asesino. Quizás sí haya un fantasma o un aventurero de las selvas amazónicas. Quizás, estos aprendices de escritores sueñen con viajar, con coger un avión e irse a París o Nueva York, donde pasan todas las cosas. Sí, es así. Lo que ocurría en París ahora pasa en Nueva York.

viernes, 18 de septiembre de 2026

 Corre fresco en la mañana. Los días se apaciguan con el sol ya no tan tirano. Ayer vi al sudamericano Pepe venir de Domino´s Pizza después de trabajar. Va con su camiseta azul y el distintivo en el pecho. A mí me dijo un día que yo le pregunté cuándo se iba a su tierra: "cuando tenga el cheque en el bolsillo". El cheque del que habla este hombre será cuestión de unos ahorros que vaya haciendo, algunas remesas de dinero que mande allá (como ellos dicen) y pueda vivir allí, en su país, de modo más fácil. Al cambio de moneda, hay algunos sudamericanos que se hacen millonarios. Los pesos, los bolívares, la plata, en resumidas cuentas, cuentan para pasar la madurez de la vida en sus países de origen. Yo conocí a un señor sudamericano que se dedicaba a pintar con máquinas en obras. Montó una ferretería en la ciudad de donde venía y se marchó de España. Pepe está tardando.

 Mi novelita o relato corto "La vuelta al mundo en ningún día" es una narración muy interesante. Mucho más interesante que mucho de lo que se publica hoy en día. Escribí hace ya mucho tiempo "La seducción del diablo" y me consta que se vendió mucho. Pero no gané ni un duro con esa novela. La compró mi sobrino. Yo no la compré pues tenía el manuscrito en casa. En la portada sale una monja. Luego publiqué "El profesor enfermo" hace ya unos años. Me costó su dinero publicarla. Regalé ejemplares. El siguiente paso sería ganar algo de dinero con mis novelas si fueran publicables y compatibles con mi pensión. Pero me da mucha pereza aunque quizás haga el esfuerzo de ir a una editorial y entregar algún relato de los míos. A ver cómo es la experiencia. Que supongo será negativa. O sea, que, como suele decirse, tirarán mi manuscrito directamente a la basura porque no soy nadie famoso o relevante.

 Creo que los escritores actuales tienen que venderse al público como una mercancía más de las editoriales. Tienen que hablar de su libro, firmar sus propios libros, ir y venir de sitios para promocionar sus novelas que luego no venden tanto. Yo, si quisieran publicarme una narración mía, no andaría de la ceca a la Meca, no firmaría libros, no me vendería como un títere de una editorial. Yo haría como el que escribió "El guardián entre el centeno" o la que escribió "Matar a un ruiseñor", que se alejaron del mundillo ese asqueroso de fans literarios. Pero mi obra tiene que ser buena. Mi obra dice más que muchas noveluchas de estas que hay ahora que en veinte páginas no dicen nada. Solo una editorial podría juzgar objetivamente si mi obra es buena. Así que por curiosidad, por ver cómo es la experiencia, iré a una editorial "in person" y a ver si me publican algo.

He leído este verano verdaderos bodrios que cuestan 20 pavos. Unas narraciones insufribles que he tenido que dejar a la mitad porque no las aguantaba. Y me consta que mis relatos son mejores que esos engendros literarios que se tiran cinco páginas para contar si un día uno se acostó borracho u otro cruzó la calle. Desde luego que ya no sé por dónde van las modas literarias pero ya no hay dinamismo en el contar sino un inasumible mirarse al ombligo de relatar por extenso acciones aburridísimas. Me he leído una novela de un húngaro premio Nobel 2025 que da verdadero asco. Me he leído una novela que va de dos parejas y sus hijos que me aburrieron y me desencantaron. Solo ha habido una novela que me ha gustado: "Nela 79". Desde luego que yo tengo unos relatos mucho mejores. A lo mejor algún día me acerco a una editorial con mis escritos si la posible publicación de las mismas tuviera compatibilidad con mi pensión. Lo que sí sé es que no vuelvo a comprar una novela moderna de estas. Sacaré los libros de la biblioteca.

 Mi amigo Antonio Salgado agitó el manuscrito que le dejé leer y que me comentó con notas y dijo: esto es cien por cien publicable. Pero no lo publiqué. No sé si quería ayudarme a hacerlo porque dejó de llamarme para quedar a comer. Así que yo he perdido dos amigos buenos por circunstancias adversas: uno porque se juntó con una mujer que me criticaba a todas horas y otro porque me dijo "estoy teletrabajando" o algo así. Total, que me he quedado sin amigos válidos, sin amigos con los que tenía bastante en común. Pero me enseñaron mucho los dos. Espero que les vaya bien por la vida aunque de cierta manera me dieron la espalda sin que yo les hiciera nada.

 Tenía yo un amigo al que conocí en el instituto "San Cristóbal de los Ángeles". Se llama José María, si es que todavía vive, pues hace ya 14 años que no le veo. Se sabía todos los horarios de autobuses de toda la sierra de Madrid. Organizaba excursiones por Guadarrama para todos sus amigos. Era un gran andarín. Un día fuimos desde Cotos a Rascafría andando. José María era de un pueblo que llaman blanco, en Cádiz. Era un gran amigo hasta que se echó una novia que me cogió una manía tremenda. Todo eran críticas a mi persona por parte de ella. Luego, tuvieron una hija y todo se estropeó entre nosotros. Un día le llamé por teléfono y le reproché un montón de cosas. No me volvió a llamar. Perdí una gran amistad. Pero fue el que me avisó de que mi relación con Eva, mi novia de entonces, podría volverse "un círculo vicioso", eso de discutir y volver. Eso fue mi relación con Eva. Nos distanciábamos y luego nos queríamos otra vez en un vaivén asqueroso.

jueves, 17 de septiembre de 2026

Hoy he soñado que estaba con un antiguo compañero de instituto, mayor que yo, y que me iba asesorando de lo que tenía que hacer con mi vida académica. Yo tenía que averiguar algo referente a la lengua española y, en el sueño, no encontraba nada nuevo en esa lengua que uso todos los días. Y, en el sueño, me estaba hartando hasta de mí mismo. Y también, claro, de ese compañero de instituto. Por fin he despertado pero la huella de ese sueño persistía en mi mente. El lugar en el que estaba semejaba una isla y no podía dormir y tenía que estar pensando en cosas raras de la gramática todo el rato. Ha sido un sueño muy cansino. Al compañero este del instituto hace ya un porrón que no le veo. A lo mejor, se ha ido de la ciudad. Vaya rollo de sueño intranquilo y cansino.

 Las golondrinas se fueron. El calor ya no fue tanto. Andaba viento fresco. La ginebra seguía amargando los vasos por la noche. Los curas insistían en el futuro de Dios: ese instante en que el alma se separa del cuerpo. Pero ya no se podía ir con esa historia porque ya nadie creía en ella. La gente apuraba las horas de descanso o de vacación hasta las heces y veía en el trabajo una maldición que le había mandado un dios pequeño y envidioso de los hombres. La gente pecaba, pecaba todo lo que podía. No hacia caso a las advertencias divinas. La gente no se sabía el padrenuestro. La gente solo creía en la bono loto y en la primitiva. La gente era muy de andar por casa, muy vulgar, demasiado hecha al placer. Todo se vino abajo cuando la gente empezó a envejecer de repente.

 El dolor de ser accidente, no esencia, está en todos nosotros. Por eso, buscamos algo de transcendencia en la vida. Unos, buscan esa transcendencia en sus hijos, a los que ve una extensión de su persona en el presente y en el futuro. Otros, triunfan en el deporte, batiendo un récor o escriben libros y son agasajados por el sistema y se creen algo. Pero ese algo pronto pierde brillo, se va olvidando la marca y el título del libro. La historia nos acoge como otra mota de polvo más. Los días van pasando y ya no somos esos que iban desde Cotos a Rascafría por medio del bosque. Hemos perdido amigos que se han casado. Hemos discutido con una mujer o un hombre hasta cansarnos. Nos hemos quedado solos como un burro atado al pie de la fiesta. Solo somos una sombra que quizás anime a un alma escondida.

 Siento un poco de ansiedad o angustia nada más levantarme. Espero que se me pase. Somos como unos números con los que un dios inexperto y despistado juega a las matemáticas. Unas matemáticas que hacen sentir a uno una cosa muy pobre, muy oscilante en esta vida, demasiado prescindible. Eso somos en esta vida pasajera y gris. Cada vez en el mundo, parece que contamos menos. Nos quejamos y escribimos o decimos que somos flojos, dubitativos, torpes en esta existencia nuestra. Somos muchísimos, somos una masa informe que compra y disfruta de la carne y de la verdura. Nos acosan con noticias inquietantes. Pero no damos respuesta buena. O nos ansiamos o nos ponemos nerviosos. Y los dirigentes saben que somos así y nos dominan en muchos aspectos de nuestra vida.