viernes, 22 de mayo de 2026

 Me imagino la vida de un futbolista, todo él rodeado de dinero y sitios donde gastarlo. Se va a esos sitios y abandona su forma física, que debe estar siempre a tono para dar la talla a la hora que suene el pitido de empiece del partido. Quizás ha cogido algo de peso con el alcohol y las comidas excelentes que ha comido. Y no llega a dos o tres balones cruciales que significan un gol para el equipo contrario. Y en el campo de fútbol nota que no ha estado fino. La vida del futbolista es como la de Tántalo, que tiene tantos manjares a la vista pero no puede probarlos. El futbolista de élite debe forjarse un cuerpo de diez, no pasarse de trasnochar ni de comer ni de beber. El futbolista de élite es en sí mismo una contradicción: tanto dinero para estar comiendo lo que le dicen los preparadores físicos, para acostarse a las diez teniendo ganas de juerga. En fin. El jugador de fútbol de élite debe llevar una vida de monje casi todo el tiempo.

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