El trabajo es duro de llevar. Si tratas con clientes, los clientes son exigentes y a veces, no saben muy bien qué quieren. Por eso quizás tiene más psicología un taxista que 20 psicólogos. Los taxistas se fijan en las caras, en los ademanes, en los tics de las gentes que se sientan atrás. Y ya saben de antemano cuál individuo les va a dar la tarde. Así las cajeras de supermercado, los dueños de una tienda, etcétera. Lo que hay que tener en cuenta es que se vive de los clientes y no se debe morder la mano que te da de comer. Ahí consiste la psicología que se aplica a cada uno de estos, sin estridencias, con la voz en calma, dando y quitando, hasta que el cliente cede: lléveme por donde se vaya más rápido.
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