No sé muy bien de qué escribir esta mañana, esta mañana que ha surgido pronto, que ha surgido bien intencionada, pulcra y lavada por la lluvia de la noche. Los domingos tienen un no sé qué de pereza intelectual y del cuerpo que nos dirigen hacia un desencanto grande. Las nubes aquilatan en el cielo todo el agua que va a caer hoy. Las nubes son mejor que el oro porque llevan el líquido preciado, el transparente y demoledor jugo de la tierra. Una gran transferencia de lluvia entre el cielo y la tierra tendrá lugar hoy, si la atmósfera se porta como ayer y antes de ayer. Agua, agua y agua, como cuando los dinosaurios pastaban toneladas de hierba en el jurásico, como cuando el ser humano no había hecho su aparición en el mundo.
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