No sé muy bien de qué escribir. Tengo la inspiración en otro lado. Tengo en otro lado las oscuras golondrinas y el abrigo que me tapó el último invierno. Mis ojos abarcan el orden de la inmensidad. Pero seamos claros: el hombre no vive de pan ni de poesía. El que trabaja da sustento a unos cuantos o quizás a sí mismo. Como dicen los mayores: antes, con el sueldo del marido, daba para piso, pan y vacaciones. Ahora, trabajan los dos y no llegan a fin de mes. Qué quimeras hay ahora sobre el consumismo. Hay que consumir unas cosas innecesarias para estar bien. Hay que ir a Disney no sé qué. Hay que tener en casa toda serie de trastos. Hay que llevar las zapatillas extraordinarias. Todo se resolvería un poco si pensara la gente en comer y vestir ordinariamente. El sol sale para todos. Y la luna también.
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