miércoles, 1 de julio de 2026

 Cuando se hubo comido su café y sus sandwiches, se metió en el baño a mear. Y allí descubrió un mundo nuevo. Un fresquito que no había sentido en toda la mañana. Una musiquilla que le relajó totalmente. Un aislamiento del mundo exterior que ya estaba necesitando. Una caricia en todo el cuerpo como no había sentido nunca. Y se quedó allí sentado toda la mañana. Y no entró nadie. Y fue feliz porque notó una tranquilidad grande en todos sus músculos, nervios y orificios. Y luego fue a casa y no sintió la felicidad que sintió en ese retrete. Y volvió a la mañana siguiente. Y así todo el verano. Las huellas de un depredador son hondas. Al igual que la presa que huye.

 Ya he bebido mucha agua y me he fumado un cigarrito. Por las mañanas no soy persona hasta que me pongo a escribir estas cosas. Aquí no hay sitio para nadie. Llevadme al sur donde nací. Las niñas ya no quieren ser princesas. Madrid es muy grande. Se veía desde la planta de psiquiatría del Clínico. Una cantidad enorme de buhardillas y terrazas. Madrid ya son 7 millones y medio de personas. Madrid se convertirá en una de esas que llaman megalópolis. La casa está vacía de estímulos, está llena de horas para pasar vendidos a la causa. La causa es pasar el tiempo como sea. Voy a beber agua pero no fumaré otro cigarrito.

 El mundo no es sitio para nadie pero aquí estamos. Estamos como a disgusto, como metidos de capón en un lugar que no es nuestro, que habitamos con descortesía de años. Nos permiten estar aquí pero no nos lo merecemos y por eso estamos mal colocados, malqueridos, mal asentados en nuestras vidas. Nos pica el cuerpo y el alma de estar en el mundo cruel al que nos han echado sin permiso. Si lo sé, no vengo, decimos al destino canalla que tenemos. Nos dan cazalla y después champán que no podemos paladear a gusto. La gente anda rebuscándose el ombligo, con dolores de cuello y alma. Anda la gente dolorida y triste en este mundo feo donde se mata al deseo.

 No sé muy bien de qué escribir. Hoy estrenamos mes. El verano ya se va acabando poco a poco. No me molesta hoy el calor. A mediados de agosto ya parece otoño con eso de la vuelta al cole. Solo hay que esperar a que caigan los días. Porque el verano es duro para Paco y para mí. Demasiadas horas de sol, los días se hacen largos. Ayer leí de los libros que tengo encima de la mesa. De prosa y de verso. Algunos están bien, muy bien. Me sorprenden algunos versos buenos, expresivos, decidores y evocadores de algo. No sé el qué. Hoy iré a la biblioteca. Hoy ya es uno. Julio vendrá con la esperanza de ir a algún lado. Pero, ¿qué lado?