Ya dije que la vida me gusta bastante poco pero he de vivir, qué duda cabe. Los amontonamientos de cosas iguales van a dar a un rincón de mi existencia, a un derrumbe de castillos anónimos, al brillo de un lucero consuetudinario. Los amarillos de sol cada mañana no dan de sí mucho más que lo vivido ayer. Las lunas ya acercan al cielo cuando ya es de noche. Y los acentos que giran tras las palabras ya son consejos que para nada valen. Los atormentados signos de la vida diaria solo valen para decir que el mundo es el mismo, aunque yo lo mire con admiración de lo creado. Es así. La vida toma el camino más recto hacia donde hay nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario