No hay otro tiempo que el que nos ha tocado. Es una frase. Es un dictamen sobre nosotros mismos. Puestos a poner difícil la vida, pongámosla hasta cuando escribimos sobre ella. La vida sería más fácil si pensáramos cosas bonitas que hay en ella. No imposiciones que resultan obvias como que el mundo que vivimos no será ni el de 1903 ni el de 2309. Quizás el mundo no llegue al siglo XXIII. Quizás el mundo se deshaga en mil fragmentos o millones de ellos cuando algo haga crack, crack del todo. Pero ya hemos dicho que si ponemos el acento en lo bonito de este mundo, quizás este mundo nos resulte más atractivo y mejor. Pongamos el acento en el sol: ese astro fenomenal que está de guardia mientras dormimos al otro lado de la esfera para volver a salir, fiel a todo el mundo, por la mañana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario