Este era un hombre que allá por 1837, hacía portes con su caballo. Esta vez, le tocaba llevar la talla de un santo desde un pueblo pequeño a otro más grande. Como le dijeron que había bandidos en el trayecto, este hombre empezó su cabalgadura a las 3 de la tarde de un mes de julio con un termómetro que mercaba 43 grados. No se encontró con ningún bandido y a eso de las 10 de la noche, estaba frente a la iglesia donde un cura recibió la estatua del santo. Este hombre luego fue al ayuntamiento donde le indicaron que, en el otro pueblo, había un enfermo que necesitaba un médico. Y llevó al médico, que era ciego, a ver al enfermo. Y el médico ciego concluyó que el enfermo debía ir a un hospital. Y este hombre y su caballo llevaron al enfermo a ese hospital. Después, ese hombre llevó una carta de amor de una enfermera a un soldado que estaba en el frente. Y luego llevó a un muerto en batalla a su familia. Y luego, más tarde, este hombre llevó su alma al cielo sin parar de cabalgar.
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