Haber estado haciendo gestiones para ir a Alicante ya me vale como tareas destinadas a un fin concreto. Con eso casi me valdría. Pero hay que llevarlo a efecto. Saldría un domingo a eso de las 15 horas. El hostal ya estaría elegido. Y luego, nada más llegar, iría a la playa. Tantas playas imploradas aquí en este blog se volvería una playa concreta, una playa que me llenaría la piel de agua de mar. Una playa ya hecha, no imaginada. Una playa única y perfecta en su diseño para mi disfrute. Hay que ir a Alicante. No me queda otra.
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