Hoy voy a comer fuera. En un restaurante. De lo que me ofrezcan, elegiré. Son unos 14 pavos el plato. No está mal. Así me ahorro de hacer comida en casa, que todo se ensucia. La vida pasa lenta por la mañana. No hay novedad más que el maldito incendio. Pero mi hermano y yo haremos lo posible por vivir tranquilos, por vivir austeros. El mundo gira y gira y nunca se para, para bien o para mal. El mundo es así de caprichoso. La marca de dolor que produce la soledad también es la marca de tranquilidad anímica que produce la misma. La soledad está bien cuando todo alrededor es escombro. No dejaré de estar solo aunque me llame la atención una conversación con otros. ¿Para qué una conversación con otros? Todos van a un interés o a desdeñar al que desea compañía.
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