Son las doce en el reloj. Había un poeta de los de la generación del 27 que amaba esta hora. Y compuso muchos poemas para esta hora completa en la que el sol alcanza su cénit. Mediodía divino, día completo, perfección del día, etcétera, decía este hombre. Luego, tras la guerra mundial y el estallido de la bomba nuclear, este hombre se volvió más serio y meditabundo. Se llamaba este poeta Jorge Guillén y tenía una formación literaria y lingüística de primer orden que se manifestaba en su obra poética. Jorge Guillén amaba la vida simplemente manifestada en "un pájaro que se hunde en el azul" y en otras manifestaciones de la naturaleza simples pero importantes. El filósofo Savater dice que hay que tener mente curiosa e inteligente y unos gustos o deseos simples. Si es al revés, vas de cráneo por la vida.
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