viernes, 3 de julio de 2026

 Andar calmadamente por las calles, mirar al frente o a los lados. Admirar a algún ángel que ha bajado del cielo en tempranas horas. Asistir al bullicio de la gente. Tomar un café no muy cargado. Y volver a casa con la cabeza llena de soledad mañanera. La calle no da mucho. Solo caras insomnes, cuarteadas por la sombra, adormiladas y tristes. Son las horas de antes de ir a comer. Son las horas indefinidas de andar por las aceras como quien anda por una rueda maldita, por el indefinido arte de no ser notado, por la manía de mirar rostros que no dicen nada. Es la soledad en infinitas maneras conformada. Es un paseo de piernas torpes, de oídos inflamados, de ojos amenazados por el incógnito más violento.

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