viernes, 10 de julio de 2026

Había un señor o señora que no tenía dónde dormir esa noche. Había pasado ese señor o señora por mil circunstancias desagradables y caóticas y muy tristes de ser vividas. Hasta que se encontró en la calle. En medio de la calle, exactamente. El gobierno no se sentía aludido ante esta tesitura de este señor/señora. Había, sí, oenegés que daban un bocadillo y un poco de café por las noches a estos señores o señoras que se quedaban al cielo raso, a la intemperie, al lado oscuro de la vida. Sería culpa de los impuestos, del machismo reinante, de los trans o de los trons, pero este señor/señora no entendían en ese momento de su vida de nada de estas cosas gubernativas. Y durmió en la acera, en la triste acera que yo tanto invoco en este blog.

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