Ellos ríen, nosotros no lloramos. Seguimos erre que erre en la mañana y en la tarde. En nuestra soledad de dos. Sin alterar los nervios de la cara. Impasibles. Durmiendo hasta las 10:00. Escribiendo que escribimos. Paseando al infinito y más allá. Soñando con gente del pueblo. Rezando padrenuestros, pidiendo por la familia y los amigos que nos quedan. Pariendo párrafos, algunos con carácter poético. A eso de las 8, me siento en un banco y observo a la gente cómo va. La gente siempre es nueva. La novedad la llevan en la vestimenta y el brillo de los ojos. Yo bebo agua ahora. Y fumo un cigarrillo leve como la ceniza que seremos.
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