Los libros dejan un recuerdo, qué duda cabe. Yo recuerdo una mañana en El Escorial leyendo a Baroja, una de sus novelas extrañas sentimentales y baratas de pasiones. Me parece que se titulaba "El mundo es ansí". Y cuando fijo el recuerdo en esa plazoleta con ese libro entre las manos pienso que ya no habrá otros libros ni otras mañanas como esa, tan felices. Porque todo ya pasó. Mi novia ya no es mi novia y El Escorial ha dejado de significar aquello que significó aquella maravillosa mañana. Baroja, fácil de leer, la plazuela entre sol y sombra (era primavera) y todo ya es ceniza en los labios como dice Machado. Una ceniza que en la memoria es entre dulce y amarga. Una memoria que casi duele por perdida que noto.
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