¿Quién no tiene en la vida un impedimento, una espinita clavada, un resquemor, unos celos, una falta de autoridad, un deseo que no se cumple, etcétera, etcétera? La vida no es redonda como un balón sino que tiene muchas aristas picudas y asquerosas. La vida se va tornando difícil y llena de obstáculos con el tiempo. La edad, esa edad que ya está aquí nos impide salir de nosotros mismos, hacer cosas grandiosas por nuestro propio bien. Acobardamos y nos conformamos con el día a día que es como el agua de grifo, no como la corriente pura de un río, no como los otros cielos que nos esperan infinitamente, innecesariamente. Y nos convertimos en esos hombres y mujeres deseosos, anhelantes de cosas nuevas que nunca llegan.
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