jueves, 30 de julio de 2026

 María se está bañando en el excusado, en la parte alta de la casa. En el excusado hay un ventanuco por el que trepa un hombre vamos a llamarle Ambrosio. Ambrosio sube los peldaños pero uno cede, se cae y Ambrosio se desnuca por ver la belleza de María. Así es la vida y el tiempo que da la vida. Al principio queremos oír, ver, oler la vida. La vida nos asombra bastante, con la ligereza de nuestros sentidos puesta en disfrutar de los momentos. Pero llega un instante en que la vida, o sea, María, nos mata en su pura contemplación, nos diseña una muerte pequeña o grande desde la cual ya no disfrutamos de nada. La vida se vuelve sosa. María ya no es atractiva, María se baña sola ya para siempre. Y el cadáver de Ambrosio es nuestro cadáver de cara a la contemplación de la belleza.

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