miércoles, 15 de julio de 2026

 A veces no soportamos los términos, las palabras. En unas ocasiones, porque se dicen en voz alta, demasiado alta para lo que es el que las dice. No hay que hacer mucho caso a esas palabras de tanto tono imperioso. Lo mejor, dejar que chille y chille hasta que se rebaje el que las emite. Ya se cansará. Y suele ser para pedir, siempre para pedir y exigirnos. No hay que hacer caso. Ya verá que no se le hace caso y cejará en chillar. En otras ocasiones, son palabras sibilinas que buscan hacernos daño por su desprecio, por el veneno que hay en ellas. Tampoco hay que hacer caso. Déjale que desprecie esa persona hasta que tenga que comer de tu mano. Ahí se humillará y dejará de insultarte con palabras despectivas. Las palabras son duras de oír si son altisonantes o rebuscadas. Pero, en ambos casos, no hay que hacer aprecio.

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