A la hora del baile tomaron Madrid, la apartaron de su resistencia, la hicieron claudicar. La capital ya no fue la misma. Los intelectuales desaparecieron por la costa y se fueron muy lejos. Los militares rompieron carteles y rompieron estatuas. Los que quedaron, los que no llegaron a un puerto de salida, se sometieron a juicios injustos, a todo tipo de humillaciones. Una dirigente se inventó aquello de "no pasarán". Y quedó para la historia. La ciudad del imperio, la ciudad de la república murió ese día. Ya no hubo perdón ni gato en la cornisa. Ya no hubo comunistas alegres persiguiendo una utopía. Ya llegó la dictadura, ya llegó el puño pero no para arriba.
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