Ya no tiene mucho interés tomarme un café y mirar a la gente cómo va desde la cristalera del bar. Ya no tiene mucho aliciente quedar con una persona que no me tiene en cuenta para nada. Habrá que abrazar la soledad junto a mi hermano. Siempre quedará Madrid, la Moncloa, las cervezas de Hilarión Eslava y los libros de la librería solidaria. Siempre quedará estar tumbados y hablando de habitación a habitación sobre nuestras desdichas o asuntos de interés nuestro. Siempre quedará ese cigarrillo después de merendar. En fin. Siempre hay algo de lo que tirar para pasar el rato y el roto y el reto. El pan, que no falte. Y siempre seremos hermanos con una cuestión similar a la que hacer caso.
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