Digamos cosas bonitas. Un verso acertado, por ejemplo. Las hojas como medallas de la primavera. El acertado trino del ruiseñor me despertó una mañana. Cálmate, Marisa, no todo está perdido. Me quedé más solo que la una pero aún lucho por ser alguien en esta tierra maldita. Los puentes de cuatro días se me atragantan en la carretera que no visito pero hago lo posible por ser feliz en mi destierro vacacional. La luna luce y las estrellas no, pero tengo la dicha del cielo raso sobre mi cabeza. Las cosas son así, ajenas a mi voluntad, pero me despierto con un verso en mi cabeza y lo extiendo con las palabras variopintas que salen de mi corazón.
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